Cronopaisajes


Por cinco eurillos está bien la cosa, la relación diversión/precio es inmejorable. Pero no será una de esas antologías que me dejan un grato recuerdo. Y además, empiezo a detestar los prólogos de Miquel Barceló para Byblos, sus chascarrillos, sus excusas y sus pareceres e impresiones sobre lo que se le ocurra comentar.

Cronopaisajes no se libra tampoco de esa práctica, común en esto de recopilar cuentos, de añadir material de relleno con los "pioneros" de un género: nombres respetables cuyos derechos de publicación salen baratos y que por norma general ni siquiera entretienen como curiosidad histórica.

A continuación, escojo las narraciones que más me han gustado.

-Algo para nosotros temponautas, de Philip K. Dick. Brillante, como casi todo lo breve que he leído de este tipo. Creo que este cuento ya lo tenía yo "repe" en otro volumen, pero en cualquier caso ha sido un placer.

-Hombre en su tiempo, de Brian W. Aldiss. Otro que me generaba un déjà vu página tras página. Me suena de una vieja colección de Bruguera que guardo en algún cajón.

-Todos vosotros zombies, de Robert A. Heinlein. Brutal. Uno de esos escasos y raros relatos que invitan al lector a que ejerza de cronodetective. La primera vez se lee, la segunda se comprende, la tercera tomas notas para ver si hay fisuras en la paradoja, pero el viejo zorro de Heinlein ya contó con eso, y por supuesto, no las hay. No al menos en un universo cerrado.

-El continuo Gernsback, de William Gibson. Brillante, poético, original como pocos. No podía esperar menos del autor de Neuromante y Conde Cero.

-Tiempo intermedio, de Ray Bradbury. Breve, más que la media resultante de los textos integrantes de esta antología, pero con la facultad de generar interés desde el primer párrafo.

Cronopaisajes es recomendable en su edición de bolsillo. Y si sois adictos a las recopilaciones de cuentos, comprobad antes que no poseáis ya la mitad de ellos repartidos en otros libros de vuestros estantes.

Mapa de los sonidos del chichi


No acostumbro a comentar noticias, aquí venimos a reposar (qué bonita palabra: reposar) mientras el mundo de ahí afuera se precipita vertiginosamente hacia la idiocracia, pero es que esta muchacha ha entrado directa a la columna de grandes frases del blog, y es justo que deje un enlace sobre su pronunciamiento a favor del clítoris, ese desconocido, según el Ministerio de Igualdad.

"Mi clítoris está encantado de que le hagan un mapa"
.

Imposible no recordar al Comandante del Clit, ¿verdad?

Cornamusa


Por fin lo encontré. Hasta hace poco, no estaba por ninguna parte, pero el autor, Nacho Albert Bordallo, que en IMDb figura como Albert Nash (!), parece haber estrenado dominio y lo ha colgado hace poco, permitiendo la incrustación. Así que aquí lo tenéis. Uno de los mejores cortos de los últimos diez años.

vPike


Supongo que es una variación o mod de algunas de las características y funciones de Google Earth, pero desde luego, espectacular lo es un rato.

Es mejor ir al grano, para que veáis de que va el asunto. Pinchad en el enlace de abajo, y luego escribid la dirección que queráis visualizar. No es necesario añadir abreviaturas como Nº o C/, basta con, por ejemplo: Clavel 40, La Línea de la Concepción Cádiz España. En esa calle está el mejor cine del universo, cerrado desde hace un chorro de años ya.

Cuatro añitos


Que se dice pronto, cuatro, hay que joderse. En realidad empecé unos meses antes, en el 2005, en esos espacios de Microsoft que descubres cuando trasteas un poco con el MSN. No tardé en venirme a Blogger, y aquí estamos, para serviros.

El nombre y el nick lo pillé de Cell, de Stephen King ("Ecce homo insanus, ¡no tocar!"), la prueba real de que el miope de Maine o chochea o se dedica ya a gestionar su nombre como si de una marca se tratara. Sólo así se explican sus novelas más recientes, que parecen de él y al mismo tiempo, no. Los más viejos del lugar, ¿a que de niños identificábais los Mortadelos que no eran de Ibáñez con facilidad? Pues todo el que haya seguido a King estoy seguro de que ha desarrollado el mismo olfato. Y huele a negro que apesta.

Pues eso, cuatro años que se me han ido volando: no hay mejor señal para saber que lo estás pasando bien.

A propósito de negros y cumpleaños, va por vosotros:



It´s your birthday, niggas.

