Adiós a J. D. Salinger


El año, 1993. Yo hacía la mili en Canarias y las horas, los días, los meses, había que combatirlos con lo que fuera. Cerveza, pitillos y libros eran mis anestésicos favoritos. El hachís no era mi rollo, aunque comprendía a los que se pasaban el día en un globo constante. Ocho duros el botellín de birra (con quinientas pesetas te cogías un respetable ciego) y a diez duros la cajetilla de una marca de tabaco infecta, Swing, cigarrillos que sabían más a papel y al corcho del filtro que a otra cosa. La literatura se compartía, como el porno o El Jueves.

Os sorprendería la cantidad de gente que leía en aquella base. Fueron muchos los que hicieron el tradicional periplo de tebeos a novelas, que en una vida normal gasta sus años, en pocas semanas, porque el aburrimiento agilizaba el trámite. La música era todavía un bien farragoso (esos walkman con cintas de sonido sucio y esas baterías que se agotaban en un suspiro), no como ahora, que cualquier reproductor mierdero de mp3 suena como una jodida filarmónica navideña. ¿La vieja y querida televisión, con su gran poder lobotomizante? Nanay. Para comprar un televisor minúsculo con radio incorporada había que hacer una colecta y luego compartir el aparato en atestadas literas de tiparracos peludos en calzoncillos (pedos, eructos y chistes malos impedían ver una peli o serie cualquiera). De modo que el sistema más rápido, agradable y barato para pasar el rato entre permiso y permiso de fin de semana era leer. Yo llevaba haciéndolo desde que con catorce años me estalló la mente con El nombre de la rosa, de Umberto Eco, y antes de gozarlo con aquellos monjes zumbados me había tirado toda la infancia entre superhéroes (patrios y extranjeros), cómics de terror para adultos y novelitas de ciencia-ficción de Bruguera, tradicionalmente conocidas como “de a duro”, aunque por entonces costaban unas treinta pesetas.

Esa extraña paz de sumergirte en un texto y parpadear sorprendido porque han transcurrido tres horas en el mundo exterior no era nada nuevo para mí, y era uno de los efectos secundarios que menos me importaban en casa: primaba la diversión, que las horas se me escaparan como en un coladero era un pequeño precio a pagar. Pero en Tenerife descubrí que las tornas se habían invertido. Y que así era para la mayoría de los que allí estábamos. Lo interesante consistía en “blanquear” el tiempo, un tiempo negro que era como una condena para los que estábamos lejos del hogar y ya habíamos disfrutado de los veintiocho días de vacaciones en la península. Si el libro era bueno, mejor, porque el proceso de quemar una madrugada de guardia en una garita abstrayéndose en él resultaba más placentero. Si era un tocho y además de calidad, pues cojonudo.

Por el barracón rulaban los libracos de Noah Gordon, varios superventas de Erich Segal, El señor de los anillos divido en tres tomos (paréntesis presumido: yo ya lo tenía en la hermosa edición única de Círculo de Lectores, jejeje), las antologías de cuentos de Clive Barker y un buen número de títulos más que no recuerdo ahora. El sistema de esta pequeña biblioteca ambulante era bien simple: comprabas un libro, lo leías y lo intercambiabas por el que hubiese comprado otro tío. Para cuando te habías pulido seis o siete libros ajenos, el tuyo regresaba a tus manos con las señales que, para aquellos que cuidamos nuestros volúmenes con mimo, son más insoportables que unas uñas arañando una pizarra: círculos de vasos en la portada, esquinas dobladas, esas manchas pálidas de la grasa dactilar en las páginas y las grietas en el lomo causadas por los que parece que hayan estado abriendo con ahínco un par de piernas femeninas en lugar de una pobre y delicada novela. Pero por una vez, no me enervó este maltrato generalizado. Eran libros adquiridos para tiempos de guerra, herramientas de primera necesidad más que objetos de placer y posterior coleccionismo.

Uno de los que yo me agencié y se leyó media compañía fue El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger. Lo elegí porque en un Fotogramas de la época, mi Winona Ryder aseguraba en una entrevista que si alguien intentaba adaptar su libro favorito ella alquilaría un helicóptero y bombardearía el plató pertinente. Me hizo gracia esa declaración tan visceral (sobre todo imaginarla con su algo más de metro y medio de estatura y llena de furor homicida, en plan Apocalypse Now, por los cielos de Hollywood) y aquella chorrada se me quedó en el coco. De modo que en una librería de Santa Cruz de Tenerife pillé un ejemplar editado por Alianza Editoral, tapa blanda, de esa colección de diseño minimalista que no sé si aún sigue en los comercios.
Me lo zampé en una noche, en la lavandería. Lo empecé después de cenar y lo acabé al alba, con pequeñas pausas para ir al baño y preparar café. Y fue una de las experiencias más bonitas que recuerdo como lector. Las risas, que me tenía que sofocar con una mano para no despertar a nadie, el constante asombro ante la manera brillante de narrar de Salinger, el reconocimiento en algunos párrafos de ciertas sensaciones y pensamientos de una adolescencia que yo apenas había dejado atrás y sobre todo la fascinación que me despertaba comprobar que aquel libro, absolutamente moderno, tan malsano, tan ácido y tan lleno de desencanto había sido publicado en la feliz Norteamérica de 1951.
Lo recomendé a mis amigos. Casi todos se mostraban renuentes porque, os recuerdo, el tema era dilapidar los excedentes de tiempo en las guardias y turnos y no “comerse” la cabeza; aquel título tan impreciso inspiraba esfuerzos e introspecciones, y no diversión narcótica. Pero luego coincidían en lo mismo al devolvérmelo: “Qué pena que dure tan poco” o “Qué bueno, pero oye, me lo fundí en una tarde”, como si me culparan a mí de su escaso gramaje.

Salinger tenía los cojones más grandes de su generación, y lo demostró pasando a la posteridad con su primera novela, en menos de 50.000 palabras mecanografiadas. Y añado: con un cero patatero de promoción y comepollismo social.
Muchos vieron en el retiro de Salinger y en su celoso afán de anonimato una conducta casi patológica, pero yo creo que su actitud fue digna de aplauso, toda una declaración de intenciones en estos tiempos en los que se da por sentado que parte de la tarea de un escritor consiste en travestirse de producto cultural, firmar ejemplares en barracas de feria, asistir a eventos, mesas redondas o tertulias radiofónicas y abrir la bocaza para pontificar, sin rubor alguno, sobre cualquier aspecto candente de la actualidad.

J.D. Salinger era un escritor, no un charlatán. Y El guardián entre el centeno habla por sí solo y lo seguirá haciendo década tras década, que es sin duda el objetivo más noble a perseguir. Porque al final la fama pasa, el dinero se lo gastarán en coca y putas tus herederos, pero tu obra, si es buena, seguirá viva, emocionando, consolando y alumbrando al mundo.

Gracias por aquella noche en Tenerife, viejo genial, y que descanses en paz.

Servicios sociales




-Dispárale otra vez.
-¿Para qué?
-Su alma sigue bailando.

Viendo estos dos minutos de metraje, os ahorráis la estúpida versión de Bad Lieutenant perpetrada por Werner Herzog.

De nada. Lo que sea por mis niños.

La entrada hoygan


A poco que transcurra algo de tiempo, está comprobado que todo blog tendrá su entrada hoygan.

Lo bonito es cuando no lo has provocado tú, y un post cualquiera se te llena de gente que se encomienda al Señor, que te cita pasajes bíblicos con sus ediciones manipuladas de las Sagradas Escrituras (si no de memoria, que acojona sólo con imaginarlo) o que manifiesta su opinión con una emotividad tan remarcada y tan alta que se le quitan a uno las ganas de cachondeo. Y todavía no he dicho nada, en este caso en concreto, de los licenciados que me daban lecciones gratis de medicina, de las dolorosas faltas de ortografía y del cruce de insultos entre los anónimos más exaltados.

