Eve


Su instrucción es clasificar y se llama Eve. Eficiente, pequeña y nerviosa, no duda en abrir fuego al más mínimo indicio de movimiento a su alrededor. Se desliza por la superficie de la desolada Tierra como si flotara y su elegante diseño ovoide mantiene inequívocos rasgos antropomórficos (cabeza, tronco y extremidades superiores), además de una compleja inteligencia artificial capaz, en última instancia, de servir de base a emociones tan loables como el sacrificio personal y el valor. Este es el wallpaper recomendado del mes:

(Click en la imagen para ampliar)

No me extraña que Wall-E se enamorara de ella.

Aquellos aullidos en Londres


"La metamorfosis de hombre a bestia no tiene nada de agradable. Los huesos y los músculos se retuercen, adoptan nuevas formas y el cuerpo sufre dolores terribles. Podemos ver moverse la carne de David y cómo sus mandíbulas y sus colmillos se van alargando. Su rostro se va distorsionando a medida que se extiende, y su cráneo cambia de forma ante nuestros ojos. David Kessler se ha convertido en un hombre lobo".

Esta es la gran escena de transformación alrededor sobre la que gira un guión escrito en 1969 por un adolescente cuando estaba trabajando como chico de los recados en el rodaje de Los violentos de Kelly, en la antigua Yugoslavia. Doce años después, en 1981, el adolescente se había convertido en un joven prodigio de Hollywood y gracias al éxito de Desmadre a la americana y Granujas a todo ritmo, John Landis por fin pudo rodar Un hombre lobo americano en Londres, la mezcla de terror y comedia que había concebido tanto tiempo atrás.

"Íbamos conduciendo por una carretera larguísima que va de Belgrado a Novi Sad, en Yugoslavia -dice Landis, recordando el momento que le inspiró la película-. El tráfico se había detenido porque un grupo de sacerdotes y campesinos estaban enterrando a un chico justo en el centro de un cruce de caminos. Era un violador, y le estaban sepultando allí para que no volviera de la muerte y siguiera haciendo de las suyas... Estoy hablando del año 1969, cuando el hombre ya había caminado sobre la Luna, y a pesar de eso aquellas personas creían en lo sobrenatural. Eso me dio la idea de coger lo sobrenatural y colocarlo en un entorno contemporáneo. La idea era tomar una premisa totalmenre absurda (un hombre se convierte en lobo cuando hay luna llena y mata gente) y tratarla de la manera más realista posible. Esa es una de las razones por las que la película resulta tan divertida. ¿Quién es capaz de creerse que algo así pueda llegar a ocurrir?"

El comienzo de la película no puede ser más apacible y realista. Dos universitarios de los Estados Unidos, David Kessler (David Naughton) y Jack Goodman (Griffin Dunne) están recorriendo Europa y empiezan a atravesar los desolados páramos ingleses una noche en que la luna llena cuelga ominosamente sobre sus cabezas. Tras abandonar un pub repleto de hoscos clientes vuelven a caminar, pero su intercambio de bromas y chistes es interrumpido por un aullido lejano... quizá sea un sabueso en celo, quizá sea otra cosa. La pareja empieza a volver por donde ha venido y se dirige hacia la carretera cuando es atacada de repente. Jack es brutalmente asesinado y David queda gravemente herido. "Es una escena bastante aterradora -dice Landis- Y ése es uno de los objetivos que se marcó la película: sorprender y asustar. Quería que los espectadores estuvieran tan confusos y perplejos como lo estaban Jack y David cuando se enfrentaban a lo sobrenatural".

David despierta tres semanas después en un hospital de Londres, donde está siendo atendido por la enfermera Alex Price (Jenny Agutter). Está sufriendo pesadillas muy molestas que su médico atribuye al trauma del ataque. David cree que quizá se ha vuelto loco... especialmente cuando Jack, su amigo muerto, le visita para charlar un rato. Por desgracia para David, Jack no es otra visión pesadillesca sino un "muerto viviente": ha sido asesinado por un licántropo, y está condenado a vagar por la faz del planeta hasta que David, el último hombre lobo, haya muerto. Jack advierte a David de que dentro de tres días se transformará en un monstruo y empezará a matar, a menos que se suicide antes. David no se lo cree e ignora la advertencia de su amigo... hasta que la luna llena vuelve a brillar en el cielo.

