I love this game




Disciplina olímpica pero a la voz de ya para esta variedad de curling.

Nuestro Elvis


Prefería Disneyland a Las Vegas, los medicamentos con receta a las anfetas y el alcohol, los niños a las mujeres, los videojuegos a la ruleta, el pop al rock. Era nuestro Elvis y hoy habría cumplido cincuenta y dos años. No me quiero imaginar cómo será el próximo Elvis, el de nuestros hijos o nietos. Pero tendrá que ser muy bueno en lo suyo, marcar a una época y a una generación, como hizo Michael Jackson. Y luego ya, adelante con el esperpento y la autodestrucción.



Cortesía de: Erdu.

NeverDead


Cuando empecé en esto de los videojuegos era un niño. Y el medio en sí también lo era. Un niño muy tozudo, observador y curioso conociendo a otro que estaba absolutamente loco. Invasiones alienígenas, laberintos de perdición, plataformas de colorines, guerras interminables, artes marciales de ficción, coches con ametralladoras, muros de ladrillos que te regalaban drogas, ninjas saboteadores, fontaneros exterminando tortugas... Lo nuestro fue un flechazo.

Aquellos juegos eran el libro de autoayuda más honesto, la mejor lección que se podía aprender. No importa lo que hagas: al final, palmas. Lo fundamental es pasarlo bien mientras te quedan vidas, aguantar y disfrutar hasta que llega el Game Over.

Con el tiempo, las vidas, siempre escasas, difíciles de conseguir y más aún de conservar, fueron sustituidas por barras de salud, armaduras regenerables, porcentajes e índices. Y luego se estableció algo todavía más antinatural en el mundo del videojuego: la inmortalidad. Sin necesidad de introducir códigos, sin manipular el software, sin hacer trampas. Sencillamente, se implementó el que no pudieses morir en un videojuego. Se convirtió en norma. No hace mucho reseñaba en el blog el fantástico Batman: Arkham Asylum. Pues bien, la única consecuencia visible de morir en Arkham es que tu traje de justiciero enmascarado se deteriora, apareciendo pequeños desgarros en la capa. Menuda penalización... En Crackdown, si mueres, no problem, porque reapareces insertado en otro cuerpo. En la Agencia de Pacific City te descongelan un clon y trasvasan en él tu personalidad (terrorífico si uno lo piensa con detenimiento). Y como estos ejemplos, cientos.

NeverDead, todavía en desarrollo, incide en esta "maldición" de la inmortalidad, tomándolo como un sarcástico leitmotiv. Nuestro avatar no la diñará, pero deberá buscar partes de su anatomía y recomponerse como pueda para seguir liquidando a sus enemigos. Absurdo, delirante y genial, tanto como cuando el medio y yo nos hicimos amigos. Y encima es un videojuego de nueva hornada que se ríe de sus futuros jugadores, al menos de aquellos que han aceptado que no morir nunca es lo normal.

La máquina más inútil del mundo




No me canso de verlo.

Las aventuras de Gottfried Rinkley


Mr. Lombreeze, de De gusanos y lombrices, vuelve a deleitarnos con una novela por entregas, como en su día ocurriera con El salitre de las botas de Pockollock, librito del que soy admirador y que también seguía yo puntualmente.

Todavía estáis a tiempo de subiros al loco tren vital de Gottfried, el hombre que inventó el siglo XX, y experimentar cómo era disfrutar de un serial de periodicidad semanal, tal y como hacían nuestras madres y abuelas con sus heroínas de ficción.

Click en la imagen para acceder a Las aventuras de Gottfried Rinkley.

