En 1995, Luis Eduardo Aute presentaba Alevosía, con producción de Gonzalo Lasheras y grabado en los estudios La Nave.
Unos años antes, su Slowly había sonado con timidez en las radiofórmulas, con los singles L'amour avec toi y el nostálgico y encantador Slowly, que tuvo problemas legales por un quítame de aquí estas estrofas con copyright. Pero Alevosía ni siquiera apareció en la lista de los Cuarenta Criminales. Pocos meses después de su lanzamiento, Virgin rebajaba su precio y lo incluía en su línea económica.
Unos años antes, su Slowly había sonado con timidez en las radiofórmulas, con los singles L'amour avec toi y el nostálgico y encantador Slowly, que tuvo problemas legales por un quítame de aquí estas estrofas con copyright. Pero Alevosía ni siquiera apareció en la lista de los Cuarenta Criminales. Pocos meses después de su lanzamiento, Virgin rebajaba su precio y lo incluía en su línea económica.
Como tantos grandes discos en la historia de la música, Alevosía fue un trabajo extraño y muy personal nacido al amparo de una multinacional del entretenimiento. Luis Eduardo Aute tiene su público habitual y todavía, a fecha de hoy, debe de ser lo suficientemente rentable como para que le permitan continuar grabando sus composiciones. Supongo que ni él esperaba tampoco un clamoroso éxito. Pero este disco mereció mejor suerte, y mayores ventas.No hay ni una sola canción floja de entre las doce que conforman la obra. En un estilo melódico, sazonado en ocasiones con aproximaciones cautelosas a ritmos más étnicos, Aute armaba de manera literaria y exquisita su devoción por el eterno femenino. Naturalmente, Alevosía es un disco sobre el amor. La mujer como militancia, como escuela filosófica, como razón de ser y existir. Y para que quedara bien claro, Aute dedicaba Mojándolo todo al cunilingüis, sin que resultara grosero ni excesivo. ¿A que nunca habéis oído una balada sentida, seria, poética y conmovedora sobre el placer estético de comerse un buen coño?
Y Mojándolo todo es sólo una parte de lo que os espera en Alevosía. En Dear Peter, Aute bromeaba de nuevo con el asunto de Slowly y se marcaba un homenaje al Don´t give up de Peter Gabriel y Kate Bush. En Invisible, uno de los temas que tuvo videoclip, el cantante se rodeaba de un cuarteto de cuerda imaginario para manifestar su afán de protección al ser querido a través de la invisibilidad. Aunque para mí, el momento cumbre de Alevosía llega con el dueto Arrebato, a medias con Misia, que elevaba a arte con su voz las ya de por sí inspiradas líneas de Aute: "Contigo atraparé los sueños que fueron clandestinos, aquellos que aún no tienen dueño, acaso el torbellino... Y mantendremos el empeño de combatir molinos, que la razón, sin el ensueño, produce desatinos".
No es fácil escribir sobre el amor sin que el resultado remita a parvadas bochornosas de diario (o blog) adolescente. Tampoco lo es integrar esa prosa en la música adecuada. Y mucho menos que vayan transcurriendo los años y que tu discurso, tan peculiar, no sea confundido como una legitimación artística del donjuanismo más alocado. Pero este disco, con colaboraciones como la de la ya mencionada Misia, Javier Álvarez y Silvio Rodríguez, con su excelente factura técnica y con su calidad a prueba de bombas, consigue que el tiempo, ese payaso, se muera de risa, y permanece, quince años después, más vivo y alevoso que "el pañuelo de Desdémona en las manos del pobre Otelo".
No es fácil escribir sobre el amor sin que el resultado remita a parvadas bochornosas de diario (o blog) adolescente. Tampoco lo es integrar esa prosa en la música adecuada. Y mucho menos que vayan transcurriendo los años y que tu discurso, tan peculiar, no sea confundido como una legitimación artística del donjuanismo más alocado. Pero este disco, con colaboraciones como la de la ya mencionada Misia, Javier Álvarez y Silvio Rodríguez, con su excelente factura técnica y con su calidad a prueba de bombas, consigue que el tiempo, ese payaso, se muera de risa, y permanece, quince años después, más vivo y alevoso que "el pañuelo de Desdémona en las manos del pobre Otelo".




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