El presente del futuro


Hace meses se generó un breve off-topic en los comentarios de una entrada de este vuestro blog, sobre cómo esa generación que creció leyendo el Muy Interesante ansiaba con toda su alma que el futuro dejara de ser tan cutre. Cutre en todos los sentidos, pero especialmente en el apartado del entretenimiento, un aspecto que queríamos ver mejorado porque el triunfo de las nuevas tecnologías alimentaba la esperanza de un cambio mucho más profundo. Un mundo más avanzado, por fuerza, influiría en otras dolorosas regiones de nuestra cotidianidad. Nadie usaría ya ropa de mercadillo en un coche volador. No estaríamos sentenciados a pasar nuestra vida en un hogar colmenar, insectoide, como decía una amiga mía arquitecta a propósito de los claustrofóbicos edificios que diseñaba, si podíamos acceder a una colonia en la Luna o bajo el océano Pacífico; en casas redondas, sin ángulos rectos y energéticamente independientes. No nos sentiríamos tan cerca todavía de esa España negra de Pascual Duarte si por fin conseguíamos dejarla atrás al cambiar de milenio, ahogándola en un tsunami purificador de ciencia, progreso y modernidad.

Y en fin, seguimos viviendo en cajones de cemento. Nuestros vehículos todavía rulan sobre ruedas y quemando gasolina. Vestimos de puta pena, y hemos cambiado la uniformidad lamentable de un chándal de algodón y poliéster por la engañosa variedad de las marcas multinacionales. Pero la nave va, lenta y despacio, pero va. Mucho de lo que nos rodea sí cuajó en esta década que agoniza, sí se materializó con éxito desde aquel pasado de Cola Cao y galletas, de catarros tratados con cataplasmas caseras, de veranos de tortilla de patatas, chiringuitos llenos de alcohólicos, quemaduras de segundo grado y piscinas municipales con el fondo desconchado.

Algunos sueños se han cumplido. Y aquí vamos a consolarnos con esas pequeñas muestras del futuro que logró alcanzarnos, que preparan las bases para una modificación más profunda, un cambio que verán hecho realidad los bebés que nacerán en la próxima década. Nosotros no. Nosotros espicharemos impregnados de siglo XX, como Gottfried Rinkley, histórico héroe y benefactor de la humanidad.

Iremos intercalando pequeños y grandes cachivaches con nuevas costumbres y paradigmas, con la intención de animaros cuando el cabrón de turno en el trabajo, en la panadería o en la cola del banco os haga pensar que ocupamos el mismo plano de existencia que los personajes de Crónicas de un pueblo.

Este repaso no pretende ser exhaustivo, sólo aproximativo. Y está abierto a vuestras sugerencias.

Ordenadores personales

Oh, sí, ya existían desde hace mucho, desde que Asimov era un estudiante. Los chavales de los primeros años ochenta tuvimos aquellos remedos de plástico que popularizara Sinclair, pero lo que de verdad nos alucinaba no era el Spectrum de nuestra mesa camilla, sino las computadoras de las películas, que eran a su vez exageraciones y mentiras del hardware y software del momento. Lo que queríamos era un ordenador con monitor de fósforo verde, disquetera y teclado “profesional”, como los llamábamos, máquinas tan asombrosas que hasta podían interconectarse entre ellas mediante un módem.

Hasta la explosión de Windows y los ordenadores clónicos (cuando los listillos abofeteables soltaban en voz alta: “No merece la pena, es mejor comprar los componentes y montarlo tú mismo”), aquello no empezó a normalizarse del todo.

Hoy disponemos por fin de computadoras como Dios manda, como las de Tron y Juegos de guerra, como las de Sueños eléctricos y La mujer explosiva. No mejores (por algo el cine es superior y más grande que la vida misma), pero sí lo bastante dignas y completas. Tenemos hasta varias de ellas, y se puede detectar quién pasó hambre de ordenadores en su primera juventud por la cantidad de computadoras que ves en su hogar. Os escribo esto desde un portátil, por cierto...

