Terminando el año de buen rollito




La pobre mujer suena como R2D2 cuando le fallan los frenos.

Los Caminantes


Se puede escribir sobre zombis en este país. Se puede escribir sobre cualquier tema. Pero sobre zombis, y con originalidad, es hasta necesario. No es justo que un monstruo tan apasionante, tan poderoso, sea identificado también como estadounidense. Sobre todo porque un muerto viviente no tiene bandera, ni maldita la falta que le hace.

Sabemos que los alienígenas hablarán en inglés con nuestros líderes, o que destrozarán Washington desde sus naves nodrizas, que los vampiros nacen en Europa, pero que tarde o temprano cruzan el Atlántico a por cuellos protestantes; hasta los hombres lobo prefieren los bosques del norte de América. Pero los zombis son diferentes. Los zombis nos pertenecen a todos, los zombis somos todos.

Los supervivientes a la pandemia que se desata en Los Caminantes son en su mayoría malagueños o residentes en la zona. Se atrincheran en sus pisos, los que ya no tendrán que terminar de pagar, y cuando se internan en la ciudad a por suministros esquivan coches volcados frente a quioscos de prensa y administraciones de lotería. La comunidad viva más numerosa permanece agrupada en un complejo deportivo, antaño sólo para socios pudientes. El malvado de la historia es un sacedorte trastornado, el padre Isidro, un iluminado “amigo” de los muertos. Los héroes de la trama se llaman Isabel, Aranda, Moses, Roberto, Josué o Juan. Muchos de ellos luchan con tuberías, martillos y otros objetos contundentes. Si hay suerte, se hacen con el arma de un guardia civil o de un policía municipal, pistolas que no usarán a menos que no quede otro remedio, porque el sonido estruendoso que producen es como un indicativo de que la cena está servida.

Los zombis de Los Caminantes son una sabia aglutinación de las diferentes corrientes que los separan sutilmente como colectivo. Carlos Sisí se desmarca así de unas cuantas dudas que, aunque parezca mentira, pueden consumir más de unas cuantas horas cuando te pones a fabular sobre los podridos: ¿romerianos o speedicos?, ¿infectados o resucitados?, ¿sin inteligencia o con rastros burdos de ella?

“Caminantes” son el nombre con el que los supervivientes denominan a las figuras cabizbajas que atestan las calles. Arrastran los pies, gruñen y emiten quejidos que rompen el espíritu y la voluntad de seguir resistiendo. Pero algunos, cuando detectan a humanos, se activan y se lanzan a correr, furiosos, el doble de fuertes, el triple de rápidos. A estos, los más peligrosos, se les conoce como “corredores”. Tanto caminantes como corredores infectan con sus mordiscos, pero en la novela, el que palma, aunque sea de muerte natural, se levanta. Un detalle acorde al canon que me fascina: que tu mejor amigo espiche de un infarto y poco después lo tengas encima mordiéndote el gaznate, que tu esposa se atragante con el hueso de una aceituna y unos minutos más tarde intente bajarlo con la carne de tu cara. Por último, los zombis de Sisí no conservan ni la más rudimentaria inteligencia, pero son azuzados y dirigidos por el padre Isidro, un personaje que el autor describe con el mismo grado de manía espeluznante que sufría el reverendo Kane, que es uno de mis fantasmas favoritos de todos los tiempos.

Lo más hermoso de Los Caminantes es que es una buena primera novela, que ya va por su merecida cuarta edición. Pero es que además parece escrita por alguien que ama el género. Se nota que al tipo le encanta escribir sobre el tema, que ha trabajado duro y con constancia, hasta lograr que su libro fuese lo bastante correcto como para ser aceptado por una editorial convencional (Dolmen y su LíneaZ). Y yo ya estaba convencido de ese afecto y de esa adherencia a lo zombi por parte de Carlos Sisí, pero es que hasta en los agradecimientos hay pruebas de ello, cuando el autor menciona con cariño a sus amigos de los foros Somos Leyenda.

Carlos Sisí es uno de los nuestros. Y lo ha hecho de puta madre.

El meme del año


Hacía mucho que no organizaba yo ningún juego y aquí va mi propuesta.

Se trata de escoger lo que vosotros consideréis que debe portar la vieja coletilla publicitaria "del año", con respecto a lo acontecido en este 2010. Sois libres de incorporar nuevas categorías, como tebeos, teatro, porno y otras nobles manifestaciones artísticas.

La película del año

Los mercenarios. Menos cháchara y más hostias y habría sido perfecta.


El bodrio del año

The Crazies. De acuerdo, puede que esta categoría sea muy dada a crueldades y exageraciones, y que buena parte de lo estrenado en el 2010 encajara en ella, pero este remake en concreto casi acaba conmigo.


El director de cine del año

Rodrigo Cortés, por Buried. Ya era un tío muy a tener en cuenta desde Quince días y Concursante, pero con Buried empieza una nueva etapa en su carrera, que tendremos que vigilar muy de cerca.


El actor de cine del año

Justin Timberlake, por La red social. Un respeto para este hombre: es mucho más que un figurín de la música pop.


La actriz de cine del año

Emma Bell, por Frozen. Subiría a esa telesilla contigo, babe. Perdería la vida por ti.


El libro del año

Androide Karenina, de Ben H. Winters. Umbriel lo saca en español para el mes que viene y por mis huevos que voy a leerlo.


La canción del año

Waka Waka, por supuesto. Ya no es la canción del mundial 2010. Es la canción del mundial de España.

(No fue por África. Esta vez fue por nosotros, los que jamás pasábamos de cuartos)

El disco del año

To the Sea, de Jack Johnson. Blanco, intencionadamente ingenuo y un regalo para las orejas.

(Click en la imagen para acceder al disco. Requiere Spotify)

La serie de televisión del año

The Walking Dead. Pendiente de reseña en vuestro blog. Ha empezado con tibieza, pero la premio por la expectación que generó y por lo que llegará a ser.


