Ante todo, feliz año, queridos míos.
Si os apetece, hagamos un somero repaso por lo que considero más destacado y más olvidable del difunto 2009.
No-Do. “Así que tú eres el Tercer Supuesto”, conjeturaba muy chulillo el padre Miguel (Hector Colomé, qué dicción, qué alegría estos actores curtidos en el teatro que saben cómo hablar para que su público les entienda) al encontrarse frente a frente con el monstruo de su vida. Y yo lanzaba al aire un doble juego de índices y meñiques satánicos, porque no sólo el buen rock merece ese saludo, amigos. Una película española que se sustentaba por enésima vez en la clásica estructura de la casa embrujada tenía todas las papeletas para ser más mala que
El orfanato, que ya es difícil. Pero donde Jaume Balagueró trastabilló en
Darkness (y que conste que me gusta, que me la compré en dvd) consiguiendo sólo un profesional y bello homenaje al cuento de fantasmas en un edificio maldito, Elio Quiroga y los suyos lograron un
film que en sus mejores momentos me recordó a los grandes del género.
Arrástrame al Infierno, de Sam Raimi. Muchísimo menos salvaje que cualquier entrega de
Evil Dead, menos arriesgada que
Darkman, pero en una estela pareja de la misma ola. Raimi se dedicó a dar ansiosos codazos y guiños a sus fans, como un amiguito en el recreo que comprende que te ha fallado e implora tu perdón ofreciéndote un trozo de bocadillo y un trago de zumo de piña. Y es que el equivalente a
Entre el amor y el juego y
Spiderman 3 en el colegio sería una zancadilla seguida de un escupitajo en la cara. Pero vale, Sam, te acepto ese
Drag me to Hell y volvemos a juntarnos. Muac, muac. Aunque te confieso que con aquel globo ocular volando ya me habías vuelto a ganar.
Ah, y fan convencido de Alison Lohman desde hace unos meses. Esta niña llegará lejos.
Los hombres que no amaban a las mujeres. Una correcta adaptación de la primera novela de la
trilogía Millennium, con una Lisbeth Salander que puede que no haya encajado en el dibujo mental del personaje que nos hemos hecho la mayoría de los lectores (esa es la gran falla que rara vez consiguen sortear las adaptaciones cinematográficas de libros célebres; el mismo problema que las voces de los dibujos animados encuentran en los asiduos al cómic), pero que capturó muy bien la esencia de la novela de Larsson: un crimen de
whodunit con una Pippi Calzaslargas
digievolucionada en una Suecia moderna. Y con uno de esos asesinos que acojonan de verdad, esos señores de clase media pálidos, fofos, educados, más amables que el recepcionista de un hotel, pero locos de remate en la intimidad de sus sótanos.
Crank 2. Un dislate, una chorrada absurda llena de tiros, explosiones, llamas y sangre, de violencia gratuita en suma. Con un argumento más demencial aún que su primera parte, con un montaje todavía más acelerado y con un Jason Statham el doble de exagerado (porque a ver cómo demonios iba nadie a interpretar un personaje así sin estirar hasta el último músculo de la cara),
Crank 2 se propuso rizar el rizo sacrificando para ello hasta el último cartucho de su arsenal. Si la serie sigue, no me puedo ni imaginar cómo será
Crank 3, y eso, en estos tiempos tan predecibles, es siempre una gran baza que capta mi atención.
Crank 2 es la clase de película que proyectarían en el Korova Milk Bar, sin sonido, entre vasos de leche con drencromina.
Pagafantas. Con
Pagafantas fuimos legión los que respondimos. La comedia del año,
a la que le dediqué un texto hace unos meses. La tragedia de Chema, Chemita, es universal, reconocible, risible y lamentable. Todo junto. El que esté libre de pagafantismo, que tire la primera tónica Schweppes. ¿Por qué una tónica? Porque es a lo que se invita a una pava que te gusta y acaba de vomitar hasta el último chorro de bilis en la acera del bar. "¿Estás mejor? Tómate esto, que es bueno para el estómago".