Todavía no piensan, todavía no te preguntan si soñarán cuando las apagues (mi querido HAL, “No lo sé”, como te contestaba el Dr. Chandra; yo sí sueño contigo), pero esto marcha.

Matrimonio homosexual

Los gays pueden casarse. No obstante, eso no es lo más importante. Ser maricón en España es por fin una anécdota que sólo las viejas y los cotillas se empeñan en magnificar. Con un poco de suerte, nuestros nietos (y si no, nuestros bisnietos o tataranietos) ya no necesitarán demostrar con bromas que no albergan prejuicios, ni luchar para erradicar de sus mentes condicionamientos sociales o costumbres adquiridas. Con un poco de suerte, les dará igual el género de sus compañeros de cama. Amarán más y mejor, porque no limitarán sus oportunidades de ser felices a un único sexo. Con un poco de suerte, en mi próxima vida seré como Miguel Bosé. Con un poco de suerte.

Televisores planos, televisión a la carta

Aquí sí, viejos, aquí sí. Eran vaporware o capricho de millonarios en los primeros años noventa. Y luego, las fiables y leales pantallas de tubo empezaron a mutar poco a poco: mando a distancia, sonido estéreo, entrada para euroconector y tamaño 16:9. Hasta hace unos cuatro o cinco años, cuando cadenas como Carrefour, Mediamarkt y El Corte Inglés nos machacaron vivos el nervio consumista, porque según ellos, la alta definición y la TDT no mostraban su verdadero potencial más que en una pantalla plana.

Incluso en las chabolas de los barrios marginales hay televisiones planas como las que se insinuaban en Acción Mutante, de Álex de la Iglesia.

Y yo estoy más contento que unas castañuelas. Ya no podré reparar la mía cuando se averíe. He quedado desfasado como técnico, algo que en el fondo me la pela: estoy demasiado ocupado disfrutando de mis clásicos de siempre con el formato correcto y los colores más nítidos que nunca.

Por otro lado, también nos igualamos a los afortunados protagonistas de las ficciones cinematográficas norteamericanas, que disponían de un sinfín de canales y podían elegir entre ver Casablanca, la Super Bowl, Cops o la repetición del show de Oprah.

Un poco más allá, la fantasía de acceder a canales temáticos donde sólo se emitiera el rollo que nos fuese a cada uno, se hizo realidad con el paquete inicial que anunciaba Marisa Paredes, y después se definió del todo con las plataformas digitales. Por fin un canal de ciencia-ficción y otro de terror. No importaba que la mitad de la programación consistiera en viejas series compradas a precio de derribo. La Calle 13 fue mi segunda dirección durante años, aunque me pasara las horas muertas viendo a la arpía de la señorita Fletcher.

Halloween

Este año, mi primo A. vino a mi casa con su hijita de cuatro años disfrazada de adorable engendro. Ella y todos sus coetáneos no conocerán cómo era esa fecha antes, y es genial que así sea. Unas jornadas de exagerada pena y suspiros por los que ya no están, de culpa y remordimientos en forma de ofrendas florales en los cementerios, de misas pagadas, de luto nacional.

Ahora hay risas en las calles. Y películas de terror en la televisión. Cojonudo.

Reproductores de mp3


De la cinta de cassette y el vinilo, al compacto (la progresión por los formatos de un melománo empedernido quedaba registrada en esta recomendable entrada del Dr. Quatermass, que hasta llegó a ser usuario de mini-discs). Del CD a... la nada, a datos, a unos y ceros decodificados por un artilugio del tamaño de una caja de cerillas que transforma esa información en música.

Los reproductores de mp3 portátiles sencillamente son tan de ciencia-ficción que ni siquiera habríamos entendido el concepto si nos lo hubieran explicado hace veinticinco años, cuando íbamos a la tienda más cercana a por cuatro pilas alcalinas para el walk-man.

Horas y horas de autonomía, sonido exquisito y discografías enteras en nuestro bolsillo. Caminar por la acera con nuestra música favorita atronando en las orejas mejora la convivencia. La próxima vez que me veas a tu lado, recuerda que no te oigo a ti: oigo a Van Morrison, a David Bowie, a The Pastels, a Queen...