El programa de televisión del año

Sálvame. Nooo, jajaja. Nostromo, en TVE2, un oasis de calma donde nadie grita (tampoco se grita en Intereconomía, pero allí peligra nuestra salud mental) y se habla de libros.


El videojuego del año

Dementium II, para Nintendo DS. El terror de la lengua seca y del corazón disparado en dos pantallitas gemelas de tres pulgadas de tamaño. Algunos llevan a Mario o a Link en el bolsillo. Yo desde hace unas semanas transporto (y me transporto) al mismísimo infierno.


El blog o la web del año

Mullet Reloaded. El Sr. Mullet retomó este año su proyecto e hizo de la internete un lugar más bonito y alegre.

The hills are alive with the sound of faceplaaant...

Y eso es todo. Si jugáis, dadme el toque, para ir a visitaros más deprisa.

¡Feliz Navidad!


Mi intención era pasarme por todos vuestros blogs personalmente. Pero entonces me dejaría fuera a los lectores silenciosos (sé que estáis ahí: os controlo con Google Analytics), que sois legión, y también excluiría a los que no tenéis blog.

Tony Montana y su muñeco de nieve puede que me hagan ser redundante, pero al carajo:

Feliz Nochebuena y feliz Navidad, que os pongáis las botas en todos los sentidos y lo paséis en grande con los vuestros. Nos vemos por aquí dentro de unos días.

(Además, quería colgar a este impúdico Santa Claus, motivo subterráneo de este post)

Lo mejor de la televisión actual, 2


Tiene sus años ya, y que yo recuerde, nunca lo vi en nuestros canales, pero este spot de Sprite me parece alucinante:



En cuanto a este otro, también sensacional, seguro que no se emitió aquí, porque pertenece a unos aperitivos muy populares en Rumanía:

Devil


Título original: Devil (aka The Night Chronicles: Devil)
Año: 2010
Duración: 80 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: John Erick Dowdle
Guión: Brian Nelson (Historia: M. Night Shyamalan)
Música: Fernando Velázquez
Fotografía: Tak Fujimoto
Intérpretes: Chris Messina, Logan Marshall-Green, Geoffrey Arend, Bojana Novakovic, Jenny O’Hara, Bokeem Woodbine, Jacob Vargas

Sinopsis: Un día cualquiera, cinco personas que no se conocen entre ellas se quedan atrapados en un ascensor de un gran edificio de oficinas. Al poco de detenerse comienzan a suceder cosas extrañas, y poco a poco se dan cuenta de que una de ellas no es quien dice ser.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Me resisto a llamarla La trampa del mal. Anda ya, hombre, ya está bien de retitulaciones mongolas. Qué cruz. Al lío.

Devil parece una de esas pelis surgida de un brainstorming frenético: un argumento concentrado en una sola frase y que tras ser seleccionado entre el maremágnum de propuestas, es desarrollado en detalle. Dicen que así nació Junior ("Schwarzenegger embarazado"), aquel horror de comedia de Ivan Reitman. Claro que el 90% de la carrera de Arnie se ajustaría a esa hipótesis: Schwarzenegger contra un alien, Schwarzenegger tiene un hermano freak, Schwarzenegger metido a niñera...

"Cinco individuos atrapados en un ascensor. Uno de ellos es Satán". Unos cuantos pecadores se reúnen por sospechosa coincidencia en uno de esos rascacielos administrativos llenos de abogados, juristas, secretarias y directivos. Toman el elevador y se quedan atascados. Al principio no cunde el pánico y todos se comportan de manera civilizada. Se sienten seguros al estar monitorizados por una cámara y mantienen contacto visual y sonoro con una pareja de seguratas. Pero entonces empiezan los apagones. Y con ellos, los ataques. En la oscuridad, alguien acecha.

Devil funciona. Mantiene la intriga desde el principio hasta el final y es una correcta película de terror. Sin embargo, me fastidia que en algunos aspectos sea una película tan inteligente y en otros tan tosca y cazurra. Por un lado, Devil oculta bien su carta más negra, tanto, que ni siquiera juega con ella de un modo convencional. En Devil no vais a encontraros con un Satán parlanchín y fiestero, como en Pactar con el diablo. No hay largos diálogos sobre lo humano y lo divino, ni trucos de magia, ni maquillajes sorprendentes. El film de John E. Dowdle no banaliza al mejor personaje de ficción que hemos inventado en nuestras leyendas y cuentos, ni tampoco lo hace actuar como un villano de cómic. Satán en Devil es discreto, escurridizo y muy aficionado al azar y la casuística. Cuando determinadas condiciones se dan, él aparece, hace su trabajo y luego se da el piro, vampiro. Sin malgastar recursos, sin darse importancia, más eficiente y rutinario que un cirujano operando una apendicitis.

Y hasta aquí bien. Pero todo lo que tiene esta película de contenida y sobria se abandona luego al pedorreo más vulgar con una música cargante y subrayadora, que no le pega en absoluto a esta historia, y con Ramirez (Jacob Vargas), un guardia de seguridad latino que se encarga de explicarnos a los demás, a los tontos, lo que está sucediendo en ese ascensor.

Una lástima, porque Devil podría haber sido la película de terror del año.

La chica... bah, no se me ocurre nada


Por titularlo de alguna manera. Treinta segundos de erotismo, mal gusto y terrorcillo caníbal, fugaz y atávico. Me parece una absoluta genialidad.