Mención especial a Oscar Ladoire, que está enorme en su caracterización del clásico calzonazos enamorado sin remisión, y desde hace décadas, de una mujer que no será suya jamás.
Moon. La cosita dulce y artesana del año, con un Sam Rockwell para comérselo a bocados y una adorable luna lunera de hermosos efectos fotográficos y maquetas a la antigua usanza. Guiños por todas partes al aficionado a la ciencia-ficción, literaria y cinematográfica, y una historia universal de camaradería frente a la adversidad. Hablamos de ella
aquí.
Cuantas más veces la veo, más me gusta. Hacía tiempo que no daba con una peli que se incorporara velozmente y por méritos propios a ese puñado de títulos que suelo usar como hilo de fondo audiovisual mientras leo o escribo. Y
Moon entró en ese club al día siguiente, situándose entre
Gattaca y
Horizonte Final.
La última casa a la izquierda. ¿Una suerte o una desventaja no recordar nada del original dirigido por Wes Craven en 1972? Me evité las odiosas e inevitables comparaciones, pero también me expuse a un
remake sin el conocimiento previo de su legado, algo que no es justo. A menudo, se perpetran auténticos espantos que sólo sirven para confundir a los espectadores más jovenes y alejarlos del buen camino, porque por ejemplo, ¿quién demonios querría ver
La niebla después de soportar
Terror en la niebla? Así que con la cabeza más vacía de lo habitual me chupé
La última casa a la izquierda y me lo pasé de muerte. Que alguien tome nota: hacen falta más primeros planos sostenidos de cuchillos atravesando vientres. Y si suena un
chaf cárnico y un grito ahogado de la víctima, mejor aún. Menos monstruos informáticos, que de tanto abusar, pierden su poder evocador, y más hijos espirituales de Norman Bates. Escalofríos asegurados.
Brüno. Sacha Baron Coen repetía la fórmula que tan buenos resultados le había dado con
Borat y volvía a hacernos reír con esa supuesta cámara oculta registrando las peripecias de su personaje de ficción, ese homosexual europeo intentando conseguir un programa de moda y tendencias en la televisión norteamericana. Atentos al indignado resumen en
taglines de
Brüno que hace un afectadísimo bloguero cuya
url paso de
linkear: "
Contenido explícito homosexual, sumisión sexual de la raza amarilla, explotación y objetificación (¡! objetificación, ¿mande?)
de la raza negra, explotación y objetificación (¡! x2)
del mexicano/raza mestizo, ataque directo-indirecto hacia nosotros con que la procedencia de Bruno sea de Austria, judeonazismo (ya van a entender cuando la vean...), anti-cristiano, anti-mujer, anti-Palestina, anti-musulmán, anti-árabe, ultramaterialismo, pro Israel, pro mestizaje, pro aborto, BD/SM, entre otros..."
Mola, ¿no? Yo veo todo eso en un cartel y entro en el cine de inmediato, algo tan anti-algo debe ser divertido por fuerza. Y
Brüno, le duela a quien le duela,
objetificativamente, tiene su gracia.
Dead Snow. Zombis nazis en Noruega. Repito, zombis nazis en Noruega. Una maldición que los reanima. Unos jovencitos rubios y guapos que sufren las consecuencias de andar jodiendo con el oro de Berlín. Tarda en arrancar, pero la última media hora es un festival de mordiscos, chispeante hemoglobina, tripas tensas como cordeles de tendedero y miembros cercenados por rugientes motosierras. No escalará a los
rankings más exquisitos, pero sólo por su última y delirante bobina,
Dead Snow merece estar reseñada por aquí. De esas cintas que adquieren su verdadera dimensión ante unas latas de berberechos, un par de cuencos con
snacks salados, varios litros de cerveza y un grupo de amigos con ganas de gore y risas.