Cremaciones


Y hablando de muerte e hilando también con Halloween, la incineración. De nichos (colmenares e insectoides, como los pisos de mi amiga) esperándonos pacientes, a la desintegración a mil grados de temperatura. Todo el mundo quiere ser quemado a lo jedi y esparcido en el mar, en el río o en la montaña. La industria funeraria ni ha rechistado: no peligran sus ingresos. A las aseguradoras les da igual: seguimos pagando sus pólizas. Pero los que venden claveles, lirios y azucenas a las puertas del cementerio se estarán cagando en todo lo que se menea. O en todo lo que no se menea.

Hasta hace muy poco, solicitar que tus restos fuesen incinerados era una excentricidad. Y ahora es un cachondeo. Todo cristo al hornillo, donde a veces deben aplicar más calor para fundir el corazón, el órgano más resistente del cuerpo humano. Para que luego digan que es sólo un músculo, una víscera.

Libros electrónicos

Han tardado más de diez años en implantarse. Y aún les queda un largo camino de evolución y desarrollo. Pero ya están aquí, y han venido para quedarse. Como los buenos poltergeists tecnológicos que son, los ereaders asustan a las editoriales, que empiezan a verle las orejas al lobo.

Soy una rata de biblioteca y no dejaré de comprar libros convencionales, pero como lector, la posibilidad de contener mis novelas favoritas en uno de estos aparatos, me emociona.

Al igual que con el mp3, tampoco lo habría entendido si viajara desde el 2010 hasta 1988 y me explicara a mí mismo la idea.

Drogas de diseño

En realidad, muy antiguas. Me encanta que existan. Todavía no han abandonado su cualidad casposa y tétrica, su naturaleza clandestina. Pero vamos por el buen camino, por el camino de Philip K. Dick, por el de Bruce Sterling, por el de Aldous Huxley y por el de Neal Stephenson.

Sueño con (voz de Tyler Durden doblada al español) una sociedad drogada y feliz. Todos hasta las trancas y con pequeñas pistolitas dosificadoras, para picarnos como es debido.

Discos duros multimedia

Un avance que anunciaba convencido Pumares en su Polvo de estrellas (etapa de Onda Cero) a principios de esta década, antes de que lo echaran de allí a patadas. Un cacharrito que almacena en organizadas carpetitas todo lo que le meto a saco. Mi gadget favorito. Y me sorprende que no se vendan tanto, cuando son la hostia en verso.

Ya no concibo vivir sin mi Woxter.

La prohibición de los toros

Primero en Cataluña, coming soon en tu plaza de toros más cercana, prenda. Me da igual que todo forme parte de un juego de tronos politiquero de medio pelo. El caso es que no habrá corridas en Cataluña. Algún día, en este país, de la barbarie taurina sólo quedarán museos subvencionados, documentos gráficos, un poco de vocabulario y frases hechas residuales.

Cambiemos de tercio, hablemos de...

Teléfonos móviles

Al contrario que con los mp3 o los ereaders, mis compis y yo sí habríamos comprendido el concepto. No en vano, seriales de televisión, películas e incluso personajes de cómic hacían uso de sus versiones particulares de la comunicación inalámbrica. Desde Star Trek al zapatófono de Mortadelo, desde el casco de Koji Kabuto a los relojes multifuncionales de James Bond.

Cuando yo era pequeño, abundaban las carpinterías en mi barrio. Locales ruidosos, llenos de serrín y hasta los topes de tacos de madera. Mis amigos y yo buscábamos rectángulos con el tamaño apropiado. Luego pintábamos con un bolígrafo pantallas y botoneras. Y ya teníamos nuestros walkie talkies de ensueño.

Ironías del destino, los celulares no llaman mi atención, aunque gaste, como casi todo el mundo. Pero han cambiado el modo de entender la telefonía y, para bien o para mal, nos han vuelto localizables las veinticuatro horas del día.

