Las vidas posibles de Mr. Nobody


Título original: Mr. Nobody
Año: 2009
Duración: 135 min.
Nacionalidad: Bélgica
Director: Jaco Van Dormael
Guión: Jaco Van Dormael
Música: Pierre van Dormael
Fotografía: Christophe Beaucarne
Intérpretes: Jared Leto, Diane Kruger, Sarah Polley, Ling-Dan Pham, Rhys Ifans, Natasha Little, Toby Regbo, Juno Temple

Sinopsis: En el año 2092, Nemo Nobody, un hombre de 120 años de edad, es el último humano mortal viviendo entre humanos que se han vuelto inmortales gracias a increíbles avances científicos. Cuando Nemo se encuentra en su lecho de muerte, revive varias posibles existencias y matrimonios que tal vez pudo experimentar.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)


—Sr. Insanus, ¿cómo ha podido vivir todas esas vidas al mismo tiempo? ¿Cómo puede estar vivo y muerto a la vez? Es imposible.

—Oh, sí. Es más sencillo de lo que parece. A lo largo de nuestra conversación le iré mareando con términos y conceptos de física cuántica y astronomía que ni siquiera yo entiendo demasiado bien. Pero conseguirán lo deseado, que es aturdirle, para que mis majaderías parezcan más sólidas.

—¿Puede extenderse más?

—No. Entonces la falacia se desvanecería. Yo mencionaré la teoría de cuerdas, los agujeros de gusano, los múltiples universos, las dimensiones aún no descubiertas, el Big Bang, el efecto mariposa, y también añadiré ángeles, sueños, un cuento de ciencia-ficción y…

—Pero, ¿por qué?

—Porque sólo hay algo aún más divertido que tratar al espectador de una película como a un imbécil…

—¿Película?

—… y ese algo es hacerle creer que es inteligente y especial, el receptor importante de un simbolismo que sólo él podrá apreciar en su verdadera magnitud. Y si además hacemos una buena taquilla, ya ni le cuento.

—¿Somos personajes en una película?

—Podría ser. ¿Cómo sabe usted que es real? Le diré algo: usted no existe. Es el resultado condicional de la elección de un niño de nueve años. La entropía, la relatividad, el gato de Schröndiger… ¿Lo va captando?

—Creo que sí. Primero filosofía barata y luego un poco de teoría científica sacada del ojete.

—Yo no soy un viejo gruñón. Yo tengo nueve años, uso pantalón corto y corro más rápido que un tren. Yo tengo dieciséis años y estoy enamorado. Yo tengo dieciocho años y una chica me ha dicho: “Bueno, vale, pero despacito”.

—¿Y a qué coño viene eso ahora?

—Jeeejejejeee.

—¿Oiga?

—Ah, perdone. ¿Lo del amor? Cosas del guionista. Siempre encaja bien y nos ganamos al sector más reticente del público.

—He consultado los archivos. A usted le gusta la ciencia-ficción. Desde el 2007 al 2015 mantuvo una web que…

—Blog. Yo escribía en un blog.

—De acuerdo, un blog. No sólo le encantaba la ci-fi sino que además manifestaba cierta sensibilidad con algunos de los temas que estamos tratando en esta entrevista. ¿No le parece contradictorio?

—En absoluto. Por eso me escogieron para esta película. Es como una especie de broma pesada. Casualidad, causalidad, destino, ya sabe…

—No, no sé. De hecho, hace tan sólo unos minutos me confesó que usted era el actor Jared Leto, que había aceptado el papel porque quería demostrarle a Brad Pitt que también podía estar tan guapo como él caracterizado de anciano.

—Ah, ¿sí? ¿Y cómo sabe usted que estoy en lo cierto? ¿Quién le asegura que no soy más que una percepción errónea de naturaleza lacaniana en un plano de realidad inestable que…?

—Vale, vale, lo pillo.

— Yo no estoy aquí realmente. No tengo ciento veinte años. Yo tengo treinta y siete años y estoy en mi casa esperando al Big Crush.

—¿El Big Crush?

—Sí, verá, cuando toda la materia procedente del Big Bang deje de expandirse y se enfríe, el cosmos empezará a contraerse y…

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Adiós a Irvin Kershner y Leslie Nielsen


Irvin Kershner nos dio dos de las secuelas que más me gustan de toda la historia del cine, la insuperable El Imperio Contraataca y la segunda parte de Robocop, que en sus manos pasó a ser un tebeo colorido y dinámico, sin renunciar por ello al legado de Verhoeven. Kershner también estuvo al mando del último Bond de Connery, Nunca digas nunca jamás, el precioso remake de Operación Trueno, donde os aguarda uno de los besos más alucinantes de toda la saga. Saltaban chispas ahí, y saliva, entre Sean Connery y una explosiva Kim Basinger.


Leslie Nielsen. De joven galán televisivo y de serie B a cabeza visible y ejecutora de los mejores guiones de los ZAZ. Yo crecí con este tío, como casi todos vosotros, con "el del pelo blanco", cuando todavía éramos espectadores puros, sin adulterar, y no recitábamos de carrerilla los nombres de un reparto, ni comprábamos el Fotogramas, cuando las comedias eran "películas de risa", cuando los gags eran "puntazos", "golpes" o "¿Y cuando el del pelo blanco va y dice...?", cuando reíamos con sinceridad en un cine o en casa, acompañados de amigos y familiares. Risas reales, de realeza y de autenticidad, no como las que se oyen ahora en los asquerosos multicines, que son risas sociales, risas de compromiso.


Que descansen en paz.

Es una década sombría la que estamos liquidando, pero todavía me preocupa más la que viene. Odio abrir la fiambrera tan a menudo. Lo odio.

End love, OK Go


Un poquito de electropop para este día lluvioso y apagado. Atentos al monumental Of the blue color of the sky Extra Nice Edition, una maravilla.



La letra, aquí


Oh sugar, oh sugar can't you see how hard I'm trying?
You know you gotta, you know you gotta eventually make up your mind.
'Cause no one's gonna find you when you're hiding in the dark.
No one's gonna find you when you're hiding in the dark.
No one's gonna find you when you're hiding in the dark. No one's gonna find you.

So won't you, so won't you talk to me?
It's time to decide.
'Cause no one's gonna save you if you don't swim for the boat.
No one's gonna save you if you won't take the rope.
No one's gonna find you when you're hiding in the dark. No one's gonna find you.

And it's end love, the sky is falling.