Diga 33 era una sección bastante gandula, de copia y pega casi, por eso fue quedando rezagada con respecto a las demás, porque total, para lo que me aportaba (reprobable morbo de hipocondríaco y algo de humor) no tenía mucho sentido continuarla. Pues justo ahí, explotó mi entrada hoygan, que son como el Mal en la corte del rey Arturo: siempre donde menos te lo esperas. Al principio alimentaba con leña el asunto, interviniendo en los comments, y luego lo dejé en paz por puro aburrimiento. A fecha de hoy, sigue ardiendo, a lo suyo, con vida propia, como el vertedero de neumáticos de Springfield.

La entrada hoygan de este blog vuestro, aquí. El billete para subir a la atracción se paga con vergüenza, pero os invito yo, que como responsable del artefacto gasté tanto de la mía que todos mis recomendados tienen acceso gratuito.

Hobo Humpin Slobo Babe, Whale


En su día, este videoclip me parecía lo más molón del mundo. Hoy, les daría con una chancla en la boca a los tres. Lo peor de todo es que cuando se pongan de moda los noventa (quedan dos telediarios), Whale resurgirá en blogs, webs y redes sociales.

El cementerio de Nashkel


Decía hace unas semanas que Baldur´s Gate era otro rollo y así es. En mi retorno a sus tierras, que estoy disfrutando como si fuera la primera vez, volví a sonreír con las tumbas del camposanto de Nashkel, un pueblo del interior de la Costa de la Espada.

Tanto en Baldur´s Gate como en su secuela y expansiones, como en Icewind Dale y como en cualquier juego con Bioware de por medio, todo estaba cuidado y mimado hasta extremos obsesivos y buena prueba de ello era el profuso material de relleno en cada pantalla, que generaba esa sensación de coherencia y que premiaba a sus visitantes con genuinas muestras de humor, filosofía, dramatismo y hasta con toques de un terror que, por cotidiano, era asumido sin ningún problema al respecto.

Con frecuencia, en la rutina de un aventurero pueden transcurrir pocas horas entre una velada agradable y una muerte abrupta en cualquier cueva o edificio en ruinas. En los Reinos Olvidados, diñarla en las garras de un monstruo es cosa corriente, porque hablamos de un plano de realidad en el que las criaturas clásicas del bestiario de la fantasía épica (trolls, ogros, orcos, gnolls, dragones, elementales, demonios, vampiros, no muertos, etc.) son tan comunes como aquí en el nuestro lo son un chorizo navajero del extrarradio, un teleoperador de Jazztel o un testigo de Jehová. Por eso, en el cementerio de Nashkel, los artistas que parieron Baldur´s Gate nos recuerdan, con las inscripciones de las lápidas, lo efímera, siniestra, grotesca, hermosa, absurda y cómica que puede ser la existencia humana. Sobre todo en un mundo tan al límite como Faerûn.

A continuación, las últimas palabras o el sentido homenaje de familiares y amigos de un buen puñado de difuntos que descansan para siempre en la tierra consagrada del templo de Helm. Mis comentarios, si los hay, en cursiva. El resto es texto del juego.

-Aquí yace Andrew, cuya armadura no estaba en garantía.

-Siempre te recordaremos, Marcia. "Bestiae sumus, ut non bestiae simus (Bestias somos, no sea que en bestias nos convirtamos)".

-Aquí descansa eternamente Russ. "Todo el mundo muere, lo que importa es la manera de vivir".

-Últimas palabras de Memnoch: "¡Abrid el portal! ¡Pronto Telamonte y sus hijos se enterarán de quién debe ser su gobernante!". Nunca más se supo de él.

-Aquí yace John W. Miró hacia arriba por el hueco de la mina, a ver si el carro estaba bajando. Sí, estaba bajando.

-Aquí yace Dan M. "Cuando no pueda estar solo, habrá llegado el momento de morir".

-"Forastero, pisa este terreno con gravedad. El dentista Mark B. llena ahora su última cavidad".

-Aquí yace Mark D., que el veintitrés de mayo aprendió a callarse.

-Últimas palabras de Larry: "Dividámonos, así cubriremos más terreno". Jajjajja. Es genial. Me recuerda a ciertos momentos en World of Warcraft.

-Aquí yace Cass. Mort principium est (La muerte es el principio). Yeah!

-Aquí descansa para siempre Elben, quien perdió su vida a manos de un ankheg. Devorado, pero no olvidado.

-Dave F. Asesinado por trece farfulleros, cuatro kóbolds, seis ogros y dos lobos terribles. "Ne invoces expellere non possis (No invoquéis lo que no podáis vencer)". Típico cuando lanzas un conjuro complicado y te fallan las tiradas de protección contra el mal. Tus propias criaturas te toman por almuerzo.

-Aquí yace Tobyn, quien creía en la bondad de todo el mundo. Murió a manos de un grupo de zombis cuando les preguntó qué hora era. juajuaja ¡Viva!

-Aquí yace Arnel. "Tendríais que ver cómo quedó el otro".

-Aquí yace Kelly, una elegante atea sin ningún sitio al que ir.

En fin, eso es un cementerio en condiciones y no los nuestros, llenos de aburridos fiambres que en su mayoría espicharon por el cáncer o los achaques asociados a la vejez.

Una del corazón


Estoy preparando un especial para San Valentín que sé que os gustará. Y en él figurará Corazonada, de Francis Ford Coppola. Para ir abriendo boca, este bombón audiovisual de tres minutos y medio.



Frederic Forrest y Nastassja Kinski en una poética y romántica recreación del desierto que rodea a Las Vegas (todo bajo techo, en los estudios de Zoetrope). Ella baila para él y él dirige para ella una orquesta de chatarra. Es como uno de esos sueños bonitos que no se consiguen recordar del todo a la mañana siguiente, sólo que alguien esta vez registró el suyo en celuloide.

Corazonada fue remasterizada en el 2001 para su edición en dvd. Otra más para la lista de la compra, que la tenía grabada de televisión en vídeo y ya voy necesitando hacerme con una copia en condiciones.

Jeepers Creepers


Título original: Jeepers Creepers
Año: 2001
Duración: 90 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Victor Salva
Guión: Victor Salva
Música: Bennett Salvay
Fotografía: Don E. Fauntleroy
Intérpretes: Gina Philips, Justin Long, Jonathan Breck, Eileen Brennan

Sinopsis: Trish Jenner y su hermano menor Darry realizan un viaje largo y aburrido cuya monotonía sólo se rompe por sus continuas discusiones. De pronto, en mitad de ninguna parte, descubren una iglesia abandonada cuyo tejado está cubierto por una espesa bandada de cuervos y ven como un misterioso personaje arroja un bulto al interior de una gran boca del alcantarillado.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Con un arranque prometedor, donde se conjuran todos los puntos comunes del género, desde el Spielberg primerizo de El diablo sobre ruedas al Carpenter de Halloween, pasando por el Tobe Hooper de La matanza de Texas, y con un par de chistes autorreferenciales en la línea de Scream (como cuando la joven protagonista advierte a su hermano que no baje por la tubería, porque esa es la clase de error que todos los imbéciles cometen en las películas de terror), Jeepers Crepers se agota en el primer estallido inicial, tras un primer cuarto de hora emocionante, para perderse en la más absoluta estupidez, sin rumbo fijo, sin intencionalidad, sin más sentido que el de impresionar más bobinas de celuloide para así llegar a la calificación de largometraje.

Dos hermanos regresan a casa en automóvil. Transitan por la América ganadera y agrícola, la de las carreteras desiertas, la de las vallas alambradas y los mares de hierba, la de las tétricas gasolineras con tejumbre de madera. Darry (Justin Long), toma el pelo a su hermana, como lo hacía el hermano de Barbra al comienzo de La noche de los muertos vivientes. Trish (Gina Philips) soporta con estoicismo las burlas cuando no se une a ellas; pueriles juegos de palabras con el objeto de ahuyentar al aburrimiento. Una vez que hemos conocido a los chicos, sabemos que tras las pullas infantiles de ambos se esconde el amor fraternal y la complicidad de toda una vida juntos. Lo cierto es que si lo que se pretende con ese prólogo es despertar las simpatías hacia los dos jóvenes, se yerra en el resultado, pues nada más conocer a los dos insulsos y parlanchines protagonistas, ya se está deseando que aparezca el engendro de turno y los abra en canal alegremente. Y en efecto, entra en escena el descerebrado monstruo de rigor.