Dentaduras perfectas y duchas diarias

Carlos Herrera solía insistir en que es una de las transformaciones más importantes en los hábitos de nuestro país y también una de las que menos se señalan cuando miramos atrás para establecer comparaciones. Hemos pasado de las caries de la posguerra y el desarrollismo económico, de las prótesis dentales antes de llegar a los sesenta, a lucir los mismos dientes sanos de esas suecas y francesas que querían follarse los españolitos en los años sesenta.

Españolitos que hedían. Lo de las duchas diarias es añadido mío. Hace poco, los de El Intermedio cazaron a Dani, el de El canto del loco, en uno de esos photocalls repletos de famoseo. Le preguntaron que cada cuánto tiempo cambiaba las sábanas y él bromeó con la respuesta: “Como cuando éramos niños, que nos lavábamos una vez por semana”. Y ese orangután tatuado lo clavó. Me dejó con la boca abierta. Me hizo recordar. La magdalena guarra de Swann en mi salón comedor. Yo me bañaba los domingos, y cuatro veces al mes era una media alta en relación a mis vecinos adultos...

Dientes limpios y cuerpos limpios. Cuerpos sin olor a manteca, ni a aceite de oliva, ni a guisos; cuerpos sin esa pestecilla prepúber, entre agria y almizclera, que emanaba de nuestras camisetas y nuestros pantalones parcheados. Señoras mayores que no atufan a pis, hombres que no apestan a la cerveza sudada en los andamios. Culos frescos, pies cuidados, cabellos donde ya no se pueden freír huevos aprovechando el excedente de grasa.

Videoconsolas

Crecimos con ellas, pero les costó lo suyo alcanzar a las máquinas recreativas que tanto nos hipnotizaban. Eso sí, cuando llegaron a la meta, destruyeron la competición para siempre, al menos en España. A veces echo de menos los salones, pero es una nostalgia putilla, que oblitera lo negativo y realza sólo los mejores momentos de aquel pasado de monedas de cinco duros que alquilaban por unos cuantos minutos un pedazo de nuestra diversión favorita.

Las videoconsolas actuales mueven millones de polígonos por segundo como el que no quiere la cosa, sostienen preciosos mundos virtuales en los que es un placer perderse y no te piden que insertes dinero al final de una partida.

Las portátiles son cada vez más potentes y cuando juego en mi Nintendo DS, en ocasiones me es inevitable admirarla como el pequeño prodigio futurista que en realidad es.

Fin del servicio militar obligatorio

Para vosotras se allanaba el camino y se diversificaban las opciones. Nosotros teníamos que hacer la mili. Nasíos pa matar.

Exceptuando la triste maleta de cartón y los gastados consejos paternos, nada me distinguía de la quinta de Antonio Muñoz Molina. Y no me obligaron a cantar el Ardor guerrero, pero me harté de hacer instrucción, de fregar suelos y de cargar con mi cetme. Las borracheras constantes y los buenos amigos aceleraron ese tiempo de secuestro institucional. Lo más destacable: volé en un Hércules y me soltaron en Tenerife como a Charlie Sheen en Platoon.

Ya no hay mili. Increíble.

Cámaras fotográficas digitales

Más viejas que el Apolo 11. Como tantos diseños de la era espacial, tardaron lo suyo en estar disponibles para el hombre de a pie, con el tamaño adecuado y a una buena relación calidad/precio.

La máxima pega que debieron combatir fue la superioridad técnica de las cámaras convencionales de media y alta gama, pero lo consiguieron, y esta década supuso el final del carrete, de los revelados y de los álbumes con tapas horteras. Se acabó también esa limitación ahorradora que nos imponíamos ante la tentación de darle al dedillo indiscriminadamente, por aquello de que foto hecha, foto que habría que pagar después. Ya podemos emular a los fotógrafos profesionales, los únicos a los que no parecía dolerles el bolsillo abriendo y cerrando el obturador cientos de veces al día.