Equilibrium


Título original: Equilibrium
Año: 2002
Duración: 107 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Kurt Wimmer
Guión: Kurt Wimmer
Música: Klaus Badelt
Fotografía: Dion Beebe
Intérpretes: Christian Bale, Emily Watson, Taye Diggs, Angus MacFadyen, Sean Bean, William Fichtner, Matthew Harbour

Sinopsis: En un mundo futurista, un estricto régimen ha eliminado la guerra suprimendo todas las emociones y sentir es un crimen castigado con la muerte. John Preston (Christian Bale) es un alto agente del gobierno responsable de eliminar a aquellos que desobedecen estas reglas.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Las películas sobre distopías totalitarias conforman casi un pequeño subapartado propio dentro del género de la ciencia ficción, con unas características bien definidas: sociedades gobernadas por un régimen represor, individuos que han sacrificado importantes libertades y derechos personales por la promesa de un bienestar mayor.

En Equilibrium, el terror a los estragos de una nueva guerra mundial ve nacer a un país, Libria, que ha demonizado a las emociones humanas, neutralizándolas mediante una droga inhibidora llamada Prozium. Esta sustancia es como la evolución futura de antidepresivos tan populares como el Prozac (no creo que sea casualidad que sus nombres sean tan parecidos) y los ciudadanos de Libria se la inyectan dos veces al día, sincronizados todos por alarmas visuales y sonoras.

Por supuesto, hay sujetos que no toman Prozium, y permanecen durante toda su jornada laboral disimulando sus sentimientos entre una marea de rostros inexpresivos, entre muertos vivientes que no dudarían en delatarlos con frialdad ante cualquier muestra de pasión, por pequeña que ésta fuera, un detalle que recuerda poderosamente a los minutos más paranoicos de La invasión de los ladrones de cuerpos.

Como en todo régimen totalitario, en Libria hay un cuerpo de élite que hace cumplir las normas del líder y del partido. Aquí son los clérigos, unos tipos entrenados desde niños para el combate y que son como una mezcla de los bomberos pirómanos de Farenheit 451 y los temibles magistrados de Juez Dredd. Los clérigos capitanean las redadas en busca de material prohibido (generalmente, manifestaciones artísticas de nuestro pasado, como libros, discos, videojuegos, cuadros, etc.) y también rastrean las células de rebeldes que se oponen al sistema.

Lo que se nos narra en Equilibrium, salvando las diferencias, no es muy distinto a lo que ya hemos visto en películas como Brazil, 1984 y otras muestras de esta ciencia ficción que yo considero predictiva, anticipativa casi. Pero el film de Kurt Wimmer, tal vez influenciado por The Matrix, tan cercana aún en el 2002, se orienta hacia la acción y esto le da una apariencia muy interesante de cara a esa clase de espectadores que se incomodan y se aburren ante una ci-fi cinematográfica más seria, sustentada sobre todo en la ambientación y en el diálogo. Equilibrium es como un THX 1138 con hostias, katanas y armas automáticas: perfecta para iniciar a alguien reticente al género.

Equilibrium también es un vehículo de lucimiento absoluto para un Christian Bale en mejor forma física que nunca, antes del exitazo de The Dark Knight, y arropado por unos secundarios excepcionales, como el gran Sean Bean o la peculiar Emily Watson.

Un correcto largometraje, tan poco emotivo como los ciudadanos de Libria, sin ninguna secuencia digna de mención, sin grandes momentos para resaltar o comentar, pero que deja satisfecho y con la impresión de que te han tratado con respeto como aficionado. Que no es poca cosa viendo cómo está el patio.

¿Qué película es?


Supe de este sitio por los blogrolls de mis amigos, pero me da rabia no haberme coscado antes, porque es de los pasatiempos más adictivos que conozco. Una imagen, una peli. Si nadie acierta, empiezan las pistas, hasta tres de ellas. Si os apetece probar, click en el banner.


Y si os gusta y queréis más, también está el juego de los domingos en Tengo boca y no puedo gritar.