El presente del futuro


Hace meses se generó un breve off-topic en los comentarios de una entrada de este vuestro blog, sobre cómo esa generación que creció leyendo el Muy Interesante ansiaba con toda su alma que el futuro dejara de ser tan cutre. Cutre en todos los sentidos, pero especialmente en el apartado del entretenimiento, un aspecto que queríamos ver mejorado porque el triunfo de las nuevas tecnologías alimentaba la esperanza de un cambio mucho más profundo. Un mundo más avanzado, por fuerza, influiría en otras dolorosas regiones de nuestra cotidianidad. Nadie usaría ya ropa de mercadillo en un coche volador. No estaríamos sentenciados a pasar nuestra vida en un hogar colmenar, insectoide, como decía una amiga mía arquitecta a propósito de los claustrofóbicos edificios que diseñaba, si podíamos acceder a una colonia en la Luna o bajo el océano Pacífico; en casas redondas, sin ángulos rectos y energéticamente independientes. No nos sentiríamos tan cerca todavía de esa España negra de Pascual Duarte si por fin conseguíamos dejarla atrás al cambiar de milenio, ahogándola en un tsunami purificador de ciencia, progreso y modernidad.

Y en fin, seguimos viviendo en cajones de cemento. Nuestros vehículos todavía rulan sobre ruedas y quemando gasolina. Vestimos de puta pena, y hemos cambiado la uniformidad lamentable de un chándal de algodón y poliéster por la engañosa variedad de las marcas multinacionales. Pero la nave va, lenta y despacio, pero va. Mucho de lo que nos rodea sí cuajó en esta década que agoniza, sí se materializó con éxito desde aquel pasado de Cola Cao y galletas, de catarros tratados con cataplasmas caseras, de veranos de tortilla de patatas, chiringuitos llenos de alcohólicos, quemaduras de segundo grado y piscinas municipales con el fondo desconchado.

Algunos sueños se han cumplido. Y aquí vamos a consolarnos con esas pequeñas muestras del futuro que logró alcanzarnos, que preparan las bases para una modificación más profunda, un cambio que verán hecho realidad los bebés que nacerán en la próxima década. Nosotros no. Nosotros espicharemos impregnados de siglo XX, como Gottfried Rinkley, histórico héroe y benefactor de la humanidad.

Iremos intercalando pequeños y grandes cachivaches con nuevas costumbres y paradigmas, con la intención de animaros cuando el cabrón de turno en el trabajo, en la panadería o en la cola del banco os haga pensar que ocupamos el mismo plano de existencia que los personajes de Crónicas de un pueblo.

Este repaso no pretende ser exhaustivo, sólo aproximativo. Y está abierto a vuestras sugerencias.

Ordenadores personales

Oh, sí, ya existían desde hace mucho, desde que Asimov era un estudiante. Los chavales de los primeros años ochenta tuvimos aquellos remedos de plástico que popularizara Sinclair, pero lo que de verdad nos alucinaba no era el Spectrum de nuestra mesa camilla, sino las computadoras de las películas, que eran a su vez exageraciones y mentiras del hardware y software del momento. Lo que queríamos era un ordenador con monitor de fósforo verde, disquetera y teclado “profesional”, como los llamábamos, máquinas tan asombrosas que hasta podían interconectarse entre ellas mediante un módem.

Hasta la explosión de Windows y los ordenadores clónicos (cuando los listillos abofeteables soltaban en voz alta: “No merece la pena, es mejor comprar los componentes y montarlo tú mismo”), aquello no empezó a normalizarse del todo.

Hoy disponemos por fin de computadoras como Dios manda, como las de Tron y Juegos de guerra, como las de Sueños eléctricos y La mujer explosiva. No mejores (por algo el cine es superior y más grande que la vida misma), pero sí lo bastante dignas y completas. Tenemos hasta varias de ellas, y se puede detectar quién pasó hambre de ordenadores en su primera juventud por la cantidad de computadoras que ves en su hogar. Os escribo esto desde un portátil, por cierto...

Todavía no piensan, todavía no te preguntan si soñarán cuando las apagues (mi querido HAL, “No lo sé”, como te contestaba el Dr. Chandra; yo sí sueño contigo), pero esto marcha.

Matrimonio homosexual

Los gays pueden casarse. No obstante, eso no es lo más importante. Ser maricón en España es por fin una anécdota que sólo las viejas y los cotillas se empeñan en magnificar. Con un poco de suerte, nuestros nietos (y si no, nuestros bisnietos o tataranietos) ya no necesitarán demostrar con bromas que no albergan prejuicios, ni luchar para erradicar de sus mentes condicionamientos sociales o costumbres adquiridas. Con un poco de suerte, les dará igual el género de sus compañeros de cama. Amarán más y mejor, porque no limitarán sus oportunidades de ser felices a un único sexo. Con un poco de suerte, en mi próxima vida seré como Miguel Bosé. Con un poco de suerte.

Televisores planos, televisión a la carta

Aquí sí, viejos, aquí sí. Eran vaporware o capricho de millonarios en los primeros años noventa. Y luego, las fiables y leales pantallas de tubo empezaron a mutar poco a poco: mando a distancia, sonido estéreo, entrada para euroconector y tamaño 16:9. Hasta hace unos cuatro o cinco años, cuando cadenas como Carrefour, Mediamarkt y El Corte Inglés nos machacaron vivos el nervio consumista, porque según ellos, la alta definición y la TDT no mostraban su verdadero potencial más que en una pantalla plana.

Incluso en las chabolas de los barrios marginales hay televisiones planas como las que se insinuaban en Acción Mutante, de Álex de la Iglesia.

Y yo estoy más contento que unas castañuelas. Ya no podré reparar la mía cuando se averíe. He quedado desfasado como técnico, algo que en el fondo me la pela: estoy demasiado ocupado disfrutando de mis clásicos de siempre con el formato correcto y los colores más nítidos que nunca.

Por otro lado, también nos igualamos a los afortunados protagonistas de las ficciones cinematográficas norteamericanas, que disponían de un sinfín de canales y podían elegir entre ver Casablanca, la Super Bowl, Cops o la repetición del show de Oprah.

