La isla del día de antes


El Umberto Eco novelista es un caso aparte. Parece el clásico escritor que se involucra en el proceso creativo de una novela por pura diversión, por curiosidad, por comprobar si podrá bajar unos escalones y escribir literatura popular (de calidad, pero más pop que un cartel de puticlub) que se entienda y se venda tan bien como esos best-sellers que devora entre tanto mamotreto amarillento y tanto volumen ajado. No me imagino yo a esta venerable y docta rata de biblioteca preocupándose por los diferentes retos que se plantean a medida que las páginas abultan. No creo ni que tenga que luchar contra ellos. Hablamos de un tipo cuya primera novela fue El nombre de la rosa. Un cabrón de mucho cuidado que debe idear personajes, intrigas y tramas redondas con la misma facilidad con que nosotros ayudamos en los trabajos escolares a los benjamines de la familia.

Umberto Eco va sobrado en el arte de juntar letras y eso le permite ahorrar tiempo y enfocar sus esfuerzos en montar delicados juguetes experimentales.
En La isla del día de antes, mucho más que en El péndulo de Foucault, Baudolino o El nombre de la rosa, a esta recurrente tensión de Eco entre la realidad y la ficción se le une un complejo pulso con las voces narrativas, con un narrador que nos explica, de tú a tú, los pasajes más extraños de una historia que se pretende auténtica, un diario epistolar escrito por un náufrago atrapado en un barco misterioso. Este narrador no está ubicado en el presente y así, el choque entre el conocimiento científico y el potaje de leyendas, falsas creencias, mitos y paraciencias del modelo medieval rara vez existe; eso le otorga al autor la posibilidad de embelesarnos con la descripción de una época que él percibe crepuscular.

Estamos en 1643. Las grandes superpotencias se disputan el control de mares, islas y territorios por todo el globo. La Tierra ya no es plana. La razón, la lógica y la ciencia barren con lentitud siglos enteros de oscuridad. Pero a menudo, esas escobas del progreso levantan una compacta nube en la que se mezclan los nuevos avances en medicina, astronomía, matemáticas, física y química con las viejas costumbres y usos, que se resisten a desaparecer. Umberto Eco y su astuto narrador nos llevan hasta un último enigma en los confines del mundo, la determinación exacta de las longitudes. Y allí, a bordo del Daphne, rodeados de aguas cristalinas y encallados frente a una isla exuberante, resulta que puede que no estemos sólo ante el ansiado Punto Fijo, que dotará a las cartas de navegación de una certeza rotunda, sino también ante el escenario perfecto para demostrar que, bestiarios fantásticos y tierras míticas a un lado, a través de la imaginación y la deducción más alocada, el hombre medieval se acercaba al contemporáneo con una inevitabilidad que dentro de unos cuantos siglos les parecerá análoga a nuestros descendientes en relación a este comienzo de milenio nuestro.

Decía Eco en una entrevista que podía ver la Edad Media allá donde mirase. En las naciones y sus fronteras, en la política, en la economía, en la ciencia, en nuestro presente y en nuestro futuro. Y con La isla del día de antes, este signore de las letras va más allá, recordándonos lo común que nos ha sido, a todas las generaciones de hombres que hemos pisado el planeta, creernos claves de un momento único. “Desafío a quienquiera a que se halle abandonado en un navío desierto, entre cielo y mar en un espacio perdido, y a que no esté dispuesto a soñar que, en esa gran desgracia, no le haya tocado en suerte, a lo menos, haber ido a parar en el centro del tiempo”.

Breaking Bad Temporada 3


Ya decía por aquí hace un tiempo que ésta era de la clase de series que se te ganaban desde los primeros capítulos, involucrándote en la morbosa degradación moral de un buen tipo, sin saltarse ni una etapa: el asco y el asombro ante un submundo cruel y sórdido que convive paralelo a la realidad cotidiana, la aceptación de las reglas del juego, el aprendizaje y por último, la seducción. Es bueno ser malo. Es delicioso que te teman. Y Walter no tardaba en cogerle el gustillo a su nueva ocupación, aunque descubriera en el proceso que no podría continuar sin acabar pringándose, que sus actos lo ligaban a otras vidas y destinos.

En esta tercera temporada, el problema más pequeño de Walter es el cáncer. Supongo que ésa es la idea central en toda esta serie. Cuando vendes tu integridad por dinero y estás dispuesto a llegar tan lejos, un montón de células revueltas no son los enemigos más peligrosos que se confabularán contra ti.

Otros trece episodios que se van volando. Ahora, a esperar. Si todo va bien y no hay más retrasos, en unos cuantos meses podríamos estar disfrutando de la cuarta temporada.

