Adiós a John Barry
Mi Barry es el de las bandas sonoras más románticas (solo en un cine antiguo en 1991; en la platea, cuatro gatos mal contados viendo Bailando con lobos, mudos, en trance, y un servidor con ganas de gritar de alegría, de felicidad) pero revisando su carrera, el tipo musicalizó muchas películas que también amo y que no tienen nada que ver con el estilo meloso de Memorias de África: Cotton Club, La gran ruta hacia China (esa deliciosa producción de 1983 con un Tom Selleck todavía arrepentido de no haber aceptado ese papel sobre un tal Indiana Jones), Fuego en el cuerpo, Cowboy de medianoche, Robin y Marian, los Bond de mi infancia...
Qué bonito cascar y dejar a medio planeta tarareando música surgida de tu cabeza. Inmortalidad de la buena, viejos, de la que importa.
Esta noche, me pondré de homenaje Bailando con lobos. Con las luces apagadas y la calidad del HDMI, será como viajar al Oeste y a mi adolescencia. Y regresaré al 2011 frotando una moneda de dos céntimos de euro.
Fideo de Mileto cabalga de nuevo
Algo más fondón, algo más cabrón. Ya no da la barrila con la lira, y se pasó a las nuevas tecnologías porque el mundo real hace mucho tiempo que se le quedó pequeño. Fideo os espera a las horas más imprevistas jugando al Forza Motorsport 2, al Halo 3 y a lo que se os ocurra proponerle (sin extravagancias, que mi ludoteca para la 360 no pasa de veinticinco títulos).
Después de varios años jugando offline con la blanquita, anoche la conecte vía ethernet y, en fin... Sí, está bien, pero sigue sin matarme a mí esto del Live. Demasiado cerrado. Echo de menos la libertad del Pc, en todos los sentidos. Pero los juegos de conducción mejoran. Es extraño: consuela y conforta competir contra humanos en el Forza Motorsport 2, aunque no cruces con ellos ni una sola palabra.
Ea, he aquí mi gamertag. No os riáis con los paupérrimos logros, mamones, que yo es que soy muy dado a enredarme con el Oblivion (aún sigo explorando Tamriel, Kelem).
Asimov y la ci-fi audiovisual
El buen doctor se nos fue en abril de 1992. Casi veinte años ya. Pero su obra permanece disfrutable y es un pozo sin fondo de agradables sorpresas y descubrimientos. Como ensayista y como divulgador constan en su haber un buen puñado de volúmenes que rivalizan en calidad y cantidad con su producción como novelista y cuentista. Sobre la ciencia ficción (Editorial Sudamericana,1999), recogía una selección de artículos y columnas publicadas en las revistas Astounding Stories y Asimov´s Science Fiction, que versaban sobre el género de sus amores, la sci fi. Isaac Asimov detestaba el guión entre las dos siglas de "ciencia ficción", guión con el que sí distinguía a la prima hermana visual del género, ya fuera en televisión o cine, a la que consideraba, a su pesar, una pariente pueril, cuando no decididamente retrasada.
No le culpo. Al fin y al cabo, Asimov fue testigo de cómo la ci-fi (a mí sí me gusta con guión, y además en español, que se obtiene extirpando la s de sci) derivó de la afición minoritaria que era en la década de los años veinte y treinta a la respetabilidad tardía de la etapa posterior al pulp. Y justo cuando los autores de la ciencia-ficción más dura empezaron a ser considerados, distinguidos y premiados, la parte más fantasiosa del género literario saltó a los seriales radiofónicos, a la televisión y a la serie B hollywoodiense. Si ahora nos quejamos de la pésima calidad del último cine de ciencia-ficción, pensad cómo debieron pasarlo los grandes maestros de la era Campbell (Heinlein, Clarke, Bradbury, Pohl, etc.) durante décadas. Los imagino apretando los dientes ante las abundantes basuras audiovisuales que ni siquiera cumplían como buenas historias de fantasía, y evitando cargar las tintas al respecto, para no aguarle la fiesta a los demás y para no cerrarse tampoco las puertas de un negocio emergente y muy, muy bien pagado.
Si os place, voy a copiar algunos párrafos de Sobre la ciencia ficción. Creo que vamos a pasar un buen rato leyendo al maestro, porque en sus protestas, siempre exquisitas, humorísticas y razonadas en profundidad, se perfila un Asimov desconocido, uno que, al parecer, no se perdía un estreno ni un nuevo episodio piloto de televisión...
Asimov y Star Wars. "Star Wars me gustó. Es deliberadamente frívola y completamente tonta, pero sus efectos especiales son divertidos y a veces descansa dejar el cerebro de uno estacionado afuera. Uno puede perdonar el descaro con el que se convierte al 'parsec' en unidad de velocidad en vez de distancia, y considerarlo como un error tipográfico. Pero... la escena más popular de la película muestra a numerosos extraterrestres reunidos en un bar, bebiendo. Es el equivalente interplanetario de las tabernas estilo bebe-y-no-preguntes de tantas películas del Oeste. Como sátira de estas tabernas, es divertida, y hay que admirar la imaginación de los maquilladores que dieron forma a todos esos seres diferentes.
¿Pero pueden todos esos seres extraños estar como en su casa en una misma atmósfera, a una misma temperatura y presión? ¿No tendrían algunos que hallar insoportable la atmósfera que para otros es confortable?
Introducir tal complicación puede quitarle toda la gracia a la escena y, después de todo, podría suponerse que se da la casualidad de que todas esas criaturas toleran una atmósfera de tipo terrestre. Esto no violaría ninguna ley científica sino sólo las leyes de la probabilidad. Con todo, alguna de estas criaturas podría haber tenido que usar un traje espacial, o podría haber tenido que estar todo el tiempo inhalando gas de un cilindro o metiendo la cabeza en una palangana de agua. Esto habría estorbado muy poco y habría mejorado mucho la escena como ciencia ficción".
¿Pero pueden todos esos seres extraños estar como en su casa en una misma atmósfera, a una misma temperatura y presión? ¿No tendrían algunos que hallar insoportable la atmósfera que para otros es confortable?