Un poco más allá, la fantasía de acceder a canales temáticos donde sólo se emitiera el rollo que nos fuese a cada uno, se hizo realidad con el paquete inicial que anunciaba Marisa Paredes, y después se definió del todo con las plataformas digitales. Por fin un canal de ciencia-ficción y otro de terror. No importaba que la mitad de la programación consistiera en viejas series compradas a precio de derribo. La Calle 13 fue mi segunda dirección durante años, aunque me pasara las horas muertas viendo a la arpía de la señorita Fletcher.

Halloween

Este año, mi primo A. vino a mi casa con su hijita de cuatro años disfrazada de adorable engendro. Ella y todos sus coetáneos no conocerán cómo era esa fecha antes, y es genial que así sea. Unas jornadas de exagerada pena y suspiros por los que ya no están, de culpa y remordimientos en forma de ofrendas florales en los cementerios, de misas pagadas, de luto nacional.

Ahora hay risas en las calles. Y películas de terror en la televisión. Cojonudo.

Reproductores de mp3


De la cinta de cassette y el vinilo, al compacto (la progresión por los formatos de un melománo empedernido quedaba registrada en esta recomendable entrada del Dr. Quatermass, que hasta llegó a ser usuario de mini-discs). Del CD a... la nada, a datos, a unos y ceros decodificados por un artilugio del tamaño de una caja de cerillas que transforma esa información en música.

Los reproductores de mp3 portátiles sencillamente son tan de ciencia-ficción que ni siquiera habríamos entendido el concepto si nos lo hubieran explicado hace veinticinco años, cuando íbamos a la tienda más cercana a por cuatro pilas alcalinas para el walk-man.

Horas y horas de autonomía, sonido exquisito y discografías enteras en nuestro bolsillo. Caminar por la acera con nuestra música favorita atronando en las orejas suaviza la sociopatía y mejora la convivencia. La próxima vez que me veas a tu lado, respira tranquilo, no te oigo a ti: oigo a Van Morrison, a David Bowie, a The Pastels, a Queen... así que no querré matarte.

Cremaciones


Y hablando de muerte e hilando también con Halloween, la incineración. De nichos (colmenares e insectoides, como los pisos de mi amiga) esperándonos pacientes, a la desintegración a mil grados de temperatura. Todo el mundo quiere ser quemado a lo jedi y esparcido en el mar, en el río o en la montaña. La industria funeraria ni ha rechistado: no peligran sus ingresos. A las aseguradoras les da igual: seguimos pagando sus pólizas. Pero los que venden claveles, lirios y azucenas a las puertas del cementerio se estarán cagando en todo lo que se menea. O en todo lo que no se menea.

Hasta hace muy poco, solicitar que tus restos fuesen incinerados era una excentricidad. Y ahora es un cachondeo. Todo cristo al hornillo, donde a veces deben aplicar más calor para fundir el corazón, el órgano más resistente del cuerpo humano. Para que luego digan que es sólo un músculo, una víscera.

Libros electrónicos

Han tardado más de diez años en implantarse. Y aún les queda un largo camino de evolución y desarrollo. Pero ya están aquí, y han venido para quedarse. Como los buenos poltergeists tecnológicos que son, los ereaders asustan a las editoriales, que empiezan a verle las orejas al lobo.

Soy una rata de biblioteca y no dejaré de comprar libros convencionales, pero como lector, la posibilidad de contener mis novelas favoritas en uno de estos aparatos, me emociona.

Al igual que con el mp3, tampoco lo habría entendido si viajara desde el 2010 hasta 1988 y me explicara a mí mismo la idea.

Drogas de diseño

En realidad, muy antiguas. Me encanta que existan. Todavía no han abandonado su cualidad casposa y tétrica, su naturaleza clandestina. Pero vamos por el buen camino, por el camino de Philip K. Dick, por el de Bruce Sterling, por el de Aldous Huxley y por el de Neal Stephenson.

Sueño con (voz de Tyler Durden doblada al español) una sociedad drogada y feliz. Todos hasta las trancas y con pequeñas pistolitas dosificadoras, para picarnos como es debido.

Discos duros multimedia

Un avance que anunciaba convencido Pumares en su Polvo de estrellas (etapa de Onda Cero) a principios de esta década, antes de que lo echaran de allí a patadas. Un cacharrito que almacena en organizadas carpetitas todo lo que le meto a saco. Mi gadget favorito. Y me sorprende que no se vendan tanto, cuando son la hostia en verso.

Ya no concibo vivir sin mi Woxter.

La prohibición de los toros

Primero en Cataluña, coming soon en tu plaza de toros más cercana, prenda. Me da igual que todo forme parte de un juego de tronos politiquero de medio pelo. El caso es que no habrá corridas en Cataluña. Algún día, en este país, de la barbarie taurina sólo quedarán museos subvencionados, documentos gráficos, un poco de vocabulario y frases hechas residuales.

Cambiemos de tercio, hablemos de...

Teléfonos móviles

Al contrario que con los mp3 o los ereaders, mis compis y yo sí habríamos comprendido el concepto. No en vano, seriales de televisión, películas e incluso personajes de cómic hacían uso de sus versiones particulares de la comunicación inalámbrica. Desde Star Trek al zapatófono de Mortadelo, desde el casco de Koji Kabuto a los relojes multifuncionales de James Bond.

Cuando yo era pequeño, abundaban las carpinterías en mi barrio. Locales ruidosos, llenos de serrín y hasta los topes de tacos de madera. Mis amigos y yo buscábamos rectángulos con el tamaño apropiado. Luego pintábamos con un bolígrafo pantallas y botoneras. Y ya teníamos nuestros walkie talkies de ensueño.

Ironías del destino, los celulares no llaman mi atención, aunque gaste, como casi todo el mundo. Pero han cambiado el modo de entender la telefonía y, para bien o para mal, nos han vuelto localizables las veinticuatro horas del día.

Dentaduras perfectas y duchas diarias

Carlos Herrera solía insistir en que es una de las transformaciones más importantes en los hábitos de nuestro país y también una de las que menos se señalan cuando miramos atrás para establecer comparaciones. Hemos pasado de las caries de la posguerra y el desarrollismo económico, de las prótesis dentales antes de llegar a los sesenta, a lucir los mismos dientes sanos de esas suecas y francesas que querían follarse los españolitos en los años sesenta.