Locos en Alabama


Título original: Crazy in Alabama
Año: 1999
Duración: 104 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Antonio Banderas
Guión: Mark Childress (Novela: Mark Childress)
Música: Mark Snow
Fotografía: Julio Macat
Intérpretes: Melanie Griffith, David Morse, Lucas Black,
Cathy Moriarty, Meat Loaf, Rod Steiger,
Richard Schiff, John Beasley, Sandra Seacat,
Robert Wagner, Paul Mazursky, Holmes Osborne

Sinopsis: El joven Peter Joseph, al que todos llaman Peejoe, vive en una pequeña localidad sureña de Alabama, y su rutinaria existencia se verá alterada cuando su tía Lucille, que acaba de matar a su marido, decide irse a Hollywood para triunfar en la televisión.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Para su debut como realizador, Antonio Banderas escogió la adaptación de una de esas novelas sobre los convulsos años sesenta de los Estados Unidos, con los valores tradicionales (o sea, reaccionarios) puestos en la picota por los negritos revoltosos, que pedían igualdad, tolerancia y respeto. Estamos en la misma Norteamérica sureña de Arde Mississippi, cercanos a Matar a un ruiseñor en lo literario, con el aderezo de los problemas raciales y el movimiento en pro de los derechos civiles.

Visualmente Banderas eligió un tono sencillo, pero a la vez directo, introduciéndonos con buen ritmo en la historia de la perturbada Lucille (Melanie Griffith) y en la trama secundaria del asesinato del adolescente de color Taylor Jackson (Louis Miller) a manos de John Dogget, un brutal sheriff interpretado con acierto por Meat Loaf, la verdadera revelación de El club de la lucha y aquí encarnando a un agente de la ley que pese a ser odioso se nos expone como producto de un lugar, una educación y una época determinada, condicionantes éstos que no eximen al personaje ni lo justifican, pero sí a cambio lo humanizan. De este modo, Dogget resulta mucho más temible y creíble como poli facistoide en un apacible y estático mundo que de improviso se derrumba a pedazos, con la vecina localidad de Selma envuelta en un mar de revueltas y protestas que amenazan con contagiar irremisiblemente a otras poblaciones del condado.

Me gustaron sobre todo esas estupendas introducciones veloces de un blanco y negro en secuencias claves, para imprimir así un sello de falso documental histórico, que realza incidentes como los de la piscina pública o las represalias posteriores por parte de las autoridades locales. Y me sorprendió que Antonio Banderas eligiera una temática tan ajena a él para su primer largo: la América sureña de 1965. Casi habría sido más lógico que su ópera prima hubiese sido El camino de los ingleses.

Un hurra para Melanie Griffith, que demostró seguir estando en plena forma, en uno de esos papeles a la medida de sus amplísimas posibilidades. En cuanto al resto de actores, casi todos están fantásticos, excepto el crío, PeeJoe (Lucas Black), un inexpresivo mozalbete con cara de malas pulgas que añadía al problema de su limitado regristro, por motivos argumentales, un parche de pirata tuerto a mitad de la película, con lo que con frecuencia no se sabe si pretende sonreír con afecto o burlarse de todos sus compañeros de reparto. Cuando Black creció, no es que mejorara demasiado en lo suyo. Ni siquiera con cinco pares de ojos enormes dibujados por Matt Groening en su cara de palo habría obtenido el muchacho más gracia y arte para mostrar, como así lo confirman sus papeles en A todo gas: Tokyo Race y en Friday Night Lights, aquella cosa cansina sobre rugby; ambas me las descargué en su día y no fui capaz de acabarlas.

Retornando a Banderas, nuestro malagueño vivo más universal saldó su aventura como director con excelentes resultados, aunque tal y como ocurrió con una de sus mejores interpretaciones de su etapa hollywoodiense, en la injustamente desapercibida Jugando a tope (donde estaba colosal como boxeador venido a menos en un entretenido cruce de road movie y buddy movie dirigido por Ron Shelton, todo un experto en esas amalgamas de subgéneros que combinan acción, deportes, comedia y lo que se tercie), Locos en Alabama no tuvo el éxito esperado. De hecho, fue un sonoro fracaso de taquilla, por muy buenas críticas que recibiera en su día. Una lástima, porque es una buena película. A saber qué puede llegar a conseguir este hombre si persevera con sus escarceos en la dirección.

Laracristo


Ella es amor.

15 días


Versión Española emitió recientemente este fantástico cortometraje de Rodrigo Cortés. Ya lo había visto con anterioridad, es más, hasta lo había buscado en pasadas ocasiones para incrustarlo en el blog, en su sección pertinente. Gracias al programa de TVE2 presentado por Cayetana Guillén Cuervo (la única actriz patria que cae mal a todo el mundo: increíble lo suyo) y a los anónimos enrollados que han grabado 15 días de la televisión y han subido el archivo a la red, podemos por fin disfrutar de la biografía estimulante y contestataria de Cástor, un tipo que vive a todo trapo, en una vertiginosa huida hacia adelante, encaramándose sobre las grietas y formalismos de la política comercial de las empresas.

Especial San Valentín: Romeo y Julieta


Romeo y Julieta, los juguetes del destino
Romeo y Julieta, Frank Dicksee, 1884.