Southland Tales


Título original: Southland Tales
Año: 2006
Duración: 160 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Richard Kelly
Guión: Richard Kelly
Música: Moby
Fotografía: Steven B. Poster
Intérpretes: Dwayne "The Rock" Johnson, Seann William Scott, Sarah Michelle Gellar, Mandy Moore, Miranda Richardson, Kevin Smith, Janeane Garofalo, David McDivitt, Curtis Armstrong, Bai Ling, Nora Dunn, John Larroquette, Jon Lovitz, Lou Taylor Pucci, Nora Dunn, Chad Fernandez, Justin Timberlake

Sinopsis: Los Ángeles, 4 de julio 2008. Ante la falta de energía eléctrica y de carburante que ha provocado un ataque nuclear, una empresa alemana descubre y comercializa el karma procedente del océano, que altera la rotación de la tierra. Ante ello, un amnésico actor del cine de mamporros, una antigua reina del cine porno, dos hermanos muy zumbados y un grupúsculo de guerrilleros marxistas deciden enfrentarse a la gran conspiración del racismo, el fascismo político y la policía represora para hacerse los dueños del caos.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Monos temponautas en una misión secreta. Las cuatro actrices porno del Apocalipsis. El fuego amigo en Iraq como cargo de conciencia. Olas de mutilación. Una única alma en dos cuerpos. El fin del mundo visto desde un zepelín. Neomarxistas infiltrados en el gobierno. El movimiento perpetuo como fuente alternativa de energía. Internet controlada por una lunática. El evangelio de la memoria. Una fisura en la cuarta dimensión. El ardor de los jóvenes no es un problema. La Tierra desacelerada. Ataques atómicos en Estados Unidos. Un guión profético. Realidades paralelas. El tic nervioso de Jericho Caine. La propuesta 69. El nuevo disco de Nat King Cole. Una droga para hablar con Dios. La Tercera Guerra Mundial. Un retraso de un segundo en el reflejo de un espejo. El multiverso amenazado. Los chulos no se suicidan. Un sueño dentro de un sueño. Derechos civiles mínimos. Cerebros lavados. Coches que follan.

Otro tipo de cine es posible. Todavía hay lugar para la sorpresa y la maravilla. Viva Richard Kelly.

"Con gente que te quiere"


En un Toledo del futuro, frío y lúgubre, Lorca camina por su particular noche de purificación, enfrentado a sus miedos más profundos. Y al doblar una esquina aparece en un paisaje más cálido, en un barrio andaluz, en la frescura y la inocencia de un patio de la infancia. Mientras el poeta se quita el abrigo y se pone cómodo, dos chulazos muy guapos lo invitan a dar un paseíllo. Y cuando Federico, como en el 36, pregunta que a dónde lo llevan, esta vez uno de ellos contesta: "Con gente que te quiere".

La película es Buñuel y la mesa del rey Salomón, un capricho de Saura que partía de una idea muy afortunada: convertir en personajes a tres grandes celebridades de las artes y hacerlos vivir juntos una aventura de ficción. El resultado es irregular, pero sólo por estos pocos minutos de justicia histórica, flamenca y poética ya merece la pena. Hay más emoción en esta secuencia que en todas las bobinas juntas de La luz prodigiosa, de Miguel Hermoso.

Batman: Arkham Asylum


Hay agradables parecidos en los videojuegos protagonizados por Batman: suelen ser muy divertidos, están diseñados con excelso mimo y quedan en el recuerdo como casos encomiables de trabajos bien hechos. Así me viene ocurriendo con ellos desde hace bastante tiempo. El último que me dejó más que satisfecho fue el magnífico Batman Begins, de Electronic Arts, que tuve el privilegio de exprimir a fondo en la primera Xbox de Microsoft. Pero este Batman: Arkham Asylum es mucho más que un buen juego. Aquí estamos hablando ya de arte, así de rotundo. Se palpa, se huele, se nota en el aire, en el agua y en la tierra. Hasta la estirada de Galadriel estaría conforme.