El sign o' del éxito


Que te llamen desde las mejores agencias de Hollywood, a veces sin pasar por pruebas de casting. Que tus ingresos por publicidad sean tan cuantiosos como lo que te pagaron años atrás por dos o tres trabajos en cine. Que puedas escoger entre la élite de los diseñadores los trapitos que lucirás en una gala televisada. Que seas una celebridad en países que ni sabías que existían. Que te pongan una estrella en el Paseo de la Fama. Que te den un Oscar.



Que Prince (más grande que todos nosotros juntos) insista en que subas al escenario y te marques un bailoteo.

El rito


Título original: The Rite
Año: 2011
Duración: 112 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Mikael Håfström (AKA Mikael Hafström)
Guión: Michael Petroni (Novela: Matt Baglio)
Música: Alex Heffes
Fotografía: Ben Davis
Intérpretes: Anthony Hopkins, Alice Braga, Ciaran Hinds, Toby Jones, Colin O'Donoghue, Rutger Hauer

Sinopsis: Michael Kovak (Colin O'Donoghue) es un decepcionado seminarista norteamericano que decide asistir a un curso de exorcismos en el Vaticano, lo que hará que su fe se tambalee y tenga que enfrentarse a terribles fuerzas demoníacas. En Roma conocerá al Padre Lucas (Hopkins), un sacerdote poco ortodoxo que le enseñará el lado oscuro de la Fe.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Con títulos como El rito, uno siempre espera el milagro. Que se codee con El exorcista, que tire por los fabulosos derroteros metafísicos de El exorcista III (caminando de puntillas sobre la segunda entrega, la de John Boorman, que se liaba con el subconsciente, la antropología y el ecologismo), que doblen por la esquina de la acción si es necesario, como hizo Peter Hyams al enfrentar a Schwarzenegger con su némesis definitiva (¡y Arnie ganaba! ¡qué huevazos!)… pero por nada del mundo quiero un discurso sobre la fe, un duelo entre el escepticismo y el pensamiento mágico o una aproximación realista al trabajo de un exorcista, un currelo más cercano al de un profesional de la salud mental que al de un soldado de Dios en su azote contra los demonios.

Tampoco me sirven las últimas películas que han abordado el tema. Yo no quiero compadecerme de una chica con un grave cuadro de histeria religiosa; tampoco me interesa en lo más mínimo una lunática cuya mayor desgracia fue nacer en el cinturón bíblico de Norteamérica, y no en una gran urbe. Eso no es cine de terror, eso es otro rollo, melodrama de terror si acaso, empeñado en validarse a través de la duda razonable, ese monstruo tibio que ni enfría ni da calor.

Al principio de El rito, Michael Kovak (Colin O´Donoghue) asiste a su primer exorcismo, dirigido por el padre Lucas (Anthony Hopkins). Michael termina decepcionado por lo poco espectacular de la sesión. Entonces su mentor se chotea de él, comentándole que no habrá cabezas torcidas, ni puré de guisantes vomitado a chorros. En ese momento, supe que lo que me quedaba por ver de película era una puta mierda. Y así fue, claro. Una basura engolada, extrañamente ruidosa (la banda sonora te cuenta una historia completamente distinta a las imágenes; si cerramos los ojos parecerá que el mismísimo Infierno está a punto de manifestarse, si los abrimos, sólo hay un tío andando por Roma) e interminable como un sermón de domingo. Ah, y antes de los créditos, la patochada definitiva, una pizca de información extra que ayuda a comprender por qué ha sido tan coñazo todo.

¿Y ahora qué hago yo esta noche para resarcirme de este ladrillo intolerable? ¿Ponerme otra vez Rec 2, Devorador de pecados o Constantine? ¿Saltar escenas con El exorcista hasta que a Regan se le vuelven los ojillos verdes y traviesos? Admito sugerencias, que alguna habrá de supercuras contra demonios que no haya visto ya más de mil seiscientas sesenta y seis veces.

Ahora los padres son ellos


Título original: Little Fockers
Año: 2010
Duración: 98 min.    
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Paul Weitz
Guión: John Hamburg, Victoria Strouse, Larry Stuckey
Música: Stephen Trask
Fotografía: Remi Adefarasin
Intérpretes: Robert De Niro, Ben Stiller, Jessica Alba, Owen Wilson, Dustin Hoffman, Barbra Streisand, Blythe Danner, Harvey Keitel, Laura Dern, Teri Polo