Españolitos que hedían. Lo de las duchas diarias es añadido mío. Hace poco, los de El Intermedio cazaron a Dani, el de El canto del loco, en uno de esos photocalls repletos de famoseo. Le preguntaron que cada cuánto tiempo cambiaba las sábanas y él bromeó con la respuesta: “Como cuando éramos niños, que nos lavábamos una vez por semana”. Y ese orangután tatuado lo clavó. Me dejó con la boca abierta. Me hizo recordar. La magdalena guarra de Swann en mi salón comedor. Yo me bañaba los domingos, y cuatro veces al mes era una media alta en relación a mis vecinos adultos...

Dientes limpios y cuerpos limpios. Cuerpos sin olor a manteca, ni a aceite de oliva, ni a guisos; cuerpos sin esa pestecilla prepúber, entre agria y almizclera, que emanaba de nuestras camisetas y nuestros pantalones parcheados. Señoras mayores que no atufan a pis, hombres que no apestan a la cerveza sudada en los andamios. Culos frescos, pies cuidados, cabellos donde ya no se pueden freír huevos aprovechando el excedente de grasa.

Videoconsolas

Crecimos con ellas, pero les costó lo suyo alcanzar a las máquinas recreativas que tanto nos hipnotizaban. Eso sí, cuando llegaron a la meta, destruyeron la competición para siempre, al menos en España. A veces echo de menos los salones, pero es una nostalgia putilla, que oblitera lo negativo y realza sólo los mejores momentos de aquel pasado de monedas de cinco duros que alquilaban por unos cuantos minutos un pedazo de nuestra diversión favorita.

Las videoconsolas actuales mueven millones de polígonos por segundo como el que no quiere la cosa, sostienen preciosos mundos virtuales en los que es un placer perderse y no te piden que insertes dinero al final de una partida.

Las portátiles son cada vez más potentes y cuando juego en mi Nintendo DS, en ocasiones me es inevitable admirarla como el pequeño prodigio futurista que en realidad es.

Fin del servicio militar obligatorio

Para vosotras se allanaba el camino y se diversificaban las opciones. Nosotros teníamos que hacer la mili. Nasíos pa matar.

Exceptuando la triste maleta de cartón y los gastados consejos paternos, nada me distinguía de la quinta de Antonio Muñoz Molina. Y no me obligaron a cantar el Ardor guerrero, pero me harté de hacer instrucción, de fregar suelos y de cargar con mi cetme. Las borracheras constantes y los buenos amigos aceleraron ese tiempo de secuestro institucional. Lo más destacable: volé en un Hércules y me soltaron en Tenerife como a Charlie Sheen en Platoon.

Ya no hay mili. Increíble.

Cámaras fotográficas digitales

Más viejas que el Apolo 11. Como tantos diseños de la era espacial, tardaron lo suyo en estar disponibles para el hombre de a pie, con el tamaño adecuado y a una buena relación calidad/precio.

La máxima pega que debieron combatir fue la superioridad técnica de las cámaras convencionales de media y alta gama, pero lo consiguieron, y esta década supuso el final del carrete, de los revelados y de los álbumes con tapas horteras. Se acabó también esa limitación ahorradora que nos imponíamos ante la tentación de darle al dedillo indiscriminadamente, por aquello de que foto hecha, foto que habría que pagar después. Ya podemos emular a los fotógrafos profesionales, los únicos a los que no parecía dolerles el bolsillo abriendo y cerrando el obturador cientos de veces al día.

Bueno, bonito y barato

China nos ha inundado con sus plásticos y su electrónica de saldo. A efectos prácticos, a pequeña escala, lo más llamativo, a mi juicio, es la enorme cantidad de productos que se han vuelto ridículamente asequibles, más de lo que habríamos esperado desde ese pasado austero en el que hasta un compás o un bote de cola para las manualidades del colegio suponía pasar por la caja de una de esas librerías que olían tan bien. Olían a tebeos. Olían a dinero, las muy jodidas. Como las jugueterías de barrio, otro sector de las PYME que los amarillos se ventilaron con sus precios imbatibles y la mejor de sus sonrisas.

Fue la democratización de lo diminuto y el fin de una serie de marcas comerciales patrias más privilegiadas que esos controladores aéreos que tanto ruido han generado estos días. Cuando los primeros Todo a cien llegaron a mi barrio, yo alucinaba. Y si no fuera porque me pillaron ya con los huevos negros, habría hecho una compra absurda de varios miles de pesetas con:

-Una caja de cincuenta rotuladores. Nunca tuve una.
-Muchos cuadernos de tamaño A-2, para dibujar pollas.
-Un par de bombos repletos de indios y vaqueros.
-Muchas cajas de petardos.
-Linternas variadas. Me encantaban las linternas, cazaba grillos con ellas.
-Todas las imitaciones de Masters del Universo que viera. Dios, eran carísimos los jodidos Masters.
-Todos los coches teledirigidos que me encontrara en las estanterías. También a precios prohibitivos en mi infancia. Es más, ni siquiera funcionaban con radiofrecuencia.
-Rifles y pistolas de agua. Había que ahorrar un par de semanas para hacerse con una y luego se fastidiaba el gatillo o empezaban a tener más fugas que el Titanic.
-Unos cuantos estuches de ceras blandas. Para seguir dibujando pollas (más artísticas, eso sí) cuando se me secaran los rotuladores.
-Todos los robots con lucecitas y andares torpes que hubiese podido cargar en bolsas.

Anexo: Internet


El punto unificador en el que confluye este experimento. El cablecito que viene pegado por la pared y nos conecta a todos en este trasunto de ciberespacio consensuado salido del universo neuromántico de William Gibson. En lugar de cowboys de consola, trolls con acné, en vez de hielo generado por imponentes I.A., contraseñas de dieciséis dígitos, en lugar de roms albergando personalidades muertas, memorias USB. Y Gibson acertó también con la jerga específica y enrevesada. En World of Warcraft incluso hablábamos nuestra propia lengua.