So sugar, so sugar dance with me this one last time.
We got no reason, we got no reason I can see to hold back tonight.
'Cause no one's gonna catch you if you can't just let go.
No one's gonna love you if you can't let love show.
No one's gonna find you when you're hiding in the dark. No one's gonna find you.

And it's end love, and the sky is falling.

Oh sugar, oh sugar can't you see how hard I'm trying?
You know you gotta, you know you gotta eventually make up your mind.
And it's end love, the sky is falling.

El desafío de Crowley


Tenía pendiente este juego, que viene de esta entrada de Tengo boca y no puedo gritar. Para sentirme más libre, he intentado no mirar los abundantes comentarios que generó la propuesta o las respuestas bloguerianas de tipos con tan buen criterio como El becario Lucifer y Mr. Lombreeze, de De gusanos y lombrices. Sin éxito, claro: acabé dándome un delicioso empacho de imágenes y vídeos, que es lo mejor de estos memes. Vamos allá.

Comida memorable de película
Una que a Kevin Smith y a mí nos encanta, de la película Jerry Maguire. Tom Cruise y Kelly Preston, recién folladitos, calman el estómago en pelota picada. Esa camaradería casi masculina del personaje de la Preston me chifla.


Mejor gol
Ay, puñeta, que a mí sólo me interesa el fútbol cuando simulan una guerra mundial, o sea, cada cuatro años. Pero vale, el que llevaba al orgasmo a Renton (Ewan McGregor) en Trainspotting y empujaba a su mejor amigo a la drogadicción, por robarle un video casero privado que acabaría viendo medio Edimburgo. Como para encontrar una imagen o clip, juas. Me toca editarlo.



Mejor graffiti visto en una película
En homenaje a Berlanga iba a poner la pintada a tiza de Guillermo Montesinos en La vaquilla, "La Juana es una fascista", pero como no la encuentro por la red y me da pereza sacar una captura, vamos con otra bien mítica:


Mejor thriller político
El color de la ambición, de mi querido y ya fiambre Herbert Ross. Con un James Spader joven y sin papada dándole la réplica a un John Cusack de Oscar.


Mejor película con aviones
Nostalgia obliga, Top Gun. Nadie era más chulo que Tom Cruise en 1986. Su F-14, su motocicleta, su chupa de cuero, sus Ray-Ban (ese modelo en concreto se vendió como rosquillas hasta bien entrados los noventa) y su tórrida profesora de maniobras tácticas. Y en frío, Top Gun también. Verla con un sonido decente es toda una experiencia, os lo digo yo, que la tengo en dvd y la amarro de vez en cuando a varios altavoces.

Mejor película con trenes
Me debato entre Europa (cuando Triers hacía cine de verdad y no idioteces) y Tira a mamá del tren. Pobre Anne Ramsey ("¡Oweeen!"), sí, que sea Tira a mamá del tren, el remake gamberro para las nuevas generaciones de Extraños en un tren.


Mejor road movie
No es mi mejor road movie, pero sí una muy olvidada y que me apetece rescatar. Se trata de Cohen y Tate, que en nuestro país salió directamente a vídeo. Excelente película dirigida y escrita por la entonces joven promesa Eric Red, que también contaba en su haber con los guiones de Los viajeros de la noche, Cuerpo maldito, Carretera al infierno y Acero azul. Tremendo lo de este muchacho.


Película preferida por su alta sensualidad
Quills, sin duda, que atesoro entre mis estantes. Philip Kaufman ya me traía revuelto con su Henry y June desde hacía tiempo (aquí otro pollo que se puso a leer a Henry Miller bajo la influencia de María de Medeiros), pero con este maravilloso canto a la libertad y a la individualidad, con este alegato contra la censura de la doble moral más abominable, el director de Elegidos para la gloria (compra pendiente) y La invasión de los ultracuerpos (comprada, jejeje) dio el do de pecho en cuanto a sensualidad se refiere. Y qué pedazo de reparto, por Dios.


Mejor escena de sexo en un film no pornográfico
Ñum, qué gustito poner la mente a trabajar en el rincón más pringoso de mis recuerdos. Voy a por café. Ea, ya estoy. James Spader cepillándose a Deborah Unger en Crash, de David Cronenberg. Otro de esos dvds que muestran su verdadero potencial en compañía femenina...

Click al play, erecciones y humedades garantizadas:




Escena de sexo preferida en un film de Paul Verhoeven
Joder, vaya tarde de sábado, amigo Crowley. Pues la violación de Jennifer Jason Leigh por un rudo mercenario con el careto de Rutger Hauer en Los señores del acero. La calidad del vídeo es pésima, pero en fin, que no decaiga la fiesta:

Mejor peor viaje ocasionado por las drogas
Como ya está cogida la gran Miedo y asco en Las Vegas, como vuestro abogado os recomiendo que le deis un tiento a la maría que se fumaba Manolo Escobar en La mujer es un buen negocio. Si no estamos ante el peor viaje de la historia, que venga Antonio Escohotado y lo diga:


Borracho preferido de película
Siu Tien Yen, el legendario maestro de El mono borracho en el ojo del tigre. Y oye, para dar hostias no sé, pero para conseguir puntuaciones inconcebibles en el Aero Fighters, ir mamado funciona.


Película preferida en la que el protagonista es un cantante
Prince en Purple Rain. Ropa demencial, miraditas intensas y atormentadas, silencios casi autistas (o de cine español, que es lo mismo)... el puto amo, con permiso de Bowie. Curiosamente, Graffiti Bridge, con su rollo new age pacifista, ha envejecido mil veces peor.


Película en la que hay un homenaje a un cuadro o a un pintor famoso

Thomas Harris y Hannibal Lecter nos contagiaron "la maldición del buen gusto" con las constantes referencias a Vermeer (más en las novelas que en las películas), así que apuesto por La joven de la perla, a la que ya me será imposible imaginar sin el rostro de Scarlett Johansson.


Mejor novela que tenga relación con el mundo del cine o que esté basada en una película
No es la mejor, de hecho, era un pelín coñazo, pero es la única que se me ocurre ahora mismo sin tener que trastear entre cajas y estantes. Y ésta no es la portada española. Aquí salió por Ediciones B y luego ya más baratita en su línea VIB.


Mejor adaptación libre de una novela
Me encanta la versión ochentera de El filo de la navaja, dirigida por John Byrum, porque precisamente se pasa a Somerset Maugham por donde le da la gana, pero me quedo con Apocalypse Now. Joseph Conrad en Vietnam y Brando como Kurtz. Si es que no se puede pedir más.