Todo en Batman: Arkham Asylum posee un acabado de lujo y se es consciente de estar dentro de una creación muy cara y cuidada ya desde la intro interactiva, que pone en situación de esa manera tan única que sólo un videojuego consigue en cuanto a inmersión inmediata e identificación con tu personaje. La historia funciona tanto para los desconocedores de los tebeos como para los fans más volcados en ellos. Pero el segundo grupo alcanzará el orgasmo con los guiños, referencias y bromas sobre el universo Batman. Y casi que los envidio. Si me lo he pasado de muerte deambulando por Arkham, neutralizando a los esbirros del Joker, resolviendo acertijos de Enigma y luchando contra los temibles pacientes del manicomio más horripilante del mundo, no me quiero ni imaginar lo gratificante que habrá sido para los batmanófilos de pro moverse por un entorno que ha sido diseñado especialmente para ellos: de lector a lector, de amigo a amigo y con mucho amor. Vosotros sí que os sentiréis como en casa al cruzar las puertas de Arkham.

Además de la aventura principal, maravillosa y repetible por sus objetivos secundarios y la ristra de logros a desbloquear, también podremos echar no pocas horas al Modo Desafío, que convierte a este videojuego en un trepidante beat´ em up.

Y luego, la resaca. La bajona, que no perdona. ¿Por qué mis superhéroes favoritos no reciben este tratamiento de choque tan maravilloso? ¿A quién hay que chupársela para ver un buen videojuego protagonizado por Iron Man? Si tan sólo fuera cuestión de recoger firmas para que Rocksteady se pusiera manos a la obra, si sólo se tratara de eso. Pero supongo que ni las dos películas protagonizadas por Robert Downey Jr. han conseguido que Iron Man cale tan hondo como Batman y tocará esperar para ese pequeño milagro. Mientras tanto, no tengo ningún problema en seguir disfrutando con este Batman: Arkham Asylum, del que ya soy acérrimo defensor y admirador convencido. Ha sido una experiencia preciosa que recomiendo a cualquiera. Los requisitos mínimos son amar los videojuegos bien terminados y desear vivir unas cuantas horas de alta cultura. Un ballet de elegantes polígonos, una pinacoteca de exquisitas texturas, un festival de mamporros en slow motion y de fondo El Joker, enrabietándonos con su dialéctica de trastornado, extrañamente coherente. Una gozada total.

Un tesoro en la basura


Hace unos días, mi tío E. vio cómo un vecino se disponía a tirar unas trescientas cintas de vídeo. El hombre había sido propietario de un videoclub y estaba deshaciéndose de un montón de películas que ya le estorbaban. Mi tío le pidió permiso y las cargó todas en su furgoneta, con dirección a mi casa, claro.

En los primeros años noventa semejante cargamento me habría vuelto loco de alegría. Ahora me ha supuesto unas cuantas noches de cuidadosas cribas, acompañado de café y tabaco. No podía quedármelas todas por cuestión de espacio. Eliminé las que no eran originales en una primera inspección. Luego fui desechando las que ya tenía yo en VHS o DVD. Por último me he quedado con las que estaban en mejor estado y conservaban la funda y la carátula intactas.

Entre las rarezas rescatadas, una miniserie de televisión de 1996 que adaptaba el universo rolero de Vampire: The Masquerade. Secta de sangre se llamó aquí en España, y está protagonizada por C. Thomas Howell. Editada por SAV (madre mía, estos cabrones eran los que sacaban al mercado vídeos de aerobic y clases de bailes de salón, entre otros tormentos destinados a la venta directa), ocho episodios en tres cintas. Será un estupendo aperitivo mientras se termina de emitir en los Estados Unidos la tercera temporada de True Blood.

Y aquí estoy, en pleno 2010 desempolvando el reproductor Sanyo para acoplarlo por euroconector al LCD y comprobar si todavía soy capaz de soportar la pésima calidad de imagen, la ausencia de diferentes pistas de audio o la gran putada de no poder elegir el idioma que me apetezca. Pronto sabré la respuesta.

Kuato


Kuato era el mutante líder de la facción rebelde de Marte en Desafío total, de Paul Verhoeven. Lo más importante de Kuato no tenía nada que ver con sus aspecto, lo cual no dejaba de ser una triste metáfora, porque su belleza, como su deformada anatomía, residía en el interior. En el interior de otra persona estaba su cuerpo, poco más que una excrecencia humanoide con alguna que otra extremidad plenamente funcional. En el interior de su mente teníamos a un sujeto en paz consigo mismo, dotado con impresionantes facultades psi y decidido a llevar la igualdad y la justicia a su maltratado pueblo.

