Feliz año
2012 dentro de unas horas, queridos, ¿qué os parece? Con un poco de suerte se cumplirá ese deseo secreto y compartido de apocalipsis y extinción (el mayor espectáculo del mundo: ¿quién no querría verlo?) y en mayo o abril nos echaremos a las calles a saquear tiendas y a fornicar con desconocidos mientras la atmósfera arde por los vientos solares. Ah, qué bella estampa. Pero si no sucede, seguiremos escribiendo y colgando chorradas, que tampoco está tan mal. Un abrazo a todos.
Grandes éxitos
¿Cuál es vuestra política con estos discos? ¿Los odiáis?, ¿los compráis a menudo?, ¿los descargáis, por afán completista? No había pensado seriamente en este asunto, que yo recuerde. Pero ahora compruebo, para mi sorpresa, que he seguido un protocolo, un protocolo fantasma, desde mis tiempos de estudiante. Reservas hurañas hacia los Greatest Hits con bandas o solistas que me importen y cuya obra no haya exprimido aún lo suficiente. Sí a los The Very Best con gente a la que puedo escuchar en un momento determinado, pero tampoco con auténtica devoción. Ningún problema con un recopilatorio cuando ya conozco de pe a pa hasta las versiones que hayan podido hacer otros sobre los singles más populares de mis artistas favoritos. Bienvenidos los dobles CDs de músicos que me encantaban en su momento, pero hoy ya no tanto.
Si os apetece, revolveré en mi colección de discos de grandes éxitos y los miraremos juntos, como en un guateque setentero y provinciano. Estaremos de rodillas, sobre la alfombra con motivos orientales. A mi izquierda figura la barra de bar, con la inevitable botella de licor de menta, y en el mueble del salón se distinguen elefantes de escayola barnizados, una colección de llaveros y un ostentoso reloj de péndulo con caja de madera de pino. Le hemos quitado el volumen al televisor, un viejo Philips con manchas moradas de imantación en las esquinas de la pantalla, y he bajado las persianas de aluminio, para crear más ambiente. Tenemos whisky DYC con Casera Cola y cubitos de plástico reutilizables (que son lo más). He comprado unos Fortuna sueltos en el quiosco. Pedazo de tarde que vamos a pasar. Demasié.
Si os apetece, revolveré en mi colección de discos de grandes éxitos y los miraremos juntos, como en un guateque setentero y provinciano. Estaremos de rodillas, sobre la alfombra con motivos orientales. A mi izquierda figura la barra de bar, con la inevitable botella de licor de menta, y en el mueble del salón se distinguen elefantes de escayola barnizados, una colección de llaveros y un ostentoso reloj de péndulo con caja de madera de pino. Le hemos quitado el volumen al televisor, un viejo Philips con manchas moradas de imantación en las esquinas de la pantalla, y he bajado las persianas de aluminio, para crear más ambiente. Tenemos whisky DYC con Casera Cola y cubitos de plástico reutilizables (que son lo más). He comprado unos Fortuna sueltos en el quiosco. Pedazo de tarde que vamos a pasar. Demasié.
Love Deluxe, Sade.
La frente y los morritos de Sade Adu, la miradita de coito a medio consumar en los frontales de los vinilos y mis amigos en clase de Prácticas (nos dejaban poner cintas. Formación Profesional en los años ochenta y noventa: amansando a las fieras hasta el servicio militar obligatorio) canturreando el No ordinary love con caras de pollinos en celo. Sade se nos vendía como producto de calidad, pero era el Ferrero Rocher del momento, el lujo para pobres, la elegancia a granel, el romance sofisticado para los adolescentes peludos que éramos. La imagen: una tía guapísima con los labios como pimientos maduros vagando por una playa y llorando por su amor fuera de lo corriente. En la mía descargaban fardos de hachís y caminar a ciertas horas por la orilla te exponía a un bolazo de goma perdido.
Pero hoy arrecia aquí en el invierno de mi apatía, y mientras escribo suena en mis Thomson el Kiss of Life. Saxos y quejumbres, sólo por un ratito. Si Sade aún os hace tilín, creo que publicaron recopilatorios mas completos; en Love Deluxe no está el popular Smooth Operator.
Pero hoy arrecia aquí en el invierno de mi apatía, y mientras escribo suena en mis Thomson el Kiss of Life. Saxos y quejumbres, sólo por un ratito. Si Sade aún os hace tilín, creo que publicaron recopilatorios mas completos; en Love Deluxe no está el popular Smooth Operator.
The Best Of R.E.M., In Time, 1988-2003, R.E.M.
