Se puede escribir sobre zombis en este país. Se puede escribir sobre cualquier tema. Pero sobre zombis, y con originalidad, es hasta necesario. No es justo que un monstruo tan apasionante, tan poderoso, sea identificado también como estadounidense. Sobre todo porque un muerto viviente no tiene bandera, ni maldita la falta que le hace.
Sabemos que los alienígenas hablarán en inglés con nuestros líderes, o que destrozarán Washington desde sus naves nodrizas, que los vampiros nacen en Europa, pero que tarde o temprano cruzan el Atlántico a por cuellos protestantes; hasta los hombres lobo prefieren los bosques del norte de América. Pero los zombis son diferentes. Los zombis nos pertenecen a todos, los zombis somos todos.Los supervivientes a la pandemia que se desata en Los Caminantes son en su mayoría malagueños o residentes en la zona. Se atrincheran en sus pisos, los que ya no tendrán que terminar de pagar, y cuando se internan en la ciudad a por suministros esquivan coches volcados frente a quioscos de prensa y administraciones de lotería. La comunidad viva más numerosa permanece agrupada en un complejo deportivo, antaño sólo para socios pudientes. El malvado de la historia es un sacedorte trastornado, el padre Isidro, un iluminado “amigo” de los muertos. Los héroes de la trama se llaman Isabel, Aranda, Moses, Roberto, Josué o Juan. Muchos de ellos luchan con tuberías, martillos y otros objetos contundentes. Si hay suerte, se hacen con el arma de un guardia civil o de un policía municipal, pistolas que no usarán a menos que no quede otro remedio, porque el sonido estruendoso que producen es como un indicativo de que la cena está servida.
Los zombis de Los Caminantes son una sabia aglutinación de las diferentes corrientes que los separan sutilmente como colectivo. Carlos Sisí se desmarca así de unas cuantas dudas que, aunque parezca mentira, pueden consumir más de unas cuantas horas cuando te pones a fabular sobre los podridos: ¿romerianos o speedicos?, ¿infectados o resucitados?, ¿sin inteligencia o con rastros burdos de ella?
“Caminantes” son el nombre con el que los supervivientes denominan a las figuras cabizbajas que atestan las calles. Arrastran los pies, gruñen y emiten quejidos que rompen el espíritu y la voluntad de seguir resistiendo. Pero algunos, cuando detectan a humanos, se activan y se lanzan a correr, furiosos, el doble de fuertes, el triple de rápidos. A estos, los más peligrosos, se les conoce como “corredores”. Tanto caminantes como corredores infectan con sus mordiscos, pero en la novela, el que palma, aunque sea de muerte natural, se levanta. Un detalle acorde al canon que me fascina: que tu mejor amigo espiche de un infarto y poco después lo tengas encima mordiéndote el gaznate, que tu esposa se atragante con el hueso de una aceituna y unos minutos más tarde intente bajarlo con la carne de tu cara. Por último, los zombis de Sisí no conservan ni la más rudimentaria inteligencia, pero son azuzados y dirigidos por el padre Isidro, un personaje que el autor describe con el mismo grado de manía espeluznante que sufría el reverendo Kane, que es uno de mis fantasmas favoritos de todos los tiempos.
Lo más hermoso de Los Caminantes es que es una buena primera novela, que ya va por su merecida cuarta edición. Pero es que además parece escrita por alguien que ama el género. Se nota que al tipo le encanta escribir sobre el tema, que ha trabajado duro y con constancia, hasta lograr que su libro fuese lo bastante correcto como para ser aceptado por una editorial convencional (Dolmen y su LíneaZ). Y yo ya estaba convencido de ese afecto y de esa adherencia a lo zombi por parte de Carlos Sisí, pero es que hasta en los agradecimientos hay pruebas de ello, cuando el autor menciona con cariño a sus amigos de los foros Somos Leyenda.Carlos Sisí es uno de los nuestros. Y lo ha hecho de puta madre.



3 comentarios:
mmmmm...otro que me apunto a la lista!
1beso!
Será una gran compra, ya verás.
Interesante, habrá que echarle un ojo.
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