En lo técnico, para mí Kuato es la muestra perfecta de lo que nos hemos perdido con los avances en animación digital. Y aunque los maquillajes tradicionales y los robots articulados recubiertos de látex se continúan desarrollando y utilizando en largometrajes recientes, a veces me pregunto cómo habría sido de mágica la nueva trilogía de Star Wars si los seres de su imaginario se hubieran elaborado en un mundo anterior a la infografía más profesional y fría, ésa cuyos horrores pudimos sufrir en El ataque de los clones, por ejemplo.

Desafío total es un peliculón en toda regla que hasta enriquece y mejora el relato original de Philip K. Dick, que era un tío que escribía como un Dios loco y sin alma. Y Kuato vive, vive en nuestra memoria cinéfila y en nuestros corazones. Veinte años después resulta todavía sencillo recopilar imágenes de él por la red:

Kuato y Pujol


El mítico parecido físico del jefe rebelde con el político catalán fue señalado por primera vez en Fotogramas, el mes del estreno en España de Desafío Total, en la célebre sección "Parecidos razonables" de dicha revista.

Kuato Lives


La camiseta reivindicativa que todo marciano de bien tiene en su fondo de armario.

Kuato en la Super Bowl


Sí, amigos, aquello no fue un pecho pálido, esmirriado por las vicisitudes de las dietas y los tratamientos de belleza más severos, no. Aquello era Kuato, abriendo nuestras mentes.

Kuato Style´s


La prenda de ropa que convierte a tu bebé en un adorable engendro.

Kuato en Deviantart

Kuato, de fedezz

Any of you Quaids got a Smint, de caffeinerabbit

totall recall ruskii, de zakoloti

Océanos


Título original: Océans (Oceans)
Año: 2009
Duración: 100 min.
Nacionalidad: Francia
Director: Jacques Perrin, Jacques Cluzaud
Guión: Christophe Cheysson, Jacques Cluzaud, Laurent Debas, Stéphane Durand, Laurent Gaudé, Jacques Perrin, François Sarano
Música: Bruno Coulais
Fotografía: Luc Drion, Luciano Tovoli, Philippe Ros,
Laurent Charbonnier, Christophe Pottier, Eric Borjesson,
Laurent Fleutot, Thierry Thomas, Philippe Garguil, Olivier Gueneau
Intérpretes: Documentary, Jacques Perrin, Lancelot Perrin

Sinopsis: Surcar los mares a 10 nudos cazando atunes, acompañar a los delfines en sus inverosímiles piruetas, nadar con el gran tiburón blanco, hombro contra aleta... es como ser un pez más entre ellos. Después de la película "Le peuple migrateur", Jacques Perrin y Jacques Cluzaud nos transportan, gracias unas novísimas técnicas de rodaje, a lo más intrincado de los océanos para descubrir allí a unas criaturas marinas ignoradas y desconocidas. Con un presupuesto de más de 50 millones de euros, Océanos está publicitada como la mayor y más espectacular producción documental de la historia.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Aunque vista en casa con una calidad de audio y vídeo más que aceptable (BDrip), Océanos es para disfrutarla en una sala de cine lo más gigantesca posible, con el sonido a todo trapo y la oscuridad más absoluta envolviéndonos. Si no, sólo parece… un gran documental con ínfulas. Que dicho así suena despectivo, cuando no hay nada de malo en ser documental y querer trascender a otra cosa. Pero a menos que dispongamos de un proyector o un pantallón de la hostia y unos altavoces de los que quitan el sentido, esa es la impresión que da Océanos: un docu puesto de largo, con traje de noche y carísimos accesorios a juego.

Océanos comienza con un niño frente al mar preguntándose por la inmensidad de la masa de agua que contempla. A partir de ahí, una voz en off le irá dando unión y forma a la sucesión de imágenes, todas de una valía e interés fuera de discusión, más aún cuando retratan la parte más dolorosa de este fastuoso viaje: la degradación y pérdida del entorno marino, la flora y la fauna atacada por la contaminación, las prácticas de pesca abusivas y el calentamiento climático.

