Título original: The WolfmanAño: 2010
Duración: 125 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: Joe Johnston
Guión: Andrew Kevin Walker,
David Self (Remake: Curt Siodmak)
Música: Paul Haslinger
Fotografía: Shelly Johnson
Intérpretes: Benicio Del Toro, Hugo Weaving, Anthony Hopkins,
Emily Blunt, Geraldine Chaplin, Art Malik, Catherine Balavage,
Richard James, Olga Fedori, Stuart St. Paul, Robert Roman Ratajczak
Sinopsis: La infancia de Lawrence Talbot se acabó bruscamente la noche que murió su madre. Se marchó de su pueblo, Blackmoor, y tardó décadas en recuperarse e intentar olvidar. Cuando Gwen Conliffe, la prometida de su hermano, le encuentra y le ruega que la ayude a buscar a su amor, que se encuentra desaparecido, Lawrence Talbot regresa a casa. Entonces se entera de que algo brutal, salvaje, con una sed insaciable de sangre, ha matado a muchos campesinos. Empieza a encajar las piezas del sangriento rompecabezas y descubre que existe una antigua maldición que convierte a las víctimas en hombres lobo las noches de luna llena. Para acabar con la carnicería y proteger a la mujer de la que se ha enamorado, Lawrence Talbot debe destruir a la temible criatura que se esconde en los bosques cercanos a Blackmoor.
(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)
Algo que parece una constante en Joe Johnston es la facultad que tiene para adocenar cualquier proyecto en el que esté metido de por medio. Quizá no posea ese toque “mágico”, quizá sólo sea casualidad, o puede que los rodajes que capitanea ya constan de por sí con toda una tripulación de mediocres a sueldo, pero la verdad es que con la excepción de October Sky, la carrera como realizador de Johnston es hasta coherente en este sentido, y El hombre lobo es la penúltima pieza de su insustancial y tediosa filmografía. Penúltima porque ahora está en postproducción una sobre el Capitán América. Manda huevos: uno de los superhéroes clásicos más aburridos de todos los tiempos y ¿quién se va a encargar de actualizarlo? Nuestro amigo Joe, por supuesto.
El hombre lobo, además de ser una johnstonada en estado puro, es de una preocupante previsibilidad. En parte es debido a que sus incógnitas y misterios han sido reducidos a la típica y digerible papilla argumental, asimilable hasta por extraterrestres. Como consecuencia de este procesado previo, se hace terriblemente sencillo descifrar qué va a suceder a continuación. Y con un mínimo esfuerzo, tras unos treinta minutos, hasta podremos anticiparnos al conflicto final, trazando además en nuestra mente la serie de desventuras, equívocos y sentimientos enfrentados que nos conducirán a ese punto de resolución.
Así que si la historia no requiere de nuestra atención, ¿con qué podemos deleitarnos en este film? Con los maquillajes y demás efectos especiales, responderíamos sin pensarlo demasiado. Al fin y al cabo, estamos viendo algo que se llama El hombre lobo. Sin embargo, las apariciones del monstruo se hacen de rogar, y las transformaciones en engendro maldito dejan un regustillo a engrudo, a potaje estomagante. Han escogido una curiosa manera de presentarnos al lobo, con un hermanamiento obvio de las dos líneas artísticas y cinematográficas más reconocibles en la iconografía de este monstruo. Por un lado la pilosidad abundante y acelerada cubriendo los rostros de Lon Chaney y Oliver Reed, por el otro las dolorosas convulsiones, bultos y alargamientos que tanto asombraron al mundo en Un hombre lobo americano en Londres. Gracias a la mesa de montaje, la Universal, la Hammer y los chicos turistas de John Landis, con Rick Baker al frente, se dan la mano en esta película, como celebridades obligadas a acudir, por cuestiones protocolarias, a una fiesta chabacana y de poca importancia.No acaba todavía la mezcla entre las dos escuelas, entre el clásico y el moderno hombre lobo. También decidieron que las aptitudes del monstruo fueran híbridas, de manera que unas veces va a cuatro patas y otras a dos, dependiendo de las distancias a recorrer o de lo intenso de los apetitos a saciar. Este punto en concreto sí me pareció interesante: la fusión del hombre lobo bípedo de las primeras adaptaciones cinematográficas con la bestia veloz de las versiones más recientes del mito.
Todo lo concerniente a maquillajes y efectos visuales y sonoros es más que convincente, pero ni deslumbra, ni sorprende en ningún momento. Y como el espectáculo de lucecitas, criaturas y explosiones no es que sea precisamente del nivel de Avatar, no emborracha los sentidos lo suficiente como para olvidarnos de la trama, en este caso, más plana que el encefalograma de un muerto.
Hemos quedado en que la historia es previsible y aburrida. La estrella de la función, el lobito de nuestros amores, es producto de un hábil revoltijo que se acredita como homenaje, y que en realidad está más cercano al sampleo cinematográfico que a la creación original. Dado que el departamento de FX ha corrido a cargo de Rick Baker, podemos asistir a un curioso caso de expoliación propia, con el oscarizado técnico viajando al pasado y metiéndole mano a su legado, para traerlo hasta nuestro presente y darle una chillona restauración, discutible y polémica, como aquel repintado ochentero de la Capilla Sixtina.
