Juego de patriotas


Jack Ryan apareció por primera vez en una novela de Tom Clancy en La caza del Octubre Rojo, en 1984. A partir de ahí, se convirtió en su personaje estrella, y conforme las novelas triunfaban primero en su país y luego en el resto del mundo, las aventuras de Ryan, historiador naval y agente de la CIA, eran trasladadas a la pantalla grande.

El primer actor que dio vida en cine a Ryan fue Alec Baldwin en La caza del Octubre Rojo, en 1990. Luego tomaría el relevo Harrison Ford en Juego de patriotas y Peligro inminente. Lo último que supe de Ryan es que adoptaba la cara de madelman inexpresivo de Ben Affleck.

Las películas con Jack Ryan, exceptuando alguna que otra secuencia, algún que otro momento que a saber a quién habría que felicitar (al fotógrafo, al montador, al que les echó algo en el café para que aquella producción funcionara), son de una sosería bostezante. Por ese constante aburrimiento experimentado con los largometrajes, tardé en acercarme a los libros.

Ésta es mi segunda novela de Clancy y he tardado en acabarla, pero no porque se me repitiera el tedio que padecía con las películas. Tanto Peligro inminente como Juego de patriotas son la clase de novelas que los que abogan por una literatura relevante, una literatura que trascienda, ponen como ejemplo de mediocridades que llegan hasta el gran público más por valores externos de imposición y promoción de un producto que por su verdadera calidad. Puede que así sea en muchísimos casos (aunque luego lo que haya dentro del tocho de moda de turno sea un ejercicio modélico de oficio y talento unificados), pero en el de Tom Clancy es aún más discutible, porque el reconocimiento a su trabajo le llegó en plena madurez, a los cuarenta y dos años de edad, después de haber sufrido incontables rechazos por los mismos editores que luego le adularían para que firmara con ellos su próximo contrato. Como Ryan, su alter ego idealizado de ficción, Tom Clancy es un escritor hecho a sí mismo. Un hombre corriente, apasionado de las armas y de la cultura militar, un escritor de novelas de acción e intriga meticulosamente documentadas y con un diseño de personajes asombroso.

Me sucedió con Peligro inminente, y ahora de nuevo con este Juego de patriotas: son textos que atrapan no por sus tramas principales, sino por los pequeños detalles que te permiten conocer a sus personajes. Resulta curioso que portadas que evocan conflictos internacionales graves, y que transmiten cierta sensación de frialdad inicial sean luego novelas tan humanas, tan minuciosas e incluso sentimentales.

En Juego de patriotas, Jack Ryan vive un momento dulce. Su mujer espera a su segundo hijo y junto con ella y su pequeña Sally, de cuatro años de edad, pasa unos días de vacaciones en Londres. Por azar, Jack impide un atentado terrorista que tenía como objetivo a la familia real y se convierte en un héroe para Inglaterra. La reina incluso lo nombra caballero. Pero la intervención de Ryan frustrando el asesinato de los príncipes llama la atención de Sean, un importante terrorista que decide dar un golpe en los Estados Unidos, para llevar el conflicto irlandés hasta el corazón mismo de Norteamérica.

En este punto, Juego de patriotas produce algo de nostalgia. Clancy insiste, a través de sus personajes secundarios, los oficiales de la CIA que reclutan a Jack para que busque patrones y pistas en la enorme cantidad de archivos pendientes de analizar, que Estados Unidos nunca había sufrido un atentado terrorista, y que la posibilidad de un suceso así es un riesgo a considerar y vigilar.

Por lo demás, Juego de patriotas posee esa inmediatez y plena disponibilidad de las buenas novelas. Puedes entrar en ella y salir por el otro extremo en cuestión de horas o puedes dejarla aparcada durante meses, sin ningún problema, porque volverás a engancharte nada más retomarla de nuevo. También esto es señal de que Juego de patriotas no fue flor de un día. Desde 1987 hasta que le he puesto las zarpas encima, el escenario social y político ha cambiado, y en cuanto al consumo de best-sellers se refiere, se llevan otras temáticas bien distintas, pero la historia que nos cuenta el autor, ese duelo entre el deber y la venganza, entre la brutalidad de los integrismos ideológicos y la confianza en los mecanismos defensivos de una democracia, me sigue pareciendo un marco de reflexión muy interesante.

Una gran lectura, que os recomiendo sin reservas, aunque sea a estas alturas, tanto tiempo después de su primera edición. Sobre todo para que experimentéis esa frescura del Ryan de papel frente al de las películas, y para que observéis esa manera que tiene Clancy de atrapar vivos a sus lectores, a base de microhistorias y descripciones geniales de entornos, personajes y situaciones.