Adiós a Dennis Hopper


Hay una amplia etapa suya como actor que apenas conozco. Yo fui de esa generación tardía a quien Hopper conquistó con aquel alucinado reportero de guerra en el Vietnam tenebroso de Apocalypse Now. También marcó para mí otro récord de altura como Frank Booth, el peligroso freak de Terciopelo Azul. Estuvo maravilloso en El cazachicas, de Oscar en Amor a quemarropa y no le faltaron las ganas de juerga y cachondeo al aceptar papeles de villano en La tierra de los muertos vivientes o en Waterworld. Tantas y tantas películas... Muchas de ellas mediocres, de acuerdo, pero él podía permitírselo, porque lo valía. Cuando eres Dennis Hopper y has hecho lo que has hecho, y has vivido lo que has vivido, ya no tienes que demostrar nada a nadie.



Se va un grande para La Fiambrera. Esperemos que sea el último de este año.

Pesadilla en Elm Street: El origen




¿Era necesario? Nooooooooo. ¿Que si quiero verla? "Con toda mi pasión", como decía la cucaracha interestelar de Men in Black. Y espero que en la versión doblada respeten la letra de la canción de la comba.

Petrocalipsis


Me entero por la radio de que BP ha instalado una cámara web en pleno ojete de ese culo que tienen bien abierto en el golfo de México, para reflejar una mayor transparencia ante la opinión pública. Podéis echar un vistazo pinchando aquí. Es como mirar un fanfilm de The Abyss rodado por tres chavales en una bañera con agua y tierra (de hecho, estoy convencido de que si permanezco atento, veré cruzar a un buzo de plástico, como en Átame). En fin, ya sabéis: la tecnología, la autopista de la información, la aldea global y esas chorradas. Siguen pasando estas desgracias, estas catastrofes tan lamentables, pero ahora las podemos monitorizar desde casa: qué gran avance.

Pac Man en Google


Precioso el homenaje de Google, con minijuego interactivo y todo. Un clásico que merece este honor.

Lo mejor de la televisión actual


Los anuncios, por supuesto. Que ya es sintomático de lo mal que está la cosa.



Genial ese plano del trasvase multitudinario en yates, botes y ferries.

Otro que me parece cojonudo es el del tipo del coche de al lado y cómo retrata a este país que se cuece en su propio jugo, siempre comparándonos y midiéndonos con el que tenemos enfrente:



Y por último, una obra maestra de Nike. Aún no he visto esta campaña por televisión, pero seguro que emitirán una versión más corta, así que os la dejo aquí con su duración original, tres minutos de épica, humor y arte puro y duro:

The Vampire Diaries, Temporada 1


Stefan y Damon Salvatore comparten lazos sanguíneos y dones oscuros. Ambos son hermanos y vampiros, pero muy diferentes entre sí. Stefan lucha por mantener su humanidad, no caza y se comporta con decoro y discreción. Damon, en cambio, es un asesino despiadado que disfruta infligiendo miedo y dolor, y sólo deja caos y muerte allá por donde pasa. La rivalidad entre los Salvatore se remonta al siglo XIX, cuando los dos se enamoraron de la misma mujer. Desde entonces, Damon odia a su hermano y no desperdicia ninguna oportunidad para importunarlo y hacerle la vida imposible. Tras décadas como nómadas por el mundo, los Salvatore vuelven al pueblo donde empezó todo para ellos, Mystic Falls.

La primera temporada de estos diarios de vampiros consta de veintidós episodios de unos cuarenta y pico minutos de duración cada uno. No está nada mal si lo vuestro son los vampiros guapos, el drama de miraditas con declaraciones solemnes o el petardeo en los pasillos de un centro de enseñanza. Pero si lo que buscáis son nuevas sensaciones y a ser posible alejadas de esta tendencia cansina del chupasangre romántico, del vampiro Super Pop y Nuevo Vale, entonces completaros The Vampire Diaries, aparte de no aportaros nada, ni siquiera cumplirá como entretenimiento, porque el entretenimiento deja de serlo cuando pasa a ser una obligación. Y así es como me sentía ya a mitad de la temporada, obligado a seguir sólo por pequeñas curiosidades mías.