Introducir tal complicación puede quitarle toda la gracia a la escena y, después de todo, podría suponerse que se da la casualidad de que todas esas criaturas toleran una atmósfera de tipo terrestre. Esto no violaría ninguna ley científica sino sólo las leyes de la probabilidad. Con todo, alguna de estas criaturas podría haber tenido que usar un traje espacial, o podría haber tenido que estar todo el tiempo inhalando gas de un cilindro o metiendo la cabeza en una palangana de agua. Esto habría estorbado muy poco y habría mejorado mucho la escena como ciencia ficción".
Asimov y La fuga de Logan. "En los últimos años, ha surgido la idea inculta de que la palabra 'galaxia' se refiere a cualquier cosa que no está en nuestro sistema solar, todo el mundo y todas las cosas 'vienen de una galaxia diferente'. Esto es como suponer que todo lo que no viene de nuestra propia ciudad viene de un continente diferente.
En La fuga de Logan, en cambio, uno de los personajes dijo en un momento que los extraterrestres provenían de 'otro sistema solar'... y yo sentí una gran paz. Por lo menos el autor sabe lo que es una galaxia y lo que no es una galaxia".
Asimov y Space Academy. "Los sábados por la mañana emiten por televisión Space Academy, y en uno de los episodios de media hora, dos naves pasan a través de un agujero negro, y después retornan. No hay el menor signo, sin embargo, de que por lo menos alguien vinculado al programa tenga la más remota idea de lo que son los agujeros negros, y de sus efectos.
Parecería que la gente abnegada pero inculta que está detrás del programa cree que un agujero negro es un vacío entre las estrellas, o quizá un remolino del espacio a través del cual uno puede pasar velozmente y después volver.
En realidad, un agujero negro es una cantidad de masa tan grande y tan comprimida que produce un campo gravitatorio que no deja escapar nada, ni siquiera la luz. Cualquier otra cosa que se acerque demasiado a un agujero negro tiene que caer fatalmente en él, y no podrá jamás emerger de nuevo. Es cierto que hay algunas teorías (no aceptadas universalmente) que sostienen que si un agujero negro rota, la materia que cae en él puede volver a emerger en un punto distante del universo. Pero aún así, toda porción organizada de materia, como ser una nave o un ser humano, y hasta un átomo, sería destruida o emergería sólo como energía. Un agujero negro puede dar origen a numerosas situaciones dramáticas, pero primero hay que entenderlo. Y si bien los programas para niños no tienen por que ser necesariamente educativos, tampoco es exagerado pedir que no mal eduquen".
Asimov y Battlestar Galactica. "Star Wars me había gustado y esperaba que Battlestar Galactica fuera tan buena como aquélla. Estaba ansioso por ver aparecer buena ciencia ficción en la televisión, aunque fuera del género 'indios y vaqueros'.
En La fuga de Logan, en cambio, uno de los personajes dijo en un momento que los extraterrestres provenían de 'otro sistema solar'... y yo sentí una gran paz. Por lo menos el autor sabe lo que es una galaxia y lo que no es una galaxia".
Asimov y Space Academy. "Los sábados por la mañana emiten por televisión Space Academy, y en uno de los episodios de media hora, dos naves pasan a través de un agujero negro, y después retornan. No hay el menor signo, sin embargo, de que por lo menos alguien vinculado al programa tenga la más remota idea de lo que son los agujeros negros, y de sus efectos.
Parecería que la gente abnegada pero inculta que está detrás del programa cree que un agujero negro es un vacío entre las estrellas, o quizá un remolino del espacio a través del cual uno puede pasar velozmente y después volver.
En realidad, un agujero negro es una cantidad de masa tan grande y tan comprimida que produce un campo gravitatorio que no deja escapar nada, ni siquiera la luz. Cualquier otra cosa que se acerque demasiado a un agujero negro tiene que caer fatalmente en él, y no podrá jamás emerger de nuevo. Es cierto que hay algunas teorías (no aceptadas universalmente) que sostienen que si un agujero negro rota, la materia que cae en él puede volver a emerger en un punto distante del universo. Pero aún así, toda porción organizada de materia, como ser una nave o un ser humano, y hasta un átomo, sería destruida o emergería sólo como energía. Un agujero negro puede dar origen a numerosas situaciones dramáticas, pero primero hay que entenderlo. Y si bien los programas para niños no tienen por que ser necesariamente educativos, tampoco es exagerado pedir que no mal eduquen".
Asimov y Battlestar Galactica. "Star Wars me había gustado y esperaba que Battlestar Galactica fuera tan buena como aquélla. Estaba ansioso por ver aparecer buena ciencia ficción en la televisión, aunque fuera del género 'indios y vaqueros'.
Battlestar Galactica es el programa espectacular de ciencia ficción de esta temporada en televisión (verano de 1978), y yo lo vi. No vi el piloto de tres horas de duración, pero vi la versión de dos horas que se ha estado pasando en Canadá y en Europa, y se me ha dicho que es básicamente la misma cosa. También se me ha dicho que es la respuesta en televisión a Star Wars. Como ésta ya la vi, ahora se cuál es la respuesta: otra Star Wars.
Había muchas batallas espaciales tanto en Star Wars como en Battlestar Galactica. De hecho, en Battlestar Galactica hay batalla espacial casi ininterrumpida durante los primeros cuarenta y cinco minutos, poco más o menos. Después lamenté no haber contado la cantidad de naves espaciales que habían explotado, porque tengo la impresión de que ésa es la forma de evaluar estas epopeyas.
Los combates espaciales me resultaron muy familiares. Había naves espaciales con aletas traseras, el tipo de aletas que son muy útiles en cualquier atmósfera para girar y cambiar de dirección. Lo que no dejaba de ser extraño porque estaban en el espacio, en medio del vacío, y en el vacío se maniobra de modo bastante diferente. Luego está el problema de disparar contra el enemigo. Uno tiene que tenerlo justo en el medio de la mira, y entonces uno aprieta el botón y allá van los disparos de bazookas... Lo que era extraño, porque en el vacío no hay ondas sonoras, y por tanto, tampoco sonido. Además, ¿por qué se apunta al enemigo manualmente? Una tecnología capaz de producir todas esas naves espaciales también tendría que ser capaz de diseñar rayos láser y computadoras que puedan localizar la nave enemiga, apuntar automáticamente y sin error, y hacer estallar a los miembros de la flota enemiga en el lapso de un microsegundo... mientras los muchachos malos hacen exactamente lo mismo con nosotros.