Puede que San Valentín sea la más descarada de todas las fechas ideadas para sacarnos los cuartos. El 14 de febrero es un día empalagoso, casi más que un 25 de diciembre, pero si en Navidad nos entregamos a la fiesta y al deseo sincero de paz y felicidad para con todos nuestros seres queridos, no encuentro qué mal puede hacernos comprar un detallito a la pareja y acurrucarnos de noche en el sofá (lo de salir a cenar a un sitio bonito, este año mejor no, que tenemos la excusa perfecta: crisis) a disfrutar de una de esas películas pensadas en expreso para la ocasión.

Así que si se trata de escoger algo que ver en una velada hogareña con nuestra coneja o conejo de turno, hay una historia que nunca falla, amigos, la de Romeo y Julieta. El amor de esta pareja universal es el amor impulsivo de la adolescencia, el que entra por los ojos como un torbellino; la tragedia que los separará en vida, una mezcla de malentendidos, fatales coincidencias, lealtades sociales y obligaciones diversas es lo que hace grande a este drama, porque quién no ha comprobado alguna vez, con dolorosa decepción, que a menudo el amor en sí no es suficiente, y que puede colisionar con cuestiones más mundanas que lo asfixiarán sin remedio.

Más de cuatro siglos de aplausos y lacrimales irritados avalan las aventuras y desventuras de los amantes de Verona, hasta que cierto invento maravilloso fue un paso más allá y capturó a los dos jóvenes primero en blanco y negro y luego a todo color. En cine ha habido de todo. Adaptaciones más o menos canónicas, interpretaciones libres y hasta algún que otro disparate. Si os apetece, a continuación repasaremos algunas de ellas, que no todas, porque raro es el país en cuya cinematografía no exista una o más versiones de la obra más popular del bardo.

Romeo y Julieta, de George Cukor, 1936

En 1936, la Metro Goldwyn Mayer le producía a George Cukor, cuyo éxito más reciente había sido precisamente otra filmación de un texto célebre (Mujercitas, de Louisa May Alcott), esta versión de Romeo y Julieta.

Con guión de Talbot Jennings y con un sólido reparto, la película, ya desde el primer minuto, con un primoroso dramatis personae de los integrantes de la trama, deja intuir por qué derroteros marchará el resto del metraje. No hay lugar para la sorpresa, ni es aconsejable esperarla, porque esta versión de Cukor respira a viejo Hollywood en cada uno de sus fotogramas. Ese reconocible sabor no impide que se perciba cierta frialdad en su fondo, paradójicamente, producto del mismo modo de entender el cine que llegó con el apogeo de los grandes estudios y el star system.
Resulta un verdadero esfuerzo (y os invito a hacer la prueba), experimentar empatía con los momentos más intensos de la pasión que sacude a Romeo, a Julieta y a los amigos y parientes de ambos, cuando la media de edad en aquel plató no debía bajar de los cuarenta años y se notaba de manera escandalosa. Es tan chocante como cuando un grupo de niños simulan ser adultos en una función escolar. Para más inri, los diálogos son declamados con una sosería de juzgado de guardia.

La considerable madurez de los actores se aliaba en algunas secuencias con los anodinos decorados y los esmirriados exteriores, con el vestuario, demasiado licencioso y recargado, y con una duración excesiva que acusaba su recibo al ritmo de la película. Y es que tras el destierro de Romeo (Leslie Howard) a Mantua por la muerte de Tebaldo (Basil Rathbone), ni el espeluznante malentendido que se despliega a continuación, el famoso quinto acto del libreto, ni los minutos que anteceden al desenlace, evitan esa bajada de intensidad en la narración.

Leslie Howard, con su cara habitual de zangolotino alelado, daba la réplica a Norma Shearer, una casta Julieta, pero el rey de la función es sin duda John Barrymore (el abuelo borrachín de Drew Barrymore), con su pendiente canalla colgando de una oreja y su hábil manejo del florete; el único que parece interiorizar su papel y soltar sus frases con algo de gracia y salero. Es un goce ver a este actor desenvolverse sin problema alguno con un personaje secundario tan agradecido como es el mejor amigo de Romeo. Las escenas de duelo a muerte en la plaza céntrica de la ciudad y su soliloquio sobre sueños y fantasías son de lo mejor del film.

Y llegados a este punto habría que comentar el espinoso asunto del doblaje, a propósito de las pequeñas trabas que impedían sumergirse del todo en la película. Porque si además añadimos el factor de las voces grabadas en los tiempos en que nuestra nación iba a dividirse en dos, en una esquizofrenia bélica y disparatada que atendió al nombre de guerra civil, pues ya ni os cuento. Aunque esas voces del ayer puedan tener su mohíno encanto, si le vais a dar una oportunidad a este Romeo y Julieta de George Cukor, en beneficio de optimizar la experiencia, yo os aconsejaría que lo hagáis en v.o.

Os dejo con un vídeo de muestra, el asalto nocturno y alevoso de Romeo al balcón de Julieta:


Romeo y Julieta, de Franco Zeffirelli, 1968

En contraposición al rígido y estirado montaje de Cukor, esta adaptación de Zeffirelli sí que rebosa vida y autenticidad por los cuatro costados.