Señales del futuro. El regreso de Alex Proyas tras
Yo, robot se saldó con una estimable peli de alienígenas, catástrofes y amor paterno-filial. Pudo haber sido más y mejor, la historia se resiente por algunas de esas preguntas insidiosas que te fastidian un poco la experiencia (¿por qué los inteligentísimos, ultratecnológicos y empáticos
aliens no se dejaron de adivinanzas matemáticas y comenzaron antes el plan de ayuda?), pero en general, una buena muestra de ci-fi, y con un Nicolas Cage glorioso, que siempre me pareció un grande, desde
Birdy, y que me sigue molando desde entonces, histriónico o moderado, con pelo o sin él.
Y qué final tiene
Knowing, gente, qué final.
Giallo. Distinguida y hermosa, ligerita y efervescente, dirigida con buen pulso por un Dario Argento que ya nos dio
Tenebre,
Inferno y a su hija
Asia (eso para mí cuenta como parte importantísima de sus logros, qué queréis que os diga). También hablamos de
Giallo por
aquí, en mi noche de brujas casera. Me copio y pego, que nunca lo hecho y me hace ilusión. "
Dario Argento titula Giallo a su película y da lo que promete con ese nombre: un asesino en serie trastornado por un trauma infantil, chicas guapas torturadas de incómodas maneras, una exagerada y barroca partitura musical, sempiternos cristales cortantes, cuchillos de cocina (el arma oficial de todo psychokiller italiano de la vieja escuela) que profanan la carne joven, crímenes misóginos y sorprendentes giros de guión, amén de un final deliciosamente canónico".
Terminator Salvation. Yo digo sí. Sí a las motos
terminator, a las minas magnéticas, a los T-600, tan garrulos ellos, tan mazacotes, tan pertinaces, a John Connor bregando con su padre esmirriado, a ese futuro de tierras baldías, carne de coyote por almuerzo y sucia guerrilla urbana entre escombros y edificios arrumbados. Aquí estaré para sucesivas entregas, tan contento como cuando de niño aluciné con una copia pirata en betamax de
Terminator.
No comprendo a los aficionados que se quejaron de
Terminator Salvation. No lo entiendo. Porque superior a
Terminator 3: La rebelión de las máquinas lo es, y con creces. En fin.
Infectados. No fue la
zombie movie que me esperaba, pero sí un correcto drama postapocalíptico con el suficiente interés como para aparecer en este listado. Y salía
Piper Perabo, que es una debilidad mía reciente. Además, es la ópera prima de
los hermanos Pastor y como tal merece cierta dispensa. A saber qué nos depara el futuro con estos dos tíos tan listos, tan jóvenes y con las ideas tan claras.
Que no se os quiten las ganas de fundiros
Infectados leyéndome, ¿eh? Que tiene su rollo y se deja ver, pero no os esperéis un nuevo hito del género. Está muy bien llevada y suscita atención hasta que se acaba. Por mucho menos que eso, nos hemos zampado bazofias de impresión.
Resacón en Las Vegas. Curiosa comedia que me sorprendió precisamente por echar abajo todo lo que había presupuesto sobre ella, y eso que la traducción bocazas al español del título original dejaba poco que rascar: tíos con resaca en Las Vegas. Yo esperaba una especie de continuación apócrifa de
Viaje de pirados, y sin embargo me encontré con un virtuoso festival de
flashbacks (ese recurso narrativo tan delicado) que proponía una insólita reflexión sobre la pérdida de la memoria, sobre cómo de inquietante puede llegar a ser olvidar una noche entera de juerga, desenfreno y excesos. Si habéis experimentado lagunas de este tipo alguna vez, sabréis de lo que hablo. Te ríes y al mismo tiempo te asustas: ¿quién coño estuvo a los mandos anoche?
Y a los que salen pitando nada más llegar el fundido a negro, ojito, que los créditos ofrecen un impagable álbum de
polaroids desternillantes.
Watchmen. Uno está muy oxidado en esto de los cómics. Cerré ese frente hace años, desbordado por otras contiendas que me llamaban más la atención, pero da la casualidad de que sí leí
Watchmen, y la adaptación de Zack Snyder cuenta con mi aprobación. La he visto varias veces y ¿qué más podíamos esperar? Una transliteración casi exacta de la obra de Alan Moore, viñeta a viñeta (prefiero eso a una reinterpretación forzada que, por la obligación de alejarse del original, hubiera desembocado en una calamidad total), con un Comediante magnífico y un Rorschach sublime.