O sea, desde el Green hasta el Revival, que no es mal recorrido. Casi todos sencillos muy conocidos y una buena opción si R.E.M. sólo os entra de vez en cuando. Había un componente serio y evangelizador en estos tipos, algo desagradable y gélido, muy anglosajón, sí. ¿Por qué en una canción tan emotiva y tan simple como At my most beautiful tengo la sensación de que Michael Stipe no siente nada, de que está pensando en el medioambiente y en el dilema ético y moral de la clonación humana? ¿Por qué cuando oigo a R.E.M. me convenzo instantáneamente de que no saldría con ellos de copas ni aunque me pagaran final feliz con escort de mil dólares la hora? Seguro que me hablarían con suavidad, con buenos modales, con exquisito vocabulario, sobre la explotación animal que se ha necesitado para mis prendas de lana; uno me distraería con el parlamento y mientras otro encargaría al camarero una cerveza sin alcohol para el amigo de España.
The Essential, Bob Dylan.
Bob Dylan preside la categoría de músicos que me interesan, que deseo escuchar a fondo, pero que de momento consiento en formato The Best Of, la hamburguesa de sus carreras, hasta que pueda atenderlos como es debido, disco a disco. Así que cuando el cuerpo me pide un poco de esa voz gangosa, tiro de Grandes Éxitos, como este The Essential que lanzó Sony en el 2001, un doble compacto cojonudo: Like a rolling stone, I want you (que dan ganas de llorar de lo perfecta que es), Mr. Tambourine Man, Blowin' in the wind, Knockin' on Heaven´s Door, It ain´t me, babe, The Times They Are A-Changin'...
Discography, Pet Shop Boys.
El momentaso aquel que gritaba Boris Izaguirre, el kit-kat mariconazo de encoger el culo y sacar pechito. A mí, cuando me da, me desfogo con los Pet Shop Boys, con el Instrospective antes (mi disco suyo preferido), posteriormente con Discography. Me faltan algunas imprescindibles, pero puedo pinchar el West and Girls, el It´s a sin y el Domino Dancing, que en inglés inventado no abre con "All day, all day". Es más bién "Oe, oe" y sigue con "Guach camon nao, nao". Quién te dice a ti que lo que estás escuchando es un español cantando.
Greatest Hits, Red Hot Chili Peppers.
Pillas el Blood Sugar Sex Magik, el Californication, sigues con este Greatest Hits y ya tienes el ruidoso día resuelto. En el 2003 estos ex-drogadictos multimillonarios se repatingaban y consentían que Warner lanzara un rentable Greatest Hits. Pocas profesiones cuentan con esta regalía, con este bonus económico en caso de llegar a superventas. Por supuesto, de cara al público los Chili Peppers soltarían su cháchara tipo ("Hemos estado supervisando el proceso desde el principio hasta el final", "Nos sentimos muy orgullosos de este disco"). Luego regresarían a sus mansiones con la satisfacción del mamoneo cumplido.
Ah, ¿pero tuvieron más éxitos aparte del Real Gone Kid? Yo sólo sé que hacían un buen pop y que me colgué de este videoclip:
Sanotes y bien vestidos ellos. Me enamoré de la parejita del fotomatón. Quería ser él, y que una rubia pizpireta con una cinta en el pelo me mirara así, de reojo y con complicidad ("Amor mío, me estás clavando algo y no es el llavero").
Devil Got A New Disguise, The Very Best of Aerosmith, Aerosmith.
Unas veces toca sacar pechito y otras desempolvar los vaqueros elásticos y atar unos pañuelos al palo de la escoba. Aerosmith es una de esas bandas en las que los feos como demonios kandarianos se sienten atractivos y contagian ese optimismo (cuya base es la pasta y la erótica de la celebridad) a sus oyentes. Todos molamos cuando suena el Walk this way, el Love in an elevator o el Livin' of the edge. Pero esto es sólo un detalle, subjetivo y pedorro. Los Aerosmith hacen un rock de calidad y da gusto oírlos, pese al empacho que sufrimos de ellos con el dichoso Get a grip.
Paint The Sky with the Stars, The Best of Enya, Enya.
Qué fácil ahora meternos con Enya, reírnos de su rollo etéreo y new age, citar a Cartman, de South Park. Tan fácil como poner este CD en casa y relajarnos, lejos de los irónicos oídos del mundo internetero, en algún punto indeterminado entre Cicely, el África de lápiz, papel y polaroids de Matrimonio de conveniencia, la Europa celta de la BBC y la Tierra Media de Peter Jackson.
Lo mejor de Bosé, Miguel Bosé.