Bueno, bonito y barato

China nos ha inundado con sus plásticos y su electrónica de saldo. A efectos prácticos, a pequeña escala, lo más llamativo, a mi juicio, es la enorme cantidad de productos que se han vuelto ridículamente asequibles, más de lo que habríamos esperado desde ese pasado austero en el que hasta un compás o un bote de cola para las manualidades del colegio suponía pasar por la caja de una de esas librerías que olían tan bien. Olían a tebeos. Olían a dinero, las muy jodidas. Como las jugueterías de barrio, otro sector de las PYME que los amarillos se ventilaron con sus precios imbatibles y la mejor de sus sonrisas.

Fue la democratización de lo diminuto y el fin de una serie de marcas comerciales patrias más privilegiadas que esos controladores aéreos que tanto ruido han generado estos días. Cuando los primeros Todo a cien llegaron a mi barrio, yo alucinaba. Y si no fuera porque me pillaron ya con los huevos negros, habría hecho una compra absurda de varios miles de pesetas con:

-Una caja de cincuenta rotuladores. Nunca tuve una.
-Muchos cuadernos de tamaño A-2, para dibujar pollas.
-Un par de bombos repletos de indios y vaqueros.
-Muchas cajas de petardos.
-Linternas variadas. Me encantaban las linternas, cazaba grillos con ellas.
-Todas las imitaciones de Masters del Universo que viera. Dios, eran carísimos los jodidos Masters.
-Todos los coches teledirigidos que me encontrara en las estanterías. También a precios prohibitivos en mi infancia. Es más, ni siquiera funcionaban con radiofrecuencia.
-Rifles y pistolas de agua. Había que ahorrar un par de semanas para hacerse con una y luego se fastidiaba el gatillo o empezaban a tener más fugas que el Titanic.
-Unos cuantos estuches de ceras blandas. Para seguir dibujando pollas (más artísticas, eso sí) cuando se me secaran los rotuladores.
-Todos los robots con lucecitas y andares torpes que hubiese podido cargar en bolsas.

Anexo: Internet


El punto unificador en el que confluye este experimento. El cablecito que viene pegado por la pared y nos conecta a todos en este trasunto de ciberespacio consensuado salido del universo neuromántico de William Gibson. En lugar de cowboys de consola, trolls con acné, en vez de hielo generado por imponentes I.A., contraseñas de dieciséis dígitos, en lugar de roms albergando personalidades muertas, memorias USB. Y Gibson acertó también con la jerga específica y enrevesada. En World of Warcraft incluso hablábamos nuestra propia lengua.

Toda mi vida soñé con esta puta mierda. Me chifla Internet. Ya estamos más cerca del ansible. Fuck yeah.

Y esto es todo lo mío. Pero como os dije más arriba, no es un texto cerrado. Me gustaría saber qué otros cambios, electrónicos y vitales, os han llamado a vosotros la atención.

Actualización: la versión de esta entrada en Las puertas del Caos

Click aquí.

13 comentarios:

Mr. Lombreeze dijo...

El futuro distópico no es más que un género deprimente que, sin embargo, bien tratado, a veces entretiene. El futuro siempre es utópico, siempre es cojonudo. Somos la primera puta generación que podemos permitirnos el lujo de mearnos en la puta puerta de la Biblioteca de Alejandría, siempre y cuando podamos pagar 29,95 euros al mes a una compañía proveedora de internet.
Rinkley lo sabía, tú, Insanus, the wisest of the wise, lo sabes, yo lo sé. Gracias por este post que desde ya es uno de los candidatos a "lo mejor de 2010".
Y eso que yo soy de los que llego tarde a todo, porque la nostalgia me impide evolucionar a la velocidad deseada. Bueno, si exceptuamos a dos de los grandes cambios que mencionas: el teléfono móvil e internet que son, para mí, el top de la lista. En eso fui un pionero y también en lo de la mili que yo me hice objetor cagando leches (hace ya 20 años).