Mejores créditos iniciales
Aquí quedaría muy fino citar algún trabajo de Saul Bass, pero qué diablos, El club de la lucha. No sabía qué me iba a encontrar en esa peli, pero me ganaron con los títulos y esa música atronadora y deliciosa.



Mejor toma larga
Como la de Sed de mal está pillada, uno de los muchos planos secuencia que se cascaba Alfonso Cuarón en la magnífica Hijos de los hombres. Click aquí para acceder al vídeo en Youtube, que está con la inserción desactivada.

Mejor película en la que se usa tecnología obsoleta
Muy buena la elección de Lucifer con Furia de Titanes, que ya nacía muerta en una década que no era la suya. Me quedo entonces con el blanco y negro de El jovencito Frankenstein.


Mejor película de animación (no Disney ni Pixar)
Ponyo en el acantilado. La distribuyó Disney, pero es Miyazaki y su Ghibli 100%. Ponyo corriendo entre las olas, Sosuke y su barquito, los fideos en una noche de tormenta... Esta película es la felicidad, la inocencia de mi gatito Ziggy hecha largometraje.


Mejores créditos finales
Uff, los hay buenísimos a patadas, pero uno de escalofríos constantes es para mí el de Sin perdón, con ese texto final, el atardecer y la musicaza de Lennie Niehaus.



Mejor Banda Sonora
Aquí me es casi imposible elegir sin arrepentirme al instante y dudar entre otras candidatas. Nada, el trabajo conjunto de Williams para los seis episodios de Star Wars. Que a saber si la primera trilogía habría soportado tan bien el paso de los años con un score de sintentizadores setenteros.

(Click en la imagen para acceder al disco. Requiere Spotify)

Mejor utilización de unas escaleras en una película
Potemkin y homenaje de Brian De Palma aparte, pues me quedo con la agobiante escalera de Rec y Rec 2, por nombrar a algún español en la lista.


Mejor club nocturno de película al que me gustaría ir
Qué bueno ese Korova Milk Bar, ese Rick´s Cafe y ese El Paraíso que habéis escogido. Yo iría a los tres a brindar con vosotros, pero ¿vendríais conmigo al Taffey Lewis Night Club? El espectáculo es genial (actúa una tal Zhora), no está prohibido fumar y sirven unos cócteles estupendos.


Mejor película norteamericana rodada por un no americano

Olé, Crowley, gran elección. Yo tengo en dvd Cowboy de medianoche y es hipnótica. Ese Nueva York mugroso es fantástico. Ése es el Nueva York que ya jamás podremos visitar. Alien mismo, por seguir con mi amigo Ridley.


Mejor película dentro de una película
Para no repetir con Cantando bajo la lluvia, pues La noche americana. "¿Son las mujeres mágicas?". Sí, son mágicas.


Mejor traición fílmica
La Traición con mayúsculas, una nacida del amor, la de Judas (Carl Anderson) en Jesucristo Superstar.



Mejor película de Navidad
Dejo de huir de las reiteraciones. Coincido. No hay otra como ¡Qué bello es vivir!, que veo cada año por esas fechas.

El humor desde el respeto


El profundo calado de ciertas películas y personajes en el imaginario colectivo se traduce en cómo son satirizados por esos genios anónimos que abundan por la red: incluso los dibujos más bestias y los fotomontajes más pasados de rosca manifiestan un respeto y un amor más allá de toda duda. Como obra de arte, que haya una comunidad de artistas usándote como motivo recurrente para sus transgresiones humorísticas es otra evidencia más de inmortalidad.

Como este Mario fanfarrón, que debió aceptar la oferta del consiglieri de Bowser.

Como esta aparición de Alex y sus drugos en Bombay. ¿Racista? Qué va, si esos entrañables descerebrados odiaban a todos por igual.

Como esta sala de espera eterna, con Bitelchús intentado robarle el turno a un recién llegado Heath Ledger.

Como esta reproducción del burofax que recibía un derrotado Marty en el 2015.

Como esta ilustración desesperanzadora, pero altamente cómica, sobre nuestras opciones ante dos de mis monstruos favoritos.

Como este hilarante fotomontaje de un David Bowman a lo belle époque.

Como este parte meteorológico despollante.

Let´s enhance




"Quiero una copia impresa de eso".

Wall Street: El dinero nunca duerme


Título original: Wall Street: Money Never Sleeps
Año: 2010
Duración: 131 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Oliver Stone
Guión: Allan Loeb, Stephen Schiff (Personajes: Stanley Weiser, Oliver Stone)
Música: Craig Armstrong
Fotografía: Rodrigo Prieto
Intérpretes: Shia LaBeouf, Michael Douglas, Carey Mulligan, Susan Sarandon, Frank Langella, Josh Brolin, Eli Wallach, Austin Pendleton, John Bedford Lloyd, Vanessa Ferlito, John Buffalo Mailer, Jason Clarke, Christian Baha, Oliver Stone, Charlie Sheen.

Sinopsis: Puesto en libertad después de cumplir una prolongada condena en prisión, el implacable tiburón de las finanzas Gordon Gekko se encuentra fuera de un mundo que en tiempos dominó. Buscando rehacer sus arruinadas relaciones con su hija, Gekko conoce por casualidad a Jake, el prometido de su hija. Juntos iniciarán un intercambio beneficioso, en principio, para ambos.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

En la periferia del sistema capitalista, a pocos kilómetros de los infiernos de pobreza en los que boquean millones de personas, no se está mal. Hasta que echas un vistazo por encima del muro de tu ghetto particular y contemplas cómo viven los demás.

En mi caso, esa fascinación llegaba vía televisión, y más tarde a través de cintas de vídeo. No fui el único chaval que flipó con Gordon Gekko (Michael Douglas). Cuánta gente estudiaría Economía por culpa de esa película, madre mía. Tuvo que ser una cantidad abrumadora. El caso es que Gordon Gekko, y sobre todo Bud Fox (Charlie Sheen), ese pupilo aventajado que representaba el exorcismo de un Oliver Stone que iba para broker del montón si Vietnam y el cine no se hubieran interpuesto en su camino, eran a su vez sólo niños jugando con pompas de jabón. Pero para que Wall Street resultara anacrónica tuvieron que sucederse los años ochenta, los noventa y parte de esta década que agoniza, donde sí hemos conocido a los auténticos mangantes.