Si lo que pretendían sus responsables con este Romeo y Julieta era dinamizar la tragedia de Shakespeare sin renunciar por ello al clasicismo de la trama original, desde luego lo lograron. Los personajes corren, gritan, luchan y aman en bellos parajes naturales de la Italia central, cuando no en interiores de palacetes y edificios públicos que no delatan en ningún momento el trabajo de localización y atrezzo, que permanece invisible, como debe ser. El vestuario, de Danilo Daneti, alude más a la moda imperante de la época medieval que la aproximación artística y fantasiosa de la versión de George Cukor, y es fácil distinguir a menudo en la película faldones y velos sucios o chaquetas y capas gastadas por el uso diario.

Pero el Romeo y Julieta de Zeffirelli merece ser recordado y disfrutado más allá de elementos aislados como la banda sonora, la puesta en escena o sus paisajes y decorados, porque todo el conjunto da un precioso e impecable envoltorio para una visión de la historia que emociona a todos los niveles. Y contribuía a esa emoción contagiosa la envidiable juventud de la pareja protagonista, que no coincidían en la edad exacta con los pubescentes novios originales (como tanto se pregonó durante la promoción de la película; los dos chicos del mito en el que se inspiró el dramaturgo inglés no pasaban de los trece años), pero estaban muy cerca de ella. Olivia Hussey, guapa a rabiar, tenía sólo quince años en 1968 y su partenaire en la ficción, Leonard Whiting, dieciocho. Ambos ofrecen una excelente interpretación, probablemente una mezcla de talento nato y concienzuda dirección de actores, pero sobre todo insuflan una gran verosimilitud a sus personajes. Los besos son apasionados, las cabriolas y muestras de alegría parecen hasta espontáneas (ese Romeo balanceándose en la rama de un árbol, como un macaco ebrio de felicidad) y los llantos y lamentos, hondos y sentidos.

Por primera vez en una gran producción la cámara muestra a los amantes semidesnudos a la mañana siguiente, en una escena rodada con exquisito buen gusto y que destila una ternura y un erotismo que traspasa la pantalla. La jornada más completa e íntima de sus vidas será también la última que disfrutarán juntos, y Zeffirelli carga su mejor arsenal registrando la situación, beneficiándose de los aires de liberación sexual que circulaban por Occidente y que hicieron posible imágenes como la de la captura de abajo:

En la cama con una madonna.

El resto del reparto, esos personajes que orbitan alrededor de los dos jóvenes, cumplen con su cometido con demostrada solvencia. Hasta el anodino Michael York, un tipo que siempre asocio a un estomagante cine setentero de coproducciones internacionales, está aquí soberbio como Tebaldo, y su enemigo más guasón, Mercucio, era John McEnery, también magnífico.

La impresión más aguda revisando el Romeo y Julieta de los años sesenta es que los responsables, con Franco Zeffirelli a la cabeza, estaban empeñados en absorber todo lo que de verdadero y universal contiene el libreto de Shakespeare y hacer énfasis en ello. De ahí el subrayado musical en el baile de máscaras de los Capuletos, con un trovador entonando el tema principal de la banda sonora de Nino Rota, ese What is a youth que anticipa y resume todo lo que sucederá a continuación: la fugacidad de la juventud, la impetuosidad de los sentimientos, el amor como una fuerza más de la Naturaleza, que del mismo modo que nos mejora y nos completa también puede, mal encauzado, perdernos para siempre. Idea que desarrollaría más adelante Zeffirelli en Amor sin fin, en 1981, un melodrama que podría describirse como el reverso tenebroso y patológico de este Romeo y Julieta.

En programa doble con la versión de 1936, la de 1968 resulta idónea, porque la segunda es como un cálido baño que limpia la cursilería y el amaneramiento de la primera. Claro que si lo que buscamos es la misma sensibilidad pero con algo más de riesgo y espectáculo, entonces tenemos que irnos a 1996.

Romeo y Julieta, de Baz Lurhmann, 1996

Toda generación debería tener su western, su héroe de acción, su asesino de masas y su Romeo y Julieta. Y en nuestro caso, uno de esos huecos vino a cubrirlo el australiano Baz Luhrmann en 1996, con una deslumbrante adaptación que las jovencitas de medio mundo no tardaron en apropiarse para sí, más con carácter retroactivo (tras la consagración definitiva como galán de Leonardo DiCaprio vía Titanic) que en su momento de estreno y exhibición. Pero que las miles de carpetas de instituto de secundaria decoradas con afiches y recortes de revistas no os echen para atrás: este Romeo y Julieta es también nuestro y a medida que pasan los años, que le sientan de maravilla, el film de Luhrmann demuestra que vino para quedarse.

