Un avión que transporta en su bodega a una poderosa y anciana criatura. Un eclipse total que no presagia nada bueno. Una extraña pandemia que se desata con velocidad. El fin de la raza humana. Suena bien, ¿verdad? Una de esas novelas elegidas a tiro hecho, que tiene todas las papeletas para gustarnos a muchos de los que por aquí pululamos.
Un avión que transporta en su bodega a una poderosa y anciana criatura: unas ciento ochenta páginas. Pero qué es esto, qué coñazo.
Un eclipse total que no presagia nada bueno: unas cincuenta páginas. Cincuenta páginas describiéndome un maldito eclipse que no parece desempeñar un papel más serio que el de mantener cierto simbolismo con el mundo oscuro de los vampiros.
Una extraña pandemia que se desata con velocidad: unas cien páginas. La parte más atractiva del libro es la peor escrita, con diferencia. Jamás había leído sobre la propagación de una plaga y me había desesperado de esta manera. Hasta la gripe aviar es más emocionante que estos parásitos hemofílicos.
El fin de la raza humana: en la próxima entrega.
El resto del libro está ocupado por diálogos de mierda y un constante trasiego de personajes de un lado a otro, como si el dinamismo y el ritmo consistieran sólo en eso, en llevar a los personajes de paseo por Brooklyn, la Zona Cero, el metro y diversas instituciones públicas y privadas.
Nocturna es el primer volumen de una trilogía y es un muermo, un pesado entrante, un extenso primer capítulo que se recrea en los prolegómenos de una trama concebida para ser vendida por entregas antes incluso de ser escrita. Da esa impresión, os lo aseguro.
¿Conocéis esa sensación de timo? Vas leyendo y sólo cuando llegas a la mitad del libro te das cuenta de que te la han colado con queso, que otra vez has picado, que en esa novela no va a ocurrir nada relevante hasta que queden veinte o treinta páginas para el desenlace, y que tal vez la cosa mejore en el siguiente tomo, pero que en esta ocasión sólo has comprado el derecho a colgar el abrigo en el vestíbulo y entrar un poco en calor con la chimenea de la casa.
Repito: un timo, una engañifa. Idos a tomar viento, Guillermo y Chuck.
Lo absurdo es que tengo la segunda parte también, Oscura, y que está resultando tan insípida como la primera. Si no he abandonado ya es porque los vampiros de esta saga me gustan. Son estúpidos, vectores de enfermedad ambulantes con escasa inteligencia y sujetos a un amo de títeres. Ya os contaré dentro de unos días.




2 comentarios:
Yo me lo leí el año pasado y tampoco me convenció, por suerte no tenía la segunda entrega, ni la pienso tener, ya que cada vez que me acuero de ella me parece peor (http://moriacity.blogspot.com/2009/07/nocturna-guillermo-del-toro-y-chuck.html)... con la de cosas buenas que tengo para leer me niego a perder el tiempo con un bodrio por muy Gullermo del Toro que tenga en la portada...
Uagh, chiquilla, qué sopor estoy pasando con Oscura también. Voy a leerte ahora.
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