Tengo que hacerme pronto con la versión extendida,
que reseñó nuestro amigo Quatermass en su blog. Y para los más completistas, pinchad
aquí para acceder al imprescindible análisis pormenorizado del cómic que hizo Monseñor Gusano.
Si la cosa funciona. No la he reseñado aún, y quiero dedicarle su propia entrada, así que no me extenderé mucho.
La humeante bosta de
Vicky Cristina Barcelona me había dejado muy, pero que muy preocupado. Hasta que Larry David y Woody Allen me hicieron recordar por qué no fallo a la cita casi anual de los largometrajes de mi judío favorito.
Humor ácido, ternura, romanticismo y Nueva York, siempre Nueva York. Con el mensaje más vitalista y directo de toda su filmografía: si la cosa funciona, sigamos disfrutando de ella, y los análisis y las instrospecciones, para el día después.
Star Trek. El
reboot de una franquicia que a mí siempre me la trajo al pairo (donde se ponga un sable de luz, que se quiten todos los
phasers) me hizo pasar un buen rato, que es lo que exijo como mínimo ante una de ci-fi. Una inyección de juventud, acción y efectos especiales varios, además de un sensato borrón y cuenta nueva por parte del creador de
Lost a toda la línea narrativa de las últimas diez entregas cinematográficas de la
space opera de Gene Roddenberry. Lo que no arregla una buena paradoja espacio-temporal, no lo arregla nadie.
Eso sí, la próxima, a ver si olvidan los
gags de relleno escritos con la punta del pijo, como ése de Kirk con la mano hinchada por una toxina animal, que daba más pena que risa.
Ahora, vamos con las decepciones, los
bluffs y los qué he hecho yo para merecer esto. Cuidado, que algunos de estos largos huelen mal y manchan nuestros zapatos de gamusa azul.
Ángeles y demonios. Tan coñazo como uno imagina el libro (que paso mucho de leer, porque uno y no más, Dan Brown), con un Tom Hanks abotargado, viejuno y rollizo dando bandazos por Roma y una dirección tan maquinal y fría que me resultaba inevitable preguntar por el Ron Howard de
Llamaradas o el de
El desafío: Frost contra Nixon. Hasta en
Willow había más sentido del ritmo y la maravilla que en esta plomiza película.
Lo mejor, Ewan McGregor, alegrarme porque Armin Mueller-Stahl sigue en activo (yo estaba convencido de que había cascado el viejales este, no sé por qué) y el retrato nocturno de enclaves históricos célebres. Lo peor, todo lo demás, que no es poco.
Anticristo. Lars Von Trier haciendo de las suyas por enésima vez. Yo es que de él sólo me convence
Europa, y con reparos. Y tampoco es que me esfuerce mucho con el danés: no pude terminar
Los idiotas.
Desde que Von Trier descubrió que inventar decálogos y métodos (
la técnica de Framing manda cojones) era menos farragoso que hacer cine de verdad, ahí sigue, tomándonos el pelo, involucrando a actores de cierto renombre, rodando gilipolleces vulgares y vacuas, dividiendo a la opinión general y originando el suficiente ruido como para seguir obteniendo financiación y crédito.
Pero es sólo mi opinión, y como Triers, peco de gandulazo al no currármelo como debiera. Si queréis leer algo más elaborado, pasaros por
aquí, aunque a mi amigo sí le haga tilín
Anticristo.
Distric 9. Extraterrestres en un ghetto, ecos nada sutiles sobre el segregacionismo, un antihéroe mutante,
mechas causando caos y destrucción y hasta una gigantesca nave nodriza varada en el cielo de África. Y sin embargo, ¿por qué me aburrí tanto? Estoy seguro de que no fue culpa mía, yo, que dilato el coco y el corazón hasta límites inhumanos cuando de ciertos géneros se trata. Algunas secuencias afortunadas tiene, pero es que ese tono de falso docu le sienta fatal a la historia. Peter Jackson presenta... anda ya, hombre.