En una película de terror, el miedo suele llegar cuando en un entorno real y cotidiano, en medio de gente normale y corriente, irrumpe la irrealidad, la anormalidad que lo acaba transfigurándolo todo. Como Charlie Sheen decía en Platoon: "...el infierno es la imposibilidad de la razón". En Jeepers Creepers, el infierno viaja en una decrépita camioneta, pese a ello tan veloz como ruidosa, capaz de alcanzar los 170 km/h. Los chicos son embestidos y adelantados por un monstruo de metal herrumbroso, hijo mecánico bastardo de un padre honorable que ya hemos mencionado más arriba: el Spielberg imberbe de El diablo sobre ruedas. Tras el susto inicial, vuelven a encontrarse unos metros más adelante con la camioneta, aparcada frente a una vieja iglesia. Esta vez vemos al conductor, una siniestra figura con capa y sombrero de ala ancha, deshaciéndose de un fardo ensangretado por la boca de una gruesa cañería. Desoyendo los consejos de la prudente Trish, Darry da media vuelta espoleado por la curiosidad, que intenta vender a su hermana como mero civismo: "Alguien podría necesitar ayuda". Comprueban que el extraño sujeto no está por las inmediaciones y haciendo gala de la torpeza característica en todas las víctimas de las películas de terror, Darry resbala por la tubería y aterriza en el oscuro y húmedo subsuelo. Mientras Trish trata de parar algún coche en la carretera, Darry queda en estado de shock al comprobar que la bóveda del amplio sótano es una versión atroz de la Capilla Sixtina, con multitud de cuerpos disecados pegados al techo y las paredes, formando un artístico y abigarrado fresco humanista que habría hecho aullar de placer, motosierra en mano, a Leatherface. Darry consigue salir de allí y junto a Trish llegan hasta un apático self-service, donde salvo la camarera, el resto de los parroquianos apenas se inmutan ante el pánico y las peticiones de ayuda de los dos jóvenes (la pasividad de los clientes evoca de forma directa al pub de los páramos de Un hombre lobo americano en Londres). Al final, aparece la policía. Los agentes se muestran escépticos ante el relato de Darry. Es aquí donde conocemos por teléfono a la vidente Jezelle (Patricia Belcher), pariente de color de Tangina, aquella médium odiosa y enana que nos daba la paliza en Poltergeist. Jezelle confunde más que ayuda y pretende ser el toque paranormal que dé categoría y misterio a la ya por entonces cada vez más aburrida y predecible trama.

El monstruo, que necesita alimentarse "cada veintitrés primaveras durante veintrés días" se ceba con las autoridades locales, con una anciana y con un reo, con suaves incursiones en el gore más ligth, fijándosenos la atención en el dilema gastronómico del bichejo, que dispone de unos veinte minutos de largometraje para decidir a quien se cepilla, si al chico o a la chica. Un final apresurado nos pone frente a los títulos de crédito. Jeepers Creepers podría haberse contado en treinta minutos y habría sido un excelente episodio en Twilight Zone o en Cuentos asombrosos, aquellos entrañables tebeos televisivos del fantástico y el terror. O tal vez habría funcionado con más dignidad y naturalidad en los cincuenta minutos de un Expediente X.

De todas formas, The Creeper cumple con uno de los preceptos que más simpatías me despiertan: ser el monstruo de su propia película. Sólo por eso, ya tiene su gracia. Y si hay que seguir buscando el lado positivo del asunto añadamos que una parte del dinero que recaudó el film de Victor Salva llegó hasta las maltrechas arcas de American Zoetrope, la quijotesca productora de Francis Ford Coppola, que intervino en el proyecto. Un pequeño porcentaje de nuestra pasta habrá servido para que el director descongele y ponga en marcha alguna de sus locuras más personales, como ese Tetro que aún tengo pendiente de ver. Algo es algo...

Carnivàle, Temporadas 1 y 2


La feria ha llegado a la ciudad. Pasen y vean, señoras y señores. La mujer barbuda, el hombre lagarto, las hermanas inseparables, Ruthie, la encantadora de serpientes, Sofie, que les leerá el futuro con sus cartas mágicas, la noria de Jonesy, o tal vez prefieran el espectáculo sólo para caballeros de Stumpy, con las bellas bailarinas Rita y Libby ejecutando las coreografías que han causado furor en París y Viena.

Por unos cuantos céntimos, la buena y mala gente puede olvidar por unas horas, en esta feria ambulante, las calamidades de la Gran Depresión. Beber un refresco y subir al tiovivo si eres un niño, ver un par de tetas si eres un hombre o, si eres una sufrida granjera con las manos cuarteadas por el frío y la tierra seca, consolarte en tu fuero interno al comprobar que hay seres más infelices que tú, feos monstruos de barraca que venden su miseria de pueblo en pueblo.

Pero cuando las luces se apagan y los paletos duermen, a punto de ser expropiados por el banco desalmado de turno, cuando la función ha terminado y los rudos trabajadores de Samson recogen las carpas y desmontan el tendido eléctrico, cuando esta gran familia se echa a la carretera con sus camiones y escogen su próximo destino, con la brisa fresca de la mañana saludándoles, ¿quién es más libre, quién más desgraciado?

Carnivàle sólo duró dos temporadas. Oficialmente, tropezó con esa fatal conjunción de contrariedades que se ventila cualquier proyecto en televisión: una audiencia discreta y unos costes elevados de producción por cada episodio. Así que no se lo pensaron mucho y zas, en toda en la boca.

¿Qué encontraréis en esta serie que merezca el tiempo y la atención que podríais dispensar a otras? Pues veréis, para empezar, unos personajes muy bien construidos sobre un telón histórico apasionante, la depresión económica que hizo temblar a un gran país. Luego una visión pormenorizada y precisa de los interiores de un circo nómada en sus últimos años de existencia. En Carnivàle, los días de exhibir a seres con anomalías genéticas están contados y los propios protagonistas lo saben. Ese tono crepuscular le sienta de maravilla a la producción y allana el terreno para los elementos más sobrenaturales de la trama, que los tiene y muy interesantes además.

Carnivàle es una serie de época, y se agradece el esfuerzo de reconstruir un entorno del pasado, ahora que todas las que hay en antena son historias contemporáneas y urbanitas, pero también es un cóctel de conceptos que a mí personalmente me apeteció apurar de un trago. Coge la Norteamérica de Steinbeck y Hoover, la rareza cotidiana de Twin Peaks, la oscura fascinación del Tod Browning de Freaks y añádele acción, esoterismo y una pizca de sexo (el condimento estrella en la HBO). Resultado: Carnivàle. Ahora, toca esperar a ver cuándo el barman me llena la copa de nuevo con algo tan sugerente y distinto como lo que acabo de beberme. Me da que pasarán años.

Os dejo aquí abajo la fenomenal intro, con una muestra de la partitura de Jeff Beal, otro de los grandes aciertos a destacar. Esa música te transportaba más rápido a los años treinta que los decorados, los coches, los buenos actores o el convincente vestuario.

Galaxias como granos de arena


Escrito por Brian Aldiss en 1960, Galaxias como granos de arena es un compendio de relatos que dibujan el devenir del hombre desde los paréntesis más oscuros de las guerras atómicas hasta la vejez de la Vía Láctea. Como decía, 1960. Con la Guerra Fría a todo trapo y la escalada bélica internacional incrementándose a cada año que pasaba, la impresión de que habría un gran conflicto mundial estaba más próximo a la corazonada que a la especulación intelectual, y rara es la ci-fi clásica de la época que no deja reflejado ese temor en sus páginas. Así que el libro de Aldiss también se hace eco de esa preocupación.

Pero sorteados los primeros cuentos, aquellos que en su contexto recuerdan al siglo XX, la imaginación desbordada del autor campa a sus anchas, llevándonos de paseo por los diferentes milenios de existencia de la raza humana, por la colonización del espacio, por la era de los robots, de las células conscientes de sí mismas (brillante segmento: me recordó a la poderosa Música en la sangre, de Greg Bear) y por la construcción de las grandes megalópolis.