Antes de las versiones de Papito, en 1999 llegó de la mano de Warner este Lo mejor de. Me chifla Bosé, creo que ya lo escribí alguna vez en el blog. Pudo dedicarse a chupar de la fortuna de su padre, Luis Miguel Dominguín, y a no pegar un palo al agua en su vida, pero se empeñó en ser el David Bowie hispano y lo ha conseguido. Un tío mentalmente fuerte en un país caníbal y feroz, donde sigue importando con quién te acuestas por la noche. Cuando hace unos meses cacé un programa de TVE2 en el que Juan Pablo Ordúñez (¿era él?, no estoy seguro) piropeaba las letras comprometidas de las bandas de heavy españolas (parafraseo: "Traducíamos a nuestros grupos favoritos y nos decepcionábamos al comprobar que sólo hablaban de amor y de juergas, mientras que aquí Obús, Barón Rojo o Leño cantaban sobre problemáticas como el desempleo, las drogas o el terrorismo") yo me acordaba de Bosé, de su pop elegante, de sus letras romanticonas e inofensivas... y de lo provocador que resultaba el puñetero maquillado como un travesti adicto al aerobic en la España de finales de los setenta, en la falda pantalón de la etapa de Bandido, en la delirante comida de higo a Victoria Abril en Tacones Lejanos, en la portada de EG emulando a Demi Moore con un barrigón nuevemesino... Su actitud liberaba, abría mentes. El Neo afectado de la Matrix cateta. Ix en mi medievo cotidiano.
En Boys don´t cry, casi al principio de la peli, una chica le decía al prota que "no parecía de aquí". "¿De dónde parece que soy?", replicaba Brandon (Hilary Swank). "De algún lugar bonito", concluía ella dificultosa, con su vocabulario de madre soltera a medio alfabetizar, pero clavándolo, como si hubiera atrapado la idea esquiva con red, alfileres y un corcho. Miguel Bosé no es de aquí. Es de algún lugar bonito. Y eso, en un país de orcos, jode mucho.
En Boys don´t cry, casi al principio de la peli, una chica le decía al prota que "no parecía de aquí". "¿De dónde parece que soy?", replicaba Brandon (Hilary Swank). "De algún lugar bonito", concluía ella dificultosa, con su vocabulario de madre soltera a medio alfabetizar, pero clavándolo, como si hubiera atrapado la idea esquiva con red, alfileres y un corcho. Miguel Bosé no es de aquí. Es de algún lugar bonito. Y eso, en un país de orcos, jode mucho.
My way, The Best of Frank Sinatra, Frank Sinatra.
Hace unos días anunciaron el enésimo recopilatorio de La Voz. Ni idea de cómo estará ese último disco, pero supongo que no será muy distinto de este otro, un doble CD del 97 con los hits más representativos de su carrera, ya fuesen canciones compuestas para él ex profeso o versiones de otros artistas. Hagamos algo estúpido: cantemos juntos el Fly me to the moon. "Por el gran hombre", como decían en Querido intruso.
Their Greatest Hits, Bee Gees.
Cuando era un chaval y los veía por la tele, me reía de ellos. Contribuían también a esta intolerable falta de respeto Raquel Aparicio (¿qué fue de esa tía? ¿de verdad era guapa y graciosa? ¿no sería que cualquier cosa bípeda y con vagina me disparaba las hormonas?) y Ángel Prieto en el programa Número 1. Me comía con papas que lo más vendido fuera lo último de Isabel Pantoja o Luis Cobos, pero me parecían antiguos y ridículos los Bee Gees...
The Very Best of Simply Red, Simply Red.
Con el Jericho, que hay que cantarlo como con cabreo cuando se llega al estribillo. Sí, constan casi todos los singles que los hicieron famosos más allá de sus fronteras. El grupo del beatlemaníaco Joaquín Luqui; yo los identifico con esa época. "Tú y yo lo sabíamos. Si eres bajito, rechoncho, pelirrojo y pecoso, dedícate al pop-soul, que ya verás cómo mejora tu vida".
Stars, The Best of 1992-2002, The Cranberries.
Nadie tiene la culpa de que Zombie fuese tan buena que hasta Los Pitufos Makineros la versionearan (y querida prima Irene, aquella boda estuvo bien, pero debísteis vigilar la selección musical). Ni Los Cranberries esperarían aquel pelotazo. Y No Need to Argue, que es estupendo, robó protagonismo al anterior trabajo del grupo, Everybody Else Is Doing It, So Why Can't We?, un discazo que descubrí de casualidad porque los clientes acostumbraban a dejar compactos, videojuegos y cintas de cassette dentro de los aparatos averiados que mandaban al taller. Como mis posesiones son para mí objetos preciosos y queridos, jamás he entendido a esta clase de gente. Los que se llevan un libro a la playa a sabiendas de que entrarán granos de arena entre los pliegues, los que se gastan un pastizal en videojuegos pero pierden el librillo y rompen la funda el primer día, los que compran CDs originales y nada más abrirlos les dan una buena imprimación de grasa digital con el dedo gordo de la mano...