Para que os hagáis una idea los que aún no habéis visto nada de esta serie: tiene los tics y los lugares comunes más detestables de Crepúsculo y ni una pizca de la canallesca del peor episodio de True Blood. Y ahí está The Vampire Diaries, entre esas dos aguas tan poco profundas, chapoteando con menos gracia que un borracho en la fuente del ayuntamiento.

El vampiro bueno y el vampiro malo ya agota, por muchas motivaciones psicológicas con que se adorne a la pareja enfrentada de turno. Y comenzar la singladura de una serie con este cliché argumental tan manido no presagia nada bueno. Poco a poco se van incorporando más personajes a la trama: una dinastía de brujas, nuevos chupasangres y hasta algún que otro Van Helsing aficionado. Todo previsible. Me extrañó no ver correteando por Mystic Falls a algún hombre lobo, o a un sacerdote experto enviado desde el Vaticano, o alguna logia sobrenatural, rollo La Talamasca, a lo Anne Rice, pero todo se andará, que la serie ha funcionado muy bien y hay tiempo de sobra para rellenar el pueblo con todo el catálogo de topicazos del fantástico.

De todas formas, lo más negativo no es este apolillado argumento (supongo que de donde no hay mucho, no se puede rascar más), que también, sino los pequeños detallitos que demuestran cómo a los creadores les importa un huevo la credibilidad del universo en el que están desplegando sus intrigas. Que existan vampiros en la Tierra no da carta blanca para meter en los guiones cualquier chifladura que se te ocurra. No funciona así, y que Kevin Williamson esté por ahí en la producción y hasta escribiendo más de media docena de episodios, agrava aún más este punto en concreto.

En el capítulo once o doce, Stefan, preocupado por su chica, le entrega a ésta una brújula que, en lugar de marcar el norte magnético, señala la proximidad de vampiros. “Tócate los cojones”, me dije. Pero lo dejé pasar, a la espera de la explicación, que suele llegar unos minutos o episodios más tarde. Efectivamente, más adelante entra un flashback con los descendientes de los padres fundadores de Mystic Falls, en 1865. Las fuerzas vivas del lugar se reúnen con nocturnidad y alevosía para conspirar contra los vampiros, que hasta ese momento han pasado desapercibidos como respetables ciudadanos. El padre de Stefan y Damon le da la dichosa brújula a un amigo de la familia y le comenta su portentosa característica. El tipo, asombrado, pregunta: “¿Es magia?”, y el otro le contesta muy serio: “No, es ciencia”. Y se quedan tan panchos. ¿Cómo que ciencia? ¡Con la magia estaba bien, hombre! Morcillero y absurdo, pero servía. Y va y suelta “ciencia”.

La maravillosa brújula científica que señala a los no muertos no es el único objeto milagrero que existe en el utillaje de la serie. Los hermanos Salvatore portan anillos especiales que les permiten caminar a la luz del día. Y ya casi que ni quiero saber cómo funcionan, porque si la brújula era pura ciencia, lo de los anillos será, yo que sé, orfebrería especializada. Todo vale cuando piensas que tu público es idiota.

¿Cositas positivas? Dejadme pensar. Un reparto muy atractivo (en Mystic Falls incluso los extras parecen modelos de pasarela), supervelocidad en los vampiros, transformaciones parciales del rostro cuando se excitan o huelen sangre y una correcta banda sonora dando la matraca para subrayar que estamos viendo una serie enrollada y joven, en la onda, guay. Tías y tíos buenos por todas partes, efectos especiales convencionales y musiquilla pop agradable: hasta sus mejores bazas son mediocres y recuerdan a productos anteriores muy similares.

Mucho tendrá que mejorar esta serie en el futuro para que vuelva yo a ella.

El espía que surgió del frío


Alec Leamas, el cabecilla de una red de espionaje en el Berlín Oriental, pierde a uno de sus mejores hombres en una operación de limpieza efectuada por su mayor enemigo, Mundt. Desde entonces, Leamas es trasladado a Londres y destinado a un puesto administrativo que todos asumen como un castigo y un freno para su carrera. Leamas se da a la bebida, se vuelve poco profesional, conflictivo, y pronto es despedido por sus superiores.