Océanos es un desfile de belleza en distintos tonos de azul, con una interminable sucesión de planos que relajarán hasta al espectador más nervioso. Bancos de peces que se comportan como un enorme organismo vivo, langostas y cangrejos rondando los fondos arenosos y las playas blancas, iguanas buceando entre el coral y hasta medusas del tamaño de un hombre. Pero el plato fuerte llega con los delfines y los grandes cetáceos y los responsables del film lo saben. Por eso estos minutos vienen bien cargados de música, tan rimbombante como inmensas son las criaturas subrayadas con ella.

Para evitar que la audiencia se ponga a quemar incienso y abrace a su prójimo compungido ante tanta inocencia, a continuación entran los minutitos de “Lo que es la Naturaleza, hay que ver, ¿no?" (pronunciar con timbre de jubilado viendo TVE2). O sea, orcas en la orilla jamando focas a golpe de coletazo. Si el tema fuera sobre secano, habrían pasado a una manada de ñus cruzando un río emboscado por cocodrilos o a unas cuantas hienas acechando a una cebra desvalida. No es desagradable en absoluto, “Es ley de vida" (again), pero recuerda demasiado a los mejores docus de National Geographic. Supongo que forma parte de la narrativa de estas filmaciones, es como el cliché inevitable en una peli de acción o terror.

Océanos avanza después con rapidez al segmento que más me gustó, la fabulación sobre cómo era el mundo antes de la Revolución Industrial, cómo eran las aguas durante la época de los grandes conquistadores y exploradores. Un territorio inabarcable, envuelto en la bruma de la leyenda y rebosante de biodiversidad.

También nos daremos un paseo por los polos y contemplaremos a vista de satélite cómo los ríos del planeta vierten un venenoso caudal tóxico, tintado este flujo letal de un ominoso color negro.

Eso y mucho más en esta producción dirigida por Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, una hermosura de película que despierta el mismo espíritu ecológico, solidario y transitorio de los mejores capítulos de Cosmos.

Como anécdota, es la primera vez que Ziggy, mi niño gatuno, ha mirado con atención desde el sofá, incluso abalanzándose con las garritas hacia el LCD cuando un montón de gaviotas cayeron en picado desde el cielo. El susto y la risa fueron de la mano. Si me llega a arañar la tele, lo castigo a lo Ludovico a ver ininterrumpidamente La noche de los pirados vivientes, horror zombítico del que hablaremos en breve largo y tendido.

Sobre la condición masculina


No deja de resultar curioso que tres de los siete cortos que aparecen en la columna Box Office del Notodo versen, en parte, sobre la condición masculina. Y apurando, hasta cuatro.

Manguitos, de Roberto Pérez Toledo, es cómico y tierno en extremo. Y es que si hay que empezar una relación metiendo una trola del quince, se mete. Que la cosa, al principio, va de meter. Que luego se vea uno atrapado en una estúpida mentira que podría echar abajo una preciosa historia de amor, pues oye, cosas de la guerra. Pero imposible no simpatizar con el protagonista, sobre todo cuando, para aliviar la conciencia, busca un sentido poético a su peripatética situación, una explicación conmovedora que evidencia lo pillado y bien jodido que está.

En segundo lugar, el gran Ernesto Sevilla como Pablo en Un novio de mierda, de Borja Cobeaga. Pablo es ese conocido o amigo que todos tenemos en nuestro círculo interno. Por cada cien tíos honestos, legales y encantadores hay un Pablo trabajando duro que os da a vosotras motivos de peso para no bajar la guardia con el resto. Y hacéis bien, qué demonios. Porque si a nosotros nuestro particular Pablo nos cuenta que subió a casa de una ex para cagar, y que por no reconocerlo acabó reconciliándose con ella en una especie de jam session sentimental, pues nos tronchamos de risa y lo invitamos a un chupito, al muy cabrón.