Sinopsis: Tercera entrega tras Los padres de ella y Los padres de él. A la casa de los Fockers llegan los hijos: dos niñas gemelas. Han tenido que pasar 10 años, y superar incontables obstáculos para que Greg Focker (Ben Stiller) consiga, por fin, llegar a entenderse más o menos con su exigente suegro Jack Byrnes (Robert de Niro). Después de sufrir ciertos problemas económicos, Greg consigue un empleo en una compañía farmacéutica. Sin embargo, la desconfianza de Jack hacia él se agudiza.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Las diferencias entre Gaylord Focker y los Byrnes empezaron en el 2000, en una comedia que ahondaba en los aspectos más reconocibles de las relaciones casi obligatorias que contraemos con la familia de nuestra pareja. Si ya aislado, el humor es de por sí una de esas herramientas de comunicación universales, aliñado con una historia de hijos, novios, suegros y nueros que competían entre sí por el afecto y la aceptación, entonces teníamos una película que se disfrutaba en España, en Angola, en Canadá, en Australia, en Polonia y en Chile. En cualquier parte del globo había, o habrá (esto es como las almorranas: se padecen o se padecerán) un Greg Focker ansioso por complacer a un sobreprotector Jack Byrnes, y los enredos, malentendidos y despropósitos derivaban en un puñado de gags que, en ocasiones, no necesitarían ni de doblaje o subtítulos para su perfecta comprensión.

La segunda parte tardó unos cuantos años en llegar, aquí bajo el perezoso título de Los padres de él; aunque me moleste reconocerlo, una traducción continuista que venía como anillo al dedo para dar un preciso anticipo de lo que nos encontraríamos: los Byrnes conociendo a los Focker.

Era agradable ver de nuevo a Barbra Streisand y a Dustin Hoffman explorando la magnífica vis cómica que ambos poseen, y que queda sepultada a menudo por esos papeles que les exigen pucheritos y murmullos, broncas y ceños fruncidos. En Los padres de él estaban geniales como una atípica familia de judíos de clase media. El encuentro entre estos dos vivarachos carcamales y los Byrnes, ella tímida y él profundamente conservador, era el espinazo central de un guión que lo tenía todo: inclusive un perro enemistado con un gato.

Un buen chiste no deja de serlo si te lo cuentan con gracia. Y si han transcurrido unos cuantos años desde la última vez que lo escuchaste, hasta volverás a reír igual. Pero ya en Los padres de él, el concepto, ése tan universal y tan reconocible, se repetía.

En Ahora los padres son ellos (y si los pequeños Focker se reproducen como conejos precoces dentro de una década, ¿cómo llamaremos a la peli? ¿Los hijos de ella y él ahora son padres? ¿Ahora los abuelos son ellos?) cambia el director, cambian los guionistas y da una importante bajona comprobar cómo los años han cobrado su peaje por los rostros de Teri Polo (imposible no amarla, y recordarla, en aquel fantasma de la ópera televisivo o en Doctor en Alaska) y Ben Stiller. Con todo, agradezco esas arrugas y esas canas, que acojonan menos que la tersura artificial de los quirófanos de estética. Maldición, es que hasta Laura Dern se nos ha chuchurrido, como si la hubieran metido entre las páginas de un libro...

El humor es el mismo que en las anteriores entregas, es decir, se apoya, y van tres, en los conflictos entre Greg y Jack, recupera a las familias al completo y hasta aparece Kevin (Owen Wilson), más soltero, más espiritual y más new age que nunca. Me pareció sensacional su numerito a lo Circo del Sol, y la coña implícita al misticismo de pandereta que se gastan esos saltimbanquis pretenciosos por las ciudades de medio mundo.

Sí, se echa el rato con esta comedia. Pero las situaciones descacharrantes tardan en arrancar y cuando por fin llegan, aunque es imposible resistirse a ellas, yo tuve un molesto pensamiento cada vez que Jack miraba mal a Greg, y viceversa. “Llevan once años ya con esta historia, ¿qué coño pasa con estos dos?”. He visto casos de personalidades opuestas dentro del seno de mi familia que han necesitado menos de tres barbacoas para limar asperezas y enterrar el hacha de guerra (pese a que despotriquen a puerta cerrada con sus respectivas parejas sobre lo irritante que es fulano o mengano). También he presenciado alguna que otra discusión que no se arreglará en una temporada, ni volverá a reproducirse en la siguiente, cíclica y con final feliz, como en un guión de sitcom. Ese estrés familiar sólo desemboca en dos vías: el odio silencioso o la reconciliación natural que se produce con el paso del tiempo (la paz a través del roce y el cansancio; madurez, lo llaman otros). Así que lo que sucede con Greg y Jack es que... son personajes de ficción que no debieron  protagonizar segundas ni terceras partes. Pero el dinero es lo primero, y por él han matado lo que originariamente estaba lleno de vida y verdad. Una entrega más de esta serie y todos parecerán caricaturas de sí mismos, como Jack Byrne cuando es retratado en la fiesta de cumpleaños de sus nietos, con un globito y su ya tradicional cara de mala leche.

Si no pecamos...


 ... Jesús murió en balde.

Tres horas y media de felicidad


Y luego, a Urgencias.



Vía Jack Raccord.

