Año: 2010
Duración: 125 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Joseph Kosinski
Guión: Adam Horowitz, Richard Jefferies, Edward Kitsis, Brian Klugman, Steven Lisberger, Lee Sternthal
Música: Daft Punk
Fotografía: Claudio Miranda
Intérpretes: Jeff Bridges, Olivia Wilde, Michael Sheen, Garrett Hedlund, James Frain, Bruce Boxleitner, Beau Garrett, Serinda Swan, Yaya DaCosta, Amy Esterle, Brandon Jay McLaren, Elizabeth Mathis, Michael Teigen, Steven Lisberger, Owen Best
Sinopsis: Cuando Sam Flynn, un experto programador de 27 años, investiga la desaparición de su padre, Kevin Flynn, se encuentra de repente inmerso en un peligroso y salvaje mundo surrealista, un mundo paralelo donde su padre ha vivido durante 25 años. Con la ayuda de una joven (Olivia Wilde), padre e hijo emprenden un viaje a vida o muerte, a través de un sofisticado universo cibernético. Secuela del clásico de culto de 1982.
(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)
No sé si es por la abundancia de material lúdico disponible, por la discreta calidad general que caracteriza a tanta oferta o por la edad, que me vuelve cínico, apático y descreído, pero el caso es que puedo contar con los dedos de una mano las veces que a lo largo de un año siento verdadera expectación por una película, serie, libro, documental, disco o videojuego.
Tron fue importante para mí. La grabé en mi única cinta de vídeo (una que me regaló mi abuelo) y la vi todos los fines de semana durante meses. Reproducía el argumento con mis figuritas de acción. La encimera del piso de mi abuela era una sección del interior de un ordenador. La batidora, la torre de INPUT/OUTPUT, custodiada por Skeletor (que ya no era Skeletor, claro: era un programa de vigilancia con una cara huesuda del todo inapropiada). La freidora eléctrica era un promontorio donde vaqueros de plástico al servicio del sistema vigilaban las pistas impresas. Y mis motitos de metal con ruedas de goma eran ciclos de luz.
Pocas películas me conmocionaban tan fuerte como para que las recreara luego en mis juegos. Que yo recuerde, sólo Tron, Star Wars y Flash Gordon. Para jugar a Flash Gordon me desplazaba al balcón, que estaba lleno de geranios y matojos diversos: el escenario perfecto para Arboria. Sería algo raro ver desde fuera a mis airgamboys en las macetas, estáticos, mientras yo iba de un lado para otro adoptando distintas voces y buscando en mi bolsa un muñeco que se pareciera a una alimaña del pantano, pero yo me lo pasaba pirata.
Tron es una de esas, una de la familia. Una, además que, a medida que han ido pasando los años, no se me ha derrumbado en las constantes revisiones, que he comprado en vhs y que probablemente compre en dvd (de momento, voy tirando con un dvdrip de la edición 20º aniversario). Y el último regalo que Tron me ha hecho ya como adulto es suscitarme una gran curiosidad ante su segunda parte. Ha sido dulce esperar a que alguien colgara una buena copia, transferirla a un pendrive y cargarla en la tele vía USB con HDMI. Un procedimiento muy tronero, muy acorde al tema…Tron: Legacy. Bien, vamos allá. La película comienza con un resumen de lo acontecido en 1982. Y del resumen se encarga un Kevin Flynn (¿cuasi Jeff Bridges?) de cabeza digitalizada (del melón doy fe, del cuerpo no lo juraría, porque podría ser de otro humano) que da un mal rollo impresionante y que canta más que la noche americana en La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos. Un viaje inmediato al Valle Inexplicable que te saca de la película nada más comenzar. Y aunque el modelado es de una gran calidad, se podría haber filmado esa escena con trucos clásicos: sólo la voz original, un tío dándole la espalda a la cámara, flashbacks retocados… Eso pensaba cuando miraba a ese escalofriante pseudohombre hablando con su hijo, lo que no sabía entonces es que minutos después me encontraría con la razón de tan cuestionable decisión. Clu, ahora el villano de la historia, era también de manufactura informática, con el careto del Jeff Bridges de principios de los ochenta. Una cosa es animar un dragón, un ogro, una batalla espacial o un falso paisaje extraterrestre y otra es simular la cara de un actor. El Flynn digital descoloca por la textura y la apariencia, y luego porque apenas cuenta con varias expresiones como recursos interpretativos: sorpresa, sonrisa golfa, ira y pucherito de tristeza. Exactamente el mismo número de emociones de las que dispone Clu. Supongo que los responsables del film notaron el pobre resultado con estas animaciones, de ahí que no abunden los primeros planos de Clu y que refugiaran a ese Flynn antinatural de los minutos iniciales en parpadeantes extractos de noticieros televisivos que informaban sobre su misteriosa desaparición.