¿Recuerda al personaje más popular de Star Wars? Era el encantador pequeño robot R2D2, que parecía una toma de agua para incendios. Naturalmente, ahora los productores saben todo acerca de los robots. Son encantadores. Todo robot que aparezca de ahora en adelante en estas películas tendrá que ser encantador. En Battlestar Galactica se decidió continuar de un modo mucho mejor. Un robot que tenga un aspecto encantador no necesitará hacer nada, ahorrando así a los guionistas el desgaste que produce el trabajo de creación constante. ¿Qué cosa tiene en sí misma un aspecto encantador? Correcto. Un perro lanudo. De modo que hay un robot que es un perro lanudo. Bueno, pero no puede haber un perro lanudo encantador sin un chiquillo encantador, ¿de acuerdo...?
Espere, ¿yo dije que el robot perro lanudo no hace nada? Pues no es así. Tan pronto como llegamos a un lugar extraño y pavoroso que parece lleno de peligros, nuestro robot perro lanudo sale corriendo. ¿Qué hace nuestro chiquillo encantador? Sale corriendo detrás del perro. ¿Qué hace la chica bonita? Sale corriendo detrás del chiquillo. ¿Qué hace el héroe noble? Sale corriendo detrás de la chica. ¿Qué hace el público? Se relaja. Sabe que va contra las reglas de la creatividad permitir que algo le suceda a un robot perro lanudo o a un chiquillo o a una chica bonita o a un héroe noble.
¿Pero por qué soy tan sarcástico después de todo? Estoy seguro de que Battlestar Galactica tendrá éxito. La gente mirará las explosiones y las chicas bonitas y escuchará los diálogos superficiales. Y los creadores harán montones de dinero y se regocijarán de haber podido hacerlo sin sobreexigir sus cerebros".
Asimov y Encuentros en la tercera fase. "El Science Digest me pidió que viera la película Encuentros en la tercera fase y escribiera un artículo sobre sus aspectos científicos. Vi la película y quedé espantado. Y seguí espantado aún una hora después de que un examen médico me asegurara que ningún órgano interno había sido desprendido por las sacudidas de sus ridículas ondas sonoras.
Para empezar, no había en ella ningún contenido científico, ni un rastro; y así lo dije en el artículo que escribí y que Science Digest publicó. Tampoco había lógica en ella, ni un rastro; y también lo dije.
Yo no soy uno de esos puristas que no ven nada bueno en nada de lo que Hollywood hace. Hollywood tiene que tener en cuenta a un público enorme, la mayor parte del cual desconoce la ciencia ficción. Hollywood debe satisfacerlos al menos parcialmente. Teniendo esto bien claro, pude disfrutar de El planeta de los simios y Star Wars.
Star Wars era entretenida para las grandes masas y no pretendía más que eso. Deje su sofisticación de aficionado de la ciencia ficción en la puerta, póngase a tono, y puede pasar un rato divertido. En cambio, Encuentros en la tercera fase se tomó en serio a sí misma, o al menos eso quiso hacerle creer a todo el mundo. Era pretenciosa, y esto fue fatal. Y lo que es más, trató de halagar a los místicos y a los buscadores de platillos volantes y, en su empeño, no dudó en violar las normas más elementales del sentido común y la coherencia interna.
Dije todo esto en mi artículo, y entonces empezaron a llegar las cartas. Algunos de los que me escribieron estaban horrorizados de ver que alguien tan bueno como yo pudiera decir cosas tan desagradables. Algunos me preguntaron que quién me creía y qué me hacía pensar que podía erigirme en juez de la ciencia ficción. Ellos habían visto todas las películas de ciencia ficción de los últimos cinco años y sabían mucho más de ciencia ficción que yo. Bueno, quizá sabían mucho más; no quise discutir eso. Y todos y cada uno terminaban con la misma queja: '¿Pero por qué critica su falta de contenido científico, Dr. Asimov? Si sólo es ciencia ficcion'.
¡Ay, Dios mío, cómo duele! He pasado mi vida amando la ciencia ficción, y ahora vengo a descubrir que uno no puede esperar nada de algo que es sólo ciencia ficción. Es sólo ciencia ficción, de modo que le está permitido ser tonto, infantil y estúpido. Es sólo ciencia ficción, de modo que no hace falta que tenga sentido. Es sólo ciencia ficción, de modo que uno no puede pedirle nada más que ruido y efectos luminosos. Esto es lo malo de Encuentros en la tercera fase, que convence a decenas de millones de personas de que la ciencia ficción es sólo eso".
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Cómo me habría gustado leer las opiniones de Asimov acerca de: Soy leyenda, El día de mañana, Armageddon, Men in Black, Señales del futuro, Parque Jurásico, Inteligencia Artificial, Misión a Marte, Planeta Rojo, Deja Vu, Matrix, Origen, Deep Impact, Sunshine, Han llegado... Pero, ¿sabéis qué? Creo que al viejales le habría encantado el Yo, Robot de Alex Proyas.
Para qué sirve Photoshop, vol. 1
Hay muchos lugares en la red donde se exhiben horrores gráficos cometidos en campañas publicitarias, revistas, books de modelos, folletos y carteles. Como Photoshop Disaster, que recoge puntualmente nuevas muestras de manipulación patosa de esta famosa herramienta de Adobe.
Quizás al principio podíamos explicar estas jocosas negligencias como fruto de un cóctel fatal: amateurismo+sueldos de pena. Para un curro tan fastidioso y que devoraba tantas horas se pillaba al freak de la oficina con el cebo de su propia arrogancia y a expensas del servilismo. "Eso lo hago yo con los ojos cerrados, jefe", acompañado de apretón testicular en el mundo hispano. "No problem" jactancioso, sin apretón testicular, en el resto del mundo.