Detective fantasma


Nos encajamos en mitad de abril y aún no os he sugerido nada para decorar vuestros monitores. Esto no puede ser. Pues bien, os traigo este fondo de la última genialidad de Capcom para Nintendo DS. Videojuegos como Ghost Trick son los que han vencido, uno a uno, poco a poco, a la PSP de Sony, tan molona, tan poderosa gráficamente, tan sobrada de sí misma.

Ghost Trick y Donkey Kong Jungle Climber han logrado que vuelva a cargar la batería de mi DS y me ponga a echarle horas al cacharro como si acabara de comprarlo la semana pasada. Me gustaría dedicarle sus propias entradas a estos dos juegazos, así que no me extenderé más por hoy. Os dejo ya con el wallpaper.

(Click en la imagen para ampliar)

Animal Kingdom


Título original: Animal Kingdom
Año: 2010   
Duración: 112 min.
Nacionalidad: Australia.    
Director: David Michôd
Guión: David Michôd
Música: Antony Partos
Fotografía: Adam Arkapaw
Intérpretes: Ben Mendelsohn, Joel Edgerton, Guy Pearce, Luke Ford, Jacki Weaver, Sullivan Stapleton, James Frecheville, Dan Wyllie, Anthony Hayes.

Sinopsis: Tras la muerte de su madre, Joshua “J” Cody tiene que trasladarse a casa de su abuela Janine, que vive en Melbourne con sus tres hijos, Andrew, Darren y Craig, todos implicados en negocios ilegales. Inevitablemente, el chico se verá envuelto en los turbios asuntos de sus tíos, sobre todo cuando se produzca un enfrentamiento entre sus familiares y las autoridades locales, situación que provocará una serie de asesinatos a sangre fría. El sargento Leckie intentará salvar a Joshua y, además, conseguir su colaboración para detener a la banda.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Me había encontrado con comentarios sobre Animal Kingdom en blogs de amigos y me dispuse a verla anoche. Pero me encontré con un grave problema: esta película ya se hizo, en 1985, y dirigida por James Foley. Dicen algunos que todo está escrito, soñado e imaginado. Hasta mi querido Pérez-Reverte me viene con esos rollos ocasionalmente, que si desde La Odisea y La Ilíada para acá y  tal. Pos vale. Yo siempre he pensado que frases como ésas son una manera de alejar la sospecha de plagio, como el que espanta una mosca pesada con el canto más ancho de una revista. Y no digamos ya cuando mencionan casualidad, inspiraciones, homenajes o reinterpretaciones de otro texto. Con lo sencillo (y liberador) que es aceptar nuestra condición de conscientes esponjas multimediáticas. En mi librito En la ruta con Dora, la humanidad se ha extendido por la galaxia, como en tantas space operas del pulp. Hay robots, y humanos que se los follan, como en Blade Runner y tantas películas y novelas del género. Hay combates espaciales, como en Star Wars; hay una droga sintética que causa furor, como en Atmósfera cero, como en Fantasmas de Marte, como en…

En Animal Kingdom, Josh (James Frecheville), un chico algo lelo, se va a vivir con sus tíos, unos delincuentes muy buscados por la justicia, encantadores en apariencia, pero muy peligrosos; paranoicos hasta el extremo de querer eliminar a Josh cuando es apresado por la policía, por si no soporta la presión y se va de la lengua. En Hombres frente a frente, Brad (Sean Penn), un chico bastante avispado, se va a vivir con su padre y sus tíos, también unos delincuentes muy buscados por la justicia, también encantadores en apariencia y también tan peligrosos como paranoicos. Cuando Brad es detenido, sus parientes irán a por él, por si larga más de la cuenta. 

En Animal Kingdom sufren inocentes por pura maldad y estupidez, como Nicky (Laura Wheelwright), la novia de J. En Hombres frente a frente también, lo mismito, con Terry (Mary Stuart Masterson), la chica de Brad, drogada y vejada sin compasión.

En Animal Kingdom estamos en Australia. En Hombres frente a frente en Norteamérica. El film de David Michôd adopta un tono más seco, el de James Foley era puro melodrama pop con una asfixiante fotografía cortesía de Juan Ruiz Anchía (cuando antes pensábamos en españoles en la meca del cine eran nombres como Anchía, José Luis Alcaine o Néstor Almendros los que nos llenaban de orgullo).

Pero estoy convencido de que si preguntáramos a los responsables de Animal Kingdom por los asombrosos parecidos entre su película y la de Foley, pondrían caritas de estupor y empezarían a contestar con uno de esos afectados tartamudeos propios de los que están en una rueda de prensa y desean dotar a sus respuestas de improvisación, humildad y sinceridad (se da mucho en el mundo del deporte; fijaos bien la próxima vez que os salga por la tele un entrenador orangután asaetado a micrófonos). “Ehm… Hom-Hom-Hombres frente a frente, ¿dices? Vaya, qué curioso, ni se nos había ocurrido que pudieran ser tan similares como tú sugieres. Bueno, ambas están basadas en hechos reales, y a veces la realidad... hum... ya-ya-ya sabes, las historias se repiten y...".