En otra tesitura tenemos al joven de Los gritones, también de Roberto Pérez Toledo. El contexto emocional de los personajes está abierto a interpretaciones. Tal vez son sólo "amigos" (y entrecomillo escéptico, a lo Harry), tal vez ya una pareja consolidada y a punto de dejar de serlo. Quizá nos encontramos ante un caso de pagafantismo en fase kamikaze, a saber. Pero ay, ay con esa torpeza de eludir las manifestaciones verbales de cariño para luego soltarlas en el momento menos indicado: el amargo y universal don de la inoportunidad.

Por último, Mirada perdida, de David Pareja, un corto escalofriante, que pone la guinda envenenada a este pequeño festival temático. Ese gordo pavoroso y atroz personifica el espectro más oscuro de nuestro género. Él es el deseo más egoísta, urgente y despiadado, el que ya no atiende a valores humanos, el que desechó la cordura como el que se desprende de un abalorio inútil. El violador, el asesino, el pequeño monstruo que nada en cada gotita de esperma.

The Expendables


Ver a estos tipos en el telediario de hoy ha sido como reencontrarme con un antiguo amor. No ha habido hormigueo en la entrepierna, ni pellizco doloroso en el pecho, ni esa mezcla tan rara de pena y alegría, pero por lo demás, clavadito. Son mis ex, son mis héroes de acción de siempre, son mis hombres y los quiero. Los quiero ver matando a más gente que la viruela. Así que el fondo de escritorio de este mes es una promo de The Expendables.

(Click en la imagen para ampliar)

The Human Centipede


Título original: The Human Centipede (First Sequence)
Año: 2009
Duración: 90 min.
Nacionalidad: Holanda
Director: Tom Six
Guión: Tom Six
Música: Patrick Savage, Holeg Spies
Fotografía: Goof de Koning
Intérpretes: Dieter Laser, Akihiro Kitamura,
Andreas Leupold, Ashley C. Williams, Ashlynn Yennie

Sinopsis: Dos chicas americanas que viajan a través de Europa tienen una avería en el coche en mitad de unos bosques en Alemania. Buscando ayuda llegan a una casa aislada y al día siguiente despiertan atrapadas en un tétrico sótano de un hospital junto a un hombre japonés. Poco después descubren que están en manos de un siniestro médico, un alemán de avanzada edad que anteriormente era un cirujano especializado en separar a gemelos siameses. Sin embargo, para ellos tiene otro escatológico plan, en los límites de lo imaginable...

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Supongo que debieron de darse las casualidades apropiadas para que un proyecto como The Human Centipede llegara a rodarse, para que Tom Six pudiera llevar a imágenes una vieja y horrible idea del inconsciente colectivo: personas unidas por sus sistemas digestivos, de la boca al culo, del culo a la boca. El viento propicio más importante para allanar el camino al capricho de este realizador ha sido sin duda el auge y la aceptación del torture porn. Sin Hostel, sin la serie Saw, sin esas historias donde atolondrados turistas acaban siendo carne de psicópata o piezas desechables para el martirio o la donación de órganos, The Human Centipede tal vez se hubiese filmado, pero habría quedado relegada al circuito de festivales especializados en el terror y la fantasía. Para potenciar el factor de la promoción ha estado la red. No hace falta dar muchos saltos en ella. Una web, unos avances en Youtube, algo de publicidad viral y ya tenemos un corredor de fondo incansable, que no parará (“¡Uno, dos! ¡Uno, dos!”) hasta que el último aficionado al gore y al terror pose sus ojos sobre él.

Lo más curioso de The Human Centipede es su naturaleza de spoiler viviente, algo con lo que no me encontraba desde hacía mucho tiempo. Que yo recuerde, desde el remake de El ataque de la mujer de cincuenta pies. No hay manera de mantenerse limpio y virgen antes del visionado, porque desde el título y el cartel ya te están mostrando el motivo principal de la trama: un delirio quirúrgico con mad doctor de por medio y jóvenes como víctimas. El interés, por tanto, no reside en llegar hasta el nuevo método ideado para masacrar a veinteañeros, sino en comprobar si todo lo demás está a la altura de la burrada que nos aguarda en el ecuador de la película.