Sin embargo, ya han pasado los años y ahora es más complejo atribuir los desastres de Photoshop a la causa del párrafo de arriba, a la inexperiencia del artista gráfico, a la novedad de la herramienta y a un empleo mal remunerado. Ahora es más perverso. Ahora da igual, porque hemos asimilado los excesos con los programas de edición de imagen. Y aunque ya no se prodigan tanto los casos de manos con siete dedos y brazos con doble codo, hacemos la vista gorda con los efectos más exagerados de los filtros de Photoshop, precisamente los efectos más gordos a la vista: el suavizado en las facciones, la eliminación de imperfecciones en la piel; retoques en los volúmenes, en la natural asimetría de un rostro, en el blanco del globo ocular, en el color de los cabellos, etc.
Siempre hubo manipulación y trucaje, pero no hasta estos extremos. Y cuando te pones a buscar fotos de tus actrices o modelos favoritas por Internet, el impacto entre la imagen oficial de una celebridad y su cuerpo real, el que capturan los paparazzis en una fiesta, en la playa o en la vuelta de la esquina, es notorio. Pero además, a mí en concreto (y seguro que a muchos de vosotros también) me produce una reacción curiosa, impensable en mi época de Fotogramas y Cinemanía: empieza a parecerme más atractiva una estrella en pareo y chanclas, con su barriguilla, con su cadenita de oro, con su culito algo caído y el pelo revuelto, con sus manchas y lunares, que su versión en papel, vestida de diseñador caro, con zapatazos de mil euros, con pedruscos prestados y con más capas de Photoshop de las que se puedan contar sin usar una calculadora.
Photoshop no era para esto:
Evangeline Lilly, actriz. No es que le hayan eliminado las pecas, es que le han eliminado la vida misma.
Aquí, Lilly mochilera, con pelos de loca, con ropa escogida por ella y mandándonos a tomar por saco. Y apuesto a que estáis todos sonriendo y os da igual ese dedo.
Miranda Kerr, "actriz/modelo y no todo lo contrario". El pelo, como un Click de Famobil. Y dentro del coco nada, porque es obvio que no es humana, que es de juguete. Nula expresividad, ni rastro de manchas, color uniformemente pastel en el cuerpo.
Y aquí, Mandy no del todo informal, pero leñe: una ceja más alta que otra, huesos en las manos, hoyuelos en el rostro... Delgaducha para mi gusto, pero parece que ya es capaz de respirar, de sudar y de aguantar con decoro los gases de su dieta macrobiótica.
Olivia Wilde, actriz. Por Dios, pero, ¿qué es esto? "Un modelo básico de placer", ¿no? "Un ítem estándar para los clubs militares de las colonias del espacio exterior".
Olivia Wilde en un photocall. El cambio es notable: parece otra. Otra que sí es deseable, no como su dopplegänger informático. Ahí está ella, soportando el clásico flashazo que la deja ciega mientras sonríe y piensa en el asco que le da la gente. Vale, ya basta. Dejad de mirar ese glorioso lunar pechuguero y esa cara de mujerona malvada y magnífica. Vamos con la siguiente.
Alinaa Schweiger, modelo. Sin pómulos, sin tabique nasal, sin maxilares y con dientes de goma. ¿Queréis pasar algo de miedo? Pues ampliad esta imagen con vuestro editor favorito, ejecutando luego un zoom en la boca. Y no hay manera de encontrar una foto más natural de esta muchacha. He decidido que no es real, que es "un monstruo de la belleza", como decía Rosie O´Donnell en Beautiful Girls. Una invención, como Simone.
Mena Suvari, actriz. Asombroso. Un sólo lunar, en el costado derecho. Y es que el lunar, como el inmigrante, sólo conviene en determinadas zonas. Ya puestos, que le hubieran borrado el ombligo también.
Aquí nuestra Mena luciendo tipito, tatuaje arrabalero y su particular ruta 66 de los lunares, una carretera por la que todos correríamos gustosos.
Y ahora un par de modelos de mirada hierática y con sorprendentes propiedades físicas: ambas repelen el agua.
Candice Swanepoel.
Heather Marks.
No, maldición, Photoshop y otras aplicaciones similares deberían usarse todavía más para esto:
Y así sucede, de hecho. Millones de personas juegan con las imágenes a diario. Crean composiciones artísticas, practican un humor transgresor y personal, experimentan con la edición digital y se divierten en el proceso. No hay nada que hacer contra el abuso indiscriminado y profesional de Photoshop, pero es alentador percibir que por cada modelo o actriz barnizada y redibujada con desenfoques y otros efectos superpuestos, hay más de un tipo en su casa cambiándole la cabeza por la de, por ejemplo, Rowan Atkinson. Y eso es maravilloso.
Oscura
Hablábamos aquí hace unos días del decepcionante Nocturna, escrito al alimón por Guillermo del Toro y Chuck Hogan, una novela de vampiros que no daba lo que prometía en la contraportada, ya que no era más que un largo primer acto estirado hasta las trescientas y pico páginas.
En Oscura, el plan del Amo (un vampiro jefe renegado) para dominar el mundo sigue sin mayores interferencias, excepto por el contratiempo de perder la puja multimillonaria por un antiguo códice. Palmer Edritch y su imperio Stoneheart continúa manipulando a la sociedad desde sus esferas más altas de influencia y el grupo de rebeldes encabezado por Abraham Setrakian encuentra nuevos aliados en un luchador mejicano retirado (personaje seguramente concebido por del Toro), en unos cuantos pandilleros locos excitados por las bondades de la caza y en un comando de eficientes chupasangres enviados por los tres Amos del Nuevo Mundo.
Hay más acción, menos marear la perdiz y capítulos especialmente interesantes que rememoran, con más creatividad que en el tomo anterior, el pasado de Setrakian en los campos de concentración y su posterior transformación gradual en un erudito de lo oculto.Los vampiros de Nocturna y Oscura recuerdan, y no es casualidad, a la cepa fuera de control iniciada por Nomak (Luke Gloss) en Blade 2, de Guillermo del Toro, mi película preferida de las tres protagonizadas por Wesley Snipes. La fisonomía de estas criaturas se aleja de la clásica representación del monstruo (algo que también hizo el realizador mejicano en Blade 2, con aquellas mandíbulas mutadas), eliminando los colmillos de siempre por un aguijón en la punta de una larga lengua, que alcanza los dos metros cuando es desplegada. Una agilidad animal, sentidos extrasensoriales y una mente colmena logran que en ocasiones hasta los mismos protagonistas de la trama duden de si se enfrentan a vampiros, a una enfermedad, a una nueva especie o a todas estas amenazas juntas.