Una de las sandeces que más oí en su día fue “Si Shakespeare levantara la cabeza…”, con variaciones como “Esto lo ve Shakespeare y vomita” o “Vaya patada a la verdadera obra de Romeo y Julieta”. Y en boquita de personas que no habían abierto un libro en su vida y que lo más cerca que habían estado del teatro era en casa, viendo Estudio 1 en TVE.
Si un Shakespeare zombi volviera de la tumba en nuestros días, suponiendo que le diera por perder el tiempo revisando las adaptaciones de sus obras en los nuevos medios de expresión artística como la televisión o el cine, seguro que la última versión de Romeo y Julieta de la que esperaría sopor, reiteración y sentimentalismo acartonado, sería la de Baz Luhrmann, y estoy convencido de que sus putrefactas manos aplaudirían con entusiasmo en más de una ocasión.

Con un presupuesto de unos quince millones de dólares y rodada a caballo entre California y México, Romeo+Juliet llevaba el drama hasta nuestros días, sustituyendo espadas por pistolas personalizadas, leotardos y blasones por camisas hawaianas y zapatillas deportivas, y mostrando una Verona de ensueño, estival, costera, calurosa y urbanita, un híbrido imposible entre Los Ángeles y Río de Janeiro.

La historia es la misma de siempre, muy fiel además, con pequeños y afortunados cambios (ese Romeo pastillero, ese Mercucio negro, de sexualidad más ambigua que nunca). Lo que hace especial a esta película es cómo de sencillo conecta con el espectador, máxime cuando tan poco hay de simple y convencional en su realización. Imágenes nerviosas y aceleradas, ruido orquestado, furia y música pop no parecen precisamente los elementos más idóneos para llevar a buen puerto una historia de amor tan clásica, pero que me aspen si no funciona.

Pídele sus alas al Amor, que de las drogas me encargo yo.

El Romeo y Julieta del esteta Baz es una peli arriesgada, nacida en el seno del Hollywood más industrial y conservador, que podría haberse dado el batacazo padre en taquilla. El director australiano trasladó su visión de la tragedia de Capuletos y Montescos sin demasiadas interferencias, pero más allá de exquisitos juegos con la cámara y de las filigranas en la mesa de montaje, de una voz autoral disimulada por pura prudencia (mesura desdeñada en Moulin Rouge unos años después, para regocijo de los que lo flipamos con ese musical lisérgico y delicioso), lo cierto es que queda un hermoso drama romántico que, como decía más arriba, merece ser tomada como hija lista y aplicada de su tiempo; la novia fílmica moderna, con carácter y encantadora, que puedes presentar con orgullo a cualquiera. Nuestro Romeo y Julieta generacional.

Otras parejas de amantes con mal sino
Abramos un espacio donde colocar los trasuntos de tragedia isabelina cinematográfica menos ortodoxos. Y empezamos con…

Shakespeare enamorado (Shakespeare in love), de John Madden, 1998.

La metaficción, el humor y la recreación histórica llegaba a nuestras pantallas con esta premiada comedia romántica que mostraba al dramaturgo abocado a un amor imposible con una dama de alcurnia, situación que sería aquí fuente inspiradora de sus mejores versos. Un brillante largometraje, de una exquisita sensibilidad, que además ahonda en aspectos marginales pero siempre presentes cuando del mito de William Shakespeare se trata. La sospecha de un segundo autor, no tanto como negro literario sino como colaborador ocasional no acreditado, recae sobre Christopher Marlowe (Rupert Everett).

También la película de Madden se hace eco de la agitada vida sentimental de Shakespeare o de la costumbre en el teatro de la época de otorgar a hombres de voz aguda los papeles femeninos de las representaciones.

China Girl, de Abel Ferrara, 1987.

Discreta vuelta de tuerca al concepto West Side Story, pero sin canciones y acentuándose más el componente racial en la trama.

El cartel y los taglines promocionales del mismo son como para echar a correr sin mirar atrás. Tampoco la historia era una adaptación oficial de Romeo y Julieta, pero por ahí andaba, con un guión firmado por Nicholas St. John, que ya por entonces empezaba a ser un habitual en el equipo de Abel Ferrara.
Tony (Richard Panebianco), era un italoamericano enamorado de una chica asiática, Tyan (Sari Chang). Sus amigos pertenecían a bandas rivales y su amor quedaba marcado por la violencia y las calles de un Nueva York ochentero sucio, oscuro y peligroso, con un alto índice de criminalidad y delincuencia.

China Girl no es de lo mejor de Ferrara ni la más destacable de esta pequeña galería, pero como testigo de una Gran Manzana azotada por las bandas y la droga es sin duda un curioso documento audiovisual.

Tromeo y Julieta (Tromeo and Juliet), de Lloyd Kauffman y James Gunn, 1996.

Hasta las oficinas de Kauffman debió de llegar una llamada de algún amigo comentando que la Fox preparaba una adaptación de Romeo y Julieta y los de la Troma no se lo pensaron dos veces a la hora de subirse al carro.

Resultado: la típica barrabasada de mal gusto marca de la casa. En la Troma, la cutrez y el exceso (predecible y casi de manual) no es el medio, sino el fin en sí mismo.