Tron: Legacy es consciente del peso de su nombre. Tron puede que no fuera lo que Disney esperaba (menudos años aquellos, con todos los estudios fritos por producir su propio Star Wars y pariendo fantasía en cadena: El abismo negro, Krull, Cazador del espacio, Flash Gordon, etc.), pero de ahí a ese mito de su fracaso en taquilla dista un mundo. Ni fue un descalabro tan grande ni pasó tan desapercibida. Otra cuestión ya es que consiguiera ganarse en su momento, y no ahora (porque ahora todos la aman: que si visionaria, que si adelantada a su tiempo y que si film de culto), un lugar en nuestra memoria y en nuestro veleidoso corazón.
Tron me pareció mágica cuando la vi por primera vez y todavía hoy me pasma su estética pulcra y luminosa. Así que cuando volví a oír nombres como ENCOM y Clu ya estaba disfrutando como un enano, pero que en los primeros minutos de metraje Sam (Garret Hedlund) regresara a Flynn´s, fue el mejor guiño que Tron: Legacy podía hacer a su primera parte, mucho más que esos momentos en la rejilla de juegos con los gladiadores de los discos y la carreras mortales con los ciclos de luz.
Sam vuelve a Flynn´s y su aventura comienza allí, en el refugio donde su padre se quejaba de su suerte. De chaval me flipaba ese concepto de perdedor a la americana: un tío con su propio salón de máquinas y con vivienda coqueta en el piso superior (dormía arrullado por los reflejos de los neones y el sonido electrónico de las recreativas). A Sam lo desintegra el mismo láser que a su padre, pero esta vez no hay una bonita secuencia alucinógena, como hace veintinueve años. Un fogonazo y Sam ya está dentro de un sistema informático.
Tron: Legacy comprende qué iba a esperar de ella un grueso importante de su público potencial. No más de lo mismo, pero tampoco nada que fuese irreconocible ni que rechazara de lleno la valiosa baza de la nostalgia, una moneda que hay que saber utilizar con prudencia. Mucho rollo nostálgico produce un efecto contrario al deseado. De modo que hay bastante Tron dentro de Tron: Legacy. Hay competiciones, programas con la cara gris (pero en esta ocasión por ordenador, que no concibo yo ya a cincuenta tíos pintando a mano los negativos), paranoides espaciales, copichuelas de rica energía y en fin, los suficientes elementos como para que los viejos nos regodeemos y los jóvenes se pongan al día. Después, la película pasa página (o refresca la pantalla) y nos cuenta la historia de una revolución digital. Sí, casi como en la primera, pero añadiendo un toque de ci-fi hardcore que me encantó: la aparición espontánea de una nueva forma de vida, los algoritmos isomórficos. Entidades completamente desconocidas que medran en la red cuando se dan las condiciones idóneas. No es una idea novedosa, y así sin pensarlo demasiado mencionaría a Jane, la I.A. libre que cuida de Ender en la saga de Orson Scott Card, y que nacía en las fecundas regiones de una red inalambrica y translumínica. También me suena de algún cuento de Bruce Sterling, pero sobre todo me apasiona que no sea tan descabellado y que a medida que nuestros sistemas informáticos se tornan más complejos aumenten esas “condiciones idóneas” que ya se establecen en Tron: Legacy.
Imaginadlo, viejos. Un día encendéis el monitor y un ser anónimo e incorpóreo, que os quiere bien y os viene observando desde hace meses, os da la bronca por consumir tanto porno y desperdiciar el resto de la tarde con el Buscaminas. No sé si nos haríamos amiguitos de semejante meapilas (ya me veo pidiéndole a Kelembor, de Las Puertas del Caos, un antivirus garantizado), pero qué terrorífico y qué maravilloso sería. Como todos los milagros.