Spotify, se acabó lo bueno


A las discográficas no les cuadran las cuentas (nada extraño con "clientes" como este servidor vuestro, que recurre a cualquier gitanería antes que pagar la cuota que da acceso a la experiencia completa) y Spotify  recortará los servicios disponibles con el modelo gratuito. En mayo para los usuarios de más antigüedad, y en noviembre para los recién llegados, se repetirá cinco veces como máximo una misma canción. Además, sólo se tendrá derecho a diez horas de música al mes. 

Diez horas al mes para mí son un chiste, así que volveré a mis originales, a mis tarrinas de CDs y a bajar otra vez discografías completas y temas sueltos...

Actualización: Al parecer, quizá se pueda seguir ratoneando, registrándonos de nuevo cuando tras seis meses lleguen las restricciones.

El Hobbit, inicio de producción


Todas las dudas se evaporan cuando empieza a sonar el Concerning Hobbits de Howard Shore y se ve ese cálido agujero horadado en la roca. Qué más da si me la dividen en dos partes, si habrá chicha ahí bastante para llenar dos largos sin irregularidades en el ritmo y si llegarán o no a los niveles de excelencia de la adaptación cinematográfica de El Señor de los Anillos. Me muero de ganas por regresar a la Tierra Media.



Vía MAT.

El arte de Canción de hielo y fuego, y vol. 4


Miscelánea

Caballeros menores, salvajes, plebeyos, personajes de ciudades lejanas más allá del Mar Angosto...

Sandor Clegane (Not a fursuit if it´s metal, de Coleasquid)


Un imprescindible de Canción de hielo y fuego. Ojalá no le ocurra nada malo a este antihéroe con un yelmo de cabeza de perro. Sandor no es un caballero porque no quiere serlo. Sabe muy bien qué es en el fondo un caballero: un hijoputa mejor armado y blindado que el resto de la soldadesca. Ha visto cómo caballeros juramentados robaban, violaban y asesinaban a familias enteras, cómo venden sus promesas y sus lealtades en cuanto ven peligrar su vida; sabe qué vacía puede llegar a estar la palabra honor. No, Sandor rechaza cualquier intento de ser ordenado caballero. Se comporta como un mercenario y obedece a su amo, por muy abominable que sean sus comandas. En su interior, germinaba la semilla de un verdadero caballero, pero una infancia brutal y una existencia ajetreada y amoral han boicoteado esa rectitud y esa virtud a la que estaba destinado.

El Sandor de Coleasquid tiene un aire al Conan de los tebeos. Me gusta.

Brienne de Tarth (Brienne Speedpaint, de CalamityBean)


De constitución robusta, ducha en el combate y de ideales inquebrantables, Brienne sirve a Renly con una devoción intensa, pero basta tratarla unos minutos para captar que lo que siente por su autoproclamado rey es algo más complejo que la lealtad y el afecto. Se burlan de ella por su aspecto, por su dentadura caballuna, su cara ligeramente bovina y sus hechuras de hombretón, pero es una de esas personas que todos desean tener cerca cuando las espadas comienzan a entonar su música.

CalamityBean se aproxima muchísimo a las descripciones de Brienne en los libros. Es casi como yo me la imaginaba.

Oberyn Martell (Oberyn Martell, de carturello)


Príncipe de Dorne. Moreno, guapo, sensual. En Dorne cae un solazo de los buenos y da la impresión de que los vuelve a todos más apasionados que en las regiones norteñas y centrales de Poniente. Oberyn es un gran bebedor y un fornicador decidido, que comparte mujeres y hombres con su esposa. Cuando viaja a Desembarco del Rey, uno de sus propósitos es encontrar a una chica rubia para satisfacer una fantasía compartida con su señora. Me encanta este tío, cómo no. Pero Oberyn deja a un lado su maravillosa satiriasis cuando asuntos más serios lo requieren. Y en el combate es un peligroso adversario que, para variar, prescinde de espada y escudo: ataca con una lanza de más de dos metros de longitud con la punta envenenada. Le llaman la Víbora Roja por algo.

Ygritte (Ygritte, de spoonybards)


 Bendecida por el fuego, salvaje hasta las trancas. Ygritte vive más allá del Muro. Jamás ha visto un castillo, una feria, un torneo, una gran ciudad, una sala de baños, un mercadillo convencional o una posada de piedra con varias plantas y establos. Nunca ha vestido con algo más sofisticado que un montón de pieles malolientes o un jubón de tela basta. Sin embargo... Ygritte ha visto y combatido a criaturas que pertenecen a las leyendas. Ningún hombre la ha sometido, ni ella lo permitiría. Su pueblo es libre. Los salvajes no se arrodillan ante nadie y la opinión de cada uno, cuenta. Ygritte es una salvaje, pero hasta los salvajes en estos libros son diferentes: los últimos hombres regidos por una auténtica democracia; aunque a veces al derecho de voto se le una la ley del más fuerte (¿pero acaso no es siempre así?).