Encontré particularmente acertado el modo de fabular con el futuro, esa división en relatos muy concretos de una sólida y compleja Historia del Hombre que, de otro modo, ocuparía miles de páginas de narrativa convencional. Pero con esa estructura de antología de cuentos interrelacionados, la vertiginosa sensación de estar saltando a través del tiempo mientras sigues la evolución de nuestra especie es casi lo mejor del libro.

Y el último cuento, Los Milenios Finales, es de quitarse el sombrero. Bello, melancólico y demoledor. El mejor de todos, sin duda, junto con algunos pasajes de Los Milenios de los Mutantes.

Pues eso, un librito encantador, que no es que se lea, es que se bebe, y que deja con ganas de más.

Littlest Things, Lily Allen




No le dejaba intactas ni las pestañas...

Me recuerda a la Tori Amos de los primeros tiempos.

La letra, aquí

Sometimes I find myself sittin' back and reminiscing
Especially when I have to watch other people kissin'
And I remember when you started callin' me your miss's
All the play fightin', all the flirtatious disses
I'd tell you sad stories about my childhood
I don't why I trusted you but I knew that I could
We'd spend the whole weekend lying in our own dirt
I was just so happy in your boxers and your t-shirt

[Chorus]
Dreams, Dreams
Of when we had just started things
Dreams of you and me
It seems, It seems
That I can't shake those memories
I wonder if you have the same dreams too.

The littlest things that take me there
I know it sounds lame but its so true
I know its not right, but it seems unfair
That the things are reminding me of you
Sometimes I wish we could just pretend
Even if only for one weekend
So come on, Tell me
Is this the end?

Drinkin' tea in bed
Watching DVD's
When I discovered all your dirty grotty magazines
You take me out shopping and all we'd buy is trainers
As if we ever needed anything to entertain us
the first time that you introduced me to your friends
and you could tell I was nervous, so you held my hand
when I was feeling down, you made that face you do
There's no one in the world that could replace you

[Chorus]
Dreams, Dreams
Of when we had just started things
Dreams of me and you
It seems, It seems
That I can't shake those memories
I wonder if you feel the same way too

The littlest things that take me there
I know it sounds lame but its so true
I know its not right, but it seems unfair
That the things reminding me of you
Sometimes I wish we could just pretend
Even if only for one weekend
So come on, Tell me
Is this the end?

La novia de Chucky


Título original: Bride of Chucky
Año: 1998
Duración: 89 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Ronny Yu
Guión: Don Mancini
Música: Graeme Revell
Fotografía: Peter Pau
Intérpretes: Brad Dourif, Jennifer Tilly, Katherine Heigl,
Nick Stabile, John Ritter, Alexis Arquette,
Gordon Michael Woolvett, John Ritter, Lawrence Dane,
Michael Johnson, James Gallanders, Janet Kidder,
Vince Corazza, Kathy Najimy, Park Bench,
Emily Weedon, Ben Bass, Roger McKeen, Sandi Stahlbrand

Sinopsis: Chucky, el implacable muñeco asesino, vuelve a la vida. Tiffany se ha encargado de resucitarlo. Pero su amado no reacciona como ella esperaba. Chucky, que echa de menos la compañía de alguien como él, consigue traspasar el alma de Tiffany a una muñeca. Con su ayuda, Chucky aspira a recuperar su forma humana.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)


Child´s Play fue una estimable película de terror. El malvado muñeco protagonista tenía la mala leche de Jason Voorhees, la socarronería de Freddy Krueger y la determinación carnicera de Michael Myers, todo en un cuerpecillo de plástico relleno de gomaespuma que no sobrepasaba el metro de altura y que devolvía a la actualidad la fascinación por un objeto animado y armado. La película de John Lafia que lanzó a Chucky tuvo el suficiente éxito como para dar luz verde a dos secuelas poco inspiradas, que se limitaban a reproducir con menor fortuna los furores homicidas del muñeco de marras.

Chucky volvió a la carga en 1998, en una cinta cuyo título ya te ganaba y conquistaba, gracias a los ecos que despertaba en la memoria otras maniobras parecidas hace más de cincuenta años, cuando los grandes estudios intentaban sacar todo su jugo a sus monstruos, embarcándolos en explotaciones como La novia de Frankestein o El hijo de Drácula.

No exagero si afirmo que La novia de Chucky es la mejor de toda la serie, precisamente porque tiene muy claro que pertenece a una saga y que aún así puede aportar algo más que una simple sucesión de asesinatos. El humor negro, el homenaje, el entretenimiento y sí, por supuesto, las muertes violentas, complementan una producción cuidada, mucho más inteligente y bien ordenada de lo que podría parecer en un principio. Que participe en ella Jennifer Tilly, la hermana rotunda y estimulante de Meg Tilly, ya debería ponernos en guardia: una actriz tan lista, que ha reavivado el personaje de la chica tonta y ligera de cascos, repitiéndolo con total descaro en películas de distinto pelaje, como en el thriller negro Lazos ardientes o en las comedias Balas sobre Broadway y El hotel de los fantasmas, sabe lo que se hace. Sin temor al encasillamiento, en La novia de Chucky interpreta una vez más a una mujer voluptuosa e irresponsable, de aflautada voz y que acaba siempre relacionándose con cretinos o gente de mala influencia. En este caso es Tiffany, un antiguo amor del hombre que ha acabado habitando el muñeco conocido por Chucky. Aficionada al sado ligero y al bondage, la marchosa Tiffany se hace un día con el destrozado Chucky y lo recompone a base de aguja, hilo y pegamento. Intenta resucitarlo, reproduciendo el ritual vudú necesario para ello, y cuando Chucky vuelve a la vida lo primero que hace es liquidar al tontaina que Tiffany tiene por compañero.

La parte realmente divertida comienza cuando Tiffany muere (con una tele de fondo emitiendo La novia de Frankestein) y renace atrapada en el interior de una muñeca. Tanto Chucky como Tiffany quieren volver a ocupar cuerpos humanos y para ello deben viajar cruzando el país hasta el cementerio donde reposan los restos mortales del asesino que vive en Chucky, y que son necesarios para la ceremonia de reencarnación. Es entonces cuando la película se transforma en una road movie sardónica, torcida y sin respiro. Los adolescentes Jesse (Nick stabile) y Jade (Katherine Heigl), que llevan en la parte de atrás de la ranchera a los dos killers de juguete, se convierten, involuntariamente (a medida que van apareciendo cadáveres por donde ellos pasan, y gracias a los medios de comunicación, tan sensacionalistas y prontos a la hora de crear nuevos ídolos), en una especie de relevo generacional de parejas fuera de la ley, como Bonnie y Clyde, Sailor y Lula o Micky y Mallory, con la salvedad de que ellos son inocentes. Los verdaderos culpables son Chucky y Tiffany, que irán comprendiéndose y compenetrándose a medida que pasan los kilómetros de carretera, llegando a una comunión de pensamiento y pareceres que desembocará en amor mutuo. Para los dos muñecos, el viaje en coche será transfigurador y realmente valioso. No deja de ser curiosa esta inversión de protagonismo: los muñecos están embarcados en un recorrido iniciático mientras que los dos humanos parecen estúpidos en sus roles planos. Los chicos, Jesse y Jade, sólo cobran interés en la historia cuando se vuelven paranoicos, desconfiando el uno del otro por la autoría de los asesinatos.

Cabe destacar el esmero dedicado a la puesta en escena. Ronny Yu se vuelca a placer en las formas recargadas durante algunos momentos clave, en las referencias más obvias, que no por ello menos amorosas o respetuosas. Así, cuando Tiffany rompe un espejo en el techo y centenares de vidrios afilados atraviesan a una joven pareja de recién casados, la manera en que está construida la secuencia es puro giallo. El montaje paralelo entre la boda de los dos chicos y la muerte simultánea a machetazos de un policía por parte de Chuky era de corte similar a ciertas secuencias de la saga El padrino.