Es por esta refrescante representación del vampiro y por algunos otros detalles dispersos (la narración sobre el corazón de Setrakian, el amor humano transformado en sed de sangre, los infectados buscando la primera noche a sus familiares humanos para drenarlos y dejarlos secos, la subasta por el Occido Lumen, etc.) que no he abandonado la lectura. Y la tentación ha sido fuerte, porque tengo exquisitos amigos aguardando a que me deje de gilipolleces: un ensayo de Asimov sobre la ciencia-ficción, dos novelas de Umberto Eco, una de Pérez-Reverte, el tocho de Javier Cercas sobre el 23-F y Canción de hielo y fuego, entre otros.
Si os regalan estos libros, adelante. Si los veis baratitos y os da la vena, pues vale. Pero no retraséis lecturas de más calidad y enjundia por estas dos... ¿fan fictions de acabado profesional? Sí, supongo que eso es lo que son: libritos de aficionados al terror respaldados editorialmente por su probable rentabilidad. Si Guillermo del Toro hubiese intentado publicar estos textos cuando sólo era otro anónimo y apasionado freak en el D. F. de principios de los noventa, me da a mí que se habría comido los mocos.
Más allá de la poca vergüenza
Mis webs escépticas habituales están que echan humo desde hace unas semanas con el nuevo programa de Tele 5, y no es para menos. Más allá de la vida ofende a nivel celular, a nivel atómico. Y si en lugar de a esa zorra gorda (Anne Germain, que da la impresión de patológica deformación profesional, de creerse a medias sus propias bolas) nos hubiesen traído a John Edward, el mierda más grande del universo, yo ya es que que me muero directamente, retorno en forma de poltergeist y me meto en los pasillos de Tele 5, a provocar infartos.
MUkoTE, matando la publicidad a cañonazos
MUkoTE es una aplicación desarrollada por Cosecha propia que nos permite silenciar a voluntad pistas de sonido molestas en muchos programas con contenidos en streaming. Para Spotify, por ejemplo, va genial, porque nos libraremos de oír las machaconas cuñas de Maldita Nerea y Melendi, entre otros tormentos parecidos.
En la usabilidad, MUkoTE es más bruta que un arado, y presenta el inconveniente de que tendremos que invertir algo de tiempo en ir agregando los nombres non gratos a nuestras particulares listas de prohibiciones, pero una vez hecho, cumple con su deber, mutear selectivamente.
Vaya por delante que me parece un ratoneo lamentable recurrir a estas prácticas para escabullirnos de pagar la cuota mensual de cinco euros y poder así emular la experiencia de los abonados a Spotify (lamentable, aunque también hilarante: nos imagino a todos en casa activando MUkoTE, la mar de serios y decididos, y me troncho), pero la cosa está muy mala, así que... manos a la obra, o al Mute List.
Para descargar MUkoTE (Windows, Mac Os y Linux), click aquí.
El cine de 2010
Toca hacer un repaso por lo que vimos el pasado 2010. Y seguiremos la misma estructura que en los resúmenes de años anteriores. Primero las cositas pasables y luego las difícilmente digeribles.
No había leído la novela, y aunque esperaba más de Scorsese, a mí me cautivó con esta epopeya zumbada y sensiblera, con ese subgénero dentro de los géneros donde los perturbados llevan la razón, ven el verdadero mundo tal y como es y, en consecuencia, escogen vivir o morir como hombres libres.
El remake de Pesadilla en Elm Street se convirtió en mi sorpresa del año. No esperaba nada, absolutamente nada de ella, y sólo me molesté en verla porque Freddy Krueger fue uno de los monstruos más queridos de mi generación (afecto que nunca pillé por otros colegas suyos de matanzas como Jason Voorhees o Michael Myers). Pero me encontré con un reboot modélico, respetuoso con el personaje, con su mitología y con su recuerdo. Hablamos de Pesadilla en Elm Street, El origen con entusiasmo aquí. Ahora ojalá que sigan con el reflote de Freddy, aunque eso suponga llegar hasta el tuneo de Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño, tan perfecta, tan brillante y resbalosa que construir sobre ella puede suponer un duro reto.
Julio Medem se podría haber metido aquella flechita por el culo, pero por lo demás, chapeau. Erecciones cerebrales y físicas garantizadas con su última película, un sueño húmedo de una noche de verano, unas vacaciones lésbiscas en Roma que nos tuvieron en vilo desde el principio hasta el final. La reseñamos en su momento en esta entrada.
El amigo Redrum se cascó uno de esos textos que podrían estar en papel y vendiéndose en un quiosco (como tantos artículos de su blog y casi todo lo que se vierte en Cineuá, revista cinematográfica gratuita que no tiene nada que envidiarle a las que nos piden dinero a cambio de notas de prensa y publicidad de automóviles). No digo yo que no haya nada que rascar en el último trabajo de David Fincher, pero si esta película la hubiese dirigido cualquier otro, no la habríamos inspeccionado con tanta intensidad. Un biopic formal, y hasta soso en ocasiones, sobre una figura famosa demasiado formal y demasiado sosa: un nerd introvertido y egocéntrico que da un pelotazo internetero y sigue siendo tan gilipollas como cuando era un don nadie. Casi era más atractiva la historia de Sean Parker (Justin Timberlake), el tipo de Napster, un cantamañanas, un fanfarrón, un drogadicto y un follador... Un ser vivo, demonios.
Yo no crecí con Andy, yo ya era un adulto cuando me encontré por primera vez con Buddy y Buzz Lightyear, pero a juzgar por cómo me picaban los ojos en ciertos momentos de Toy Story 3, puedo imaginarme el esfuerzo por contener las lágrimas que realizarían todos los jóvenes que fueron este verano al cine a echar unas risas acompañando al hermanito pequeño, al sobrinillo o al hijo, en el caso de los más conejeros precoces.