La Dolores O´Riordan de hoy parece escapada de un episodio de Melrose Place, pero anda que no molaba nada su aspecto de jovencita arrabalera en 1997: medias rotas, bragas sucias, eructos cerveceros y con más abortos inducidos en su historial que las criaturas transgénicas de Splice.
Al doblar la esquina para tirar andando hacia el instituto (con legañas, posible mal aliento y erección matutina garantizada), había un muro pintarrajeado con grafitis. Los chavales del colegio de al lado dejaban constancia allí de su tontuna con inscripciones variadas. Desde el gazmoño corazón con flecha e iniciales dentro hasta palabras sueltas relacionadas con las filias musicales. "No future" (cómo no), "Iron Maiden", la A circulada del anarquismo (que a esas edades supongo que al autor le inspiraba una especie de utopía gandula donde no se trabajaba y un monstruo como él podía tener sexo con todas las chicas de su clase), la pata cursi de la paloma pacífica y, mi favorito, en el centro, "101".
Tardé años en escuchar el 101, más o menos en la época de Violator (pedazo de nombre, pedazo de portada, pedazo de disco). Sinceramente: estaba convencido de que los Depeche Mode no pasarían la prueba del tiempo, que no surfearían las décadas sin caer de la tabla. Pero lo lograron. Otros, que también lo merecieron, se quedaron para material de Tops en la MTV, "Los 20 cantantes más atractivos de...", "Los 10 grupos más vendidos de...", etc.
En este doble CD no figura el But not tonight. No se puede tener todo. Esto... un momento. Me mata esa frase, ¿qué hago escribiendo esta consigna de ricachones? Claro que se puede tener todo. Por segunda vez en el blog, el clip de But not tonight:
Era la cocinera mosqueada en Granujas a todo ritmo, que fue donde por primera vez le puse cara a esa voz prodigiosa. Puede que en grupos más o menos recientes, con pocos años de trayectoria, esta clase de discos no obedezcan a un propósito definido (bueno, en parte, sí: sacarnos la pasta a través de la melomanía), pero cuando se trata de artistas con una dilatada carrera, como Aretha, un The Very Best bien hecho reune sus hits de siempre (desparramados en decenas de LPs y singles) supervisados por técnicos de estudio que los harán sonar de puta madre. Y así nosotros sólo tendremos que pasarnos una tiza por la lengua y menear la cabeza señalando acusadores para imitar a la gran dama del soul.
Se pasaron con el alpiste y parieron el decepcionante Pedrá. Los Extremoduro olvidaron que ni ellos eran Pink Floyd ni necesitaban serlo. Son los buitres negros del rock español, son cabrones flacos con guitarras y así es como los queremos: atronando en nuestras orejas y susurrándonos sutilezas en el alma. En este disco del 2004 está el mítico Pepe Botika, el So payaso, el A fuego y la deliciosa colaboración con Albert Pla en El Día de la Bestia. Briblibliblí forever.
Otro día, más.
La Dolores O´Riordan de hoy parece escapada de un episodio de Melrose Place, pero anda que no molaba nada su aspecto de jovencita arrabalera en 1997: medias rotas, bragas sucias, eructos cerveceros y con más abortos inducidos en su historial que las criaturas transgénicas de Splice.
The Singles, 86-98, Depeche Mode.
Al doblar la esquina para tirar andando hacia el instituto (con legañas, posible mal aliento y erección matutina garantizada), había un muro pintarrajeado con grafitis. Los chavales del colegio de al lado dejaban constancia allí de su tontuna con inscripciones variadas. Desde el gazmoño corazón con flecha e iniciales dentro hasta palabras sueltas relacionadas con las filias musicales. "No future" (cómo no), "Iron Maiden", la A circulada del anarquismo (que a esas edades supongo que al autor le inspiraba una especie de utopía gandula donde no se trabajaba y un monstruo como él podía tener sexo con todas las chicas de su clase), la pata cursi de la paloma pacífica y, mi favorito, en el centro, "101".
Tardé años en escuchar el 101, más o menos en la época de Violator (pedazo de nombre, pedazo de portada, pedazo de disco). Sinceramente: estaba convencido de que los Depeche Mode no pasarían la prueba del tiempo, que no surfearían las décadas sin caer de la tabla. Pero lo lograron. Otros, que también lo merecieron, se quedaron para material de Tops en la MTV, "Los 20 cantantes más atractivos de...", "Los 10 grupos más vendidos de...", etc.
En este doble CD no figura el But not tonight. No se puede tener todo. Esto... un momento. Me mata esa frase, ¿qué hago escribiendo esta consigna de ricachones? Claro que se puede tener todo. Por segunda vez en el blog, el clip de But not tonight:
Aretha, Queen of Soul, The Very Best of Aretha Franklin, Aretha Franklin.