Lo mejor de esta versión: Lemmy de los Motörhead ejerciendo de presentador de la función, un Romeo pajillero adicto a los CD-Rom pornográficos (1996, lo “multimedia” y lo “interactivo” se tradujo en penosas aventuras gráficas y discos X con vídeos de imagen granulada), una Julieta con miedo al sexo aliviada por su ama lesbiana y algún que otro golpe cómico si hemos sido capaces de resistir la primera media hora de visionado. En serio, casi mejor Montoyas y Tarantos.

Montoyas y Tarantos, de Vicente Escrivá, 1989.

Un remake (como si hiciera falta) de Los Tarantos, de Francisco Rovira Beleta, que a su vez se basaba en la popular pieza teatral de Shakespeare, con ramalazos lorquianos de propina.

Montoyas y Tarantos fue una de esas cintas que los adolescentes de la época alquilábamos de buena fe para entretener a los más mayores de la casa, pero os puedo asegurar que esta basura de risible folclore testicular entraba y salía de los videoclubs con la misma demanda que los títulos más punteros del momento. Y esto, por descontado, es otra prueba más de que Romeo y Julieta funciona siempre, por muy concreto y tribal que sea su contexto.

Desde la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España presentamos en su día este bodrio a los Oscars, a ver si repetíamos la jugada como en 1962, salíamos nominados de nuevo y de remate arañábamos una estatuilla. Cosa que no llegó a suceder, y me alegro, porque si no, habríamos tenido que soportar diarreicas reposiciones anuales en televisión.

West Side Story, de Robert Wise, 1961.

La preocupación social que despertaban las peleas de pandilleros en las calles de las ciudades estadounidenses inspiró a los creadores de West Side Story, y donde había Montescos y Capuletos odiándose con ferocidad, Leonard Berstein, Ernest Lehman y Arthur Laurents metieron a dos bandas de delincuentes, Sharks y Jets, que manifestaban sus sentimientos a través de canciones coreografiadas con taconazos, piruetas, saltos y un ritmo del demonio.

Natalie Wood y Richard Beymer daban vida a la pareja surgida del odio entre enemigos irreconciliables y Rita Moreno, esa bomba con piernas, era Anita, una especie de Rosalinda descocada e insolente que se comía la pantalla cada vez que le daba un meneo a los volantes de su falda.

¿Qué os voy a contar de este pedazo de musical que no sepáis ya? Que es una aspirina para el alma, un tónico milagrero que lo cura todo.

Romeo debe morir (Romeo must die), de Andrzej Bartkowiak, 2000.

Con Joel Silver en la producción, que el protagonista no se llame siquiera Romeo, que su Julieta sea la hija de un gangster y que todo se reduzca a violencia gratuita a cascoporro, exagerados combates con cables invisibles y tiroteos con semiautomáticas no sólo es lo más normal del mundo sino que además no podría haber sido de otra forma.

Cogida muy por los pelos, ya que aquí poco Shakespeare hay, Romeo debe morir era un producto diseñado para el lucimiento de Jet Li (todavía amortizando la fama que le proporcionó ser el villano de Arma Letal 4). Acompañaba a Li la desaparecida Aaliyah, esa guapísima cantante que moriría poco después al estrellarse la avioneta en la que viajaba por las Bahamas.

Y eso es todo. Espero que os haya gustado.

Romeo y Julieta, avance gráfico


Como entrante del monográfico especial para el día 14 que os tengo preparado, aquí van unas cuantas interpretaciones fabulosas de los amantes de Verona. Ya sabéis, click para ampliar a su tamaño normal.

Romeo y Julieta, de eilucha. Sensacional. Un balcón de ladridos y maullidos.


Romeo y Julieta, de chino2k9. Al carboncillo, precioso.


She is my Romeo, de mute-n0face. Brutal lo de esta chica. Erotismo de calidad a la altura del mejor Helmut Newton.


Romeo y Julieta, de Dhaizarius.


I´m not your Juliet, de =Ghanui. Sexy, fresco, encantador.


mm s, de DianiGonzalez. Increíble que un puñado de M&M´s despierten tanta ternura.


Dentro de dos días, más.

Cancionero Oscar 2010


Las dos de Randy Newman para The Princess and the Frog son bonitas, aunque yo soy más del dúo Howard Ashman (que en paz descanse) y Alan Menken, esos gays geniales que pusieron su granito de arena en el reflote de la Disney con sus alucinantes partituras. No sé a vosotros, pero a mí el bueno de Newman siempre me suena igual, me suena a Toy Story.

Almost There:



Down in New Orleans:


En cuanto a Loin de Paname, de la película París 36... "Paguiii, Paguiii". Anda ya, hombre.

Loin de Paname:


Seguimos con Take It All, de la película Nine. Molona, clasicorra, muy jazzística.

Take It All
:


Y por último, mi favorita tras oírlas todas: The Weary Kind, de la peli Crazy Heart. Ese sonido me recuerda mucho a la cojonuda etapa en solitario de Tom Petty, ya sin los Heartbreakers.