El largo transcurre sin mayores sorpresas durante el resto del tiempo. El menú: quince minutos de alegría retro y homenajeadora, el interesantísimo planteamiento de “los isos”, una sandunguera banda sonora cortesía de Daft Punk, unos escenarios que poco recuerdan al primer Tron (esto es lo peor, la excesiva similitud entre los contornos y volúmenes del mundo real y el mundo vitual) y un desarrollo del montón.
La película es aburrida incluso en las secuencias donde no puede permitírselo, en los momentos con más acción y desenfreno. Y ya en confianza insánica, no hay ni un puñetero beso, ni uno. En Tron, dos programas descubrían las propiedades beneficiosas de un buen muerdo (que abría insospechadas y febriles vías de reflexión paralelas: ¿se les inflamarían las rutinas?, ¿les latiría a cien nanociclos por segundo el código interno?). Aquí, tenemos a un chico apuesto custodiando a Quorra (Olivia Wilde), una Eva edénica de ojazos sesgados y... no sucede nada. Y es que Tron no era tampoco tan aséptica y fría como a veces la recordamos.Otra secuela olvidable. El legado de este nuevo Tron ya ha sido entregado. Y mal que me pese, es una herencia débil, sin carisma, que no estimulará la imaginación de la chiquillería. No habrá otra generación esperando con ansia una nueva entrega en los cines.
Por eso, la receta perfecta para los que tenéis críos es Tron + ¡¡Tron 2.0!!
Tron 2.0 era un videojuego acojonante del 2003 de Monolith que nos hacía vivir en primera persona las penurias y gozos de un creador en un mundo lleno de programas oprimidos por un sistema operativo dictatorial. El juego mantenía todo lo que hizo grande a la película y lo potenciaba con esa interactividad envidiable que el cine jamás alcanzará. A ratos FPS, a ratos aventura canónica (con sus puzzles y sus conversaciones trufadas de pistas), a ratos juego de rol (nuestro disco de datos adquiría porcentajes de habilidades que podían ser distribuidas a voluntad, mejorando nuestra puntería, nuestro hacking o nuestro manejo de vehículos), Tron 2.0 era un sueño hecho realidad que incluía, cómo no, las inolvidables carreras con los ciclos de luz (hasta era posible enfrentarse a otros cibergladiadores en el modo multijugador). Un pepinazo de videojuego que no me pude acabar porque mi ordenador de entonces petardeaba más que la central nuclear de Fukushima. Pero ya va siendo hora de regresar, de "luchar por los usuarios". Y cuando entre, abriré la consola y saludaré con un socarrón “¡Hola, programas!”.







13 comentarios:
Lo mejor de esta peli es Oliva Wilde en 3D, con esto te lo digo tó y no te digo ná.
jajjajaj, me la imagino. No sé, tal vez Tron 2 mejore en pantalla 3D gigante. Yo aún no lo he probado.
Esta tiene el mismo defecto que Avatar: es el guión es tan penoso que no lo arregla ni el 3D, ni Olivia Wilde.
Recomiendo ver Piranha 3D que tiene un guión malote, pero se ven tetas y culos en 3D. Eso es CINE:
Pero Avatar era espectacular, más allá de su regulero guión. Es que aquí hasta me ponen cámara lenta, a lo Matrix, y ni por esas. Después de los primeros quince minutos, tuve la misma cara de palo durante toda la peli. Era como ver un drama de Mario Camus con fosforitos.
Me recomiendas Piraña 3D por su tetas y culos saltarines y a mí me parece lo más sensato del mundo. En serio, pasa algo muy grave con una de nuestras aficiones favoritas, XD.
Hostia, me bajé ya Harry Brown. Tardo meses, pero cuando digo que anoto vuestras recomendaciones no es sólo una respuesta mecánica. A ver si me la pongo esta noche.
Pues bastante de acuerdo, la vi el otro día con muchas expectativas, y pese a reconocer las ganas de hacer algo currado a nivel de guión, luego el resultado es lo que nunca puede ser una peli de estas características: Aburrido, hay una secuencia interminable de como media hora con diálogos incomprensibles que menos mal que se adorna con planos de la protagonista femenina contorneandose en un sofá porque vaya tostón.
Sí, la Oli medio desmayada y la cena en la choza del extrarradio, :).
El videojuego del 2003, Doc, ahí nos ofrecen santuario a todos. Y el Tron original, claro.