Una recomendación final: si es posible, visiónese La novia de Chucky en versión original. La voz de Brad Dourif, tan malvada y tan grave, tan teatral, contrasta de una forma deliciosa con el tono agudo y femenino de Jennifer Tilly.

Y del hijo de Chucky, que me gusta, pero menos que su novia, ya hablaremos otro día.

Generación Ni Ni




Porque se refieren a los caballeros que dicen ni, ¿no? ¿O se trata, una vez más, de otro reality concebido para irritar a la audiencia y atraparla a través del morbo y el asco?

Próximo estreno de La Sexta, los que se mofan tanto de Tele 5 y su programación basura.

Y eso que no veo apenas televisión. Si lo hiciera más a menudo, me da un aneurisma o algo peor.

Roland


No importa cuánto escriba, porque nunca crearé un personaje como Roland Deschain. Lo cual me hace dudar si de verdad inventamos algo cuando aporreamos el teclado, le damos al boli o a la máquina de escribir (todavía resisten algunos). Tal vez seamos intermediarios inconscientes de un flujo de información entre diferentes planos de existencia, como conjeturaba Stephen King en los últimos tomos de su saga. Puede que Roland y su ka-tet existan, que la torre y la rosa vibren en un millón de mundos, pero la manera de contarlo, de plasmarlo en papel, fue producto de su talento como narrador. Y ante eso, a los demás sólo nos queda resignarnos y seguir intentándolo.

"El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él".

El wallpaper de este mes es Roland mostrando su lado más tierno. Y pensar que J. J. Abrams estuvo a punto de adaptar La Torre Oscura. Pero no, él a sacar temporadas de Lost como churros. Ya le vale.

(Click en la imagen para ampliar)

Resumen del blog-año, 2009


Como el año pasado, toca resumir los doce meses de entradas en Homo Insanus.

En enero nos asombramos con las polifacéticas miradas de Paz Vega, viajamos en el tiempo hasta 1981, el año del lobo, os contaba lo contento que me tenía mi disco duro multimedia (el rey de la casa) y recordamos qué buena era Mientras nieva sobre los cedros.

En febrero dimos un repaso a las conejas más sugerentes de Lost, analizamos Condemned, esa maravilla distribuida por Sega, y os confesé lo bien que me lo pasé siguiendo los Oscar en los foros de Meristation. Vivir para ver, en Meristation, ni más ni menos.

En marzo, la sección Tu película (que pienso reactivar este año) agasajeó a Redrum con El Resplandor y nos reímos un poco con esos carteles cinematográficos que nos disuaden de entrar en la sala oscura, en lugar de animarnos a ello. Mi Xbox 360 se fue pa Alemania, Pepe, y reflexionamos de manera informal sobre el caso Marta del Castillo.

En abril, un meme de Solondz propició un pequeño y delicioso festival de carteles entre todos mis conocidos de la blogosfera, nos morimos de vergüenza con las declaraciones de la ministra de Cultura y os daba mis primeras opiniones sobre Bubok y la impresión por demanda.

En mayo edité mi primer librito, dedicamos La noche de los muertos vivientes a Zombi, con extractos de un ensayo de Borja Crespo, y flipamos con la armadura de Robocop en Ebay. También me reconcilié con Lost en su cuarta temporada, porque la tercera me había aburrido soberanamente.

En junio se nos fueron Michael Jackson (de aquí a nada, habrán pasado cinco años, ya veréis, ya) y David Carradine, recopilamos un breve directorio de películas veraniegas, publiqué mi segundo librito e inauguré la sección que más disgustos me da, La Fiambrera.

En julio os hablaba de Libro Virtual, esa monada de portal literario que montó Antonio Arteaga Pérez para que los escritores de Bubok "vendiéramos" el pescado en un entorno más bonito y amigable. Flipamos con el primer tráiler de Tron Legacy, colgué un relato de terror del que estoy muy orgulloso, reflexionamos sobre la conspiranoia lunar y Brody nos robó el corazón (y la poca cordura que nos quedaba) con su "Tócame el Windows".

En agosto nos paseamos por la trilogía Millennium, nos despedimos de John Hughes (nos vemos en el despacho del rector, tío) y también nos dimos una vuelta a vista de pájaro sobre las islas privadas de un buen puñado de magnates.

En septiembre comentamos en profundidad los tres primeros libros de la Biblioteca Star Wars de Planeta, jugamos a un gran meme musical, dijimos adiós a Patrick Swayze, recomendamos una hilarante novela online y revisamos El cazador de sueños.

En octubre nos fuimos a Tierra Santa con Altair, rememoramos pequeñas (aunque relucientes) joyas como Flash Gordon o Fausto 5.0 y me desmarqué con un cuento breve inédito que no llegué a enviar a un certamen.

En noviembre os conté mis impresiones sobre el triplete terrorífico que me había preparado en casa la noche de brujas, estrené una sección nueva, nos regocijamos con Pontypool y Moon y os hablé sobre las minirecreativas más coquetuelas del mundo. También analizamos Reaper y la última temporada de True Blood.

En diciembre nos hicimos eco del apagón analógico, regresamos a Faerûn y le dimos el último muerdo tierno a Brittany Murphy (menudo año). Además, reseñamos tres estupendos documentales y un excelente plugin para el imprescindible Spotify.

Como extra, las colaboraciones en La parada de los monstruos (a las que podéis acceder desde la columna derecha del blog), ese lugar aglutinador y confortable donde los freaks nos reunimos en comunión para oír la radio y hablar de lo que de verdad nos importa. Registraos, que os harán sentir como en casa desde el primer día.

Y eso fue, más o menos, todo. Gracias a los habituales por estar ahí y vamos a por el 2010.

Odio 2.0


Firefox con addons de protección, antivirus de confianza y firewall bien configurado. Y además, hago uso del sentido común cuando voy saltando cual ranita por la red. Pero nada de eso ha evitado que me coma el primer malware (cada vez son más sofisticados) del año. Así que mientras me peleo con el sistema, con los programas de limpieza y con las crípticas entradas de registro, me salta la clásica ventana recurrente, fritita ella porque le dé permiso para instalar software malicioso en mi ordenador.

Malware Defense, se llama. Se cuela ante tus ojos directo a la barra de tareas y allí se queda, dando por culo.

Pero lo mejor ha sido cuando me he hecho el café, me he preparado una figurada pipa y he investigado el asunto. Porque he dado con los comentarios de otros sufridos internautas y me han disipado el mal humor. Y es que nada relaja más que identificar al enemigo y odiarlo en comandita. El odio 2.0.

  1. MataVirus Dec 26, 2009

    Si pudiera encontrar al hijo de pu.ta k hizo esto le arrancava la cabeza

  2. joshi Dec 26, 2009

    Espero que me podáis ayudar a eliminar este malintencionado software.
    Me gustaría que me dejasen un ratito a solas, con el creador de este software.

  3. Edu Dec 28, 2009

    Joder, esto es una mierrrdaaaa esto me esta sacando loko, no puedohacer nada con el pc..... porfar una soluciónnn!!!!..... ah! feliz año!!!

  4. S Dec 29, 2009

    yo esty igual, e borrado el programa y el directori, tambien las entradas del registro, pero cuando reinicio vuelven a aparecer las malditas entradas del registro.
    Para el hijo de P.U.T.A que a creado esta mierda le digo que como me entere de quien es lo voy a rajar en canal.

  5. juankar Dec 30, 2009

    que hijo de puta?si lo cojo le arranquo la cabeza

  6. reynamora Dec 30, 2009

    Lo mismo digo,ojala reviente en mierda el cabron este.

  7. chinon78 Dec 30, 2009

    te meteria un palo en el culo y te arrancaria las uñas con una tenaza

  8. jimy Dec 30, 2009

    estoy mas que loco si lo pillo lo reviento, hijo de la gran puta, estoy días nada mas que cerrando el malware.

  9. Sawyer Dec 30, 2009

    Si cojo al que inventó esto le parto la cabeza! Dios, estoy de los nervios! No puedo trabajar así. Voy a probar con el Adware.