La preproducción de aquel proyecto que el director llevaba tanto tiempo acariciando empezó en la primavera de 1980. Las exigencias de la película en el terreno de los efectos especiales eran tan extraordinarias que Rick Baker, el mago de los maquillajes, invirtió un año en los preparativos. También solicitó que los dos protagonistas fueran contratados mucho antes del rodaje, ya que necesitaría bastante tiempo para hacer los moldes corporales y crear las máscaras faciales. Aún no se había llegado a un acuerdo con ningún estudio, por lo que John Landis financió personalmente toda la labor de desarrollo del maquillaje y acabó fundando Lycanthrope Films Ltd., su propia productora para una sola película, con base en Inglaterra. Más tarde, Polygram respaldó el proyecto, que sería distribuido en los Estados Unidos a través de la Universal.

Mientras Baker se concentraba en los diseños de la transformación, las criaturas de pesadilla y "el sabueso del Infierno" de cuatro patas (el lobo al que se ve fugazmente en algunas secuencias del film), Landis organizó audiciones de reparto en Nueva York y Los Angeles para dar con los dos jóvenes actores que interpretarían a David y Jack. El papel de Jack fue el primero en ser adjudicado, y acabó en manos de Griffin Dunne, que por aquel entonces era un actor muy poco conocido. "Era un guión muy interesante -dice el actor, recordando su primer encuentro con Un hombre lobo americano en Londres-. Lo leí a toda velocidad, y enseguida quise hacer la película. Tenía un papel importante ¡incluso después de que me mataran!".

Y es que Jack vuelve a aparecer hasta tres veces después de su violentísima muerte. En cada ocasión está un poco más putrefacto, y su aspecto de cadáver ambulante es de lo más convincente. "Me gustaba bastante la manera en que Jack se tomaba lo de estar muerto, pero tener que cargar con ese maquillaje hizo que me sintiera muy solo -dice Dunne-. Tenía un aspecto horrible, y ponía bastante nerviosa a la gente. Recuerdo que deambulaba por el plató y que nadie me hablaba, y que en general se me trataba como a un leproso. Era algo muy parecido a ser un no muerto...".

Baker creó un modelo muy detallado al que llamó "Jack el Muerto" para rodar los primeros planos del rostro de calavera con "tiras de carne de buey seca colgando de él" de las secuencias en que Jack aparecía con su estado más esquelético. Dunne y cinco ayudantes de Baker manejaban el zombi-títere desde fuera del encuadre, con la ayuda de un monitor de vídeo.

"Esa película era la niña de los ojos de John Landis -recuerda el actor David Naughton-. En vez de pasar por el proceso de una reunión tras otra y una prueba de pantalla tras otra, sólo tuve que ir a verle una vez. Me habló del guión, pero no me lo enseñó. Me hizo preguntas del estilo de si sufría claustrofobia, porque habría muchos maquillajes. ¿Creía estar en condiciones de interpretar un papel que exigía un esfuerzo tan grande? ¿Estaba dispuesto a correr desnudo de un lado a otro? La entrevista convenció a Landis de que podía hacer el trabajo, así que me lo ofrecieron, lo acepté y entonces me enviaron el guión".

Una vez firmados los contratos, Naughton y Dunne fueron al taller californiano de Rick Baker para someterse al inevitable (pero molesto) proceso de obtención de los moldes corporales, que servirían como base para las prótesis de maquillaje individualizadas que utilizarían los actores. En el caso de Dunne sólo se requirieron moldes de sus manos y su cara, pero Naughton no fue tan afortunado. "Espero no tener que volver a pasar nunca por eso -gime el actor-. Fue un molde completo: espalda, pecho, los dos brazos, las dos piernas y la cabeza. Esto último fue lo más desconcertante de todo: era como tener un vendaje de yeso rodeándote la cabeza. Podía respirar por la nariz, pero nada más".

