No te dirán que no necesitas Wi-Fi, ni 3G, ni pantalla táctil capacitiva. No te dirán que conectarte a Internet con tu
ereader, hoy día, es lento, farragoso y chupa batería como si no hubiera mañana. No te dirán que la funda que trae de regalo, si la trae, es una mierda; tampoco te dirán lo baratas que puedes encontrar fundas compatibles en almacenes chinos 2.0 como
Deal Extreme.
No te dirán que el
Kindle 3 es la mejor opción, no porque no pueden vendértelo en su establecimiento, que si no, te meterían el
Kindle por los ojos. No te dirán que esos falsos
ereaders con pantalla TFT cansan la vista; ni siquiera se les puede llamar libros electrónicos, son en realidad pequeños
tablets. Si te interesas por una mierda como
ésta, tomarán tu efectivo o tu tarjeta y muchas gracias, caballero.
No te dirán que no requieres de accesorios: si compras una de esas lamparitas minúsculas tampoco te dirán que la usarás dos días y luego acabará en un revistero, revoleada en un estante o debajo del sofá.
No te dirán cuántos formatos soporta el ereader. Esa información la tienes en la caja de cartón, pero no cuentes con que el dependiente de la sección de electrónica de una gran superficie sepa qué coño es epub, fb2 o mobi. No te dirán que es mejor seis pulgadas de pantalla que cinco, y nueve mejor que seis. El tamaño sí importa.
No te dirán que si tu ereader incluye entrada para tarjetas de memoria, pues mucho mejor. Al principio te parecerá más que suficiente con la memoria interna, pero antes de que agotes la garantía del producto, antes de quince días, ya la tendrás casi llena de libros.
Lo que yo te diga
Te digo que el ereader no hará que leas más si previamente no has desarrollado el hábito. No funciona así. No existe gadget en el mundo (por el momento) que pueda estimular de tal modo esa masa espongiforme que albergas en la quijotera. Si lees poco, si lo haces por "adquirir cultura", porque "leer es bueno", porque "te permite participar de otras experiencias", porque a partir de los diecisiete años ya hedía que tus únicas lecturas hubiesen sido las obligatorias en clase de Lengua, vete a cagar. Píllate un iPod y baila. Pero si lees porque sí (como si se necesitaran motivos) y a todas horas, un ereader de tinta electrónica será un cachivache que utilizarás muchísimo, que no terminará olvidado en un cajón.
Te digo que hay una ventaja que ningún vendedor te comentará: la estandarización digital de las páginas. Cuando lees en papel, cada novela posee un aspecto distinto, un formato propio, un tamaño diferente. Tipos de letras, márgenes, sangrías, encabezados, pies de página, etcétera. En la pantalla de tu ereader todos los libros serán iguales (aunque puedas cambiar ciertos parámetros si lo deseas). Y si llevas varias novelas a la vez, la vista no deberá pasar por ese reajuste momentáneo que se produce cuando cierras el libraco de 13x21 centímetros para darle candela al pequeño tocho en edición de bolsillo. No hay hojas blancas ni de color ahuesado, suaves o rugosas, sólo ese fondo gris mortecino del e-ink que no tardarás en amar.
Te digo que no te volverás un desalmado que reniega del papel. Rata bibliófila naciste y rata bibliófila morirás. Entrarás en una vorágine de descargas compulsivas, eso será inevitable. Un ebook pesa menos que una imagen JPEG en alta resolución (acojonante, queridos), abundan los foros con hilos como "10.000 libros para tu Kindle" y webs especializadas que organizan por índices, temas y materias todo lo que alojan los colaboradores particulares en servidores externos, así que te pegarás unas cuantas semanas bajando archivos como un loco.
Te digo que no requerirás de un nivel demasiado avanzado en informática para convertir, editar, corregir, manipular, en suma, cualquier
ebook defectuoso o incompatible con tu
ereader gracias a programas como
Calibre.
Te digo que no lo prestes a nadie. Ni a tu pareja, ni a un amigo, ni a un familiar; mucho menos a los infraseres ruidosos de tus hijos. Pronto dispondremos de pantallas más resistentes (incluso plegables y sumergibles) en nuestros dispositivos de lectura, pero las actuales suelen ensamblarse con un separador de cristal y cascan con la fragilidad de un huevo, así que mucho cuidado.
Te digo que vas a fliparlo cuando comprendas que un enorme porcentaje de todo lo que se ha editado en tu país y parte del extranjero lo tendrás al alcance de un clic, pagando o no... Hace unos días, escuchando un programa de misterio en
Ivoox, un invitado mencionó un ensayo sobre demonología no apto para "mentes sugestionables", escrito por un alto cargo de la Curia Romana. Me llevo menos de dos minutos localizarlo y descargarlo.
Te digo que no te arrepentirás de la compra, que se convertirá en uno de tus artilugios indispensables y que lo acariciarás, lo acariciarás, sí, como si estuviese vivo. De hecho, conozco a más gente con menos vida dentro que mi precioso y queridísimo lector de libros electrónicos.
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| (Mi ereader es un clónico de 6" en color blanco de este mismo modelo) |