  10. drs Dec 31, 2009

    puto malware de los cojones.

  11. xquesiano Dec 31, 2009

    EL QUE IZO ESTA MIERDA SE LLENO DE GLORINA NEN! SI ALGUIEN SABE DONDE VIVE... QUE ME LO HAGA SABER, NO SAVE CON QUIEN JUEGA EL XALAO ESE! djcesc@djcesc.cat
    UN SALUDO

  12. reynamora Dec 31, 2009

    Si hubiera pillado al mamon ese me hago croquetas con sus huevos.

  13. Harta del malware de los... Dec 31, 2009

    Menudo día me está dando el creador del malware d las narices...

  14. Fran Jan 1, 2010

    otro mas infectado y en la comida de año nuevo mi hermana y mi cuñado también, pero quien es tan sinvergüenza de hacer algo así, por cierto creo que ya he conseguido quitarlo en modo seguro pero cuando reinicio el ordenador, éste no es capaz de abrir ningún programa, ni tan siquiera el el menu de inicio, para mi que me lo han jodido.

  15. Alberto Jan 1, 2010

    Otro hasta los cojones del pto Malware defenser de mierda, me e decidio a formatear, ahora? recuperando archivos jo...
    Pd: me cago en los muertos del creador *_*

  16. Ricky Jan 2, 2010

    que hijo de la gran puta el creador de este virus.. si taNTOS COJONES TIENES PARA CREARLO TENDRIAS QUE DAR LA CZRA HIJO DE LA GRAN PUTA.

  17. Manue Jan 3, 2010

    A mi el programa de arriba me ha ido genial, menuda panda de hijosdeputa quien haiga hecho este virus

Me uno a ellos y voy a postear algo así: "Cinco minutos a solas con el menda o el equipo de programadores que creó esta mierda. Rollo Hostel, a ser posible. Con mi soplete, mi cuchillo eléctrico, mi bisturí, mi batería de coche y mis guantes de goma".

Anexo: Pagaría por conocer a Reinamora y que me dijera esas cosas tan románticas.

El asesino horripilantemente lento con el arma extremadamente ineficaz




Risirrorífico. Y por si fuera poco, en HD y hasta con subtítulos.

El cine de 2009


Ante todo, feliz año, queridos míos.

Si os apetece, hagamos un somero repaso por lo que considero más destacado y más olvidable del difunto 2009.

No-Do. “Así que tú eres el Tercer Supuesto”, conjeturaba muy chulillo el padre Miguel (Hector Colomé, qué dicción, qué alegría estos actores curtidos en el teatro que saben cómo hablar para que su público les entienda) al encontrarse frente a frente con el monstruo de su vida. Y yo lanzaba al aire un doble juego de índices y meñiques satánicos, porque no sólo el buen rock merece ese saludo, amigos. Una película española que se sustentaba por enésima vez en la clásica estructura de la casa embrujada tenía todas las papeletas para ser más mala que El orfanato, que ya es difícil. Pero donde Jaume Balagueró trastabilló en Darkness (y que conste que me gusta, que me la compré en dvd) consiguiendo sólo un profesional y bello homenaje al cuento de fantasmas en un edificio maldito, Elio Quiroga y los suyos lograron un film que en sus mejores momentos me recordó a los grandes del género.

Arrástrame al Infierno, de Sam Raimi. Muchísimo menos salvaje que cualquier entrega de Evil Dead, menos arriesgada que Darkman, pero en una estela pareja de la misma ola. Raimi se dedicó a dar ansiosos codazos y guiños a sus fans, como un amiguito en el recreo que comprende que te ha fallado e implora tu perdón ofreciéndote un trozo de bocadillo y un trago de zumo de piña. Y es que el equivalente a Entre el amor y el juego y Spiderman 3 en el colegio sería una zancadilla seguida de un escupitajo en la cara. Pero vale, Sam, te acepto ese Drag me to Hell y volvemos a juntarnos. Muac, muac. Aunque te confieso que con aquel globo ocular volando ya me habías vuelto a ganar.

Ah, y fan convencido de Alison Lohman desde hace unos meses. Esta niña llegará lejos.

Los hombres que no amaban a las mujeres. Una correcta adaptación de la primera novela de la trilogía Millennium, con una Lisbeth Salander que puede que no haya encajado en el dibujo mental del personaje que nos hemos hecho la mayoría de los lectores (esa es la gran falla que rara vez consiguen sortear las adaptaciones cinematográficas de libros célebres; el mismo problema que las voces de los dibujos animados encuentran en los asiduos al cómic), pero que capturó muy bien la esencia de la novela de Larsson: un crimen de whodunit con una Pippi Calzaslargas digievolucionada en una Suecia moderna. Y con uno de esos asesinos que acojonan de verdad, esos señores de clase media pálidos, fofos, educados, más amables que el recepcionista de un hotel, pero locos de remate en la intimidad de sus sótanos.

Crank 2. Un dislate, una chorrada absurda llena de tiros, explosiones, llamas y sangre, de violencia gratuita en suma. Con un argumento más demencial aún que su primera parte, con un montaje todavía más acelerado y con un Jason Statham el doble de exagerado (porque a ver cómo demonios iba nadie a interpretar un personaje así sin estirar hasta el último músculo de la cara), Crank 2 se propuso rizar el rizo sacrificando para ello hasta el último cartucho de su arsenal. Si la serie sigue, no me puedo ni imaginar cómo será Crank 3, y eso, en estos tiempos tan predecibles, es siempre una gran baza que capta mi atención. Crank 2 es la clase de película que proyectarían en el Korova Milk Bar, sin sonido, entre vasos de leche con drencromina.

Pagafantas. Con Pagafantas fuimos legión los que respondimos. La comedia del año, a la que le dediqué un texto hace unos meses. La tragedia de Chema, Chemita, es universal, reconocible, risible y lamentable. Todo junto. El que esté libre de pagafantismo, que tire la primera tónica Schweppes. ¿Por qué una tónica? Porque es a lo que se invita a una pava que te gusta y acaba de vomitar hasta el último chorro de bilis en la acera del bar. "¿Estás mejor? Tómate esto, que es bueno para el estómago".

Mención especial a Oscar Ladoire, que está enorme en su caracterización del clásico calzonazos enamorado sin remisión, y desde hace décadas, de una mujer que no será suya jamás.

Moon. La cosita dulce y artesana del año, con un Sam Rockwell para comérselo a bocados y una adorable luna lunera de hermosos efectos fotográficos y maquetas a la antigua usanza. Guiños por todas partes al aficionado a la ciencia-ficción, literaria y cinematográfica, y una historia universal de camaradería frente a la adversidad. Hablamos de ella aquí.

Cuantas más veces la veo, más me gusta. Hacía tiempo que no daba con una peli que se incorporara velozmente y por méritos propios a ese puñado de títulos que suelo usar como hilo de fondo audiovisual mientras leo o escribo. Y Moon entró en ese club al día siguiente, situándose entre Gattaca y Horizonte Final.

La última casa a la izquierda. ¿Una suerte o una desventaja no recordar nada del original dirigido por Wes Craven en 1972? Me evité las odiosas e inevitables comparaciones, pero también me expuse a un remake sin el conocimiento previo de su legado, algo que no es justo. A menudo, se perpetran auténticos espantos que sólo sirven para confundir a los espectadores más jovenes y alejarlos del buen camino, porque por ejemplo, ¿quién demonios querría ver La niebla después de soportar Terror en la niebla? Así que con la cabeza más vacía de lo habitual me chupé La última casa a la izquierda y me lo pasé de muerte. Que alguien tome nota: hacen falta más primeros planos sostenidos de cuchillos atravesando vientres. Y si suena un chaf cárnico y un grito ahogado de la víctima, mejor aún. Menos monstruos informáticos, que de tanto abusar, pierden su poder evocador, y más hijos espirituales de Norman Bates. Escalofríos asegurados.

