Las máscaras de látex de Greyland


Se acerca Halloween, queridos. En mi caso celebro un pequeño ritual que no genera demasiado jaleo, tan sólo descargar un trío de pelis, comprar pastelillos y asegurarme de que no falte el café colombiano. Pero sé que los habituales de este blog sois unos cachondos y unos nocturnos decididos. No os bastará con acudir en espíritu a mi inminente Noche de Brujas casera, no. Seguro que os echaréis a las calles, presos del desenfreno y la autodestrucción (el camino de la realización), algo que me parece estupendo, pero si vais a caracterizaros de algo, por favor, un no rotundo a esas caretas de plástico Made in China, no a los disfraces de doce euros del Carrefour. Aquí amamos el látex, el material gomoso de los sueños, y recomendamos una máscara integral. Complementar con accesorios, maquillajes y piezas de tela ya es decisión vuestra, pero la base debe ser una máscara de látex.

Suena caro, y generalmente lo es. Los costes suben si los fabricantes crean a partir de personajes cinematográficos sujetos a licencias, pero siempre hay caminos alternativos y más económicos. De cara a vender y de cara a comprar. Con mucha cara, que de eso va el tema. Los tipos de Greyland, afincados en la República Checa, no se cortan a la hora de recrear a monstruos clásicos de la Universal, a actores conocidos del panorama actual, a criaturas de películas más o menos recientes e incluso a top models de los años noventa, pero en ningún pie de foto de su tienda web veréis nombres como Dracula, Keanu Reeves, Depredador o Naomi Campbell. El resultado de estas máscaras, puestas a pelo, sin fijar con pegamento siquiera, es espectacular, como podéis juzgar en este vídeo, con un freak rechoncho (somos legión) probándose el modelo NuclearBoys, una réplica cojonuda del Freddy Krueger más ochentero.


Creo que los modelos menos recargados ofrecen más expresividad, como este, por ejemplo, con un aire inquietante a la máscara que utilizaba un invisible Kevin Bacon en El hombre sin sombra:


Greyland Masks. Entrad, pasead y pensad cuánto se acelerarían los corazones de amigos y familiares tras un "casual" corte del suministro eléctrico. Momentos de oro, qué duda cabe.