Mientras tanto, ese fresco yuppie de materialismo lujoso fue el escaparate donde los hijos adolescentes de la clase obrera mirábamos los dulces que se comían los ricos. Había otras tiendas, por supuesto, programas y revistas rosas que te aireaban las casas de los famosos, sus coches deportivos, sus vacaciones exóticas, sus mujeres deslumbrantes y sus cenas de cinco tenedores. Pero el film de Oliver Stone no hablaba de eso. "No hablo de cuatrocientos mil dólares al año, ganar en Wall Street, viajar en primera y vivir bien. Hablo de ser muy rico. Tan rico que tengas tu propio reactor, tan rico que no pierdas el tiempo. Hablo de cincuenta, de cien millones de dólares".

La caída de Gekko y la de Bud era tal vez lo más fantasioso de Wall Street, la deferencia a la culpa y la pena judeocristiana, que funciona como la buena grasa de motor para cualquier ficción cinematográfica. Y era algo que podías captar hasta con catorce o quince años. Que suelten discursos sobre la codicia, que se acuesten con putas y se levanten con putas (menos Martin Sheen, que era un meapilas), que decoren carísimos picaderos en la Gran Manzana, que destruyan miles de puestos de trabajo desde sus teléfonos móviles de primera generación, pero que al final, paguen por ello. En tu fuero interno comprendías que los verdaderos tiburones no rendían cuentas a nadie, que campaban a sus anchas y que Wall Street, proyectada en sus salas de cine privadas, les parecería una divertida comedia costumbrista sobre la lucha de clases. Ahí es donde corrompía Wall Street. No en lo que contaba, sino en lo que no contaba.

Veintitrés años después, Gordon Gekko ha vuelto. Hay historias cuyas continuaciones sólo se entienden como maniobras comerciales. Pero Wall Street: El dinero nunca duerme (a partir de aquí, y para abreviar, Wall Street 2), aunque también enganchada a la locomotora del dinero a través de la nostalgia, es de las pocas secuelas que desde un punto de vista estrictamente dramático queda más que legitimada. Los delincuentes de guante blanco siempre tienen segundas partes.

A Herradura Azul le gusta la crisis

Gordon Gekko sale de la cárcel con un bolsito de efectos personales, los restos de su grandeza pasada. Nadie le espera en el exterior. Su hijo, aquel crío que era "un chiflado de la electrónica" con tan sólo cuatro años, ha muerto de sobredosis. Su hija, una periodista independiente que dirige una web de éxito, no quiere saber nada de él. Estamos en el 2008. La burbuja inmobiliaria todavía no ha mostrado su peor cara. Es el momento en el que los tipos listos pueden volver a sacar tajada.

Todos los que menosprecian la trayectoria errática de Oliver Stone parecen olvidar que este hombre ya firmaba guiones como soles cuando ellos estaban aún aprendiendo el abecedario en la escuela primaria. Y que podría haber desarrollado su carrera como un gran ejecutor del entretenimiento más anestésico, pero es que ésa nunca fue su intención. Stone es un tocapelotas, un provocador y un tipo conectado (quizás demasiado conectado) a la realidad de la época que le toca vivir. Una muestra de su mirada torcida y cínica está en la segunda vez que nos encontramos a Gordon Gekko tras el prólogo carcelario. Con aspecto informal, el especulador despiadado de 1987 se camela a una audiencia juvenil promocionando su libro “Is greed good?”. Así, Stone parodia el célebre speech sobre la codicia (un Oscar le valió a Michael Douglas aquello) y fotografía con rayos X a toda esa ralea despreciable de banqueros, inversores y otros demonios afines que ahora se dedican, campechanos y cordiales, a publicar libros sobre cómo hemos llegado a esta situación y las claves para salir de ella.

A excepción de Jake (Shia Labeuf) y Winnie (Carey Mulligan), nada redime a los demás personajes en esta Wall Street 2, y mucho menos a Gekko, para quien el amor forma parte de un rescate emocional a su mismo estado anímico. Al fin y al cabo, los remordimientos no son buenos para los negocios, no mantienen la cabeza despejada. Gekko nacionaliza sus sentimientos con una transferencia de cien millones de dólares. Y con ello, es libre para seguir compitiendo en bolsa, aprovechar la crisis internacional, medrar y resurgir de nuevo.

Pájaros viejos en una tormenta

Cuando alquilé El padrino III logré que mis tíos E. y R. se aficionaran a la saga mafiosa por excelencia. Y con mi tía R. fue pan comido: le enseñé con El padrino II por qué Michael (Al Pacino) sufría tanto con el recuerdo de Fredo (John Cazale) y le expliqué quién era la madre de Vincent (Andy García), mostrándole la secuencia de El padrino en la que Sonny (James Caan), con toda probabilidad, concebía a su hijo el día de la boda de su hermana. Entonces mi tía dijo: “Pues es la misma actriz”. Y era cierto. La italoamericana que aliviaba los furores varoniles de Sonny era la misma que años después acudía a la mansión de Michael intentando relacionar más estrechamente a su hijo bastardo con los intereses de los Corleone.

En Wall Street 2 Oliver Stone ha recuperado a algunas caras del pasado. Y están ahí para subrayarnos que nada cambia. Que el tiempo pasa y nos hacemos más viejos, pero que lloverá siempre sobre mojado. Esa especie de meretriz del ladrillo que vendía apartamentos en los años ochenta, sigue organizando visitas a propiedades que valen la mitad de lo que pide por ellas y continúa mareando a sus clientes con su jerga de vendedora experimentada, mencionando que las vistas son maravillosas, que hay otros compradores potenciales, que no dispone de todo el día y que no hay que preocuparse por el precio, que el banco ya ha dicho que sí a la solicitud para una hipoteca. El broker gordo que realizaba gestos sexuales con sus anchas caderas cuando le hablaban de hundir a una empresa rival, vuelve a ser la mano derecha de Gekko cuando éste reúne a su equipo después de haber transformado sus ahorros suizos en una fortuna diez veces superior a la suma inicial.

Pero es con el breve cameo de Charlie Sheen donde Stone demuestra que no hay salida en este díptico suyo sobre la ambición, sólo diferentes niveles de corrupción y sed de poder. Buddy Fox cumplió condena y ayudó a su padre con la Blue Star. La hizo crecer, la situó entre las compañías más rentables del sector y luego… la vendió. Ahora dedica su tiempo libre a las zorras de alto standing, al golf y a viajar por todo el mundo en su yate. Un buen chico.

¿Dónde esta la dulzura y esa concesión sentimental que tantos han percibido en Wall Street 2? Yo no la veo por ninguna parte.