Lo mejor, la campaña viral por Internet,
los carteles y los vídeos. ¿Para cuándo el videojuego? Podría ser tremendo.
Fuga de cerebros. Decepcionante por lo que pudo haber sido, una réplica hispana a cierto tipo de comedia
teen norteamericana, en la línea de
Supersalidos. Pero donde
Fin de curso triunfaba en su modo de mirar sucio a John Hughes,
Fuga de cerebros bizqueaba y cojeaba notablemente.
Con todo, fue de agradecer su absoluta falta de pretensiones y su apuesta por un género que, bien tratado, es capaz de ganarse al público español como el más caro de los
blockbusters hollywoodienses. Que este es el país de Fernando Esteso y Andrés Pajares, gente, el de los taquillazos desconcertantes de
Yo hice a Roque III,
Los bingueros y, en mi generación,
El robobo de la jojoya (recuerdo que Record Vision la sacó en venta directa y fue un exitazo) o
Aquí llega Condemor. Las ganas de cachondeo, humor mongolo y desnudos gratuitos siguen ahí. Sólo hay que hacerlo un poquito mejor que en
Fuga de cerebros y la marabunta de catetos durmientes acudiremos con la boina calada.
Gamer. Que la industrial del cine no tiene ni puta idea sobre videojuegos era un consenso habitual en los años ochenta y noventa para todos los que expandíamos la mente y la imaginación frente a un pc o un sistema casero de cartuchos. Y como prueba de esa ignorancia flagrante, de ese desconocimiento del medio, adjunto esas todopoderosas computadoras que fabricaban mujeres de ensueño, entre otras proezas, o esas versiones fílmicas de títulos famosos para consolas domésticas que trataban al aficionado como a un completo idiota (ver
Super Mario Bros). Pero que en pleno 2009 estemos todavía con la barrila de las violentas realidades alternativas y de los
avatares controlados por niñatos con acné, pues hombre, ya clama al cielo. En especial porque el director de
Gamer es un tío joven, y un jugón, como declaró en varios pases de prensa.
Los sustitutos. Que la industrial del cine no tiene ni puta idea sobre videojuegos era un consenso habitual en los años ochenta y noventa para todos los que expandíamos la mente y la imaginación frente a un pc o un sistema casero de cartuchos. Y como prueba de esa ignorancia flagrante, de ese desconocimiento del medio, adjunto esas todopoderosas computadoras que fabricaban mujeres de ensueño, entre otras proezas, o esas versiones fílmicas de títulos famosos para consolas domésticas que trataban al aficionado como a un completo idiota (ver
Super Mario Bros). Pero que en pleno 2009 estemos todavía con la barrila de las violentas realidades alternativas y de los
avatares controlados por usuarios gordos en calzoncillos, pues hombre, ya clama al cielo. En especial, porque
Los sustitutos esgrime con pomposa seriedad la baza de la predicción científica, con un prólogo sonrojante sobre robótica e inteligencia artificial que me dejó hundido de tanta vergüenza ajena.
Jennifer´s Body. Sí, que Megan Fox está muy buena,
si lo sabremos nosotros, pero eso no es suficiente, ni siquiera ponerla en una escena de bollería fina con la co-protagonista. Si quiero erotismo de calidad, enchufo el
router o tiro de mi videoteca, tan socorrida ella. Pero si me vendes terror, dame terror, no a una macizorra en celo que no asusta ni a sus víctimas potenciales. Y no, no me pareció original ni innovadora la supuesta reformulación del súcubo, la posesión infernal pasada por el tamiz de la angustia post-adolescente. Lo peor que le puede suceder a una película de terror no es dar risa (que también), sino resultar pedante. Y si consigue el doblete, ya mejor nos acostamos, a ser posible con Megan, aunque sea en sueños.
Los abrazos rotos. Almodóvar nos trajo otro de esos dramas suyos de diálogos impostados, colores gritones, amoríos tormentosos y barroquismo moña. ¿Para cuándo otro
Matador, maldita sea?