Grandes éxitos y fracasos (Episodio primero), Extremoduro.
Otro día, más.
Feliz Navidad
Pues eso. Feliz pitanza, gratas copichuelas y mucho fun, fun, fun (que aquí en Homo Insanus significa cualquier cosa menos una mala traducción de "fum" o el sonido de una zambomba). Nos vemos en un par de días.
Mi mayor deseo
Mi mayor deseo es que mis hijos compartan mi amor por las bombas nucleares y las cepas de Ébola estables. De momento tengo gatos, que también aspiran a la destrucción masiva, como todos los gatos del mundo.
X-Men: Primera Generación y Capitán América: El primer Vengador
Título original: X-Men: First ClassAño: 2011
Duración: 131 min.
Duración: 131 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Matthew Vaughn
Guión: Jane Goldman, Ashley Miller, Jamie Moss, Josh Schwartz, Zack Stentz (Historia: Bryan Singer)
Música: Henry Jackman
Fotografía: John Mathieson
Guión: Jane Goldman, Ashley Miller, Jamie Moss, Josh Schwartz, Zack Stentz (Historia: Bryan Singer)
Música: Henry Jackman
Fotografía: John Mathieson
Intérpretes: James McAvoy, Michael Fassbender, Kevin Bacon, January Jones, Jason Flemyng, Rose Byrne, Oliver Platt, Jennifer Lawrence, Nicholas Hoult, Álex González, Lucas Till, Zoë Kravitz, James Remar, Matt Craven, Rade Serbedzija, Michael Ironside, Laurence Belcher, Bill Milner, Beth Goddard, Morgan Lily, Caleb Landry Jones, Edi Gathegi, Hugh Jackman.
Sinopsis: Comienzo de la saga de los X-Men. Esta es una historia secreta que alude a conocidos acontecimientos mundiales. Antes de que los mutantes se mostraran al mundo, y antes de que cambiaran sus nombres por los de Profesor X y Magneto, Charles Xavier (James McAvoy) y Erik Lehnsherr (Michael Fassbender) eran dos jóvenes que descubrían sus poderes.
X-Men fue una una película de superhéroes tímida, un tibio ariete que abrió paso a un goteo ininterrumpido de sueños hechos realidad: tebeos reales en perfecto movimiento, con la misma espectacularidad que nacía de la alianza entre las viñetas estáticas y la imaginación desatada. A la salida del cine, X-Men 2 me dejó con la convicción de que empezaba una buena racha de alegría, de tíos en pijamas de látex y bellas explosiones cada cinco minutos. No era la primera vez que erraba como pitoniso cinéfilo. Con los Batman de Tim Burton creí que gracias al empuje de los dos taquillazos de la Warner, no pararía de ver adaptaciones competentes de mis personajes favoritos de la infancia. Pero eso no sucedió.
En la actualidad vivo encantado, como una Giselle ultraviolenta en el país de la testosterona. Y les hago saber que los quiero, mucho, mucho y siempre. Todos los años tengo mi ración extra de felicidad en dvdrip. Todavía me parece mentira que Robert Downey Jr. sea Iron Man (la decisión de casting más inspirada de la historia del cine), que Kenneth Branagh se pusiera a los mandos de un Thor tan colorido, alienígena y putañero, que La Masa recibiese dos visiones distintas en el breve espacio de un lustro, que Dan Defensor molara más que su homónimo en papel (un ciego saltimbanqui con muy buen oído; disculpadme, pero yo era un enano chungo, no creía en la belleza interior, ni en los beneficiosos efectos del deporte ni en superhéroes sin superpoderes), que Sam Raimi dirigiera al primer Spiderman de carne y hueso capaz de moverse entre rascacielos con esa rapidez desmañada, tan alejado de aquel trepamuros patético de los setenta. Hasta Catwoman, ese papel que idiotiza a cualquier actriz que lo interprete, no resultó tan insoportable (pero sí altamente cómica, claro, a ver quién no se partió el ojete con Halle Berry haciendo la mongola sobre un sofá y lamiendo leche de un plato: fue la comedia involuntaria de aquel año).
X-Men: Primera Generación tiene algunas escenas grotescas, superhéroes de catálogo de fondo (mutantes de broma, como el niñato ululante o la chica alada, no me jodas) y un actor, Kevin Bacon, más a seis grados de separación de sí mismo que nunca. Pero ahí he estado yo, presentando golfa estampa (nocturnidad, café y pitillos) descansando de Lobezno un poco, tratando de olvidar que me lo estropearon con garras orgánicas hace un par de veranos. Garritas de hueso. Me recordaba al grillado hindú de las uñas largas de Jackass 2.5. Sólo faltaba Steve-O vomitando muerto de risa. Si hubo un bisoño y originario Lobezno así en tebeo, yo no necesitaba conocerlo, gracias.