Halloween es el triunfo de la vida sobre la muerte, de Nietzsche sobre Platón. Desde que existe el mp3 mi madre dice que es como si su hijo "llevara siempre pendientes". Solo me resisto a una cosa, a las cremaciones. Yo quiero que me traigais flores a mi tumba (mientras escuchais alguna canción molona en el mp3, claro). La cámara digital es el gran gadget de mi esposa. Como bien dices, si en Londres hicimos 75 fotos pensando en lo que costaría revelarlas, solamente de Cambrils tengo más de 300. Por cierto, le he pedido que me compre de regalo de Navidad uno de esos helicopteros teledirigidos que venden los chinos.

De Internet, al que le debo ahora el 90% de la oferta de mi ocio, me quedo con las descargas de películas (como no) pero no de las de Harry Potter y su potter mother, sino de esas películas que, de otro modo, nunca vería. Nunca.
Luego están el youtube (al que adoro, mi mujer dice "tú tienes un blog solamente para inserar vídeos del youtube"), la wikipedia (vilipendiada injustamente por los gafapasta que la consideran una fuente de conocimiento poco cool) y todos los tube del porno stream, el apetube.com, el feelmytube.com, el comemeeltube.com y demás. Sin embargo, el facebook y demás redes sociales y chats, así como los ebooks, giran en universos para-lelos al mío.

Mr. Lombreeze dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mr. Lombreeze dijo...

Quiero añadir.

Los vuelos low cost. Yo en la puta vida me hubiera imaginado que sería más barato viajar a Roma que a Segovia. No me jodas, es acojonante. Cuántas boinas se han quitado de las cabezas gracias a salir del pueblo, de la aldea, para ver mundo. Para viajar a Praga barato hace ahora 20 años tuve que tirarme 24 horas de tren en tren...

Los restaurantes de comidas del mundo. Otra forma de desapueblarse si te dan miedo los aviones. En esto los chinos volvieron a ser los pioneros. Con mis primeros sueldos todas las celebraciones eran con cogollos, judiones y chuletones, que no tiene nada de malo, pero que todo cansa. Kebabs, hamburguesas, sushi, woks, cuscús, fajitas, carnes de avestruz, cebra, antílope etc, etc. Qué maravilla hostias, qué maravilla.

Las mujeres. Venga copón, las tías te entran en los garitos para ver si quieres follar, como tiene que ser, con dos cojones. Esto es el paraíso. Eso en mi adolescencia no pasaba, qué narices va a pasar. El que diga que sí, alucina en colores.

El banco online. Vale, es una subcategoría de internete pero yo doy gracias a Dios porque hace unos 10 años que no piso una puta sucursal bancaria. Lo hago todo desde casa. Y lo mismo para un montón de trámites administrativos de mierda que antes te exigían interminables e inútiles colas. No me jodas, pero si puedo pedir cita para el médico desde mi puta casa y elegir las butacas de cine en las que me quiero sentar!. Acojonante.

Mr. Lombreeze dijo...

Y una cosita más. Cuando yo iba al pediatra con mi madre, el doctor le decía "su hijo tiene asma" y acto seguido te soltaba en la puta jeta un nube de nicotina del tamaño de Guatemala de la última calada que le había dado al pitillo mientras te recetaba el ventolín. A partir del 01/01/2011 la cosa se pone más chunga...

Insanus dijo...

Bravo! Qué bueno. Como apéndice y apostilla a la entrada, no podría haber esperado nada mejor. Kelem y tú sois mis estrellas rutilantes del blog, ¿eh?, que lo sepáis.

¿No quieres ser cremado? Yo sí, y además, los míos saben hasta dónde y cuándo tienen que arriarme: en verano, un día de levantichón (cuando el poniente y el levante se pelean en el estrecho y se queda el agua tibia y limpia), en frente de mi casa.

De Internet habría que hacer subcategorías, desde luego: Youtube, la Wiki, como tú bien dices, los primeros años de la mula (cuando vigilábamos sus avances como si fuera una carrera de camellos de la feria), el porno gratis! y a toneladas, etc.

Hostia, los vuelos baratos, es verdad, y la igualdad en el ligoteo, cierto. Si es que este post daría para librito.

Lo del tabaco me tiene acojonado ya. Joé, ni que me estuviera metiendo caballo, qué angustia. Van a consenguir que lo deje si siguen así, subiendo precio y arrinconándonos.