Ahora que no fuercen la trilogía original, por favor, que no saquen un Toy Story 4, que se dejen de especiales navideños, de series de televisión y otros sucedáneos. Que se hinchen a vender muñecos y otras baratijas de plástico, pero que no toquen ese final perfecto para esa caterva de queridísimos juguetes animados de ayer y hoy.
Mis hombres duros, mis hombres buenos. Estaban casi todos reunidos y pasándolo en grande, disfrutando como nunca podrían haberlo hecho en los años más altos de su reinado como action heroes. Para empezar, no habría habido bastante dinero en Hollywood para contratarlos en grupo, y luego habrían llegado las luchas internas, las diferencias, los celos y las rencillas. Quejas y disputas por un nombre más alto que otro en los créditos, por más minutos de protagonismo, por las mejores frases, por los planos más favorecedores, por el tamaño de la caravana, por cualquier chorrada relacionada con el estatus, la posición y la apariencia. Imaginad los amargos comentarios en dvd del director, los artículos, librillos y reportajes que habrían generado estos divos de las hostias todos juntos en una producción del año 1987. Inconcebible. Indeseable.
Pero hoy son sabios, calmos, están retirados y son cinematográficamente expendables. Y lo más importante: son también amigos. Uno de ellos, hasta quiere ser presidente. Para mí, la peli del año, aunque se hubiesen tirado hora y media sentados alrededor de una mesa charlando sobre sus batallitas en Vietnam, Bosnia y Nicaragua.
También conocida como “la de la telesilla”. Otra en esos niveles justos de flotabilidad, con momentos muy bien llevados y con un terror naturalista y survivalista que suele quedar muy bien en pantalla. Tres desgraciados atrapados en una telesilla, pelándose de frío y acechados por lobos. Frozen tocaba un palo que me encanta: el humano tecnológico y urbanita convertido en presa. Y no me importa que el depredador sea una criatura de ficción o un simple animal del bosque, porque acabo viéndolas todas, y a veces hasta comprándolas. No sé si me haré con el dvd de Frozen pero sí la recomiendo a todos los que disfrutan con este tipo de historias.
Una comedia que nos hizo reír a los Pérez como en los viejos tiempos, cuando insertábamos una cinta de vídeo en el magnetoscopio y nos partíamos el ojete. En parte, gracias a Bertín (Julián López), el chanante más desconcertante de la cantera Paramount, sólo a unos grados por debajo de las geniales marcas de absurdo e iconoclasia del gran Ignatius Farray. Pero todo el reparto de Que se mueran los feos tiene su escena cómica memorable; una película repleta de un humor sano, bruto cuando debe serlo, blanco cuando es menester y no exento de sus dosis de mala leche y negrismo hispano. "Ay, qué rico".
Una secuela que me apetecía mucho ver, por lo que supuso para mí en su día Wall Street. Oliver Stone relajado y de vuelta de todo, Michael Douglas apuntándose a la maniobra por la pasta (y temiendo que la mitad de sus ganancias se destinaran a la bruja codiciosa de su ex mujer), Eli Wallach entre el chocheo y el cachondeo, tocando una flauta imaginaria, Charlie Sheen aceptando una aparición fugaz y James Brolin aparentando ser un tiburón de las finanzas. Y resulta que les sale, en mi opinión, siempre en mi opinión, una de las cositas más apañadas y potables del año. Hablamos de ella aquí, hace unos meses.
O sea, el jodido Hombre de Hierro, mi superhéroe preferido, otra vez volando, disparando, fardando en fiestas y eventos y con problemas energéticos en su carísima armadura con soporte vital. Con Robert Downey Jr. como Tony Stark, con el recuperado Mickey Rourke de supervillano, con Scarlet Johansson y Gwyneth Paltrow como féminas de lujo y con más acción, humor (Sam Rockwell, ese hombre, ese santo varón) y fantasía que nunca. Deseando ya la tercera entrega o un nuevo serial cinematográfico con Los Vengadores. O las dos posibilidades en el mismo año, que sería genial.
Más alegría, tiroteos y sangre para este viejo guerrero que os escribe. Danny Trejo merecía un papel protagonista tan agradecido: un mejicano hosco y de pocas palabras que va por ahí sembrando la muerte y la destrucción como un Charles Bronson vengador cualquiera. Lindsay Lohan disfrazada de monja, Jessica Alba de poli concienciada y la gran Michelle Rodriguez como mártir de la excusa argumental que desata la violencia en la treceava película de Robert Rodriguez.
Ahora es cuando Steven Seagal debería reconsiderar su retiro permanente y ahorcarse de la picha o alguna muerte tan bonita como esa. Que lo piense, hombre, que lo piense: ha sido un mito para los chavales de los ochenta y los noventa, se ha follado a Kelly LeBrock cuando más buenorra estaba y ha pronunciado en Machete las últimas palabras más lisérgicas y excesivas de la historia del cine de acción, que ya es difícil. Que lo deje ya, que pare. Que ya sólo le queda verse parodiado por enésima vez en Family Guy (lo clavan: barrigón, mirada mezquina, frente arrugada...) y grabar la segunda parte de Cazadores de sangre.
Rodada en digital, estrenada directa a vídeo, con Corey Feldman poniendo voz ronca a lo Christian Bale e incluyendo un homenaje a Corey Haim tan tierno que uno no sabe dónde empieza la macabra maniobra comercial y dónde la sincera despedida a un amigo, a un caído icono pop. Muy simpática esta Jóvenes ocultos 3, mucho más que la segunda parte.
Como con Machete, fui postergando la reseña de Inception y al final ha acabado en este batiburrillo de enero.
Inception no dejó patas arriba a la industria ni fue la mitad del fenómeno sociológico que supuso Matrix (el verdadero objetivo a implantar, el origen de sus desvelos, lo reconozcan o no Nolan y los suyos) en su día, pero yo firmaría encantado por ver más ficciones de este estilo en cartelera. Y Leonardo DiCaprio mola una barbaridad. Ya lo respetaba y apreciaba desde antes de Titanic, pero es que el tío pertenece a ese pequeño grupo de actores actuales que son también auténticas estrellas, con la connotación más clásica y honorable que tiene esa palabra.