John Landis y Rick Baker habían trabajado juntos por primera vez en 1971, en El monstruo de las bananas, una comedia sobre un simio monstruoso que dejaba pieles de plátano al lado de sus víctimas. Landis escribió, dirigió e interpretó al primate llevando puesto un traje diseñado por Baker, quien por aquel entonces tenía diecinueve años. "Hablamos por primera vez del proyecto cuando estábamos haciendo El monstruo de las bananas -explica Baker-. No sabía cómo me las iba a arreglar con la gran mayoría de efectos especiales, salvo el truco de hacer crecer el pelo, que había resuelto antes de conocer a John; así que tuve diez años para ir pensando cómo resolver el resto de problemas. Yo ardía en deseos de empezar a trabajar, siempre había querido hacer una metamorfosis así, y por fin obtuvimos nuestra oportunidad".

El rodaje empezó en febrero de 1981. Las escenas de transformación licantrópica serían las últimas en grabarse, lo que proporcionaría tiempo de trabajo adicional a Baker y su equipo. Los exteriores incluyeron las Montañas Negras de Gales y la diminuta aldea galesa de Grickadarn, donde una casa vacía se convirtió en el pub El Cordero Degollado, lo que creó una cierta confusión cuando unos turistas creyeron que era un verdadero pub y entraron para tomar unas cervezas.

"Esas primeras semanas se salieron bastante de lo habitual -recuerda Naughton-. Llegamos a rodar los primeros quince minutos de la película por orden cronológico, algo que ocurre muy raras veces. Fue lo primero que rodamos y lo primero que ven los espectadores. Eso permitió que Griffin y yo nos fuéramos relajando y que nos acostumbráramos a los papeles. También hicimos algunas aportaciones. Solíamos hacer el tonto y bromear y de repente John decía: Me gusta, lo añadiremos a la escena".

El rodaje siguió en exteriores de Londres: Trafalgar Square, el castillo de Windsor (la residencia de campo de la reina Isabel, donde nunca se había permitido rodar de noche hasta entonces), la estación de metro de Tottenham Court Road (la escena de los asesinatos en el metro) y, el más importante de todos, Piccadilly Circus (que había estado vedado a los directores de cine desde hacía unos quince años). La actriz Jenny Agguter pasó una semana en un hospital en calidad de ayudante de enfermera, preparándose para su papel. "Era una película de terror muy distinta a lo habitual -dice Agguter-. Interpretar a Alex no me obligó a pasar todo el tiempo huyendo de alguna bestia salvaje o gritando en un rincón, que es lo que se suele hacer en este tipo de producciones. Se trataba de personajes reales metidos en situaciones reales, y eso era lo más gracioso. También era lo que daba más miedo: el que la pesadilla se convirtiera en realidad de repente resultaba aterrador".

Naughton rememora a su vez algunos momentos pesadillescos. En una escena clave despierta desnudo en una jaula del zoo de Londres con dos lobos como compañeros de habitación. "Habíamos dado con unos lobos domesticados que habían nacido en cautividad y que eran propiedad de un tipo muy excéntrico, una especie de barón que vivía en una gran casa de campo del siglo XVI -describe el actor-. John, Jenny, Griffin y yo fuimos allí un día y jugamos un rato con los lobos para familiarizarnos con ellos. Sólo había un problema, en la película soy el único que acaba dentro de la jaula con un lobo y una loba. Contrataron a un par de chicas adiestradoras. Recuerde que yo estaba desnudo dentro de la jaula. La hembra estaba en celo. Se me acercaba poco a poco y se pegaba a mí y... bueno, yo estaba un poquito nervioso. Su novio estaba allí mismo viéndolo todo ¡y era un lobo! Me encantó poder salir de esa jaula, creáme".