The Weary Kind
:

Nominaciones Oscar 2010


Mejor Película
Avatar
The Blind Side
District 9
An Education
The Hurt Locker
Inglorious Basterds
Precious: Based on the Novel Push by Sapphire
A Serious Man
Up
Up in the Air

Mejor Dirección
James Cameron por Avatar
Kathryn Bigelow por The Hurt Locker
Quentin Tarantino por Inglorious Basterds
Lee Daniels por Precious
Jason Reitman por Up in the Air

Mejor Actor
Jeff Bridges por Corazón rebelde
George Clooney por Up in the Air
Colin Firth por A Single Man
Morgan Freeman por Invictus
Jeremy Renner por The Hurt Locker

Mejor Actor de Reparto
Matt Damon por Invictus
Woody Harrelson por The Messenger
Christopher Plummer por The Last Station
Stanley Tucci por The Lovely Bones
Christoph Waltz por Inglourious Basterds

Mejor Actriz
Sandra Bullock por The Blind Side
Helen Mirren por The Last Station
Carey Mulligan por An Education
Gabourey Sidibe por Precious: Based on the Novel Push by Sapphire
Meryl Streep por Julie & Julia

Mejor Actriz de Reparto
Penélope Cruz por Nine
Vera Farmiga por Up in the Air
Maggie Gyllenhaal por Crazy Heart
Anna Kendrick por Up in the Air
Mo’Nique por Precious: Based on the Novel Push by Sapphire

Mejor Película de Animación
Coraline
Fantastic Mr Fox
The Princess and the Frog
The Secret of Kells
Up

Mejor Dirección Artística
Avatar
El imaginario del Doctor Parnassus
Nine
Sherlock Holmes
La Reina Victoria

Mejor Fotografía
Avatar, Mauro Fiore
Harry Potter y el Misterio del Príncipe, Bruno Delbonnel
The Hurt Locker, Barry Ackroyd
Inglourious Basterds, Robert Richardson
La cinta blanca, Christian Berger

Mejor Diseño de Vestuario
Bright Star
Coco: de la rebeldía a la leyenda de Chanel
El imaginario del Doctor Parnassus
Nine
La Reina Victoria

Mejor Documental
Burma VJ
The Cove
Food, Inc.
The Most Dangerous Man in America: Daniel Ellsberg and the Pentagon Papers
Which Way Home

Mejor Cortometraje Documental
China’s Unnatural Disaster: The Tears of Sichuan Province
The Last Campaign of Governor Booth Gardner
The Last Truck: Closing of a GM Plant
Music by Prudence
Rabbit à la Berlin

Mejor Montaje
Avatar
District 9
The Hurt Locker
Inglourious Basterds
Precious: Based on the Novel Push by Sapphire

Mejor Película en Lengua Extranjera
Ajami (Israel)
El secreto de sus ojos (Argentina)
La cinta blanca (Alemania)
La teta asustada (Perú)
Un profeta (Francia)

Mejor Maquillaje
Il Divo
Star Trek
La Reina Victoria

Mejor Música Original
Avatar, James Horner
Fantastic Mr. Fox, Alexandre Desplat
En tierra hostil, Marco Beltrami y Buck Sanders
Sherlock Holmes, Hans Zimmer
Up, Michael Giacchino

Mejor Canción Original
"Almost There", de The Princess and the Frog, por Randy Newman
"Down in New Orleans" de The Princess and the Frog, por Randy Newman
"Loin de Paname", de Paris 36, música de Reinhardt Wagner, letra de Frank Thomas
"Take It All", de Nine, por Maury Yeston
"The Weary Kind, de Crazy Heart, por Ryan Bingham y T Bone Burnett

Mejor Cortometraje de Animación
French Roast
Granny O’Grimm’s Sleeping Beauty
La dama y la muerte
Logorama
A Matter of Loaf and Death

Mejor Cortometraje
The Door
Instead of Abracadabra
Kavi
Miracle Fish
The New Tenants

Mejores Efectos de Sonido
Avatar
The Hurt Locker
Inglourious Basterds
Star Trek
Up

Mejor Sonido (Sound Mixing)
Avatar
The Hurt Locker
Inglourious Basterds
Star Trek
Transformers: Revenge of the Fallen

Mejores Efectos Visuales
Avatar
District 9
Star Trek

Mejor Guión Adaptado
District 9
An Education
In the loop
Precious: Based on the Novel ‘Push’ by Sapphire
Up In The Air

Mejor Guión Original
The Hurt Locker
Inglourious Basterds
The Messenger
A Serious Man
Up

La imagen adjunta a la derecha con el gran Jeff Bridges vestido de etiqueta explica qué apartado de la gala estaré esperando con más interés. Exacto, quiero que se lleve la estatuilla en esta ocasión, tanto como deseaba lo mismo para Mickey Rourke el año pasado. Por lo demás, diez pelis en cabeza para uno de los premios gordos, diez, ni más ni menos: ansia viva, que diría José Mota. Hacía muchos años que no se veían tantas en esta categoría y me ha llamado la atención. También una nominación para un cortometraje de animación andaluz, con Antonio Banderas participando en la producción.