Si los fuegos artificiales no llenan del todo el cielo ni la historia nos engatusa por ser tan elemental, ¿qué podemos resaltar de las más de dos horas de película, de ese metraje interminable que desesperaría hasta a los admiradores de las producciones de Samuel Broston? No desde luego las actuaciones, con un Benicio del Toro monolítico e inexpresivo y con un Anthony Hopkins que simplemente pasaba por allí, a ganar unas perrillas, repitiendo gestualidades y recursos de anteriores caracterizaciones; de Leyendas de pasión, para cuando pretende reflejar amor paternal (con escena calcada de la película de Edward Zwick), y de Hannibal, con guiño espasmódico incluido, cuando necesita remarcar maldad o ironía. Del resto del reparto, poco que añadir. Figuran y dan la réplica, entre otros, Hugo Weaving, Emiliy Blunt y Geraldine Chaplin, que encarna a una gitana con “gracia”, que no graciosa. El personaje de la hija de Charlot es en sí mismo una señal indicadora viviente, que nos informa de a qué dirección apunta este hombre lobo con tan poco arte y dinamismo, por si no lo habíamos pillado aún: hacia la edad dorada del cine de monstruos.Como los actores tampoco nos salvan del tedio, ya sólo queda comprobar si hay alguna secuencia que nos alegre el día y, afortunadamente, alguna hay. Me quedo sin dudarlo con la conferencia médica en ese bárbaro hospital victoriano, donde estirados y pomposos discípulos de la ciencia son testigos del triunfo exultante del mito, de la leyenda. En algún momento, algo cambió, y creímos a pies juntillas esa verdad consensuada sobre que las fieras más temibles sólo habitan en nuestras psiques. Hasta que un jodido hombre lobo toma la palabra a zarpazos, con muchas ganas de añadir unas apreciaciones al respecto. Pero esta válvula de escape lúdica y celebrativa sólo dura unos minutos, y luego, vuelta al tostón reinante en esta película.
Supongo que siempre queda el comodín Mike Nichols, al que recurro a menudo cuando me la vuelven a dar con queso con licántropos de por medio: “Hombre, Lobo era peor”. Espero que no me obliguen más veces a refugiarme en esta referencia comparativa tan urticante, que la próxima sobre hombres lobo no tenga que excusarla con semejante bosta. Tampoco pido mucho, digo yo.



4 comentarios:
Hombres Lobo y Vampiros son dos tópicos que , para mí y lo he dicho muchas veces no saben llevar al cine. O al menos no nos lo enseñan como nos gustaría.
El hombre lobo, además, es mucho más simple porque el drama no es tan importante... a fin de cuentas, y técnicamente, sin la noche ellos son personas normales. Tampoco viven eternamente, ni deben beber sangre de otro ser vivo para mantenerse vivos.
La 3ª entrega de Underworld, respecto a hombres lobo, para mí es de las mejorcitas... sino la mejor. Si no la as visto... al menos se deja ver.
La 3ª de Underworld, así asá. A las otras dos sí que las quiero bastante.
Para mí lo peor es cuando lo intelectualizan, como en Lobo, peor aún que llevar al cine el tema con esa modorra y esa languidez de esta versión. ¿Y la de Wes Craven qué te pareció? Pelín grotesca, pero tenía sus momentos, ¿no?
Kelem, en los noventa hubo una bastante curiosa, de las que iban directa a vídeo. Échale un vistazo algún día a Eclipse Total
Cómo me gustó "un hombre lobo americano en Londres", creo que el largometraje de Landis, puso el listón tan, tan alto que ya nada si lo comparas con eso vol´verá a ser bueno. Una cosa que dice mi abuela, que es muy sabia por si no lo sabías es que "las comparaciones siempre son odiosas", y eso me lleva a que entiendo lo que dices en el post, pero no lo comparto. La versión de Johnston no está tan mal, es muy clásica, en el fondo y en la forma, para lo bueno y lo malo. Intenta pensar en ella como si no hubieras visto nada, el filme no es tan malo, me disteís para el pelo cunado la salvé en su momento, y me reitero, decir que esto es una puta mierda, es muy complicado, porque la factura es perfecta, y creo humildemente que esto sólo se trata de un ejercicio más de puesta al día, de ponerle color a lo que ya teníamos en B/N. Con ello no quiero decir que sea bueno. Para nada, esta versión está hecha para los que no soportan el B/N porque no lo comprenden, y no saben ver el filme con los ojos de la época. Puede que sea porue no pueden porque no lo vivieron, no lo sé, pero lo que tengo claro es que si los directivos de los estudios lo hacen es porque han hecho estudios de mercado que avalan este punto.
En fin, que te recomiendo que te refugies en "un lobo americano en Londres", un servidor lleva años allí metido.
Y tanto! La de veces que habré visto ya la de Landis. Y también la loca secuela noventera en París, que también me gusta.
Pero Alfie, que yo no te di la barrila con El hombre lobo, ¿eh? Que cuando tú la reseñaste yo aún no la había visto, jajja.
Sí, si es impecable, como Alicia en el país de las maravillas, que vi anoche, igual, tío, lo mismito. Bonitas, muy trabajadas, con una legión de profesionales que hay hasta que acelerar los créditos para que quepan todos. Y las dos me dejaron con la misma cara de jubilado mirando la carretera. Un horror.
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