Burbujas

El motivo de las burbujas es un elemento recurrente en la película. Y cuando se habla sobre ellas, oímos la opinión de un joven, un joven enamorado que se empeña en encontrar en las burbujas un modelo de crecimiento, un ejemplo de esperanza. Para Gekko, las burbujas son su medio de transporte, su alimento, la prole que no dudará en devorar como el Saturno de las finanzas que en realidad es. Y la energía ecológica es la próxima burbuja.

La burbuja de Stone es su izquierdismo recalcitrante, su compromiso ideológico, su interés por el pasado, presente y futuro de su amado y odiado país. Por eso esa trilogía de documentales iniciada con Comandante, por eso JFK, Nixon, Platoon, Hablando con la muerte, Nacido el 4 de julio y hasta El escándalo de Larry Flint. Pero dentro de la burbuja reside un cineasta capaz y un guionista excepcional. Y puede que Wall Street 2 no sea el mejor ejemplo de su arte como realizador, pero desde luego de inofensiva y mediocre no tiene ni un minuto de metraje.

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Lo siento, ya sé que es un coñazo, pero hay varios posts infectados de spam puro y duro y voy a tener que activar esta opción. A la entrada sobre Pontypool me remito. Si veo que incluso con el captcha puesto me siguen colando enlaces maliciosos y publicidad, pues nada, lo quitaré de nuevo.

True Blood, Temporada 3


La segunda temporada de True Blood causó controversia. La opinión que más veces leí por los foros y webs es que se hacía pesada, que el tema de la ménade no debería haber ocupado tantas horas, que ya no era el festival de sorpresas constantes del primer año. Sin embargo, yo me lo pasé pirata con la T2. Un pueblo entero poseído, follando como macacos en celo, "hondonadas" de hostias, detalles dispersos sobre ese mundo donde conviven humanos y vampiros (el hotel a prueba de luz solar, la aerolínea Anubis), la aparición de Godric, el ascenso de Eric y sobre todo ese aire enfermizo y caldeado con el que a uno le gusta imaginar los pueblos más recónditos de Nueva Orleans.

Las quejas de los espectadores parecen haber sido asimiladas y atendidas. No porque a los responsables de la serie les importe realmente practicar un ejercicio de bonito feedback con la gente, sino porque tanto lloriqueo internetero no les puede reportar nada bueno. Puede que True Blood se financie con las cuotas de los abonados a la tele por cable, pero el mercado internacional es lo que realmente llena las arcas. Así, Sookie vuelve a estar alejada de Bill en todos los sentidos, la acción se reparte entre varios escenarios y casi todos los personajes secundarios se enfrentan a nuevos problemas y peligros, tan disparatados como muchos demandaban. Y el que encarna ese exceso a la perfección es Dennis, el rey de Mississipi. Mariposón, teatral, más loco que una chota y reverenciado por sus siervos y cortesanos.

He notado demasiada dispersión, además de un barullo y un frenesí que parece estar ahí para cubrir y encubrir la peor de mis sospechas: que se vive al día, que si hubo un plan inicial se ha ido al carajo, que sólo unos cuantos meses de diferencia separa a lo que saben los guionistas de lo que sabe el público. Lo mismo que sentía viendo Perdidos.

Todos tienen prisa en esta tercera temporada, todos huyen y corretean de un lado para otro gritando como histéricos, con las venas del cuello a punto de estallar. Aparecen vampiros muy interesantes, pero no da tiempo a conocerlos porque no tarda mucho alguien en meterles una estaca por el pecho. Y una cosita: hay menos despelote que nunca. Anna Paquin apenas enseña pechuga, no como al principio, que tendría cerca a un asistente con el albornoz desplegado casi a diario, la pobrecilla mía.

True Blood sigue siendo una de las mejores series de género fantaterrorífico que se emiten en la actualidad. Lo que no sé es si el año que viene podré defenderla con esta misma frase.

Fuck you, Cee Lo Green


No es el videoclip oficial, pero debería serlo. Lo de "supongo que él es una Xbox y yo una Atari" puede que sea una de las quejas despechadas más entrañables que se hayan escrito en una canción en los últimos años.

Mullet Reloaded


El Sr. Mullet retorna. Cambia el envoltorio, pero no el contenido: sigue siendo el palacio del faceplant, la casa de los hematomas, el balneario de las ocurrencias descerebradas ("¿Y si voy y te pego con este palo como si fueras una piñata?"), el refugio desde donde su responsable nos espera a todos con los brazos abiertos para mostrarnos su forma de entender el humor y la vida en forma de vídeos incrustados. Porque hay una intención no escrita en el proyecto Mullet: reír sin complejos, sin las cadenas de lo políticamente correcto, sin las máscaras morales de la mayoría dominante, en la intimidad de un garito virtual, entre amigos y lejos de los sensibles e hipócritas ojos del mundo.

Allí veréis los prodigios más mongolos, las idioteces más abruptas, los diversos tonos del "¡Ay!" de una contusión ralentizados a lo Peckinpah. Y no pararéis de partiros la puta caja. Palabrita.

Click aquí o en mi blogroll.

Adiós a Luis García Berlanga


Permitidme que os copie unas cuantas declaraciones en primera persona del magnífico Berlanga, contra el poder y la gloria, de Antonio Gómez Rufo (Ediciones Temas de Hoy, 1990), uno de los libros de cine que más he disfrutado en mi vida, por su mezcla amena de biografía salpicada con anécdotas y recuerdos del realizador, que colaboró estrechamente con el autor.

Sobre su sentido del humor, y el de Rafael Azcona, figura fundamental de su filmografía: "Lo que se llama humor negro, denominación anglosajona que a mí me molesta, creo que en definitiva es el humor español, el humor genuinamente nuestro. Nosotros ya hemos inventado eso hace muchísimos años".

Sobre su supuesta falta de técnica (chorrada monumental convertida durante un tiempo en tópico sobre su cine, aunque ya esté superado y se le considere uno de los mejores directores que ha dado España): "Soy bastante más fiel al guión de lo que se cree y se dice por ahí. Lo que es verdad es que, en cuanto a la mecanización de la escena, mi improvisación es total, porque yo no hago el guión técnico. Yo construyo la película sobre una materia prima, como los escultores sobre una roca, pero el tema es siempre el de origen y nada consigue apartarme del armazón del guión, si acaso alguna excepción que se presente como evidente ante mis ojos. El armazón del guión lo respeto siempre. Los diálogos, las improvisaciones, son otra historia. Esa es la labor del creador".