No es el mejor X-Men cinematográfico, pero sí el más gratamente ambientado, con una versión extendida de la ya conocida infancia tremebunda de Magneto, con una Guerra Fría de postal, de videoclub, con la crisis de los misiles cubanos a punto de desencadenar la Tercera Guerra Mundial, con bases secretas de la CIA, submarinos atómicos y aviones prototipo secretos. Y la tuve en la tele del salón en menos de dos horas. Por la cara. Quejarme de que sea más floja que un muelle de guita, ¿para qué?
No es el mejor X-Men cinematográfico, pero sí el más gratamente ambientado, con una versión extendida de la ya conocida infancia tremebunda de Magneto, con una Guerra Fría de postal, de videoclub, con la crisis de los misiles cubanos a punto de desencadenar la Tercera Guerra Mundial, con bases secretas de la CIA, submarinos atómicos y aviones prototipo secretos. Y la tuve en la tele del salón en menos de dos horas. Por la cara. Quejarme de que sea más floja que un muelle de guita, ¿para qué?
Título original: Captain America: The First Avenger
Año: 2011
Duración: 125 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Joe Johnston
Guión: Christopher Markus, Stephen McFeely (Cómic: Joe Simon, Jack Kirby)
Música: Alan Silvestri
Fotografía: Shelly Johnson
Intérpretes: Chris Evans, Hugo Weaving, Hayley Atwell, Tommy Lee Jones, Sebastian Stan, Stanley Tucci, Toby Jones, Dominic Cooper, Neal McDonough, Richard Armitage, David Bradley, Kenneth Choi, Natalie Dormer, Derek Luke, JJ Feild, Bruno Ricci, Samuel L. Jackson
Sinopsis: Nacido durante la Gran Depresión, Steve Rogers creció como un chico enclenque en una familia pobre. Horrorizado por las noticias que llegaban de Europa sobre los nazis, decidió enrolarse en el ejército; sin embargo, debido a su precaria salud, fue rechazado una y otra vez. Enternecido por sus súplicas, el general Chester Phillips le ofrece la oportunidad de tomar parte en un experimento especial. la Operación Renacimiento.
Año: 2011
Duración: 125 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Joe Johnston
Guión: Christopher Markus, Stephen McFeely (Cómic: Joe Simon, Jack Kirby)
Música: Alan Silvestri
Fotografía: Shelly Johnson
Intérpretes: Chris Evans, Hugo Weaving, Hayley Atwell, Tommy Lee Jones, Sebastian Stan, Stanley Tucci, Toby Jones, Dominic Cooper, Neal McDonough, Richard Armitage, David Bradley, Kenneth Choi, Natalie Dormer, Derek Luke, JJ Feild, Bruno Ricci, Samuel L. Jackson
Sinopsis: Nacido durante la Gran Depresión, Steve Rogers creció como un chico enclenque en una familia pobre. Horrorizado por las noticias que llegaban de Europa sobre los nazis, decidió enrolarse en el ejército; sin embargo, debido a su precaria salud, fue rechazado una y otra vez. Enternecido por sus súplicas, el general Chester Phillips le ofrece la oportunidad de tomar parte en un experimento especial. la Operación Renacimiento.
Si Daredevil era un cegato con buen oído, Capitán América no pasaba de cachas con escudo metálico. Y aunque al principio me importara un comino su condición de símbolo del imperialismo norteamericano, en la adolescencia, tan contestataria y contracultural, tan gilipollas, desacredité al Capitán de un plumazo. Este tío era el Roberto Alcázar de los Estados Unidos y yo era muy astuto advirtiendo su "oculta" verdad de instrumento político.
Todos los que rechazamos al Capitán América por su carga ideológica caímos también en una trampa rancia: creernos más originales que los demás, más inteligentes, los vigilantes del pensamiento libre.
Capitán América: El primer Vengador, sabedora de la elemental y tópica antipatía que Steve Rogers inspiraba más allá de sus fronteras de influencia, convierte los supuestos valores doctrinarios del personaje en valores humanísticos. En la película Steve Rogers es, ante todo, "un buen hombre". Un débil "chaval de Brooklyn" ansioso por cumplir con su deber en el campo de batalla. A través de la ciencia su cuerpo trasciende a un estrato superior, pero justo cuando podría volver a darnos dentera el Capi, nos lo trasladan a un espectáculo de circo candoroso, tan deliberadamente inocente y ridículo que desmonta el más importante recelo contra Steve Rogers: su patriotismo ejemplificante. Al convertir al héroe en pelele frustrado del gobierno, en un guerrero puro castrado por la maquinaria de la propaganda, de repente estamos deseando verlo entrar en acción, que pueda hacer honor a su abanderado uniforme. Y la primera vez que Steve entabla combate, no es por un ideal abstracto, sino por el deseo de ayudar a su mejor amigo, cautivo más allá de las líneas enemigas.