Arruinado y alcoholizado, Leamas es ahora una pieza apetitosa para las agencias de inteligencia con sede en el otro lado del Telón de Acero, y no tardan en tentarle con una generosa cantidad de dinero para que se convierta en el confidente estrella de los soviéticos, justo lo que pretenden sus verdaderos jefes en Londres, puesto que su caída en desgracia profesional y personal ha sido planeada desde el principio.

Pensaba que El espía que surgió del frío sería una de esas novelas con muchas persecuciones a pie, con tiroteos sobre callejuelas adoquinadas y algún malvado comunista alemán en la sombra, de los que dan órdenes a sus esbirros con una pronunciación espantosa. Lo que no esperaba es que fuese una preciosa historia de amor cimentada sobre una batalla de ingenio y engaño que se libra en la mente. Mentiras más grandes que cualquier sospecha, personas utilizadas como peones de un mortal ajedrez global y esa sensación de estar a punto de acceder a un conocimiento o revelación justo cuando se rompe el hilo del que estabas tirando son constantes en la vida del protagonista, Alec Leamas, un soldado de una contienda ideológica que cada vez le es más amarga y ajena.

Leamas es un personaje de diez, complejo y con carisma, pero ante todo de carne y hueso. Lo visualizas, lo comprendes y lo admiras antes de llegar al ecuador del libro. Conocerlo y quererlo viene junto, y lo que más me ha gustado es la manera tan elegante con la que se establece esta relación, este vínculo, con el protagonista: sin sentimentalismos, rapidito y con naturalidad.

Una gran novela, con uno de esos finales para leer dos veces: la primera por el ansia de conocer el desenlace, la segunda por puro regodeo, mientras se calma el conejillo que toca los bongos con tu corazón. Qué subidón de final, gente, increíble, una página y media apenas, pero que te deja con la boca abierta y la lengua afuera.


Sobre el autor

Nadie mejor que un auténtico espía para hablarnos de aquellos años de paranoia comunista y frío político. El verdadero nombre de John Le Carré es David John Moore Cornwell y nació en 1931 en Poole, Inglaterra. Estudió en Oxford y fue profesor de literatura en Eton. En 1960 ingresó en la carrera diplomática y estuvo destinado en Berlín, Hamburgo y Bonn. Debido a su comprometida situación, se vio obligado a adoptar el seudónimo de John Le Carré para su carrera literaria; no fue hasta 1993 cuando reconoció su pasado en los servicios secretos de inteligencia y contraespionaje británicos.

Tras el éxito de El espía que surgió del frío llegarían títulos también superventas como El topo, La gente de Smiley, La chica del tambor o La Casa Rusia. Con la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, Le Carré trasladó sus intrigas a panoramas más actuales y de esa etapa son El sastre de Panamá y El jardinero fiel, entre otras, ambas con interesantes adaptaciones cinematográficas.

Imposible molar más que este hombre

Corazón salvaje, 20º aniversario




Cómo echo de menos al David Lynch que contaba historias. Wild at heart la vi de estreno en un viejo cine de mi pueblo. Salí turulato de allí, claro.

¿Te atreves a competir con el maestro del terror?


Con el objeto de promocionar La cúpula, el nuevo libraco del cegato de Maine, Mondadori ha organizado un concursito la mar de simpático: microrrelato, de no más de setenta palabras de extensión e inspirado en alguna obra de King. El premio, un pack de libros, y la fecha desde el 7 de mayo al 1 de julio de este año.


Más info, aquí. Yo, os dejo, que me voy a hacer un café mientras pienso en mi cuentecillo.

Los misterios de Pittsburgh


Título original: The Mysteries of Pittsburgh
Año: 2008
Duración: 95 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Rawson Marshall Thurber
Guión: Rawson Marshall Thurber
Música: Theodore Shapiro
Fotografía: Michael Barrett
Reparto: Jon Foster, Sienna Miller,
Jeremy Moon, David Morse, Nick Nolte,
Mena Suvari, Joe Pawlenko, David C. Reilly,
Peter Sarsgaard, Omid Abtahi, Seth Adams,
Jack Baun, Aaron Bernard, Nicholas Brady

Sinopsis: Un recién graduado universitario tendrá que enfrentarse a su nueva vida, tratando de llevar una vida alejada de su padre mafioso (Nick Nolte)... Basada en "Los misterios de Pittsburgh", novela de Michael Chabon ganadora del premio Pulitzer.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Tenía un mal presentimiento con Los misterios de Pittsburgh. Estuve observándola durante meses desde las distintas webs donde suelo ir a abastecerme de material, sin atreverme a incorporarla a mis gestores de descargas, hasta que hace unos días me la traje a casa. A ver cómo iba a resistirme si la primera novela de Michael Chabon es uno de mis libros de cabecera. Y mi decepción con ella ha sido mayúscula. La próxima vez, haré caso a mi instinto.