Brüno. Sacha Baron Coen repetía la fórmula que tan buenos resultados le había dado con Borat y volvía a hacernos reír con esa supuesta cámara oculta registrando las peripecias de su personaje de ficción, ese homosexual europeo intentando conseguir un programa de moda y tendencias en la televisión norteamericana. Atentos al indignado resumen en taglines de Brüno que hace un afectadísimo bloguero cuya url paso de linkear: "Contenido explícito homosexual, sumisión sexual de la raza amarilla, explotación y objetificación (¡! objetificación, ¿mande?) de la raza negra, explotación y objetificación (¡! x2) del mexicano/raza mestizo, ataque directo-indirecto hacia nosotros con que la procedencia de Bruno sea de Austria, judeonazismo (ya van a entender cuando la vean...), anti-cristiano, anti-mujer, anti-Palestina, anti-musulmán, anti-árabe, ultramaterialismo, pro Israel, pro mestizaje, pro aborto, BD/SM, entre otros..."

Mola, ¿no? Yo veo todo eso en un cartel y entro en el cine de inmediato, algo tan anti-algo debe ser divertido por fuerza. Y Brüno, le duela a quien le duela, objetificativamente, tiene su gracia.

Dead Snow. Zombis nazis en Noruega. Repito, zombis nazis en Noruega. Una maldición que los reanima. Unos jovencitos rubios y guapos que sufren las consecuencias de andar jodiendo con el oro de Berlín. Tarda en arrancar, pero la última media hora es un festival de mordiscos, chispeante hemoglobina, tripas tensas como cordeles de tendedero y miembros cercenados por rugientes motosierras. No escalará a los rankings más exquisitos, pero sólo por su última y delirante bobina, Dead Snow merece estar reseñada por aquí. De esas cintas que adquieren su verdadera dimensión ante unas latas de berberechos, un par de cuencos con snacks salados, varios litros de cerveza y un grupo de amigos con ganas de gore y risas.

Señales del futuro. El regreso de Alex Proyas tras Yo, robot se saldó con una estimable peli de alienígenas, catástrofes y amor paterno-filial. Pudo haber sido más y mejor, la historia se resiente por algunas de esas preguntas insidiosas que te fastidian un poco la experiencia (¿por qué los inteligentísimos, ultratecnológicos y empáticos aliens no se dejaron de adivinanzas matemáticas y comenzaron antes el plan de ayuda?), pero en general, una buena muestra de ci-fi, y con un Nicolas Cage glorioso, que siempre me pareció un grande, desde Birdy, y que me sigue molando desde entonces, histriónico o moderado, con pelo o sin él.

Y qué final tiene Knowing, gente, qué final.

Giallo. Distinguida y hermosa, ligerita y efervescente, dirigida con buen pulso por un Dario Argento que ya nos dio Tenebre, Inferno y a su hija Asia (eso para mí cuenta como parte importantísima de sus logros, qué queréis que os diga). También hablamos de Giallo por aquí, en mi noche de brujas casera. Me copio y pego, que nunca lo hecho y me hace ilusión. "Dario Argento titula Giallo a su película y da lo que promete con ese nombre: un asesino en serie trastornado por un trauma infantil, chicas guapas torturadas de incómodas maneras, una exagerada y barroca partitura musical, sempiternos cristales cortantes, cuchillos de cocina (el arma oficial de todo psychokiller italiano de la vieja escuela) que profanan la carne joven, crímenes misóginos y sorprendentes giros de guión, amén de un final deliciosamente canónico".

Terminator Salvation. Yo digo sí. Sí a las motos terminator, a las minas magnéticas, a los T-600, tan garrulos ellos, tan mazacotes, tan pertinaces, a John Connor bregando con su padre esmirriado, a ese futuro de tierras baldías, carne de coyote por almuerzo y sucia guerrilla urbana entre escombros y edificios arrumbados. Aquí estaré para sucesivas entregas, tan contento como cuando de niño aluciné con una copia pirata en betamax de Terminator.

No comprendo a los aficionados que se quejaron de Terminator Salvation. No lo entiendo. Porque superior a Terminator 3: La rebelión de las máquinas lo es, y con creces. En fin.

Infectados. No fue la zombie movie que me esperaba, pero sí un correcto drama postapocalíptico con el suficiente interés como para aparecer en este listado. Y salía Piper Perabo, que es una debilidad mía reciente. Además, es la ópera prima de los hermanos Pastor y como tal merece cierta dispensa. A saber qué nos depara el futuro con estos dos tíos tan listos, tan jóvenes y con las ideas tan claras.

Que no se os quiten las ganas de fundiros Infectados leyéndome, ¿eh? Que tiene su rollo y se deja ver, pero no os esperéis un nuevo hito del género. Está muy bien llevada y suscita atención hasta que se acaba. Por mucho menos que eso, nos hemos zampado bazofias de impresión.

Resacón en Las Vegas. Curiosa comedia que me sorprendió precisamente por echar abajo todo lo que había presupuesto sobre ella, y eso que la traducción bocazas al español del título original dejaba poco que rascar: tíos con resaca en Las Vegas. Yo esperaba una especie de continuación apócrifa de Viaje de pirados, y sin embargo me encontré con un virtuoso festival de flashbacks (ese recurso narrativo tan delicado) que proponía una insólita reflexión sobre la pérdida de la memoria, sobre cómo de inquietante puede llegar a ser olvidar una noche entera de juerga, desenfreno y excesos. Si habéis experimentado lagunas de este tipo alguna vez, sabréis de lo que hablo. Te ríes y al mismo tiempo te asustas: ¿quién coño estuvo a los mandos anoche?

Y a los que salen pitando nada más llegar el fundido a negro, ojito, que los créditos ofrecen un impagable álbum de polaroids desternillantes.

Watchmen. Uno está muy oxidado en esto de los cómics. Cerré ese frente hace años, desbordado por otras contiendas que me llamaban más la atención, pero da la casualidad de que sí leí Watchmen, y la adaptación de Zack Snyder cuenta con mi aprobación. La he visto varias veces y ¿qué más podíamos esperar? Una transliteración casi exacta de la obra de Alan Moore, viñeta a viñeta (prefiero eso a una reinterpretación forzada que, por la obligación de alejarse del original, hubiera desembocado en una calamidad total), con un Comediante magnífico y un Rorschach sublime.

Tengo que hacerme pronto con la versión extendida, que reseñó nuestro amigo Quatermass en su blog. Y para los más completistas, pinchad aquí para acceder al imprescindible análisis pormenorizado del cómic que hizo Monseñor Gusano.

Si la cosa funciona. No la he reseñado aún, y quiero dedicarle su propia entrada, así que no me extenderé mucho.

La humeante bosta de Vicky Cristina Barcelona me había dejado muy, pero que muy preocupado. Hasta que Larry David y Woody Allen me hicieron recordar por qué no fallo a la cita casi anual de los largometrajes de mi judío favorito.

Humor ácido, ternura, romanticismo y Nueva York, siempre Nueva York. Con el mensaje más vitalista y directo de toda su filmografía: si la cosa funciona, sigamos disfrutando de ella, y los análisis y las instrospecciones, para el día después.

Star Trek. El reboot de una franquicia que a mí siempre me la trajo al pairo (donde se ponga un sable de luz, que se quiten todos los phasers) me hizo pasar un buen rato, que es lo que exijo como mínimo ante una de ci-fi. Una inyección de juventud, acción y efectos especiales varios, además de un sensato borrón y cuenta nueva por parte del creador de Lost a toda la línea narrativa de las últimas diez entregas cinematográficas de la space opera de Gene Roddenberry. Lo que no arregla una buena paradoja espacio-temporal, no lo arregla nadie.

Eso sí, la próxima, a ver si olvidan los gags de relleno escritos con la punta del pijo, como ése de Kirk con la mano hinchada por una toxina animal, que daba más pena que risa.

Ahora, vamos con las decepciones, los bluffs y los qué he hecho yo para merecer esto. Cuidado, que algunos de estos largos huelen mal y manchan nuestros zapatos de gamusa azul.

Ángeles y demonios. Tan coñazo como uno imagina el libro (que paso mucho de leer, porque uno y no más, Dan Brown), con un Tom Hanks abotargado, viejuno y rollizo dando bandazos por Roma y una dirección tan maquinal y fría que me resultaba inevitable preguntar por el Ron Howard de Llamaradas o el de El desafío: Frost contra Nixon. Hasta en Willow había más sentido del ritmo y la maravilla que en esta plomiza película.