La secuencia de transformación colocó a Naughton en un sitio mucho más incómodo: el sillón del maquillador. La asombrosa metamorfosis de hombre a lobo se logró sin utilizar animación, efectos especiales ópticos o el método de fundidos sucesivos, empleado con Lon Chaney en El hombre lobo. Todo se hizo "en vivo" mientras las cámaras rodaban la escena, que exigió más de una semana de trabajo, a pesar de que dura menos de dos minutos en la pantalla. Aún así, hizo que Baker ganara su primer Oscar al Mejor Maquillaje. "Después de que hubiera aguantado con el maquillaje puesto entre ocho y diez horas -explica Naughton, torciendo el gesto-, por fin íbamos al plató y rodábamos durante unos cuarenta y cinco minutos, y ahí se acababa todo. Un día tuve que soportar el maquillaje durante más de dieciséis horas. Fue el día más largo de toda mi vida. Estuvimos rodando unas tres o cuatro horas, registrando movimientos de todas clases desde muchos ángulos distintos para que dispusieran de todos los planos necesarios durante la fase de montaje. Al final de ese día me había convertido en una especie de vegetal. Tras aquello, deseaba con todas mis fuerzas que la gente saliera del cine diciendo: Bueno, puede que los hombres lobo existan después de todo...".

John Landis defiende Un hombre lobo americano en Londres de esos críticos que siempre están preparados para encogerse en sus asientos y parlotear de la violencia después. "Creo que no hay ni un sólo momento de violencia gratuita -declara-. Es una película muy explícita y me parece justo que la clasificaran como R. En Tiburón, esa pierna que bajaba flotando hasta el fondo del mar provocó una gran controversia, pero a mí me pareció que era una secuencia magnífica. Te hacía entender de qué iba la película: los tiburones se comen a la gente".

Landis revela que se resistió a las sugerencias del estudio de que insertara un gancho (otro personaje que fuera mordido por el hombre lobo), para una posible secuela o modificara el final. "Un ejecutivo fue a verme un día y me dijo: John, ¿tiene que terminar así? Al final de la película te has encariñado con ese chico... es atractivo, simpático e inteligente. El final es muy deprimente, John, y te confieso que me dejó por los suelos. No es un final feliz. Mi respuesta fue que en realidad me estaba diciendo que la película funcionaba, y no cambié nada".

[Nota: Este artículo apareció originalmente el 13 de septiembre de 1981 en el Lebanon Daily News Sunday Pennsylvanian Focus, y fue revisado y puesto al día antes de volver a publicarse en Fangoria, edición española, en mayo de 1994.]

Pincha AQUÍ para descargar en tu Emule Un hombre lobo americano en Londres (tamaño: 728 MB, audio: dual)

Y AQUÍ para los subtítulos (tamaño: 21,4 KB), opcional, por si te apetece verla en v.o.

Las miradas de Paz Vega


"Acero Azul". Muy utilizada en entregas de premios, ceremonias y actos diversos con alfombras rojas.

"Le Tigre". La emplea en catálogos de ropa, publicidad, series de televisión, entrevistas y reportajes para la prensa.

"Ferrari". Reserva esta mirada para sus intervenciones en cine, en pelis para pajilleros del nuevo milenio como Lucía y el sexo o en altas comedias como El otro lado de la cama, donde se tiraba un pedo apestoso y se lo hacía oler a su novio en la ficción, Ernesto Alterio.

Dicen que está preparando desde hace tiempo una nueva mirada, que promete ser la bomba: "Magnum". Y por si fuera poco, se han filtrado rumores procedentes de su entorno más cercano que apuntan a cómo la polifacética actriz pretende dar rienda suelta a su lado más altruista y solidario, fundando próximamente un centro de ayuda, que se llamará "Centro Paz Vega para niños que no saben leer ni mirar chachi".