La transformación en los personajes ha sido tan extrema que cuesta reconocerlos. Se podría decir que han anulado de la historia al delicado Arthur, pero no se han limitado a excluirlo del todo, sino que han ido un poco más allá y lo han fusionado con Cleveland, heredando éste una bisexualidad que, en principio, no le correspondía, y que nada aporta a la película salvo el ya inofensivo (al menos por estos lares) ardid de filmar a dos hombres en la cama. Phlox, la Enfermera del Amor Maligno, una bibliotecaria culta, misteriosa y exótica es en el film una moza histérica que trabaja en una librería. El entrañable Art no es más que un estúpido niño rico y Jane, la novia de Cleveland, asume lo que sobre el papel era el gran drama de Phlox, pero reducido a cuatro escenas deslavazadas y rodadas con nula emotividad. Desaparece Arthur, tan importante; en cambio, el padre de Art cuenta con más líneas de diálogo que en la mismísima novela.

Un desastre. Han mezclado a estos jóvenes prodigiosos, los han centrifugado y los han despojado de todo lo que los hacía especiales. El peor parado en este despropósito es Cleveland, mi antihéroe favorito, un motero alcoholizado que sueña con focos reflectores y mujeres gigantes destrozando ciudades; aquí, aunque interpretado correctamente por el gran Peter Sarsgaard (Boys don´t cry, K-19, El precio de la verdad), sólo es un cretino confuso que aspira a ser gangster. Los han cogido a todos y los han vulgarizado. Y no se han enterado de nada, que es lo que más desazón me causa; viendo Los misterios de Pittsburgh percibes que sus responsables sólo han atendido a las páginas aparentemente más comerciales de la novela, aquellas untadas con erotismo y violencia. Pero dado que estos dos elementos formaban parte de un artefacto mucho más sutil e intrincado (la dicha y el desconcierto de ser joven, la sacralización de lo efímero, la urgencia de apurar los días de un trago, la inevitable brecha generacional entre padres e hijos, la identificación implacable de una falsa nostalgia como pasaporte para escapar de lo rectamente trillado, el amor como herramienta para descubrirse a uno mismo, el miedo por el mundo hermético y regulado que aguarda al final del crecimiento), cuando son aislados e incorporados como la mezcla del combustible único que mueve a los personajes, el combo se revela tóxico y deficiente.

Comprendo este fracaso: es lo que suele ocurrir cuando los encargados de llevar al cine una buena novela no están al mismo nivel que el escritor que la concibió. Y si a eso le añadimos que Los misterios de Pittsburgh es un libro difícil, que sugiere en lugar de explicar, que parece narración aunque en realidad esté más cercano a la poesía, que es una de esas raras obras que duele resumir a alguien con cuatro frases mal glosadas, pues entonces, que el resultado de la adaptación sea tan mediocre no debería sorprenderme en absoluto.

Pero La Fábrica de Nubes continúa emitiendo sus perfectos cúmulos, aquel trimestre insoslayable en Pittsburgh todavía exige ser conquistado, y Art, Arthur, Phlox, Cleveland y Jane siguen bebiendo cervezas en el porche, radiantes, y desperdiciando sus días como si fueran diosecillos borrachos de vida. Afortunadamente, ningún largometraje fallido va a cambiar eso.

La sangre de los inocentes


Hartito estoy de este libro. En otras circunstancias, lo habría dejado a un lado, porque ya no soy inmortal, ya un año no dura una vida, ni los días tienen cien horas, como antes. El tiempo apremia y hay muchas novelas cojonudas haciendo fila. Lo que sucede es que La sangre de los inocentes me lo regalaron por Navidad con mucha ilusión, y por tanto, me sabe mal abandonarlo; sería como hacerle un feo a los míos, así que meteré la quinta marcha y lo terminaré este fin de semana, qué remedio.