Un abrazo y gracias por estar ahí.

Insanus dijo...

Ah, lo de Halloween y la banca online, que no lo comenté. Pues lo primero, ya te digo, lo hemos hablado un par de veces: yo contento con esta colonización.Con lo de la banca online, tenía hasta hace poco una cuenta en la Caixa sólo para compras y pagar mensualidades del WOW y cosas así.

También me parece alucinante esas tarjetas virtuales para comprar por Internet.

Y hay tiendas que son como sueños húmedos hechos realidad: Cybedark, Movies Distribución, DVDGO, etc.

Ah, y los blogs, coñe, los blogs: pseudowebs gratuitas donde nos expresamos y nos buscamos los unos a los otros. Son tantas y tantas cosas.

Kelembor dijo...

Mi particular aporte y versión al asunto, demasiado extendo para un comentario:
aquí

Insanus dijo...

jajjaj, qué bueno, qué bueno, voy a por café y hago una ronda de visitas.

Dr. Quatermass dijo...

Genial Post amigo Insanus, aunque pasaré por alto lo de llamanr "remedo" al Spectrum. A mi lo que me asombra en lo lentamente que avanzamos es en la medicina. Da para pensar en conspiraciones raras el porque nos morimos antes de hora de cosas muy chungas de igual forma ahora que hace 30 años. Que sí que quien maneje datos te dirá que las muertes por XXXX han bajado el 0,1% en los últimos 20 años, pues vaya puta mierda para (lo que se supone) que se investiga.

Yo cuado era niño y hablaba del año 2000 me imaginaba poco menos que en una nave espacial, mi teoría es que hemos llegado al límite de lo que nos podemos desarrollar como civilización. Nos hemos estancado. Los aviones son exactamente iguales que hace 40 años, lo hablaba con mi mujer el otro día.

El gran salto son las convenciones sociales, un homosexual puede decirlo abiertamente y no pasa ná, y le puedes preguntar a una señorita abiertamente si quiere follar sin que te suelte una hostia (si es que antes no te lo pregunta ella).

Ah! y la selección española gana el mundial, el gran cambio :-)

Grandioso post sin duda. Me ha dado que pensar.

Un saludo

Kelembor dijo...

Buenas noches, noches.
Como sé que somos unos cuantos los lectores de Homo Insanus y aquí por ahora no se ha comentado gran cosa, me gustaría que hecharais un vistazo o que Cleve ponga un comentario en este blog sobre la Ley sinde. El proyecto de Ley de Economia Sostenible será probablemente aprobado el 21. Yo me acabo de enterar, no se ha comunicado absolutamente nada en ningun lado. Quieren hacerlo bajo mano y que pase desapercibido.

La Ley Sinde basicamente nos dice QUE podemos poner en nuestra web y QUE podemos ver en las demas.

Sin más, os dejo el link:

http://laspuertasdelcaos.blogspot.com/2010/12/21-d-2010-ley-economia-sostenible.html

El futuro de internet ya ha llegado, amigos, el CONTROL y la CENSURA.

Insanus dijo...

Gracias, doc. Puede que tengas razón en eso del estancamiento. Yo también me imaginaba de niño como el adulto de Los Supersónicos, en ovni monovolumen de camino al curro y a casa, :).

Ya, Kelem, es por pereza, si no habría hecho un post sobre el tema. Voy a leerte ahora.
Nah, prohibiran una esquina del desierto y nos iremos con las caravanas a otra parte, ya ves tú que problema.

PEPE CAHIERS dijo...

Bueno, bueno, pedazo artículo y pedazo comentarios. Yo añadiría algo sin lo que ya no podría vivir en los veranos infernales del sur: El aire acondicionado, en las casas, en los coches, en las oficinas. Yo soy de los que se lo meten en vena.

Insanus dijo...

Perdón, pepe, lo edité para corregir un par de errores ortográficos y se me coló en cabeza, pero esto lo escribí en diciembre de 2010.

Otro, es verdad, el aire acondicionado. Muy bien apuntado.