¿Os apetece calzaros La dama y la muerte, a ver qué tal? Pues ahí va:



Me ha hecho gracia el momento onírico en la morgue, con cubículos del tamaño de edificios, muy a lo Brazil. En fin, bonito, con su mensaje pseudoeutanásico y todo. Y qué coño, es un corto español, así que cierro filas, como hacen los franceses cuando de apoyar su cine se trata.

Bajo escucha


Este fin de semana todo mi tiempo libre irá a Baltimore, porque me lo estoy pasando muy bien con The Wire, una vieja cuenta pendiente. Así que el wallpaper del mes es para esta serie de la HBO, siglas que ya empiezo a asociar de manera pavloviana con la diversión televisiva por excelencia. Algo parecido a cuando de chavalín relacionaba palabras como Disney, Jim Henson, Spielberg o Lucas con el espectáculo y la magia pura.

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Las crónicas de Sarah Connor, Temporada 2


Como con Carnivàle, ya no sabremos en qué podría haber quedado Las crónicas de Sarah Connor, y es una verdadera lástima, porque este spin-off de los años oscuros, antes de que John Connor se convierta en el líder de la resistencia en la guerra contra las máquinas, empieza a demostrar su potencial a mitad de esta segunda temporada. En la primera, de la que hablamos aquí, había mucha musiquilla a lo Brad Fiedel, tramas aburridas y lo que es más grave, poca ciencia-ficción, con momentos de acción realmente torpes y bastos. Mucho lloriqueo y mucha charlita de telefilm. Que sí, que ser la madre atormentada del mesías del futuro es muy duro y muy chungo, que ser ese mesías aún en plena formación también lo es, pero si estoy viendo algo que se llama Las crónicas de Sarah Connor, basado en una franquicia de fantasía y acción tan popular, coño, mostradme unos cuantos robots dándose de hostias (y no exoesqueletos estáticos en un sueño de la protagonista), haced que la chica cyborg patee más culos y melodramas los justos. Porque una cosa es desarrollar los personajes y otra ponerlos a largar sentimentalismos y discursitos varios.

Es curioso: todos mis deseos concedidos en esta última tanda de episodios. Estoy por imaginar que los responsables del asunto debieron recoger encuestas bastante unánimes en sus principales quejas (en resumen: menos rollo y más candela) y tomaron buena nota de ello.

En esta entrega se resuelve ya toda esa chorrada de El Turco y nos encontramos a una T-1000 dueña de una corporación tecnológica. Cameron se parte la cara con varios hermanos de su línea de producción, John se echa una novia con un oscuro secreto y los guionistas hasta se exprimen un poco las seseras con las siempre divertidas y estimulantes paradojas temporales, incluyendo una especialmente escalofriante.

Además, Cameron se muestra más empática (lógico, ateniéndonos a que, según el canon, los soldados de Skynet aprendían cuanto más se relacionaban con humanos) y, algo que me hizo sonreír, comienza a dar muestras de coquetería, detalle que no escapa al joven Connor, al fin y al cabo, un adolescente de hormonas revueltas con una preciosa mujer robótica a su servicio. Que es muy fuerte esto, gente, atentos: un niñato y su robot con tetas. El elemento ficticio que más descoloca a cualquier espectador masculino, por mucho que firmemos una especie de acuerdo no escrito cuando nos apalancamos ante un producto de televisión apto para todos los públicos y por muy viejunos que seamos, es la extrema corrección de John con su hembra artificial. Yo no habría tardado ni diez minutos en realizar ciertas comprobaciones con mi cyborg particular, con diecisiete años y ahora con treinta y seis, pero con diecisiete es que la habría llevado al dormitorio de inmediato… Y los creadores de la serie parecen tener eso en cuenta y también las limitaciones del formato, así que hay que estar atento, con la mirada más sucia que los Serrano en la mansión Playboy, para esos breves momentos en los que Cameron se pone tontorrona. O recurrir a Youtube, donde una legión de pajilleros (echad un vistazo a la esquina derecha de "Videos relacionados") se han encargado de montar y editar todo lo que huela a chamusquina entre John y Cameron.

Más comentarios. Ah. No recuerdo en qué revista de informática lo leí, pero ya por el 2001 era posible conseguir efectos visuales de calidad profesional, similares a los que se lucían en Terminator 2, con un software doméstico de cien dólares la licencia; que no incluyesen en esta serie de televisión a un T-1000 en estado cambiante y cargándose a la peña de mala manera no debía ser por falta de recursos y sí más por una cuestión de encontrar la ocasión, el modo más impactante de gastar el guiño más reconocible para los fans de la película de 1991. Y en efecto, ese instante os aguarda, y en una vibrante secuencia, de gran tensión e intensidad.

De modo que un “Sí” para esta segunda temporada, aunque para disfrutarla en su esplendor tendréis que pasar por la primera, bastante cutre, tediosa e insípida. Y cuando estéis en lo mejor de la segunda, llegará el episodio 22 y fuera, a otra cosa. Si es que… como la vida misma.