Toda mi vida soñé con esta puta mierda. Me chifla Internet. Ya estamos más cerca del ansible. Fuck yeah.

Y esto es todo lo mío. Pero como os dije más arriba, no es un texto cerrado. Me gustaría saber qué otros cambios, electrónicos y vitales, os han llamado a vosotros la atención.

Actualización: la versión de esta entrada en Las puertas del Caos

Click aquí.

Adiós a Blake Edwards




Y gracias por tantos años de diversión.

Blogdanovich


Con ese nombre, ya os imaginaréis de quién es el blog. Exacto, del gran Peter Bogdanovich, al que le debo muchísimas horas de solaz y relajamiento. The last picture show y Texasville (van juntitas las dos, atadas por un lazo de veinte años, y así las compré en dvd, unidas en un pack), Ilegalmente tuyo, ¿Qué me pasa, doctor? y Máscara, que era como El hombre elefante, pero en sensiblera y deliciosa versión teen.

El sitio lleva abierto pocos meses, pero el tío se lo curra, rememorando sus películas favoritas bajo la categoría Picture of the Week, aunque el feedback recibido sean tan escaso, algo que me sorprende, máxime cuando hoy cualquier artistucho de poca monta suele tener el cajón de comentarios a rebosar de admiradores y trolls.

 (Click en el banner para acceder a Blogdanovich)

Juego de patriotas


Jack Ryan apareció por primera vez en una novela de Tom Clancy en La caza del Octubre Rojo, en 1984. A partir de ahí, se convirtió en su personaje estrella, y conforme las novelas triunfaban primero en su país y luego en el resto del mundo, las aventuras de Ryan, historiador naval y agente de la CIA, eran trasladadas a la pantalla grande.

El primer actor que dio vida en cine a Ryan fue Alec Baldwin en La caza del Octubre Rojo, en 1990. Luego tomaría el relevo Harrison Ford en Juego de patriotas y Peligro inminente. Lo último que supe de Ryan es que adoptaba la cara de madelman inexpresivo de Ben Affleck.

Las películas con Jack Ryan, exceptuando alguna que otra secuencia, algún que otro momento que a saber a quién habría que felicitar (al fotógrafo, al montador, al que les echó algo en el café para que aquella producción funcionara), son de una sosería bostezante. Por ese constante aburrimiento experimentado con los largometrajes, tardé en acercarme a los libros.

Ésta es mi segunda novela de Clancy y he tardado en acabarla, pero no porque se me repitiera el tedio que padecía con las películas. Tanto Peligro inminente como Juego de patriotas son la clase de novelas que los que abogan por una literatura relevante, una literatura que trascienda, ponen como ejemplo de mediocridades que llegan hasta el gran público más por valores externos de imposición y promoción de un producto que por su verdadera calidad. Puede que así sea en muchísimos casos (aunque luego lo que haya dentro del tocho de moda de turno sea un ejercicio modélico de oficio y talento unificados), pero en el de Tom Clancy es aún más discutible, porque el reconocimiento a su trabajo le llegó en plena madurez, a los cuarenta y dos años de edad, después de haber sufrido incontables rechazos por los mismos editores que luego le adularían para que firmara con ellos su próximo contrato. Como Ryan, su alter ego idealizado de ficción, Tom Clancy es un escritor hecho a sí mismo. Un hombre corriente, apasionado de las armas y de la cultura militar, un escritor de novelas de acción e intriga meticulosamente documentadas y con un diseño de personajes asombroso.

Me sucedió con Peligro inminente, y ahora de nuevo con este Juego de patriotas: son textos que atrapan no por sus tramas principales, sino por los pequeños detalles que te permiten conocer a sus personajes. Resulta curioso que portadas que evocan conflictos internacionales graves, y que transmiten cierta sensación de frialdad inicial sean luego novelas tan humanas, tan minuciosas e incluso sentimentales.

En Juego de patriotas, Jack Ryan vive un momento dulce. Su mujer espera a su segundo hijo y junto con ella y su pequeña Sally, de cuatro años de edad, pasa unos días de vacaciones en Londres. Por azar, Jack impide un atentado terrorista que tenía como objetivo a la familia real y se convierte en un héroe para Inglaterra. La reina incluso lo nombra caballero. Pero la intervención de Ryan frustrando el asesinato de los príncipes llama la atención de Sean, un importante terrorista que decide dar un golpe en los Estados Unidos, para llevar el conflicto irlandés hasta el corazón mismo de Norteamérica.

En este punto, Juego de patriotas produce algo de nostalgia. Clancy insiste, a través de sus personajes secundarios, los oficiales de la CIA que reclutan a Jack para que busque patrones y pistas en la enorme cantidad de archivos pendientes de analizar, que Estados Unidos nunca había sufrido un atentado terrorista, y que la posibilidad de un suceso así es un riesgo a considerar y vigilar.

Por lo demás, Juego de patriotas posee esa inmediatez y plena disponibilidad de las buenas novelas. Puedes entrar en ella y salir por el otro extremo en cuestión de horas o puedes dejarla aparcada durante meses, sin ningún problema, porque volverás a engancharte nada más retomarla de nuevo. También esto es señal de que Juego de patriotas no fue flor de un día. Desde 1987 hasta que le he puesto las zarpas encima, el escenario social y político ha cambiado, y en cuanto al consumo de best-sellers se refiere, se llevan otras temáticas bien distintas, pero la historia que nos cuenta el autor, ese duelo entre el deber y la venganza, entre la brutalidad de los integrismos ideológicos y la confianza en los mecanismos defensivos de una democracia, me sigue pareciendo un marco de reflexión muy interesante.