Y sí, no está mal, pero nada que no hayamos visto antes. Primero se despersonaliza a las víctimas, cosa sencilla cuando se trata de dos mujeres horteras y gritonas y un japonés que apenas habla inglés. Luego se presenta al matarife de turno y a continuación se nos da lo que se nos promete en el tráiler. Por último, el clásico tercer acto con los intentos de rebelión y fuga de los pobres infelices atrapados en un horror neocárnico digno del Brian Yuzna de Society.

No es una película de terror al uso, pero tampoco es tan extrema y desagradable como cabría esperar. Por ejemplo, no hay ni un solo plano incómodo en torno al momento subliminalmente más esperado: la coprofagia forzosa entre Lindsay (Ashley C. Williams) y Jenny (Ashlynn Yennie), alimentadas las dos por los residuos de Katsuro (Akihiro Kitamura). Se ve, sí, pero al mismo tiempo no se muestra nada. Tampoco se explaya la cámara en la peliaguda operación que realiza el Dr. Heiter (Dieter Laser) con sus cobayas humanas. Hay más sangre y menudillos en cualquier splatter convencional que en esta supuesta cumbre del malrollismo y el exceso.

Tom Six ha elegido un camino tibio y sin compromiso para este proyecto suyo. Escamotea dureza y contundencia para jugar la carta de la intriga y el suspense, y eso debilita al conjunto de la propuesta. Si estamos viendo algo que se llama El ciempiés humano es porque somos muy bestias, muy morbosos y nos va la marcha. Pero también porque en nuestro fuero interno esperamos ser golpeados con un mazo, vivir un hito cinematográfico, poder exclamar dentro de unos años: "Yo estuve ahí cuando esa película marcó un antes y un después y ya nada volvió a ser igual".

The Human Centipede podría haber sido algo muy hermoso, un Saló de los interiores del alma, malvado, puro y amoral, sin ideología, sin una lectura simbólica que nos tranquilizara o nos endulzara la experiencia. Pero se ha quedado sólo en la plasmación inofensiva de una pesadilla de carácter universal.

Si no encontráis esta cinta por los lugares habituales, dadme un toque en los comentarios que os envío los enlaces pertinentes por correo. De nada, lo que sea por mis niños.

The promise you made, Cock Robin


Algunos videoclips de los ochenta recogen perfectamente lo que se entendía por estética elegante en esa época. Este es uno de ellos:



La letra, aquí

If I laid down my love

To come to your defense
Would you worry for me
With a pain in your chest?
Could I rely on your faith to be strong
To picked me back up
and to push me along?
Tell me
You'll be there in my hour of need
You won't turn me away
Help me out of the life I lead
Remember the promise you made
Remember the promise you made
If I gave you my soul
For a piece of your mind
Would you carry me with you
To the far edge of time?
Could you understand if you found me untrue
Would we become one,
or divided in two
Please tell me
You'll be there in my hour of need
You won't turn me away
Help me out of the life I lead
Remember the promise you made
Remember the promise you made
Could I rely on your faith to be strong
To pick me back up and to push me along
Please tell me
You'll be there in my hour of need
You won't turn me away
Help me out of the life I lead
Remember the promise you made
Remember the promise you made

La canción es una bala(da) directa al pecho, con esas frases tan bonitas ("If I gave you my soul for a piece of your mind, would you carry me with you to the far edge of time?") y tan evocadoras. Pero lo mejor ha sido seguir encontrando deliciosa a Anna Lacazio después de tantos años.

Los erráticos Cock Robin sacaron un discazo en el 2006 que también recomiendo con fervor, el maravilloso I don´t want to save the world, prolongación y depuración del estilo que les hizo estar presentes durante un tiempo en las radios de medio mundo. Suena a ellos y suena a nuevo milenio. No sé qué más se puede pedir.