Por lo menos no oimos por ahí reniegos y maldiciones a la altura de la "nueva trilogía" starwariana... la mayoría de mis conocidos ni se dignan a reconocer su existencia...
Por lo menos esta tiene a Daft Punk... las primeras escenas con el hijo de flynn sobre la moto y la música a tope, me alucinaron anticipando lo que vendría después... que fue de bajón desde ahí.
Lástima
Coincido en tu crítica, es más, yo creo que la idea de la IA tiene un potencial tremendo que queda en segundo plano respecto a la imágen, claro que siendo Disney tampoco van a entrar en derroteros filosóficos. Con todo la escena de las motos me gustó y desde luego Tron 2.0. es un juego excelente.
Yo las reconozco y hasta las aprecio a ratos, excepto El ataque de los clones, marguis, que no puedo con ella.
Sí, ¿verdad?, ese primer cuarto de peli, que era tan esperanzador.
Pero es que la primera Tron también contenía su dosis de filosofía y misticismo, Ernesto (programadores y programas, diálogos de fe "-¿Crees en los progamadores? -Claro, si no hay un programador, ¿quién me programa"), pero estaba muy bien integrado en la historia. Aquí lo de los isos lo meten como un apunte y yo creo que era casi la baza más potente de la peli.
De hecho, habría un spin off ahí que me gustaría ver más desarrolado: Clu en plan exterminador y un genocidio atroz.
ToTalMENTE de Acuerdo !!!! una decepción difícil de justificar.
Pues sí. Cabrea menos si te sale "gratis" verla, creo. Me imagino pagando una de las antiguas lechugas por esta cosa y ya me pongo hasta nervioso.
Bienvenido, astrum.
Mu buenas!
Como primer comentario en este blog quisiera saludar a todos... Y volviendo de nuevo a el ten a de la película.... Recuerdo y muy bine la primera vez que la vi en televison y acabe dibujando sobre papel mi propio mundo tron... En aquella época no disponía de un ordenador para poder aplicar aqueñpllas animaladas que estaba viendo en la pantalla de mi casa, con cara de susto y imaginando que dentro del microondas que disponían mis padres (para mi aquello era el no va mas en tecnología) corrían unos seres que querían controlar el mundo usando una cosa llamada circuitos.... Que me creía que eran circuitos de coches pequeñitos metidos dentro de cualquier cosa que para m fuera tecnología... Aunque a la edad que la ví, hasta un mortero para picar ajos era máxima tecnología....
Volviendo a la segunda parte de la película, la verdad es que fui a verla ilusionado creyendo que volvería a tener un ríen ne va plus como tuve en la original... Y aunque me sorprendió el rejuvenecimiento de algún personaje, salí del cine como entre.... Esperando ser ilusionado y con una coca-cola y un porrón de palomitas entre pecho y espalda.. Pro nada mas, ni un guau, n un joder, ni un ostias... La vi en 3D y el mareo fue de orado porque hasta costaba seguir el porque de esto o el porque de aquello... El mayor problema de esta película es que teníamos muchas cosas en la cabeza y tal vez ellos tiraron por el recurso fácil para continuar la película o la saga... Papa desaparece, y yo como buen hijo inconformista voy a ver ande cojones esta....
Ni me gusto, ni me defraudo... Indiferencia? Seguramente, aunque espero que alguien ponga un guión como dios manda en alguna mesa para hacer una continuación como dios manda de alguna de las películas de los 80 o de los principios de los 90 como dios manda.... Tal vez SUPER 8 puede hacerlo... Monstruos, especies de globosa liandola parda.... No lo se.... Pero parece que el recto nostalgia los de julibuu se lo están pasando por el forro de los coj.... Intentando vendernos motos mas usadas que los neumaticos de la furgoneta del equipo A...
Saludancias
Muy buenas, anónimo. Comprendo muy bien ese juego "tronero" en una libreta. Yo en el colegio hacía carreras de ciclos con la línea de una tiza en la pizarra, XDDD. Pero lo del microondas ha sido buenísimo, lo que me he reído.
Sí, es que en esto de las secuelas y remakes se oscila demasiadas veces entre la indiferencia y la decepción. Por eso cuando hacen alguna bien nos entusiasmamos tanto, supongo.
Gracias y bienvenido.
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