A Ygritte se la describe pelirroja, con los dientes torcidos y pecosa. El dibujo de spoonybards, tan cercano a la caricatura, retrata esa independencia y seguridad de la chica más sexy al otro lado del Muro.

Samwell Tarly (Samwell, de baranotenshi)


Bajito y seboso, como el Sam de Tolkien. Pero ahí acaban los parecidos. Samwell es el clásico cobarde que no sabe lo valiente que puede llegar a ser cuando las circunstancias lo exigen. Instruido, sensible y delicado, Sam fue casi repudiado por su padre, un señor de una casa menor que no encontraba en su primogénito el chico más indicado para heredar sus bienes y su poder. Por vicisitudes y por destino, Sam acabó en la Guardia de la Noche, un lugar donde escasean no ya los tipos inteligentes, sino los mínimamente alfabetizados.

Jorah Mormont (Sir Jorah Mormont, de crisurdiales)


Leal, valeroso, un hombre sensato, gran consejero y mejor amigo. Las pasiones lo llevaron a la desgracia y en su madurez sirve a Daenerys Targaryen, la princesa en el exilio forzoso. Jorah despierta empatía. ¿Cómo no cogerle cariño a un tío que casi lo perdió todo por amor? Y que no parece aprender la lección. Hasta eso me gusta de él.

Nueva ilustración de Cris en este serial de Canción de hielo y fuego.

Khal Drogo (Khal, de SirHeartsalot)


Khal Drogo es un Señor de los Jinetes. Considera que cualquier agua que sus monturas no puedan beber es agua contaminada, de modo que detesta el mar, como buen dothraki. Sus dominios son las vastas llanuras y las grandes extensiones de hierba. Lidera una tribu de guerreros que se dedican a la conquista y el saqueo de las ciudades dispersas y decadentes que antes formaron parte de imperios caídos en el olvido. Los dothraki son los nativos norteamericanos de este mundo de fantasía: morenos, nómadas, en comunión con sus animales y con la tierra que pisan.

Recurro de nuevo a SirHeartsalot para presentaros a un Drogo tal vez algo estilizado y comiquero, pero que a mí me gusta bastante.

Y lo dejamos ya. Podríamos seguir, desde luego. Estas novelas están repletas de personajes fascinantes, incluso siendo muy secundarios en importancia para las tramas y subtramas principales. Pero la idea era construir un dramatis personae breve de Canción de hielo y fuego usando diseños de Deviantart, y eso creo que se ha conseguido.

Adiós a Sidney Lumet


Pertenecía a esa primera promoción de cineastas que ejercitaron el oficio en televisión, una escuela exigente que premiaba sólo a quien fuera capaz de tomarle el pulso y comprendiera su lenguaje y sus nuevas particularidades (espectadores que ya no pagaban una entrada y que gozaban del poder de abandonar la "sala" a la más mínima señal de aburrimiento). Y esos años dejaron su impronta en Lumet y en su trayectoria posterior.

Ahora vendría el típico listado de películas y la adjetivación elogiosa de turno, pero me gustaría comentar algo sobre Sidney Lumet que considero importante: sus trabajos iban de la mano de los tiempos. Y mientras que la sola mención del nombre de otros directores de su misma generación remite a una imagen mental (y a una obra) más clásica, por Lumet no pasaban los años. Con esa última predilección suya por el policíaco mezclado de tintes políticos y sociales, (aunque también tocara palos diferentes, como la comedia, el drama o el suspense psicológico), había un Lumet casi para cada temporada, vistiendo con la moda imperante del momento, más o menos acertado, pero siempre contemporáneo. Con La trampa de la muerte y con Poder, con A la mañana siguiente (cómo echo de menos a Raul Julia) y con Un lugar en ninguna parte, con El abogado del diablo, Negocios de familia y La noche cae sobre Manhattan. No era el más comercial, ni el más solicitado, pero estuvo en los cines, estuvo en la tele y estuvo en los videoclubs. Por último, hasta estuvo en Internet, donde no quedó un mono que no se bajara Declaradme culpable y Antes que el Diablo sepa que has muerto.

Y esta noche, de homenaje me pondré en el home cinema el dvd de Q&A, aquí retitulada (qué cruz) como Distrito 34: Corrupción total. Para mí, una de sus grandes películas, y una de mis obras maestras indispensables (las mías, las que no me fallan, las que cuentan), por encima de otras mejor consideradas como Serpico, Tarde de perros, Network o Doce hombres sin piedad.