Concluido el lavado de imagen a favor del personaje principal, la película de Joe Johnston despliega el resto de su artillería. Secuencias de acción muy bien rodadas, actores secundarios maravillosos, música impecable a cargo de Alan Silvestri (uno de los grandes), una dulce historia de amor y una estética encantadora de tecnología retro y fantasiosa (como en The Rockeeter, también dirigida por Johnston) ubicada en un contexto de cómic de hazañas bélicas de toda la vida. Rendido me quedé ante esos laboratorios dotados de manómetros y osciloscopios, de medidores e indicadores de agujitas histéricas, de botonazos rojos más gordos que un glande hinchado, de primitivos sistemas de vigilancia y monitores ovales en blanco y negro; esos vehículos de acero portadores de rayos divinos; esos esbirros desnaturalizados con aspecto de haber sido entrenados en un universo alternativo donde imperan las máquinas de vapor y la magia cotidiana; esos comandos bravucones y ese espía loco de atar... En conjunto, una gozada de tres pares de cojones que sepulta definitivamente a la anterior versión cinematográfica de este superhéroe, una bobada inane que aquí pudimos alquilar en vídeo, para nuestro sufrimiento, a principios de los noventa.
(Fichas y sinopsis: Filmaffinity)
(Fichas y sinopsis: Filmaffinity)
Libros para Kindle
Anunciado por televisión y a 99 euros. Esta vez sí que van a hincharse a vender en España. Y como a más de uno os caerá un Kindle estas navidades, os dejo un enlace al blog Libros para Kindle, una abrumadora cascada de diversión ordenada alfabéticamente y en mobipocket, el formato nativo del lector de Amazon. Pinchad sobre la imagen para acceder al blog. A disfrutarlo.
"¡Está lleno de estrellas!"
Los que no tuvimos la suerte de atravesar una auténtica puerta estelar (y no esa cosa descafeinada de la peli de Emmerich), una que no te lleva del punto A al punto B a secas, una que puede expandirte la consciencia, soltarte en otro universo u otra dimensión libre de las leyes físicas conocidas y transformarte en el proceso, nos perdimos la mejor parte de semejante rapto, la que sólo alcanzaban a imaginar en la Leonov mediante viejas grabaciones del diario de a bordo del Discovery: que se abra un extraño vórtice en mitad de la nada y se vea un cuajado imposible de jóvenes estrellas disputándose el poco polvo y gas sobrante.Esta pequeña imitación de un planetario tampoco nos va a dar ese punto de vista prodigioso (y terrorífico) de Bowman, pero sí parece ser un sustituto perfecto de esas pegatinas fluorescentes que son tan horteras como... coño, ¡bonitas! En serio, son preciosas, en su vulgaridad son tan entrañables que la primera vez que las contemplé en el cuarto de un primo mío, estuve tentado de comprarme un paquete para mí. Lo que decía, este aparatejo promete darnos más estrellas de las que se cuelan débilmente a través de las nubes y la contaminación lumínica, y concentrarlas en el techo que escojamos de nuestro hogar.
Sin haberlo tocado siquiera, sin probarlo (esto es Internet, viejos, es como la desfachatez de pontificar en un botellón, pero multiplicado por mil), sus pros y sus contras.
Pros:
-Es una chorrada, como todo lo bueno de la vida, de supuesta poca importancia, pero "¿y el ratito que nos hemos llevao?".
-Por fin podremos recuperar esos estuches con chillout en MP3 y ventilarlos un poco. Apagar las luces y volver a pinchar esas bandas sonoras tan electrónicas. Hacer las paces con plastas musicales que vegetan, originales o piratas, en nuestras discotecas.
-Se parece a la Estrella de la Muerte. Cualquier objeto que se parezca a la Estrella de la Muerte cuenta con mi aprobación. Hasta las pelotas rasuradas de un negro cuentan con mi aprobación.
-Tomar de las manos a tu chica e imaginar que es Brooke Shields en aquel jodido planetario, y que tú eres su novio adolescente, y que la clase entera quiere acabar ya con ese tostón para ir a fumar hierba y a beber cerveza, pero tú no, tú estás en paz. Compré Amor sin fin en dvd sólo por esa escena.
-Tomar de las manos a tu chica e imaginar que es Brooke Shields en aquel jodido planetario, y que tú eres su novio adolescente, y que la clase entera quiere acabar ya con ese tostón para ir a fumar hierba y a beber cerveza, pero tú no, tú estás en paz. Compré Amor sin fin en dvd sólo por esa escena.