No es tan mediocre como
La mala educación, ni mejor que
Volver, pero entre esos niveles de agotamiento anda el manchengo. Y el tema es que sigue cosechando casi los mismos aplausos que en la época de
Mujeres al borde de un ataque de nervios, obviando el apaleamiento que sufrió por
Kika, que le sirvió para tocar tierra y frenar el carro de la experimentación.
En ocasiones pienso que ya la única razón para ver una de Almodóvar está más próxima a la medicina preventiva que a la cinefilia: ¿seguirán firmes, sanas y rotundas las tetas de Penélope Cruz este año?
Obsesionada. Beyoncé Knowles, la nueva Whitney Houston (por tener, tiene hasta marido
gangsta) escogía, supongo que asesorada por el departamento de subordinados que cuidan de su nombre/marca, protagonizar este
remake inconfeso de
Atracción fatal y entre todos los implicados, con ella a la cabeza, le robaban la poca gracia que le quedaba al vetusto
thriller de Adrian Lyne. Al transformar el personaje de Anne Archer en una negrita ordinaria y peleona que arroja puñetazos barriobajeros a Ali Larter, esa zorra blanca rompehogares, se pierde la descacharrante apología de la fidelidad conyugal, la moralina conservadora y se obtiene como resultado un
film apestoso que las parejitas de color ven en los autocines mientras se meten mano.
Zombieland. No me funciona como zomedy (brillante término leído en
Zombi que hay que normalizar) y tampoco como cinta de terror. Me pareció un completo despropósito, por muy simpático que me caiga Woody Harrelson y por muy molón que fuese el cameo de esa estrella de Hollywood tan singular, ese Buster Keaton de nuestra generación llamado... ah, sorpresa, sorpresa.
Pudo haber sido genial, pero sus autores parecen desconocer las reglas más importantes, que no son estar en buena forma física, revisar los asientos traseros de un coche o comprobar la munición, sino estudiar el género para así poder derribarlo, satirizarlo o jugar con él desde una posición y actitud adecuada.
Y aún no he visto
2012,
Planet 51,
Ágora,
Enemigos públicos,
Celda 211,
Malditos bastardos,
The box,
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina,
Tetro,
Donde viven los monstruos,
Agallas, el
remake de
Viernes 13,
Julie y Julia,
Asalto al tren Pelham 123,
500 días juntos y muchísimas más que figuran anotadas en mi bloc de los deseos pendientes. Seguiremos gozando, padeciendo e informando.
Sometimes I find myself sittin' back and reminiscing
Especially when I have to watch other people kissin'
And I remember when you started callin' me your miss's
All the play fightin', all the flirtatious disses
I'd tell you sad stories about my childhood
I don't why I trusted you but I knew that I could
We'd spend the whole weekend lying in our own dirt
I was just so happy in your boxers and your t-shirt
[Chorus]
Dreams, Dreams
Of when we had just started things
Dreams of you and me
It seems, It seems
That I can't shake those memories
I wonder if you have the same dreams too.
The littlest things that take me there
I know it sounds lame but its so true
I know its not right, but it seems unfair
That the things are reminding me of you
Sometimes I wish we could just pretend
Even if only for one weekend
So come on, Tell me
Is this the end?
Drinkin' tea in bed
Watching DVD's
When I discovered all your dirty grotty magazines
You take me out shopping and all we'd buy is trainers
As if we ever needed anything to entertain us
the first time that you introduced me to your friends
and you could tell I was nervous, so you held my hand
when I was feeling down, you made that face you do
There's no one in the world that could replace you
[Chorus]
Dreams, Dreams
Of when we had just started things
Dreams of me and you
It seems, It seems
That I can't shake those memories
I wonder if you feel the same way too
The littlest things that take me there
I know it sounds lame but its so true
I know its not right, but it seems unfair
That the things reminding me of you
Sometimes I wish we could just pretend
Even if only for one weekend
So come on, Tell me
Is this the end?