Cátaros, templarios, la Inquisición, sociedades secretas y viajes por el mundo... En fin: thriller pseudohistórico del montón escrito por una señora en su residencia de verano. De motu propio, yo ni habría mirado la contracubierta. Es de esos que de lejos ya hiede, eau du tostón. Los típicos tochos mediocres del penúltimo género de moda (ahora, lo más in es la novela negra) que colocan en las grandes superficies entre los diez más vendidos y que acaban, inevitablemente, envueltos para regalar justo al target de lectores que pasarían de ellos como de comer carne humana.

Babylon 5


Cuando la emitían por televisión estaba más tiempo en la calle que en casa y no le presté la atención debida. Pasaron los años y esta serie se me fue al almacén de las cuentas pendientes. Ahora me la he bajado de una tacada y la estoy disfrutando cada noche. Adentrarse en una serie con un argumento como el de Babylon 5 es como acomodarse en un viejo sillón que ya tiene la marca de tu trasero, a juego también con el molde para reposar la cabeza. Y me apetecía muchísimo otra space opera tras Battlestar Galactica.

El wallpaper del mes es para esta mole suspendida en el vacío, la última de las estaciones Babylon, "un puerto de encuentro, un hogar, lejos del hogar, para diplomáticos, vividores, empresarios y viajeros de cien mundos. Humanos y alienígenas envueltos en dos millones quinientas mil toneladas de acero en rotación, solos en la noche".

(Click en la imagen para ampliar)

Actrices de bandera, vol. 2


Seguimos con el tema de las actrices españolas más interesantes del panorama actual, que se me quedaron unas pocas en el tintero.

Blanca Suarez, 22 años. Participó en Fuga de cerebros, pero es más conocida por El Internado. El rollo pin-up de la foto para Man le sienta de maravilla, pero si la queréis un poco más accesible (que no menos atractiva), click aquí.

Blanca Suarez

Ingrid Rubio, 35 años. Tiene ojazos de peli de animación japonesa. Para mí siempre será la chica de Taxi, uno de los mejores trabajos de la última etapa de Carlos Saura, pero la Rubio no es que se quedara quieta desde entonces. La hemos podido ver en Noviembre, Todas las azafatas van al cielo y en la magnífica El viaje de Arián, mi favorita tras la de Saura. Y pensar que todo empezó con una sopa.

Ingrid Rubio

Esther Nubiola, 26 años. Dedicada a Key. Revisando su carrera, de lo que ha hecho hasta ahora, sólo he visto Krámpack, pero habrá que vigilar a esta muchacha, desde luego.

Esther Nubiola

María Valverde, 23 años. Cuando he visto entrevistas suyas en televisión da la sensación de ser una tía coherente y sorprendentemente madura, con las cosas muy claras. Bonita y de alto nivel: parece salida de un sueño. Imprescindible en La flaqueza del bolchevique y El rey de la montaña.

María Valverde

Laura Manzanedo, 34 años. Simpática como pocas. Otra de la cantera de actores que supuso Al salir de clase, donde participó en más de quinientos episodios. El cine lo tiene muy abandonado, y su carrera ha virado del todo hacia la televisión. Una lástima, porque hay una actriz potente ahí, y curtida, que podría haber lucido mucho en pantalla grande.

Laura Manzanedo

Marta Nieto, 28 años. La novia de aquel poeta que nunca había escrito un verso en El camino de los ingleses. En televisión la hemos podido ver en Cuéntame y Los hombres de Paco.

Marta Nieto

Y para la próxima, nos daremos un garbeo por Francia, a ver cómo está el percal por allí.

Birthday, Paul McCartney




La letra, aquí

You say it's your birthday
It's my birthday too--yeah
They say it's your birthday
We're gonna have a good time
I'm glad it's your birthday
Happy birthday to you.

Yes we're going to a party party
Yes we're going to a party party
Yes we're going to a party party.

I would like you to dance--Birthday
Take a cha-cha-cha-chance-Birthday
I would like you to dance--Birthday
Dance

You say it's your birthday
Well it's my birthday too--yeah
You say it's your birthday
We're gonna have a good time
I'm glad it's your birthday
Happy birthday to you.