Mientras nieva sobre los cedros


Título original: Snow Falling on Cedars
Año: 1999
Duración: 126 min.
Director: Scott Hicks
Guión: Ronald Bass (a.k.a. Ron Bass) y Scott Hicks (novela: David Guterson)
Música: James Newton Howard
Fotografía: Robert Richardson
Reparto: Ethan Hawke, James Cromwell, Richard Jenkins, Youki Kudoh, James Rebhorn, Sam Shepard, Rick Yune, Max Von Sydow, Cary-Hiroyuki Tagawa.

Sinopsis: Katzuo Miyamoto es acusado de asesinar a su antiguo amigo, que ha aparecido ahogado cerca de su propio barco de pesca en extrañas circunstancias. Katzuo forma parte de los japoneses afincados en Estados Unidos que durante la 2ª Guerra Mundial fueron bien a luchar contra los nazis, bien deportados a los vergonzosos campos de concentración.

Mientras que Alan Parker conducía una insoportable y pueril denuncia de este lamentable episodio de la historia reciente norteamericana, con la infumable Bienvenidos al Paraíso, el debutante Scott Hicks nos introduce el mensaje a través de una de esas concurridas y aparentemente clónicas "películas de juicios".

El periodista de un diario local de pequeña tirada rememora en puntuales flashbacks el tierno amor adolescente que vivió junto a Hatsue (Youki Kudoh), una hija de japoneses nacida en Estados Unidos y que se rebela en secreto contra la educación materna, que la conduce hacia un matrimonio con alguien de su misma raza.

Ishmael y Hatsue se amaban con intensidad e inocencia en el bosque, acurrucados en el interior de un cedro hueco. Las imágenes sobre un blanco bosque cubierto de nieve y dos críos enamorados en mitad de un largo invierno se suceden entrelazadas al juicio de Katzuo, el marido de Hatsue. Han pasado nueve años desde el ataque a Pearl Harbor. Ishmael (un estupendo Ethan Hawke) ha regresado de la guerra con el corazón destrozado y un brazo de menos. Hatsue rompió con él en una carta que Ishmael casi se sabe de memoria, se ha casado con el acusado del juicio y tiene dos hijos.

Sin llegar a decidirnos nunca por elegir qué parte de la película nos interesa más, si los flashbacks estremecedoramente románticos o el tempo presente, con un juicio donde está en juego la libertad de un inocente, Scott Hicks ya nos tiene bien agarrados a los veinte minutos de metraje. Del resto se encarga la nieve, el amor imposible roto por una guerra, el abogado de mente preclara interpretado por un magnífico Max Von Sydow, que ve en el juicio a Katsuo (Rick Yune) una oportunidad para liberar de aprensión a su comunidad y restaurar la integridad y la honestidad en sus gentes. También en vilo nos mantiene Ethan Hawke. Su personaje, Ishmael, resentido aún, enamorado todavía, puede reunir pruebas que absuelvan al marido de Hatsue. Mientras decide si presentar dichas pruebas o no al juez, terminamos de compadecernos por todos los personajes, por cómo las consecuencias de una guerra reciente manejan el destino y las vidas de todos ellos, en especial del pobre Ishmael, anclado a su primer amor de una forma que él no puede evitar. La ternura luminosa de sus recuerdos se yuxtapone a ese invierno frío y nevado del presente. Asistimos a su duelo interno, acompañados por la preciosa partitura de James Newton Howard.

Mientras nieva sobre los cedros deja un sabor agridulce en la garganta, una increpación muda a los malditos amores inconclusos, una alegría discreta ante el triunfo de la sensatez y la sensación de que hemos visto una buena película, una de esas que saben cómo tocarnos las cuerdas más delicadas, sin desafinar ni salir de tono.

Time to move on


Mi tema favorito del segundo disco en solitario de Tom Petty, Wildflowers, de 1994. El resto del compacto es excelente también, con una producción muy cuidada, y con grandes cortes como You don't know how it feels o It's good to be king.