Que descanses en paz, viejo. Y que llegues al cielo cinco minutos antes de que el Diablo sepa que has muerto.

Coco y Éneri


Coco y Éneri es el blog de mi prima pequeña, Éneri. Cuando lo abrió se puso contentísima porque ya poseía "página web" propia. Éneri tiene siete años y me encanta su sintaxis, tan básica y tan limpia. Algún día cumplirá quince años y se pondrá a hablar de  sentimientos y de sueños. Después llegará a los diecisiete y garrapateará poemitas de mierda. A los veintitantos creerá que más palabras significan más contenido. Pero un día se dará cuenta de que a los siete años ya escribía con una pureza que a todos nos cuesta luego un huevo recuperar.

Éneri utiliza de manera instintiva, y porque no le queda otra, lo que Stephen King llamaba en Mientras escribo "red de seguridad de la escritura", la construcción sujeto + verbo + predicado. Atentos a esta perla: "Nela y Mía son las perras de mi abuela. Nela cuando viene alguien ladra. Mía es muy agradable". Acojonante, queridos. Para explicar lo mismo muchos habrían rellenado medio folio y al final de la lectura no nos quedaría claro quiénes son Nela y Mía, a quién pertenecen y cuáles son sus características principales.

Así que el blog que reseño este mes es el de ella. Pero además, me gustaría pediros un favor. La madre de Éneri me ha dicho por el chat de Facebook que Éneri anda algo desanimada porque nadie la visita. Hacerla feliz saldría gratis. Dejar vuestro avatar en su cajón de seguidores sería una manera y añadir algún comentario en sus entradas, otra. Y si le regaláis el doblete, seguidores oficiales y comentarios, os habréis ganado vuestras alitas de ángeles virtuales. Eso y mi más sincera gratitud.

Oda al cerebro


Espectacular. Podéis activar los subtítulos en español.

Madison


Nueva inquilina en mi casa. Se trata de un cruce de persa y gato común. Las fotos no le hacen justicia a mi niña. Es mucho más bonita al natural. De momento Ziggy y Maddy están tanteándose. Me preocupa un poco Ziggy. Hay veces que no distingo si quiere jugar con ella, lavarla, matarla o montarla (no lo comprendo, él está castrado... será el instinto o yo qué sé), así que debo vigilarlos constantemente y por eso os tengo algo abandonados.


Maddy sobre la jaula de los agapurnis.


Maddy en la cocina.


Ziggy aseando a Maddy sobre la jaula. Ya, muy "cuqui". Pero segundos después la trincó por el pescuezo...

Agradezco cualquier consejo gatuno para conciliar a estos dos.

Agro Wars




Vía Dami Jiménez.

El arte de Canción de hielo y fuego, vol. 3


Los Tyrell

Dominan Altojardín, llanuras sureñas bañadas por el río Aguasnegras. Se identifican hasta tal punto con su geografía que su blasón es una rosa dorada. Los vinos de Altojardín son muy preciados, incluso más allá del Mar Angosto.

Ser Loras (Loras, de Pojypojy)


Decía en la entrega anterior que Renly Baratheon era como una estrella del pop. Pues supongo que podría continuar con la analogía al afirmar que Loras es el equivalente a un afamado deportista de élite. Una suerte de Cristiano Ronaldo con armadura. No me cae bien este pollo. Loras es un temible adversario... en un torneo, un amago de guerra sujeto a reglamentos donde sólo la mala suerte o la ineptitud extrema provocan heridas mortales. Las damitas se vuelven locas con Ser Loras y si no entran en histeria colectiva cuando lo ven cabalgando es porque las han educado para comportarse con decoro en los actos públicos.

George R. R. Martin ya puso a combatir a Ser Loras en Choque de reyes. Pero a mí lo que me gustaría es que este figura degenerara por la guerra. Que saqueara, violara y matara, ciego por la fiebre de sangre.

Segundo diseño de Pojypojy para esta serie de entradas. Grrr, hasta en los comentarios de Deviantart aparecen groupies de Loras.

Willas (Willas Tyrell, de guad)


El heredero de Altojardín no parece tan repelente como su hermano Loras y poco se sabe de él de momento, salvo un dato importante que no voy a teclear para no largar más de la cuenta. Willas adora leer y cazar. Es un muchacho propenso a la melancolía, que aceptará sin rechistar la esposa que su padre le apalabre con cualquier gran señor de Poniente.

Margaery (Margaery Tyrell, de Lauren-Oh)


Margaery fue una vez tan ingenua como Sansa Stark, pero ya sea por su propia experiencia o porque ha recibido buenas orientaciones de su abuela, hace tiempo que ha comprendido que la vida no es como en las rimas y leyendas. De cara a la galería sigue comportándose como si fuese un bello lorito, repitiendo fórmulas galantes, regalando reverencias y sonrisas pavas.