"Me suelo fijar más en los extras, en los figurantes, que en los protagonistas. A veces repito una toma porque algo ha fallado allí al fondo, y no me he enterado si los actores principales han estado bien o mal. ¡Total, si han estado mal, no voy a saber qué decirles para que se corrijan! Yo, además, todo lo que sé de dirección de actores es lo que viene en el Cineguía, es decir, su dirección y su teléfono. Por otra parte, la historia siempre seguirá adelante aunque se equivoquen en algo los protagonistas. Lo imprescindible es conseguir una atmósfera, un clima, y que la historia siga adelante".

Sobre su otra gran pasión, las mujeres, el erotismo, algo en apariencia contradictorio dada su acervada misoginia, reconocida sin complejos en más de una ocasión: "Soy un viejo verde, pero no lo soy solamente ahora. A los catorce años ya era un viejo verde. Me gustaban las niñas de doce, de trece... y buscaba la manera de rozarles el trasero, de espiarlas mientras se vestían y se desnudaban... Lo hacía entonces y mi comportamiento ya era el de un viejo verde".

Sobre su misoginia, un aspecto de su personalidad que fuera de contexto puede poner a mis lectoras más pedorras y espiritualmente provincianas en pie de guerra. Paso entonces a reproducir las palabras de Gómez Rufo: "El universo femenino, como él dice, le da pavor, le estremece. Nadie le quitará nunca de la cabeza que la mujer es un ser superior, tanto biológica como intelectualmente, y para referirse a ellas utiliza siempre el mismo adjetivo: indestructibles. Las mujeres son odiosas en tanto en cuanto sobreviven siempre al hombre.

Su misoginia es muy complicada, nada normal, y se basa en el hecho de que no piensa que la mujer es un ser inferior que debería estar en casa fregando; es algo muy diferente. No es el resultado de una concepción machista de la mujer sino que, por el contrario, reside en la idea de que la mujer es como un tirano, un ser biológicamente superior que domina y tiraniza y que, como todo dictador sanguinario y cruel, es a la vez objeto de odio y fascinación; un ser que aterra porque domina, porque impide la libertad con una simple mirada. Un ser, en definitiva, que a Berlanga le gustaría derribar de su pedestal y despojar de su poder, aún sabiendo que es indestructible".

Y por eso, queridos míos, no hay protagonistas femeninos en su obra. Lo más parecido a una primera actriz fue la muñeca de ocho millones de pesetas de Tamaño natural. Jajjajjaj. Tecleo "jajaja" muchas veces en mi blog, generalmente en los comentarios y como eco tipografiado de la risa verdadera que me ha provocado leer algo simpático en ellos. Por eso intercalo jotas y haches, para simular cierta autenticidad e inmediatez en la onomatopeya escrita. Pero el "jajaja" tras el punto y seguido de Tamaño natural os juro que ha sido en directo y desde lo más profundo de mi alma.

Mi Berlanga favorito fluctúa entre El verdugo y La vaquilla (dvd y vídeo, otra de esas compras repetidas que acabaré teniendo también en blu-ray, en 3D, en holograma envolvente y hasta en cartucho neuronal: tiempo al tiempo). Con respecto a La vaquilla, creo que es la película definitiva sobre la guerra civil española. No sé por qué insisten con el tema. No hay nada más allá de La vaquilla. Está todo ahí.

Se va un maestro, se va otro grande de España, porque estos son los verdaderos grandes de nuestro país, y no los fantoches endogámicos de la nobleza. Quedan, como siempre, sus películas, y hoy como homenaje me voy a cascar Plácido y Tamaño natural, que se me están descargando ahora mismo en el JDownloader.

Que descanse en paz.

Supernatural, Temporadas 4 y 5


Hay un momento en Supernatural en el que empieza uno a incomodarse un poco. Me refiero a cuando bien avanzada la cuarta temporada se ha visto ya a tanta criatura sobrenatural que el único que falta por aparecer es Dios. Pero entonces llega el desenlace de la penúltima temporada y es cuando queda patente que los guionistas no están cayendo en el todo vale y el todo está permitido, que hay una sensibilidad muy inteligente detrás de esta serie y que no van a convertir al misterio supremo por excelencia en un personaje abierto tomando partido y explicándose a sí mismo. En Supernatural, Dios no ha muerto, pero hace mucho que abandonó el edificio, aunque le guste observar los acontecimientos muy de cerca, como un escritor que busca inspiración para su próxima obra. Y le toca al espectador decidir cuándo ha podido existir intervención divina en la vida de los hermanos Winchester.

Estas dos temporadas han sido un desmadre, una gozada. Es increíble cómo ha cambiado la serie desde el principio hasta ahora, tanto, que en el episodio veintiuno de la quinta temporada, Sam le dice a Dean que echa de menos cuando sólo se dedicaban a cazar wendigos.

La relación entre los Winchester se complica, se intensifica y se enfría al vaivén de los acontecimientos. Lógico, teniendo en cuenta el peso que soportan sobre sus hombros. Pero para que no nos cansemos de ellos (una medida innecesaria: si estamos ya en la T5 es porque apreciamos a estos chicos como si fueran de la familia) entran en escena una multitud de seres de pesadilla, fuerzas del Bien incluidas. Porque hay un discurso humanista, orgulloso e individualista en esta serie, una actitud tópicamente norteamericana: aprende a sacarte las castañas del fuego sin ayuda de nadie, cuida de ti mismo, pega más fuerte que tu adversario. En Supernatural, ángeles y demonios pelean como robots programados, el campo de batalla es nuestro hogar y los humanos elegidos son los recipientes (o “trajes de carne”) en los que toman forma corpórea unos y otros. El resto de la población mundial les importa un comino. Y esta similitud entre los dos bandos enfrentados consigue que Supernatural pueda moverse con total desparpajo, sin ataduras de ningún tipo y posicionándose siempre en torno al libre albedrío del hombre. No hay destino, ni futuro ineludible, aunque un cabrón alado e inmortal te haga viajar hacia adelante en el tiempo para mostrarte tu derrota.

Se me han saltado las lágrimas con esta serie, lo admito. No va sólo sobre dos hermanos que cazan monstruos. Supernatural, como la mayoría de las ficciones televisivas, cinematográficas y literarias que llegan a importarnos a un nivel casi personal, no es lo que parece a simple vista. Y el amor, por supuesto, es otra fuerza más en juego. El amor es el quinto jinete del Apocalipsis.