¿Sabéis de esas tardes ociosas a lo mallrats en el Carrefour? ¿repasando los cajones de música y dejando al zahorí melómano que todos llevamos dentro que elija un disco cualquiera? Pues aquella vez encontré agua limpia y fresca en Wildflowers.




Letras, AQUÍ

Kelly McGillis



Kelly McGillis ya no es la top gun de antaño pero...

... no le diría yo que no a una lección de vuelo.

Operación Woxter


¿Recordáis cómo decidí aguardar a una bajada de precios (y aumento de prestaciones) cuando publiqué lo de la palabra más bonita del mundo (terabyte: es hasta sensual)? Pues no pude contenerme demasiado y hace unos meses me agencié un flamante disco duro multimedia. En Torrente 3, la marca Woxter aparecía como publicidad encubierta en un momento de la historia. Santiago Segura bautizaba su despliegue de seguridad con un improvisado "Operación Boxter", echando un vistazo al cacharro que proyectaba las diapositivas.

Este es mi bebito, un I-cube X-Div 35 XP Lite. El mío no trae display, pero me da igual. Setecientos cincuenta (750) gigas de alegría abrazados a un sistema de sonido casero que me permite oír en detalle, por ejemplo, cómo trinchan carne humana estofada los caníbales de Frontiere(s). Y soporta archivos de subtítulos. No le doy besos por no mancharlo de babas.

Entre ripeos de mis propios dvds y descargas compulsivas (hoy por hoy, absolutamente legales en España, recordadlo) estoy llenándolo poco a poco. Y en fin, la sensación cuando me tumbo panza arriba y lo conecto es de plenitud, de borrachera. Para los que hemos pasado media vida acumulando cintas vhs y dvds, esto es una bocanada de aire fresco, un atisbo de ese futuro que nunca llegó, futuro a lo Muy Interesante, esa revista que nos encandilaba de chiquillos con la sensación de estar ante las puertas de algo grande: clonación cotidiana, colonización espacial, rayos laser (hasta regalaron por sorteo un armatoste precursor de los punteros luminosos, que hoy los niños ganan en las tómbolas y emplean en joder las retinas de los transeuntes), realidad virtual y el fin del cáncer gracias al Proyecto Genoma. El puto Muy Interesante era para mí lo que las novelitas Jazmín a las niñas. Y claro, crecí convencido de haber nacido en la mejor de las épocas posibles. Además, el cine de género no se cortaba un pelo en venderse como científico, predictivo y anticipatorio a corto plazo.

Sharon Stone salía en Desafío Total practicando tenis con un holograma, ¿y qué tenemos? La Wii. Harrison Ford era un usuario de coches voladores en Blade Runner, ¿y nosotros? Nos conformamos con un GPS de voz irritante que debería haber venido de fábrica en todos los automóviles hace ya más de un lustro. En Alien Nation, la gente convivía (y se acostaba) con refugiados extraterrestres, pero en pleno 2009 lo más parecido a contactar con otras civilizaciones es colaborar con el SETI: penoso. A estas alturas, el malvado Skynet de la saga Terminator ya había tomado conciencia propia, pero mi ordenador sigue siendo, en el fondo, una pasiva máquina de escribir. En cuanto a robots, nada de T-800, ni de Yul Brinner de pistolero loco en un parque de atracciones, ni hablar, como mucho... Pleo. Pleo, la madre que lo parió. Descorazonador.

Pero poseer más de quinientas pelis almacenadas en un dispositivo tan pequeño como una cajita de galletas, ah, amigos, esto sí. La recomendación tecnológica del mes: haceros con un HDD multimedia para el salón o el cuarto, porque es una verdadera gozada.

La constante miniaturización y la competencia de los demás productos similares hará posible que en breve contengamos toda la música y el cine que nos importa en un bolsillo de los vaqueros. Y no, no lo he leído en Muy Interesante.

Un yakuza en L.A.