Contras:
-Esto fijo que es un gadget de fabricación y ensamblaje chino, como casi cualquier artículo que lleve circuito impreso y funcione a pilas o a red. No tardarán las imitaciones exactas a un precio diez veces menor, si es que no existen ya, que me extrañaría que no, más todavía cuando ya lleva un par de años en el mercado. Entre 120 y 140 euros... Explicadle a vuestro conejo o coneja, tal y como está el patio, que os vais a autoregalar una bolita de plástico para ver estrellas en el techo, que ya se ocuparán ellos de arreglarlo todo con una patada en los bajos.
-Hablando de estrellas, la opción "Estrellas fugaces", a raíz de los comentarios leídos, se limita a una única lucecita que realiza siempre el mismo recorrido.
Visto en: Curiosite
Todo lo que necesito está en mi palacio
"Un par de vasallos serviles, unas cuantas esclavas, mi pipa de agua, aperitivos, una mascota encantadora y el maldito embaucador de Solo como decorado viviente".
No quiero que la sección Wallpapers gire totalmente hacia el cine de estreno. Así que para diciembre, al menos hasta que lleguen las fechas señaladas, os propongo este maravilloso retablo digital.
(Click en la imagen para ampliar)
Lo mejor de la televisión actual, 3
Exacto, los anuncios, pero esta vez por la mala leche que me segregan las mamas, no como en anteriores entregas.
Movistar. La Telefónica de siempre (peseteros y chapuceros) nos trae esta asquerosa campaña inspirada en las asambleas libertarias y populacheras de los indignados veraniegos. En mi sueño estoy sentado, aplaudiendo, entre el artista y el panadero. Levanto el brazo para pedir turno y digo: "Hijos de puta". Todos ríen. Luego saco mi MP5 y me los cargo.
Conversaciones sobre el futuro del Banco Sabadell. Resulta que ahora los bancos son nuestros amigos. Se impone la reflexión, el "¿Cómo hemos llegado a esto?" y la búsqueda de claves para salir de la crisis. Y me colocan cara a cara a personajes que me importan un huevo charlando sobre banalidades, pero en blanco y negro, para subrayar el ¿mensaje? "Eh, que esto es serio, que aquí hay trasfondo".
La Ruta Soy. Por si no fuera bastante tortura la anterior campaña, con aquel coro de mamarrachos destrozando el Eye of the Tiger, la continuación es aún más odiosa: gilipollas caminando muy contentos por la vital Ruta 66 de la Mutua, la versión pesadillesca de Interstate 60.
Seguros Ocaso. El sol de la tranquilidad. De pequeño dictador a padre de familia, y después al hoyo, entre nubes y estrellas. Todos somos más buenos que el pan y aquí está el resumen de nuestras vidas. Nos merecemos estar cubiertos, por lo que pueda pasar.
Instituto Coca-Cola de la Felicidad. Con dos cojones. Me parece inaudito y absolutamente hipnótico. Cada vez que me tropiezo con uno de estos publirreportajes, me quedo traspuesto. ¿Para cuándo el Ministerio Pepsi del Amor?
Van a acabar conmigo. De nada sirve que casi el 80% del tiempo que enciendo la tele sea para usarla como soporte del dvd o del disco duro multimedia. Están ahí, esperando a que me despiste y haga zapping a la búsqueda de documentales, de Impacto Total (que es como El Sr. Mullet con presupuesto) o de reposiciones de Los Simpson.
En tu espalda me cagué creyendo que me querías
Lo vi ayer en el muro de mi prima Verónica y como era una noticia de gran espíritu insánico, me la traigo para acá.
Ryan Fitzgerald un día amó esa espalda. La arañó, la mordió, la besó, la acarició (la parte más sucia del cuerpo humano, por cierto: nadie se la lava como es menester), deslizó índice y corazón por la tersa piel, hacia la ruta de las nalgas, gruñó y susurró cursiladas sobre ella... pero aquella mañana era un perturbado con un plan, y todo lo que fue, dejó de serlo. Mientras le tatuaba esa artística bosta a la pobre chica, cubriéndose legalmente con un documento que de poco le servirá en Estados Unidos, el paraíso terrenal de los picapleitos, también se marcaba él mismo en su alma, con una tinta más negra que la noche.
El cachondeo en las redes sociales oculta la tragedia: dos que se querían y que llegaron a esto. A la infidelidad más tontorrona y a la venganza más absurda pero, sobre todo, a la demolición más brutal de lo que una vez construyeron juntos.
No creo en nada, no creo en Dios, ni en el Cielo o el Infierno, no creo ni en mí mismo. Pero sí creo en los actos que nos condenan, que nos pudren por dentro (soy un experto en esta teología tan particular). Y creo que Ryan Fitzgerald arderá en vida, que le pesará como una losa ese tatu.
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