Y que no pare la magia


Echo de menos una mención a 2001 y que entre Star Wars y Tron no metieran alguna cosilla más de Douglas Trumbull, el poeta de la fibra óptica y el plástico moldeable.

A disfrutarlo:

Inception


El fondo de escritorio de este mes es para Inception. Ci-fi que no está basada en una franquicia, que no es un remake de una vieja gloria ochentera, con un gran reparto, una trama que te hace soñar con ella y una banda sonora que se te mete en la cabeza como una mala idea.

No creo que sea la película del año, mucho menos de la década, pero sí es la clase de película que el cine actual necesita y que a mí, como espectador algo cansado, siempre me apetecerá ver.

(Click en la imagen para ampliar)

Battlestar Galactica vs. Star Wars


Sería un combate desigual desde el primer momento. Una battlestar no es rival para un crucero imperial y un viper es una reliquia tecnológica al lado de un TIE Fighter.

Y tras esta opinión tan brillante, vuestro querido Insanus, pensando en otros temas también de vital importancia, os deja con el vídeo.

Cibertalento, vol. 1


En Facebook se practica una curiosa variedad de humor. Arranca de lo absurdo de crear un grupo de admiradores de una obra o personaje famoso, un concepto que recuerda a esos clubs de fans de cantantes y conjuntos musicales. Esos clubs, si crecían lo suficiente, llegaban a publicar normas, estatutos y hasta celebraban convenciones anuales. Tenían incluso juntas directivas. Pero tanto si alcanzaban esa posición como si sólo quedaban en unas cuantas personas comunicándose por correo postal e intercambiándose fotografías firmadas de Raphael, Hombres G o Los Brincos, la cualidad casposa y pajillera del asunto era notable.

Estoy seguro de que el dueño de Facebook incluyó la pestaña de grupos pensando en lo farragoso que era antes en el mundo analógico organizar intereses comunes en torno a una pasión compartida. Y lo que nació para que los trekkies, waries, aficionados a la filatelia y coleccionistas de posavasos irlandeses pudieran transmitirse información, charlar sobre sus temas y fijar fechas para eventos, los usuarios lo convirtieron en una parodia de su utilidad misma.

Pero esta entrada no va sobre grupos de Facebook graciosos, si no sobre otras formas de humor que se encuentran en la red. Un humor, eso sí, relacionado con el que se practica en Facebook: seco, directo, surrealista a veces, huyendo del mensaje en la mayoría de las ocasiones o abrazándolo para, desde dentro, subvertir lecciones vitales edificantes, tan propias de las tiras clásicas de los dibujantes más famosos del pasado siglo.

Cualquiera con un procesador de textos y una conexión a Internet puede colgar su gañido digital, su descontento y su protesta...


...aunque sea para reírse hasta de sí mismo. Una verdad como un rascacielos de grande.

Holden Caulfield detestaba el cine. No soportaba la contradicción moral que las películas despertaban en las masas, ese espejismo de bondad instantánea al alcance de todos. Cabrones de mucho cuidado que lloraban a moco tendido con Judy Garland, pero que luego llegaban a casa borrachos y con la paga del mes dilapidada en prostitutas y juegos de azar. Arpías miserables que pegaban palizas mortales a sus hijos, para después volverse las mejores madres del mundo cuando el crío de Clark Gable y Vivien Leigh se partía la crisma en aquel caballito pony.

Esta viñeta es una variación de ese sentimiento salingeriano de repulsa al cine... al cine infantil y al porno, tan similares en el fondo:


¿Dónde está mi zorra ninfómana de pechos como misiles, labios gruesos como jalapeños maduros y culo prominente como boyas de almadraba? ¿Por qué no funcionan con desconocidas las indirectas de fontaneros y tuberías? ¿Cuántos años tendré que esperar para que las vecinas más atractivas de mi barrio me pidan un poco de sal en pelota picada?

En Astronautas, de Santi Amodeo, Nancho Novo le decía a una jovencísima Teresa Hurtado que incluso tus mejores amigos "se alegrarán de tu fracaso". Después le añadía que ya lo comprendería cuando fuera más mayor. Novo se refería a la mezquindad casi animal de la especie humana, todavía más inquietante que la brutalidad y la ignorancia que Holden percibía a su alrededor en la sala oscura de un cine. Algo como lo que sugiere este cuadro de texto:


Y mucho peor que alegrarse del mal ajeno: ser el objetivo o receptáculo de una confidencia, aclaración o sermón sentimental de los cojones. Y siempre empieza con un "Tenemos que hablar":


Por último, un diáfano gráfico de la vida, que simplifica su esencia y significado:


Así de sencillo, así de difícil.

Cuando coleccione otro pequeño lote de estas perlas, volveré a la carga.

35 películas en 2 minutos


Solicito vuestra colaboración, a ver si las encontramos todas. El vídeo es estupendo, pero de tan minimalistas con los diseños, se han pasado un pelín.

Nos vemos y ayudamos en los comentarios.

La otra hija, Devil´s Playground y Dark Country


Título original: The New Daughter
Año: 2010
Duración: 108 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Luis Berdejo
Guión: John Travis (Historia corta: John Connolly)
Música: Varios
Fotografía: Checco Varese
Intérpretes: Kevin Costner, Ivana Baquero, Gattlin Griffith,
Samantha Mathis, Noah Taylor, James Gammon,
Erik Palladino, Sandra Ellis Lafferty

Sinopsis: Primer largometraje de Luis Berdejo, director de varios cortos y uno de los guionistas de Rec. Costner interpreta a John James, padre soltero que se traslada con sus dos hijos a una granja tras un doloroso divorcio. Su hija comienza a comportarse de forma extraña y siniestra, hallando la respuesta a esta misteriosa situación en...

Empecé la noche con esta película por curiosidad. Mr. Brooks y Open Range hicieron que volviera a fijarme en Kevin Costner, al que creía acabado desde Mensajero del futuro. Además deseaba ver cómo le iba por las Américas a la niña de El laberinto del fauno. Ojo con esta muchacha, que sin hacer mucho ruido ya ha metido la pierna en Hollywood, y sólo tiene dieciséis años. A esa edad, Penélope Cruz se calzaba a todo quisqui para trepar, presentaba La quinta marcha en T5 y se preparaba para enseñar las tetas en Jamón, Jamón.