Si algo hemos aprendido de los zombis británicos es que corren mucho y que sienten predilección por despejar Piccadilly Circus y las inmediaciones del Big Ben, para que los helicópteros puedan tomar buenas fotografías aéreas. Pero otra lección a tener en cuenta es que con ellos siempre hay lugar para la sorpresa. Devil´s Playground formó parte de mi noche de brujas casera y la comentamos al día siguiente en este post.
La zona pantanosa empieza aquí. Las ciénagas más peligrosas son siempre las que no lo parecen. Todo verdor y espesura, hasta que de repente la mierda te llega al pescuezo.
Ni idea sobre el cómic, pero la película resultante, sin ser nada del otro mundo, entretenía. Empezar en esta parte con Kick-Ass es intencional: personifica la medianía más absoluta, tan característica del cine más comercial, que ya casi aceptamos como algo normal e inevitable. Ojalá que ésta no sea la tónica de lo que nos espera a partir de este mes de enero.
Otro ejemplo de virtuosa mediocridad. Polanski desde su retiro europeo dirigiendo una de género con un buen reparto. Lo normal es que hubiera salido algo digno de elogio. Pero con Polanski nada es normal, ni siquiera su vida privada. Qué tostón, qué final más imbécil y qué estupidez de película. Hasta Frenético le da mil patadas.
Con ochenta millones de dólares (ochenta, que se dice pronto), cualquier equipo italiano de los que filmaban imitaciones de Mad Max nos habrían dejado temblando de emoción y maravilla. Pero no, nos tocó esta desgracia: Denzel Washington en otro de sus papeles de santón en una de las películas más aburridas del año.
Decían en Una historia del Bronx que no hay nada más triste que el talento desperdiciado. El caso de Tim Burton empieza a ser preocupante. Esta nueva década no ha conseguido ni acercarse a la redondez de Ed Wood o Eduardo Manostijeras, ni la ha rozado siquiera. Apuntó maneras con Big Fish, pero el resto de sus trabajos, aunque impecables visualmente, rezuman frialdad y mecanicismo desde el primer minuto al último. Como esta Alicia, esta Alicia en el país de la infocriaturillas.
En teoría, tendríamos que habernos desternillado con esta comedia de ciencia-ficción. En teoría. Años ochenta, viajes en el tiempo en una bañera, vestuario multicolor, peinados lacados, reparto conveniente, música nostálgica deliberadamente escogida... Y no, amigos, en la práctica fue un latazo, una de esas películas-chiste tan requeteexplicadas que pierden toda su gracia antes incluso de desarrollarse lo suficiente. ¿Sabes ese de cuatro tíos muy colgados que se meten en un jacuzzi y...?
Devil pudo ser lo mejor del año, pero los lugares comunes y las deformaciones profesionales típicas en el género la confinaron sólo a algo curioso e interesante. Una pena. Eliminando ese score tan fanfarrioso, las voces en off y los momentos más redundantes con aquel guardia de seguridad latino, habría sido un pelotazo de visión obligada, como argumentábamos hace apenas unos días en en esta entrada.
Basta ya, en serio. Si con Toy Story uno teme que agoten a los personajes, con Shrek eso ya había ocurrido desde el primer largometraje, en el 2001. Shrek y su universo tienen sólo un poco más de carisma que otros personajes animados de Dreamworks, pero actualmente no da para más, es que no hay más, coño, es que es tan plasta como si sacaran secuelas de Hormigaz, Dios nos libre.
En el escaso margen de acción que disponía este remake para moverse, entre la actualización de un discreto clásico menor del fantástico reciente y la necesidad imperiosa de gustar a toda la familia, los tipos que levantaron esta Furia de Titanes se las ingeniaron para diseminar a lo largo del metraje pequeñas muestras de autoría y clase; contrariamente a lo que todos esperábamos, no fue tan espantoso, y reunimos impresiones sobre el asunto este verano pasado, aquí.
Joe Johnston, alias Joe Tostón, se ponía al mando de este soporífero hombre lobo casado con todos: con las versiones más clásicas del mito y con los rupturistas licántropos de principios de los años ochenta. El amigo Videodromo la defendía en los comentarios de la correspondiente entrada con agudezas tan certeras como lo que viene a continuación: "Decir que esto es una puta mierda es muy complicado, porque la factura es perfecta, y creo humildemente que esto sólo se trata de un ejercicio más de puesta al día, de ponerle color a lo que ya teníamos en B/N. Con ello no quiero decir que sea bueno. Para nada, esta versión está hecha para los que no soportan el B/N porque no lo comprenden, y no saben ver el filme con los ojos de la época. Puede que sea porque no pueden porque no lo vivieron, no lo sé, pero lo que tengo claro es que si los directivos de los estudios lo hacen es porque han hecho estudios de mercado que avalan este punto".
Sólo hay un Repo Man, en singular, y es de 1984. La dirigió Alex Cox y en ella Emilio Estevez y Harry Dean Stanton se dedicaban a recuperar los automóviles que los morosos de sus dueños ya no podían pagar. En una década en la que la adolescencia era retratada cinematográficamente como un mero problema de acné, citas fallidas y subnormales luchas de popularidad en los pasillos de un instituto, en pleno reinado del breakdance y los ordenadores de ocho bits, teníamos en el videoclub al joven más real y más perdido de toda su generación: sin estudios, sin trabajo, con nulas expectativas de futuro y aceptando un empleo alegal en el que se ponía hasta las cejas de speed y follaba con guarras en los asientos traseros de los coches robados. ¡Aleluya! ¡Alabado sea!
¿Repo Men? Nada, una chorrada. Ahora que Jude Law empieza a quedarse calvo, acepta papeles más arriesgados, entre ellos esta estúpida película de ciencia-ficción con bastos toques de crítica social.
