Pero algo ha ido mal en la última prospección y es imposible establecer contacto con la gran nave. Cuando nuestro transbordador se acerca al Ishimura, fallan los controles y acabamos colisionando en un puerto de amarre. Se nos encomienda la primera misión de las muchas que deberemos acatar en este juego: reparar el monorraíl interno que comunica con las diferentes secciones del Ishimura. Y a partir de aquí, nos esperan doce capítulos de acción y terror.
Dead Space es un
survival horror que en su mecánica no es muy distinto a
Resident Evil,
Silent Hill o cualquier otro título célebre de este género que nos ha proporcionado tantas horas de respingos y chupadas nerviosas al cigarrillo. En este sentido, no incorpora novedades dignas de mención. Hay, eso sí, pequeños detalles que le dan un lavado de cara al concepto, como la integración de nuestro mapa, inventario y estado en el mismo traje del protagonista. También hay determinadas fases que se suceden bajo gravedad cero, a veces sin atmósfera y con el espacio profundo sobre o bajo nuestras cabezas. Pero en esencia, lo que tiene
Dead Space para ofrecernos es una aventura no muy distinta a la de
Cold Fear: un tipo que se las tiene que arreglar por su cuenta desbloqueando nuevos pasillos y puertas, resolviendo puzzles y eliminando a monstruos, ya sea en un gran petrolero en alta mar o en una inmensa astronave.
Los años han pasado y las máquinas actuales pueden por fin mover con soltura y con más potencia gráficos que antes recurrían a maniobras de maquillaje como el
renderizado de fondos fijos o la sempiterna niebla que ocultaba el constante redibujado de polígonos. Ya no hay necesidad de estas triquiñuelas y aunque todavía estamos lejos del fotorrealismo que nos vienen prometiendo desde principios de siglo,
Dead Space demuestra que ya se puede hacer un
survival lujoso y perfecto para consolas domésticas. Y ya era hora.
El blues del ingenieroEs una de las unidades más odiadas por casi todos los jugones: el ingeniero. No en vano raro es el videojuego de estrategia en tiempo real que no incorpore a estos técnicos y que no obligue a utilizarlos en ciertas zonas para neutralizar o habilitar dispositivos, edificios, puentes o carreteras. El ingeniero suele ser lento, muy vulnerable y no apto para el combate; también cuesta muchos recursos producirlo o entrenarlo. Y luego llega el típico artillero del montón y lo revienta con dos disparos o una granada. Detestar a un ingeniero revela que has gastado muchas horas lidiando con ellos en sagas tan populares como
Command & Conquer.

Isaac Clarke es un ingeniero. Más allá de su sospechoso nombre y apellido, que podría ser un homenaje por parte del estudio Redwood a Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, no hay nada en él que inspire seguridad. En
Dead Space nos arrojan en mitad de una contaminación biológica que reanima a los muertos y enloquece a los vivos, con riesgo de peligro en cada habitáculo o cubierta que visitemos. Pero esta vez nuestro avatar no es un fornido marine, un héroe malhablado o un policía de élite. Sólo somos un vulgar ingeniero que por no tener no tiene ni armas. Las armas de Isaac son herramientas de trabajo de los mineros: cortadoras, rifles que escupen pulsos, lanzallamas, sierras eléctricas o rayos destinados a perforar rocas pesadas. Su traje no es una armadura de diseño
high tech o un bonito uniforme que nos inspire confianza. El tío lleva un mono presurizado, reforzado con remaches metálicos. Con dos cojones.
A lo largo y ancho del USG Ishimura, nuestro hombre podrá mejorar sus pseudoarmas y su lamentable indumentaria en distintos puntos que son como pequeños talleres para esos propósitos. Sin embargo, nunca transformaremos a nuestro personaje en un guerrero al uso, no dispondremos de verdadero material bélico; incluso optimizando su traje y sus instrumentos hasta los últimos niveles permitidos, continuará siendo un técnico especializado.
Pero Isaac es el ingeniero que redime a todos los demás, a los que iban exasperantemente lentos por los campos de batalla, como pollos sin cabeza, obedeciendo con un estúpido “Yes, sir” a nuestras insistentes llamadas y escogiendo siempre las rutas más complicadas para ir de un lugar a otro (en realidad, responsabilidad de una I.A. pésima, aunque nos desfogáramos maldiciendo a esas figurillas torpes como si fuesen ellos los que eligieran por propia voluntad tropezar con cada obstáculo). Isaac es un profesional que no es un completo inútil en el combate cuerpo a cuerpo. Y su interés por el Ishimura va más allá de su obligación como empleado de la corporación Concordance: en algún lugar de la astronave se encuentra su amor, Nicole, asustada y herida.
Voy a empezar de nuevoLa dificultad en el modo Medio de
Dead Space es fiel a su nombre. Ni muy fácil, ni muy difícil. Parece una tontería, pero acostumbrado ya a que cualquier videojuego actual sea un insulto en cuanto a reto personal, ha sido maravilloso volver a encontrarme con sensaciones que ya daba yo por perdidas, como la de ahorrar munición y botiquines de salud o la de rendirme a la evidencia de que he malgastado demasiados cartuchos y no dispondré de ellos para eliminar a los monstruos más resistentes y gigantescos. Y ha sido un placer sopesar eso de “Voy a empezar de nuevo”. Cuánto lo echaba de menos. Además, los logros invitan a volver al Ishimura transcurrida con éxito la primera ronda. Es casi obligado regresar para poder comprar todos los trajes y armas y completar todas las mejoras. Eso sin olvidarnos de los distintos extras que nos van regalando como recompensa por nuestra perseverancia: nuevos registros gráficos, dinero, nodos de energía y tal vez otros finales alternativos; me da que como buen
survival seguro que éste esconde algún desenlace más feliz que el que me tocó experimentar a mí hace unas horas.
Un gran juego, amigos. De lo mejorcito en su género y en su generación.
Dead Space: Perdición
Paralelo al lanzamiento de
Dead Space tuvimos un avance en forma de largometraje de animación, con guión de Warren Ellis, y que contaba cómo el USG Ishimura se encontraba con algo más que iridio, cobalto y oro en el planeta Aegis 7. Los científicos de la nave subían a bordo un extraño artefacto de origen alienígena y poco después la tripulación experimentaba severos cuadros de paranoia, manía y alucinaciones. Luego llegaban los cambios. Los enfermos se transformaban en horribles criaturas de largas y mortíferas extremidades y se dedicaban a asesinar a sus compañeros.
Dead Space: Perdición es un estupendo entrante que recomiendo ver. Pero si el disco os quema en las manos y estáis ansiosos por comprobar si
Dead Space es tan bueno como dicen (y os aseguro que lo es), podéis prescindir de esta precuela o dejarla en reposo para otro día, ya que tanto la película como el juego, aunque se relacionen, también funcionan como unidades independientes de una misma trama raíz.
Oh God, it's raining
But I'm not complaining
It's filling me up
With new life
The stars in the sky
Bring tears to my eyes
They're lighting my way
Tonight
And I haven't felt so alive
In years
Just for a day
On a day like today
I'll get away from this
Constant debauchery
The wind in my hair
Makes me so aware
How good it is to live
Tonight
And I haven't felt so alive
In years
The moon
Is shining in the sky
Reminding me
Of so many other nights
But they're not like tonight
Oh God, it's raining
And I'm not containing
My pleasure at being
So wet
Here on my own
All on my own
How good it feels to be alone
Tonight