Título original: Brother
Año: 2000
Duración: 114 min.
País: Japón/USA/Gran Bretaña
Director: Takeshi Kitano
Guión: Takeshi Kitano
Música: Joe Hisaishi
Fotografía: Katsumi Yanagishima
Reparto: Beat Takeshi (Takeshi Kitano), Omar Epps, Claude Maki, Masaya Kato, Susumu Terajima, Royale Watkins, Lombardo Boyar, Ren Ósugi, Tatyana M. Ali

Takeshi Kitano es actor, director, productor, escritor, guionista, pintor, cómico, presentador de televisión, artífice de aquel Humor Amarillo y columnista de opinión en un diario de gran tirada en Japón. En el año 2000, este hombre firmaba una vibrante y brillante película sobre la mafia nipona, Brother, que marcó un punto de inflexión en su filmografía. Por primera vez rodaba en occidente, con componentes del equipo técnico norteamericano y un reparto también multirracial.

Yamamoto (Beat Takeshi, pues Kitano es sólo Takeshi cuando dirige, y usa el apodo Beat cuando actúa) es un fiel miembro de un clan de yakuzas cuyo anciano jefe es despachado a tiros por una banda rival. La organización de Yamamoto es absorbida por la otra facción triunfante, pero él se niega a formar parte de esa nueva "familia", en la que tendría que honorar, respetar y obedecer al responsable de la muerte de su señor. Un amigo suyo le propone una salida discreta del país y le pide que se exilie en Estados Unidos, proporcionándole algo de dinero, documentos y pasaporte en regla. En América, Yamamoto tiene un hermanastro y cuando llega allí lo primero que hace es ponerse en contacto con él. Pero su medio hermano, Ken (Kuroudo Maki), anda metido con su pandilla de amigos en el tráfico de drogas a pequeña escala. Yamamoto les ayuda con un problema y pronto toma las riendas: en poco tiempo, lo que sólo era un grupo de dealers casi aficionados se convertirá en una sociedad mafiosa expansionista y ambiciosa, que llegará a codearse con los peces gordos del crimen organizado de la ciudad.

Interpretada, montada, escrita y dirigida por Takeshi Kitano, Brother arroja un montón de buenas imágenes, de planos tan sobrios como originales (recuérdese el tiroteo a oscuras en el túnel contra la banda rival, en el que sólo a través de los fogonazos de pólvora podemos contabilizar el número de impactos e intentar adivinar así quién va venciendo), de una manera de hacer cine de género inusual por estos lares. Es como si Kitano integrara a la estructura de una peli sobre el hampa todo el hermetismo y la contención del tradicionalismo japonés, sin el que sería difícil eximir a su personaje en Brother, su fatalismo, su resignación, su silencio plácido y contemplativo, el uso de la violencia como un modo efectivo y hasta natural de reordenar los elementos discordantes en su entorno. Por tanto, Yamamoto, sin ser un psicópata, es capaz de verdaderas carnicerías, en estallidos de brutalidad que sin embargo no lo deshumanizan, sino al contrario, lo definen: Yamamoto es un soldado; despachar enemigos es cuestión de trabajo, del mismo modo que extorsionar, asustar, ejercer represión y terror son sólo medios para asegurar un fin concreto.

A lo largo de la trama Yamamoto hará buenas migas con Denny (Omar Epps), un joven buscavidas de color perteneciente a la banda de Ken y con el que el yakuza al principio había tenido un encuentro desafortunado en la calle. La amistad que se establece entre el negrata bribón y el reservado gángster es de lo más cálido en una película que no repara en situaciones de una furia cruda.

Yamamoto, siempre lúcido, vislumbrará el final de la odisea mientras ríe divertido, en los últimos veinte minutos de la película, que deja un buen regustillo y que se aloja en la memoria de manera indeleble.

Pincha AQUÍ para descargar Brother en tu Emule

Feo y maricón



Como la vida misma.