El hombre terminal


El hombre terminal se centra en los días previos y posteriores de una arriesgadísima operación a un violento y trastornado paciente que sufre de epilepsia psicomotora. A Harry Benson le implantan un complicado sistema de electrodos que estimulan su cerebro con pequeñas descargas eléctricas. Al principio la intervención es un éxito y Harry progresa adecuadamente, hasta que escapa del control policial y médico y se interna en la ciudad, preso de sus delirios, convencido de que su cuerpo no es más que la terminal de un computador.

Una de esas novelas que se te escurre entre los dedos como arena fina. Empezarla y acabarla es todo uno. No es de las más destacadas de Crichton, pero consigue el mismo efecto que las demás: hacer que te la fundas de un tirón, como si estuvieras viendo la tele, como si miraras un tebeo, igual. Es buena, pero a los que no habéis leído nada de este autor yo os recomendaría mejor Next, Sol naciente o Esfera.

Cuando se estrenó Parque Jurásico, Michael Crichton se benefició del taquillazo de la película y volvió a encararmarse en la lista de los más vendidos por segunda vez. Así fue como me encontré con él, pero tardé bastante en saber que Crichton era el mismo tío de Runaway, el que de niño me había fascinado con sus parques temáticos llenos de robots humanoides y el que me había asustado en el vídeo beta de mi abuelo con aquel hospital siniestro donde se inducía el coma a los pacientes sanos. Era otra época y la información no estaba al alcance de un click. En cuanto leí en una revista los antecedentes literarios y cinematográficos de este tipo, me volví un seguidor, no completista y puntual, pero desde entonces, libro de él que se me cruzaba, libro que iba a la saca.

Michael Crichton combinaba como nadie el miedo atávico a los desmanes tecnológicos, al desconocido porvenir, con una profusa investigación del terreno que tratara. Luego, introducía imaginación e inventiva con tanto cuidado y profesionalidad que el resultado final era de una aparente asepsia, casi inapreciable a primera vista. Porque la ficción, insertada de tal manera, quedaba confundida en un océano de especulación científica, datos relacionados, sombrías previsiones y silogismos capciosos. ¿Quién no ha leído una novela de Crichton y al terminar ha charlado entusiasmado con alguien sobre el peligro de la experimentación genética, la amenaza de Japón para la economía occidental o la necesidad de preservar nuestras selvas de la deforestación? Y así, iluminados y manipulados, olvidábamos lo gran escritor que era este hombre, y cómo nos inyectaba fantasía de la más potente, diluida en una base "periodística"; olvidábamos que nos metía novelas puras y duras disfrazadas de verosimilitud y actualidad.

Donde mejor he notado ese bisturí mágico de narrador experto ha sido en El hombre terminal, quizás porque tras casi cuatro décadas transcurridas desde la primera edición, los avances en el mundo de la electrónica y la informática me preparan para advertir qué párrafos del libro son los más anacrónicos. De todas formas, Crichton, aunque apasionado e hijo de su tiempo, era lo bastante listo como para curarse en salud apuntando siempre a fechas inconcretas. Paralelas a las tramas específicas de sus novelas, redactaba páginas en las que, tras concentrar sus ideas con claridad, las lanzaba a la bruma de un futuro lejano, desvinculadas de la caducidad de un best-seller de supermercado. Así, puede que hoy la neurocirugía no sea tan osada y radical en sus métodos, pero nada nos asegura que algún día cerebro humano y cerebro artificial no formen un inquietante organismo simbionte; puede que todavía no existan instalaciones de recreo con androides, pero basta mirar en qué hemos convertido la utopía de Internet (porno, cine y música gratis) para presentir el inevitable advenimiento de las almas de metal sexuadas; puede que en ningún país del mundo trabaje aún una brigada policial especializada en criminalidad robótica, pero no parecerá tan descabellado dentro de unos siglos. Podríamos seguir un buen rato, porque contra la gris realidad de nuestro eterno presente, siempre es factible encomendarnos a ese horizonte futuro en el que todo, también por inconmensurable e infinito, es posible. Y mientras el destino nos alcanza, contamos con las novelas de Michael Crichton para dejarnos engatusar bien a gusto.