Una gran lectura, que os recomiendo sin reservas, aunque sea a estas alturas, tanto tiempo después de su primera edición. Sobre todo para que experimentéis esa frescura del Ryan de papel frente al de las películas, y para que observéis esa manera que tiene Clancy de atrapar vivos a sus lectores, a base de microhistorias y descripciones geniales de entornos, personajes y situaciones.

Breaking Bad, Temporada 1


Walter White (Bryan Cranston) hace lo correcto. Como todos. Se levanta temprano, desayuna con su familia, se marcha a trabajar, regresa, ve un poco de televisión y se acuesta hasta el día siguiente. La vida normal, la vida requerida, la clase de vida que sostiene nuestra civilización. Y Walter es feliz, pero a ratos, como todo el mundo.

Walter es profesor de química. Adora su especialidad, pero no consigue transmitir su amor por la ciencia a la panda de estudiantes abotargados que acuden a su clase, pese a que él explica los misterios de los elementos y las reacciones moleculares con imaginativos ejemplos gráficos y verbales. Como el sueldo no le alcanza para llegar a fin de mes, complementa sus ingresos como dependiente en una tienda de fotografía.

Walter ama a su familia, pero su hijo adolescente padece una minusvalía que lo ata a unas muletas y a otra clase de dependencias para él humillantes, como la necesidad de ayuda en actividades tan cotidianas como cambiar de vaqueros o de calzado. Su hermosa mujer sigue enamorada de él, pero los frecuentes problemas económicos atacan a la base misma de su hombría. Su cuñado, un fanfarrón oficial de la DEA, bromea constantemente con él y cada vez que coinciden en una cena o barbacoa, hace ostentación de su fuerza física, de su labor por la comunidad y de su gorilesca masculinidad.

Por último, Walter tiene cáncer de pulmón. De los chungos, de los que se te llevan por delante en un par de años, y eso siendo muy optimistas. Su seguro médico no cubre los noventa mil dólares que cuesta la quimioterapia.

Un día, Walter decide que no morirá dejando a su familia poco más que algunos recuerdos y un montón de deudas. Se asocia con Jessie (Aaron Paul), un ex-alumno suyo, y se dispone a fabricar en cantidades industriales la metanfetamina más pura y cojonuda que hayan probado nunca los yonkis de su maldita ciudad.

El título de esta serie, al menos en esta primera temporada, describe sólo parcialmente las zonas más destructivas de ese giro hacia el lado más bestia de la vida que emprende Walter. Porque en el fango, cualquier recompesa adquiere su verdadero significado, cualquier pequeña victoria se saborea como si fuera la última, cualquier muestra de valor y coraje devuelve las fuerzas y refresca el espíritu.

El protagonista ya no tiene nada que perder. Lejos de resignarse y buscar un rincón para morir, rompe con su arado de cabestro cuando empieza a sospechar que nunca ha sido más libre, y que se le presenta la oportunidad de volver a sentirse un hombre.

Y todo esto en sólo siete episodios, y con un comienzo de segunda temporada impactante. Si no os convenzo ya con este parco resumen (palabrita: no he desvelado ni un 5% de lo que os espera en Breaking Bad), no sé qué más puedo hacer o decir al respecto. Para mí ha sido lo más interesante que he visto este año en el apartado televisivo, sólo un poco por debajo de Supernatural, y a la espera de que Boardwalk Empire y The Walking Dead completen su primer ciclo para hincarles el diente.

Un meme musical: top 5 de mi mp3


El organizador de este juego es Mr. Lombreeze, de De gusanos y lombrices. Os copio y pego la propuesta.

"La pregunta es muy sencilla:¿cuáles son las 5 canciones más reproducidas en tu cachivache mp3? Y cuando digo canciones, me refiero a eso, a canciones (no vale música instrumental). Ah, otra cosa, para este meme solamente las no cantadas en español". Y extiendo la invitación en su nombre para que participéis si os apetece.

Un matiz importante: "No hagáis trampas para haceros los guays". O sea, que si estáis todo el día  dale que te pego con los Jonas Brothers y Rihanna, pues sin vergüenza, sinvergüenzas. Y nada tampoco de mencionar a los Television Personalities sólo por no ser menos y aparentar cultura.

5.- Just like heaven, The Cure. Robert Smith en estado de gracia. Una de esas canciones que le darían la vida a un muerto.



4.- Beautiful ones, Suede. "Oh, here they come, the beautiful ones, the beautiful ones...".



3.- Debaser, The Pixies. En realidad acostumbro a oír entero el Surfer Rosa y el Doolittle. Con los Pixies es como comer pipas.



2.- Ultra Violet (Light My Way), U2. ¿Qué decir a estas alturas de Achtung Baby? Que tocaron techo con él. Un disco arriesgado, rupturista e irrepetible.



1.- This old heart of mine, The Isley Brothers. Hablamos de esta maravilla aquí, hace unos años. Es mi canción especial, la que todo lo puede, la que me hace sonreír y menear el bullarengue en cualquier momento.



Ea, ya está. Avisadme si continuáis el juego, por favor, que me gustaría ver vuestras listas.

Canguelo


Los jugadores de survivals, aventuras y shooters de género sabemos que la compañía de amigos en Ventrilo, Skype o Live no disipará el miedo. Al contrario, lo potencia, como le sucede a este menda con Amnesia: The Dark Descent. No, es mejor enfrentarse a este tipo de videojuegos en  soledad, con las luces apagadas, los cascos a todo volumen y el culo bien apretado. Pero si hay que gritar, se grita.

Tumblr, la importancia de un cluster


Tumblr lleva caído unas dieciocho horas. Algo bastante frecuente en esta plataforma, que se vuelve sospechosamente inestable justo en las horas más activas de las dos distintas partes del globo, y sobre todo los fines de semana, donde cuesta acceder al dashboard en determinadas ocasiones.