Resumen del blog-año, 2008


En enero, palmó Heath Ledger, el devorador de pecados (ocupación que no dejaría a nadie en el paro). Que lo premien o no por El caballero oscuro ya da igual, porque para nosotros su muerte es meramente anecdótica, mas no me gustaría estar en el pellejo de sus familiares y amigos. Visitamos los bajos fondos para conocer a unos tipos malos y padecimos algo de vergüenza ajena con los últimos coletazos del fenómeno mediático en torno a Alberto, el Pagafantas, con una entrevista a este espécimen en el banco de un parque.

En febrero, el gran Javier Bardem pilló Oscar por No es país para viejos: cojonudo. También me compré la maleta mejor equipada para un aprendiz de Blade Runner y charlamos un poco sobre la tragedia de Horace Wells, el padre de la anestesia moderna.

En marzo, comentamos aquí el inesperado éxito del ChiKi Chiki, reseñamos la muerte del dire de El paciente inglés (con un precioso vídeo adjunto que aún no ha sido borrado de Youtube) y me desfogué hablando de Hellraiser: Inferno, la peor entrega de la serie.

En abril, nos hicimos eco de la dolencia de Adolfo Suárez, nos puso de buen humor saber que Robert Downey Jr. sería Iron Man en cine y me torné más blandengue que nunca cuando hablamos de estrellas dobles.

En mayo, se publicó, en mi opinión, la mejor entrada de Conejas en lo que va de año, y tratamos las inquietantes parálisis del sueño (Irene, Kelembor y Javi me sorprendieron, revelándose los tres como ocasionales y sufridos onironautas, al comentar sus experiencias con las PS), lo flipamos con el secuestro de Tomadivx y me aprendí de memoria el Amazing Predator Rap. Murió mi agüela, la mejor persona que he conocido jamás.

En junio, llegó el caluroso verano, pese a que yo llevaba asándome vivo desde mayo, y regresaron puntuales las cuquis (ya hasta les pongo diminutivo), las cucarachas, con sus habilidosos correteos nocturnos y sus horribles vuelos cortos. Además, bromeamos sobre las redundancias y reivindicamos ese arriesgado proyecto cinematográfico que fue Moulin Rouge.

En julio, debí autovisitarme unas cincuenta veces para reproducir una y otra vez el trailer de Watchmen (muerte a los agoreros y salud para Zack Snyder), me rajé en el último momento con la ocurrencia de destrozar un libro antiguo y colgué uno de los wallpapers que más me gustan de dicha sección.

En agosto, disfruté regalando un libro repetido, nos montamos una de esas galerías peliculeras temáticas y nos echamos unas risas con el lector más tronado de Iker Jiménez.

En septiembre, me quedé a gusto rajando sobre los refranes, defendimos a capa y espada a Mickey Rourke e incrusté una pequeña miscelánea de imágenes humorísticas.

En octubre, pudimos hacernos fan de un fabuloso crossover entre la biología didáctica y el karaoke con risueña coreografía, despotricamos sobre esa basura de Los extraños, nos lamentamos por la muerte oficial del VHS y recomendamos la aplicación Blogger Backup (usadlo, chiquillos: al menos una vez al mes).

En noviembre, recordamos por qué las drogas son tan malas y nos bañamos en felicidad y sangre con Dead Set. También imaginamos el peor final posible en un hospital público y algunos nos hicimos lectores convencidos de Alfredo de Hoces, gracias a su Blogman Begins.

En diciembre, casi me cargo el blog trasteando con la plantilla, soñamos despiertos con el décimo de lotería navideña y recopilamos algunas películas afines a esas fechas. Por último, anuncié un falso podcast como inocentada semiprivada (Cruz Herrera es un pintor linense que lleva más de tres décadas criando malvas).

Y así transcurrió el año. Queda por mencionar lo que me hace seguir publicando entradas, tan importante o más que la diversión misma de hacerlo: vosotros, por supuesto. Saber que estáis por ahí, comentando o leyendo, potencia el factor lúdico de esta chorradilla que es escribir en un blog. Muchas gracias a todos y vamos a por el 2009.