Adiós a Sidney Lumet


Pertenecía a esa primera promoción de cineastas que ejercitaron el oficio en televisión, una escuela exigente que premiaba sólo a quien fuera capaz de tomarle el pulso y comprendiera su lenguaje y sus nuevas particularidades (espectadores que ya no pagaban una entrada y que gozaban del poder de abandonar la "sala" a la más mínima señal de aburrimiento). Y esos años dejaron su impronta en Lumet y en su trayectoria posterior.

Ahora vendría el típico listado de películas y la adjetivación elogiosa de turno, pero me gustaría comentar algo sobre Sidney Lumet que considero importante: sus trabajos iban de la mano de los tiempos. Y mientras que la sola mención del nombre de otros directores de su misma generación remite a una imagen mental (y a una obra) más clásica, por Lumet no pasaban los años. Con esa última predilección suya por el policíaco mezclado de tintes políticos y sociales, (aunque también tocara palos diferentes, como la comedia, el drama o el suspense psicológico), había un Lumet casi para cada temporada, vistiendo con la moda imperante del momento, más o menos acertado, pero siempre contemporáneo. Con La trampa de la muerte y con Poder, con A la mañana siguiente (cómo echo de menos a Raul Julia) y con Un lugar en ninguna parte, con El abogado del diablo, Negocios de familia y La noche cae sobre Manhattan. No era el más comercial, ni el más solicitado, pero estuvo en los cines, estuvo en la tele y estuvo en los videoclubs. Por último, hasta estuvo en Internet, donde no quedó un mono que no se bajara Declaradme culpable y Antes que el Diablo sepa que has muerto.

Y esta noche, de homenaje me pondré en el home cinema el dvd de Q&A, aquí retitulada (qué cruz) como Distrito 34: Corrupción total. Para mí, una de sus grandes películas, y una de mis obras maestras indispensables (las mías, las que no me fallan, las que cuentan), por encima de otras mejor consideradas como Serpico, Tarde de perros, Network o Doce hombres sin piedad.

Que descanses en paz, viejo. Y que llegues al cielo cinco minutos antes de que el Diablo sepa que has muerto.