Es una lástima, porque el concepto Tumblr es muy interesante. Aunque su sistema acepta un alojamiento convencional de contenidos, la mayoría de sus usuarios parecen coincidir en lo práctico que resulta de cara a publicar imágenes o textos breves de manera inmediata. Lo micro gusta. Y es muy adictivo.

Si Tumblr hubiera sido absorbido por Google, estoy seguro de que estos fallos se habrían solventado hace ya mucho tiempo, con la robustez que proporciona a cualquier empresa el respaldo de un gigante en el sector (ejem, Blogger). Según Silicon News, que a su vez recoge la información de Techcrunch, Tumblr se encuentra en pleno proceso de ampliación de capital, de modo que esta crisis parece ser sólo temporal y exclusivamente de carácter técnico.

Espero que así sea, y que sólo se trate de un cluster revoltoso, como afirman en ese mensaje tipo que tantas veces tenemos que aguantar los frustrados tumbleros, ese odioso "We´ll be back shortly".

Actualización, 7 de diciembre de 2010. El staff de Tumblr publica el siguiente comunicado en el dashboard de sus usuarios:

"Yesterday afternoon, during planned maintenance that was not intended to interrupt service, an issue arose that took down a critical database cluster. This brought down our entire network while our engineers worked feverishly to restore these databases and bring your blogs back online.

While you might feel like you’ve gotten used to seeing errors on Tumblr recently, know that this is absolutely unacceptable to our team, and unacceptable for a platform determined to be the best place in the world for your creative expression.

Frankly, keeping up with growth has presented more work than our small team was prepared for — with traffic now climbing more than 500M pageviews each month. But we are determined and focused on bringing our infrastructure well ahead of capacity as quickly as possible. We’ve nearly quadrupled our engineering team this month alone, and continue to distribute and enhance our architecture to be more resilient to failures like today’s.

We can’t apologize enough, nor can we thank you enough for putting up with these growing pains. We know how impossibly frustrating it is to see your work offline. But please always know that we truly care about your work as much as you do, and we have an incredibly capable team working incredibly hard to take good care of it.

Sorry we let you down today".

Que sí, pero mi blog sigue sin furular a pleno rendimiento.

Quince años alevosos


En 1995, Luis Eduardo Aute presentaba Alevosía, con producción de Gonzalo Lasheras y grabado en los estudios La Nave.

Unos años antes, su Slowly había sonado con timidez en las radiofórmulas, con los singles L'amour avec toi y el nostálgico y encantador Slowly, que tuvo problemas legales por un quítame de aquí estas estrofas con copyright. Pero Alevosía ni siquiera apareció en la lista de los Cuarenta Criminales. Pocos meses después de su lanzamiento, Virgin rebajaba su precio y lo incluía en su línea económica.

Como tantos grandes discos en la historia de la música, Alevosía fue un trabajo extraño y muy personal nacido al amparo de una multinacional del entretenimiento. Luis Eduardo Aute tiene su público habitual y todavía, a fecha de hoy, debe de ser lo suficientemente rentable como para que le permitan continuar grabando sus composiciones. Supongo que ni él esperaba tampoco un clamoroso éxito. Pero este disco mereció mejor suerte, y mayores ventas.

No hay ni una sola canción floja de entre las doce que conforman la obra. En un estilo melódico, sazonado en ocasiones con aproximaciones cautelosas a ritmos más étnicos, Aute armaba de manera literaria y exquisita su devoción por el eterno femenino. Naturalmente, Alevosía es un disco sobre el amor. La mujer como militancia, como escuela filosófica, como razón de ser y existir. Y para que quedara bien claro, Aute dedicaba Mojándolo todo al cunilingüis, sin que resultara grosero ni excesivo. ¿A que nunca habéis oído una balada sentida, seria, poética y conmovedora sobre el placer estético de comerse un buen coño?

Y Mojándolo todo es sólo una parte de lo que os espera en Alevosía. En Dear Peter, Aute bromeaba de nuevo con el asunto de Slowly y se marcaba un homenaje al Don´t give up de Peter Gabriel y Kate Bush. En Invisible, uno de los temas que tuvo videoclip, el cantante se rodeaba de un cuarteto de cuerda imaginario para manifestar su afán de protección al ser querido a través de la invisibilidad. Aunque para mí, el momento cumbre de Alevosía llega con el dueto Arrebato, a medias con Misia, que elevaba a arte con su voz las ya de por sí inspiradas líneas de Aute: "Contigo atraparé los sueños que fueron clandestinos, aquellos que aún no tienen dueño, acaso el torbellino... Y mantendremos el empeño de combatir molinos, que la razón, sin el ensueño, produce desatinos".

No es fácil escribir sobre el amor sin que el resultado remita a parvadas bochornosas de diario (o blog) adolescente. Tampoco lo es integrar esa prosa en la música adecuada. Y mucho menos que vayan transcurriendo los años y que tu discurso, tan peculiar, no sea confundido como una legitimación artística del donjuanismo más alocado. Pero este disco, con colaboraciones como la de la ya mencionada Misia, Javier Álvarez y Silvio Rodríguez, con su excelente factura técnica y con su calidad a prueba de bombas, consigue que el tiempo, ese payaso, se muera de risa, y permanece, quince años después, más vivo y alevoso que "el pañuelo de Desdémona en las manos del pobre Otelo".

(Click en la imagen para acceder a Alevosía. Requiere Spotify)

World of Warcraft: Cataclysm


Como ex-jugador de WOW, no puedo evitar alegrarme por lo que se les avecina a mis compañeros de batalla que aún siguen en activo. Dentro de unos días, accederán a nuevas regiones, habilidades y personajes con la inminente expansión Cataclysm. Así que el fondo de escritorio de este mes va dedicado a ellos.

Para más información, tenéis a vuestro alcance el blog Las puertas del Caos, donde el enano Kelembor publica noticias, textos y vídeos relacionados con este mundo persistente online, un MMORPG que está haciendo historia.

(Click en la imagen para ampliar)