Lo mejor, Ewan McGregor, alegrarme porque Armin Mueller-Stahl sigue en activo (yo estaba convencido de que había cascado el viejales este, no sé por qué) y el retrato nocturno de enclaves históricos célebres. Lo peor, todo lo demás, que no es poco.

Anticristo. Lars Von Trier haciendo de las suyas por enésima vez. Yo es que de él sólo me convence Europa, y con reparos. Y tampoco es que me esfuerce mucho con el danés: no pude terminar Los idiotas.

Desde que Von Trier descubrió que inventar decálogos y métodos (la técnica de Framing manda cojones) era menos farragoso que hacer cine de verdad, ahí sigue, tomándonos el pelo, involucrando a actores de cierto renombre, rodando gilipolleces vulgares y vacuas, dividiendo a la opinión general y originando el suficiente ruido como para seguir obteniendo financiación y crédito.

Pero es sólo mi opinión, y como Triers, peco de gandulazo al no currármelo como debiera. Si queréis leer algo más elaborado, pasaros por aquí, aunque a mi amigo sí le haga tilín Anticristo.

Distric 9. Extraterrestres en un ghetto, ecos nada sutiles sobre el segregacionismo, un antihéroe mutante, mechas causando caos y destrucción y hasta una gigantesca nave nodriza varada en el cielo de África. Y sin embargo, ¿por qué me aburrí tanto? Estoy seguro de que no fue culpa mía, yo, que dilato el coco y el corazón hasta límites inhumanos cuando de ciertos géneros se trata. Algunas secuencias afortunadas tiene, pero es que ese tono de falso docu le sienta fatal a la historia. Peter Jackson presenta... anda ya, hombre.

Lo mejor, la campaña viral por Internet, los carteles y los vídeos. ¿Para cuándo el videojuego? Podría ser tremendo.

Fuga de cerebros. Decepcionante por lo que pudo haber sido, una réplica hispana a cierto tipo de comedia teen norteamericana, en la línea de Supersalidos. Pero donde Fin de curso triunfaba en su modo de mirar sucio a John Hughes, Fuga de cerebros bizqueaba y cojeaba notablemente.

Con todo, fue de agradecer su absoluta falta de pretensiones y su apuesta por un género que, bien tratado, es capaz de ganarse al público español como el más caro de los blockbusters hollywoodienses. Que este es el país de Fernando Esteso y Andrés Pajares, gente, el de los taquillazos desconcertantes de Yo hice a Roque III, Los bingueros y, en mi generación, El robobo de la jojoya (recuerdo que Record Vision la sacó en venta directa y fue un exitazo) o Aquí llega Condemor. Las ganas de cachondeo, humor mongolo y desnudos gratuitos siguen ahí. Sólo hay que hacerlo un poquito mejor que en Fuga de cerebros y la marabunta de catetos durmientes acudiremos con la boina calada.

Gamer. Que la industrial del cine no tiene ni puta idea sobre videojuegos era un consenso habitual en los años ochenta y noventa para todos los que expandíamos la mente y la imaginación frente a un pc o un sistema casero de cartuchos. Y como prueba de esa ignorancia flagrante, de ese desconocimiento del medio, adjunto esas todopoderosas computadoras que fabricaban mujeres de ensueño, entre otras proezas, o esas versiones fílmicas de títulos famosos para consolas domésticas que trataban al aficionado como a un completo idiota (ver Super Mario Bros). Pero que en pleno 2009 estemos todavía con la barrila de las violentas realidades alternativas y de los avatares controlados por niñatos con acné, pues hombre, ya clama al cielo. En especial porque el director de Gamer es un tío joven, y un jugón, como declaró en varios pases de prensa.

Los sustitutos. Que la industrial del cine no tiene ni puta idea sobre videojuegos era un consenso habitual en los años ochenta y noventa para todos los que expandíamos la mente y la imaginación frente a un pc o un sistema casero de cartuchos. Y como prueba de esa ignorancia flagrante, de ese desconocimiento del medio, adjunto esas todopoderosas computadoras que fabricaban mujeres de ensueño, entre otras proezas, o esas versiones fílmicas de títulos famosos para consolas domésticas que trataban al aficionado como a un completo idiota (ver Super Mario Bros). Pero que en pleno 2009 estemos todavía con la barrila de las violentas realidades alternativas y de los avatares controlados por usuarios gordos en calzoncillos, pues hombre, ya clama al cielo. En especial, porque Los sustitutos esgrime con pomposa seriedad la baza de la predicción científica, con un prólogo sonrojante sobre robótica e inteligencia artificial que me dejó hundido de tanta vergüenza ajena.

Jennifer´s Body. Sí, que Megan Fox está muy buena, si lo sabremos nosotros, pero eso no es suficiente, ni siquiera ponerla en una escena de bollería fina con la co-protagonista. Si quiero erotismo de calidad, enchufo el router o tiro de mi videoteca, tan socorrida ella. Pero si me vendes terror, dame terror, no a una macizorra en celo que no asusta ni a sus víctimas potenciales. Y no, no me pareció original ni innovadora la supuesta reformulación del súcubo, la posesión infernal pasada por el tamiz de la angustia post-adolescente. Lo peor que le puede suceder a una película de terror no es dar risa (que también), sino resultar pedante. Y si consigue el doblete, ya mejor nos acostamos, a ser posible con Megan, aunque sea en sueños.

Los abrazos rotos. Almodóvar nos trajo otro de esos dramas suyos de diálogos impostados, colores gritones, amoríos tormentosos y barroquismo moña. ¿Para cuándo otro Matador, maldita sea?

No es tan mediocre como La mala educación, ni mejor que Volver, pero entre esos niveles de agotamiento anda el manchengo. Y el tema es que sigue cosechando casi los mismos aplausos que en la época de Mujeres al borde de un ataque de nervios, obviando el apaleamiento que sufrió por Kika, que le sirvió para tocar tierra y frenar el carro de la experimentación.

En ocasiones pienso que ya la única razón para ver una de Almodóvar está más próxima a la medicina preventiva que a la cinefilia: ¿seguirán firmes, sanas y rotundas las tetas de Penélope Cruz este año?

Obsesionada. Beyoncé Knowles, la nueva Whitney Houston (por tener, tiene hasta marido gangsta) escogía, supongo que asesorada por el departamento de subordinados que cuidan de su nombre/marca, protagonizar este remake inconfeso de Atracción fatal y entre todos los implicados, con ella a la cabeza, le robaban la poca gracia que le quedaba al vetusto thriller de Adrian Lyne. Al transformar el personaje de Anne Archer en una negrita ordinaria y peleona que arroja puñetazos barriobajeros a Ali Larter, esa zorra blanca rompehogares, se pierde la descacharrante apología de la fidelidad conyugal, la moralina conservadora y se obtiene como resultado un film apestoso que las parejitas de color ven en los autocines mientras se meten mano.

Zombieland. No me funciona como zomedy (brillante término leído en Zombi que hay que normalizar) y tampoco como cinta de terror. Me pareció un completo despropósito, por muy simpático que me caiga Woody Harrelson y por muy molón que fuese el cameo de esa estrella de Hollywood tan singular, ese Buster Keaton de nuestra generación llamado... ah, sorpresa, sorpresa.

Pudo haber sido genial, pero sus autores parecen desconocer las reglas más importantes, que no son estar en buena forma física, revisar los asientos traseros de un coche o comprobar la munición, sino estudiar el género para así poder derribarlo, satirizarlo o jugar con él desde una posición y actitud adecuada.

Y aún no he visto 2012, Planet 51, Ágora, Enemigos públicos, Celda 211, Malditos bastardos, The box, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, Tetro, Donde viven los monstruos, Agallas, el remake de Viernes 13, Julie y Julia, Asalto al tren Pelham 123, 500 días juntos y muchísimas más que figuran anotadas en mi bloc de los deseos pendientes. Seguiremos gozando, padeciendo e informando.