La otra hija se despliega como otra de esas historias de casa embrujada, habitada por una familia disfuncional que ha comprado una bonita propiedad en el campo a buen precio y sin hacer demasiadas preguntas. Es el punto de partida perfecto para meter a unos cuantos desgraciados en una vorágine de sucesos que ya hemos visto con ligeras variaciones en infinidad de películas del género. Sin embargo, La otra hija se desmarca pronto de este cliché, el que hace bostezar desde que Kubrick dijera la última palabra sobre el tema con su Overlook montañoso, presentando un monstruo propio, que es algo que siempre me genera una gran simpatía. Simpatía por los Stones, simpatía por los incomprendidos monstruos.

La familia de John (Kevin Costner) peligra, pero no son poltergeists, demonios o una gemela malvada, como sugeriría el título. Lo que ronda a los James es algo más atractivo, seres que a los tolkienianos de pura cepa no les son del todo ajenos.

La película es flojita, como comentaba Mr Lombreeze. También el amigo invertebrado mencionaba el final, un final honesto y coherente, no novedoso, pero sí poco utilizado en el cine de terror. Es cierto, La otra hija podría haber sido mucho mejor de lo que es. Hay personajes totalmente desaprovechados, como Evan White (Noah Taylor), el experto en el tema (que no voy a mencionar porque su ocupación y estudios es un spoiler en sí mismo) , el gafotas sabiondo que aporta información fundamental en el ecuador de cualquier trama sobrenatural, o Cassandra (mi querida Samantha Mathis), que apenas tiene unas cuantas líneas de diálogo, las mínimas para justificar su presencia en este drama campero.

Título original: Devil's Playground
Año: 2010
Nacionalidad: Reino Unido
Director: Mark McQueen
Guión: Bart Ruspoli
Fotografía: Jason Shepherd
Intérpretes: Jaime Murray, Shane Taylor, Danny Dyer,
MyAnna Buring, Craig Fairbrass, Craig Conway,
Alistair Petrie, Janet Montgomery, Del Henney, Bart Ruspoli

Sinopsis: Un peligroso asesino busca una cura al extraño virus que está provocando un apocalipsis zombi en todo el mundo. A él también le interesa bastante, puesto que se ha contagiado...

N-Gen, una multinacional farmacéutica, se dispone a lanzar al mercado un compuesto llamado RAK que ayuda a sobrellevar con mejor talante el día a día de la vida moderna. RAK es como una Viagra para la inteligencia y los estados más positivos del ánimo, y ha sido probado en treinta mil voluntarios. Pero a los dos meses, las cobayas humanas cambian. Se vuelven más fuertes, más fieros y se les despierta el apetito por la caza. Aquellos que son mordidos experimentan la misma mutación y pasan a engrosar las filas de estos pseudozombis trotones. Sólo una chica que ha sido tratada con RAK parece ser inmune a sus efectos y en ella reside la esperanza de hallar una cura efectiva a la pandemia.

Leyendo este resumen argumental, hasta podéis encontrar los referentes de Devil´s Playground: un poco de Resident Evil por aquí, un mucho de 28 días después y 28 semanas después por allá y hasta una pizca de Soy leyenda en su tercera versión cinematográfica.

Devil´s Playground no parece frenarse ante el hecho de estar rodada con un presupuesto que se intuye demasiado corto para todo lo que se quiere desarrollar y exponer. Pero disimula sus carencias con ambición y chulería, con un montaje frenético que no da lugar al descanso y con la efectiva treta de abrir la película cuando ésta se centra demasiado en el grupo de supervivientes principal. Pese a que les habrá costado sus buenos quebraderos de cabeza, McQueen y los suyos se las ingenian para mostrarnos un Londres envuelto en el caos. Y lo logran ayudándose de recursos típicos en estas películas cuando no abunda la pasta: noticieros televisivos sorprendentes, actores secundarios contando cómo estaban las calles de la ciudad durante su huida o unos cuantos planos manipulados de avenidas londinenses emblemáticas totalmente vacías.

El caso es que Devil´s Playground protege bien su talón de Aquiles y centra nuestra atención donde más importa: en la historia que nos está contando. Y un punto llamativo es la escasez de armas de fuego. Estamos en Gran Bretaña, no en Estados Unidos, y eso se nota. La mayoría civil no tiene un acceso sencillo a pistolas, escopetas y ametralladoras. Muchos supervivientes deben enfrentarse a estos infectados con palancas de metal, trozos de tuberías, martillos y mazos, lo que obliga a combates cuerpo a cuerpo brutales y desesperados.

Título original: Dark Country
Año: 2009
Duración: 88 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Thomas Jane
Guión: Tab Murphy
Música: Eric Lewis
Fotografía: Geoff Boyle
Intérpretes: Thomas Jane, Lauren German, Ron Perlman,
Chris Browning, Rene Mousseux, Con Schell,
Nikki Kelly, Aynn Kirby, Jonathan Lund

Sinopsis: Una pareja que está de viaje en coche a Las Vegas rescata a un misterioso superviviente de un aparente atropello. Pero su decisión de recoger al hombre acabarán lamentándola cuando este les obligue a hacer lo impensable. En un viaje hacia el caos paranormal, la pareja tendrá que tomar drásticas medidas para encubrir sus acciones a la policía local mientras se encaminan hacia un destino ineludible.

La primera media hora es impresionante. Dick (Thomas Jane) ha conocido en Las Vegas a Gina (Lauren German) y los dos, arrebatados, han pasado por la capilla más cercana y se han casado. Al día siguiente, tras la resaca, la pareja comprueba con satisfacción que se siguen atrayendo como cuando estaban bajo los influjos del alcohol. Descansan y se arrullan en un motel mientras esperan la noche, porque Dick es de esos expertos conductores que cruzan el desierto huyendo del calor diurno.

Dark Country mezcla noir con terror y nos sumerge como mirones en una infernal luna de miel en mitad de un desierto viejo, fantasmagórico y plagado de unas estrellas tan eternas como esas carreteras secundarias a las que alumbran.

Lo que se desata después de ese arranque tan prometedor es algo más convencional, sobre todo porque se nos dan demasiadas pistas sobre lo que está sucediendo, en concreto cuando Dick y Gina recogen a ese hombre malherido y con la cara deshecha.

Hay muchas capas en Dark Country y fue un cierre perfecto para mi particular Noche de Brujas casera. Me quedé narcotizado en el sofá del salón, empachado de bombones y café, pensando en aquel cartel burlón de la estación de servicio, que resume toda la película y ubica a su protagonista justo en el centro de su desdicha. Lo que sucede en Las Vegas, se queda en Las Vegas.

(Fichas y sinopsis: Filmaffinity)