El dibujo de Lauren-Oh refleja esa máscara de superviviente social que Margaerys se ve obligada a portar. Geniales esos ojillos picantones.


Los Greyjoy

Señores de las Islas del Hierro. Poseen una gran flota naval y sus ejércitos son temidos por su ferocidad. Pero no llevan bien la guerra de secano. En el mar son casi imbatibles, en tierra se revelan como pésimos jinetes y peores soldados, debilidades que las otras grandes familias materializan en forma de efectivas cargas de caballería. De costumbres brutales, los hombres del hierro descienden de piratas y corsarios y esta herencia se pone de manifiesto en su manera de luchar. No tienen paciencia para los largos asedios a las fortalezas continentales, no son buenos estrategas. Son capaces de conquistar regiones enteras para luego perderlas de la manera más tonta. Por supuesto, me encantan estos cabrones. Una de mis casas favoritas. Y me parto la caja con su lema: "Nosotros no sembramos".

Balon (Balon Greyjoy, de InTheArmsofUnderTow)


La edad no ha templado a Balon. Al contrario. Los años lo han vuelto más peligroso que nunca. No quiere reunirse con el Dios Ahogado sin antes probar suerte una última vez con el juego de tronos. Balon, con su mera existencia, mantiene unidas a las islas del archipiélago, pero nadie sabe qué ocurriría si él desapareciera de la escena. Lo más probable es que sus casas menores pelearan entre sí por el poder.

InTheArmsofUnderTow nos presenta a un Balon concentrado en un mapa de Invernalia, sin joyas ni vestidos caros, con el kraken de su blasón bordado en el pecho. Sensacional.

Theon (Theon, de morgana-of-avallon)


Theon, el décimo día de su nombre, fue "invitado" como pupilo por los Stark. Suena bien, pero el tutelaje en Poniente es, en la mayoría de las ocasiones, un modo eufemístico de tomar como rehenes y garantías vivientes a los hijos de los grandes señores derrotados en tiempos de guerra. Theon, por tanto, se ha pasado media vida en Invernalia; eso sí, tratado con la misma consideración (y hasta afecto) que cualquier otro chico Stark. Pero él no ha olvidado sus raíces y sueña con regresar a las islas y ejercer su derecho como heredero.

Morgana avisa en su rincón de Deviantart que este dibujo aún no está completado, así que estaré atento para sustituirlo más adelante por su versión final.

Asha (Asha Greyjoy, de motodraconis)


Asha no es una princesita al uso. Es brava, fuerte y más lista que el hambre. Domina el arte de la guerra, es una experta marinera al mando de su propio barco (el Viento Negro) y su padre Balon no sólo atiende a sus consejos sino que la convoca para que tome asiento cada vez que sus oficiales y él se reúnen para discutir un plan de acción.

En las Islas del Hierro el papel social de las mujeres es más igualitario que en otros lugares de Poniente. Son casi tan libres como sus maridos y se las valora tanto en las labores domésticas como en los cometidos más tradicionalmente masculinos.

El atractivo natural de Asha creo que queda muy retratado en esta sencilla pintura de motodraconis.

LosTargaryen

Los Targaryen son una de esas tantas casas que tras siglos de esplendor han quedado casi barridas por sus enemigos. Descienden de los valyrios y de ellos conservan sus exóticos rasgos (ojos lilas, pelo blanco de tan rubio), su esotérica creencia de que son portadores de la sangre de los dragones y el orgullo enternecedor de los destronados.

Viserys (The Beggar King, de Pojypojy)


Viserys está obsesionado hasta límites patológicos con recuperar la corona y eso lo ha transformado en un chiquillo sombrío y suspicaz. Cree que todos le toman el pelo, que nadie se adhiere en serio a su causa. Y lo triste es que no se equivoca. Antes de volverse un amargado cuidaba de su hermana, la arropaba por las noches y le contaba historias hasta que la pequeña se dormía. Ahora, paga sus frustraciones con ella, insultándola y golpeándola en un constante acoso.

Repetimos elección de artista en Deviantart con este bonito retrato de perfil obra de Pojypojy.

Daenerys (Daenerys Targaryen, de jekaa)


Hermana de Viserys. Al treceavo día de su nombre, Viserys la entrega a Drogo, un señor de los caballos del continente vecino. Curiosamente, la más beneficiada de esta boda acordada es la misma Daenerys. La joven princesa, tras los primeros días de impacto y aclimatación ante una nueva cultura y manera de entender la vida, empieza a conocerse a sí misma en los mares de hierba de los dothraki. Además, Drogo, en la intimidad, la trata con delicadeza y afecto.

A Daenerys la reseña el escritor de esta saga como una jovencita de belleza única y de una insospechada fuerza interior. Y Jenny ha hecho un trabajo encomiable. Mirando a esta Daenerys, ya entiendo algo mejor al pobre Ser Jorah...