Cuando una serie o saga decae, uno de los síntomas más reconocibles es que apenas puedes recordar alguna escena sólo unos días después de haber visto su último capítulo. Eso ocurre con este Resident Evil: Ultratumba, una cuarta parte que sobra y que no alcanza ni iguala a sus antecesoras. Milla Jovovich está ya algo viejuna para ir por ahí colgada de cables y dando volteretas. Ya lo estaba también en Resident Evil: Extinction, pero aquel tercer episodio resulto ser tan duro, tan bonito y tan cojonudo que muchos, entre los que me incluyo, decidimos no fijarnos en que a la buena de Alice el Código Juventud de L´Orèal ya no le hacía efecto, y que mejor le habría venido un bote entero de Regenerate, de Umbrella Corp. Sí, sé que este tipo de comentarios son machistas, primarios y retrógrados pero, ¿qué queréis que haga? Para rajar voy a lo fácil. Sobre todo cuando me tocan la moral con uno de mis temas favoritos y con un sello, Resident Evil, que merecería mayor mimo y esmero a la hora de ser explotado.
Está claro que el conflicto en Oriente Próximo no ha generado una buena colección de largometrajes. Será que la mala conciencia vende entradas, que el mea culpa y el antihéroe genera los mismos ingresos (y con un coste de producción más barato) que las venganzas criptofascistas de John Rambo y James Braddock en el frondoso Vietnam, pero el caso es que se muere uno de asco con estas películas, con estos soldados bondadosos y leoninos dirigidos en la distancia por cebados corderos de la política. Basta ya, coño. Tiros, sangre, y qué puta es la guerra. Porque menuda intriga ver a un tío desactivando bombas o a otro buscando armas de destrucción masiva. El nuevo cine bélico apesta.
Una basurilla pretenciosa y pedante que se tomaba la ciencia a la ligera, tan dañina en ese sentido como el abominable docudrama sectario ¿Y tú qué sabes? Irritante como pocas de todo lo visto este 2010, con permiso de Legion. Finjimos que hablábamos desde dentro de ella en este post.
El escándalo benefició a este film serbio que tanto se jactaba de no haber recibido subvención o ayuda alguna. Y puede que esa sea su verdadera virtud, y no ese porno suave ni ese gore para paletos que exhibía, más con voluntad de llamar la atención que de construir una buena peli. A los que tenemos ya los pies peludos y curtidos, A serbian film incluso nos ofendió: por su zafiedad, por su ruido, por su hueco artificio. Despotricamos sobre ella aquí.
A mi amigo Javi, de El veredicto de las flores, le gustó, señalando él que al fin y al cabo era otra historia de amor. Pero es que su estética de videojuego retro abarcaba tantas corrientes y etapas que resultaba confuso penetrar en ese círculo de complicidad y colegueo tan amplio. ¿Por qué simpatizar con esta propuesta? ¿Porque nos dora la píldora a los jugones?, ¿por apelar de manera tan difusa a una estética gamer?, ¿por un romance de conflictos arquetípicos?, ¿porque la banda sonora es tan metalera? Recelo cuando una película me busca la aprobación sobándome de manera tan descarada.
Luna nueva no me pareció tan horrible. De hecho, fue una buena segunda parte, considerando las altas cotas tontorronas que se habían alcanzado con Crepúsculo. Además, ya he manifestado en más de una ocasión mi creencia en lo benefactoras que pueden ser ciertas ficciones para una audiencia juvenil que busca sus propios mitos y leyendas, su iconografía particular e inmediata, ajena a las obras que emocionaron a sus padres, esa generación a derribar. En ese sentido, la saga Twilight puede servir de vehículo y de carretera al mismo tiempo, y embarcar a más de uno en un viaje interminable por la literatura y el cine. Pero Eclipse... joder con Eclipse. Eclipse es un Seat renqueante y humeante dando bandazos por una vía rural repleta de baches, socavones y charcos. Eclipse es la excusa perfecta para confirmar que la cinefilia es una cosa fea, que las películas son para un rato y la lectura, para tontos, shurmano.
En serio, ¿tan difícil es hacer una buena secuela con este venerable monstruo de 1987? Hasta en 1990 hubo una respetable, dirigida por Stephen Hopkins y con el cazador extraterrestre adaptándose sin problemas a una urbe veraniega dominada por pandilleros, proxenetas, furcias y adictos. Pues nada, que no dan una, que no hay manera, que los depredadores sólo cunden en figuritas de McFarlane (impresionante la reproducción en plástico de alta calidad de Elder, lanzada con motivo de Alien vs. Predator) y en videojuegos.
Como cabecilla oportunista de un fenómeno que no llegó a arraigar en España (aunque todavía no nos hemos librado, no en este país que pilla modas y tendencias siempre con retraso y alargándolas hasta el cansancio), la memez de Angelology, Legión era tan desconcertantemente mala que era imposible no prestarle atención desde el principio hasta el final. Y si la primera media hora hacía dudar (ese encierro en un restaurante de carretera, ese Juicio Final, esas posesiones demoníacas multitudinarias), lo que venía a continuación eran tan surrealista y delirante que yo qué sé, que dan ganas de proclamar a esta basura lo mejor del año, de la década y del siglo.
Y aún me quedan pendientes Pájaros de papel, El equipo A, Robin Hood, Imparable, Tensión sexual no resuelta, Megamind, Noche y día, Conocerás al hombre de tus sueños, Black Swan, El mal ajeno, La herencia Valdemar, The Runaways, Piraña 3D, Miedos, Salt, Todo sobre mi desmadre...
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And it hardly looked like a novel at all,
I hardly look like a hero at all
And I'm sorry, you didn't publish this
And you were white as snow; I was white as a sheet
When you came down in this black dress
In your mom's black maternity dress
And so,
Though it hardly looked like a novel at all,
And the city treats me, it treats me to you
And a cup of coffee for you
I should learn it's language and speak it to you
And 70 million should be in the know
And 70 million don't go out at all
And 70 million wouldn't walk this street
And 70 million would run to a hole
And 70 million would be wrong wrong wrong
And 70 million never see it at all
And 70 million haven't tasted snow
And we dance dance dance like the children dance
Imply thought are we taking the chance?
With the light still on, and will we ever reach the tower
And after you came down in this black dress
I don't know what took so very long
And this,
And this isn't a war, we don't have to ration
Now wave white flag, and you kept it at home
And words I wrote from a foreign land
You're holding my no longer foreign hand
And 70 million should be in the know
And 70 million don't go out at all
And 70 million wouldn't walk this street
And 70 million would run to a hole
And 70 million would be wrong wrong wrong
And 70 million never see it at all
And 70 million haven't tasted snow