El niño del ukelele
Vía Hotmail, con remite de mi tía Inma, me llega este sensacional vídeo. Primero os pongo el original, luego el cover.
¿No es genial? Lo que más me asombra, además del instintivo manejo del instrumento musical, es ese inglés de cuchufleta, que nace de la libertad todopoderosa de una mente joven, aún sin domesticar. El lenguaje sometido al servicio de la inmediatez y la diversión: si no sé un idioma, me lo invento en un segundo, con su fonética, su semiótica y lo que haga falta, que eso no va a ser ningún impedimento para cantar esa canción que me gusta tanto.
Y en esta ocasión, no os dejaré la letra de I´m yours escondida bajo código, porque este niño acaba de dinamitarla y mejorarla, así que todos a aprenderla en su enternecedora jerga balbuceante.
¿No es genial? Lo que más me asombra, además del instintivo manejo del instrumento musical, es ese inglés de cuchufleta, que nace de la libertad todopoderosa de una mente joven, aún sin domesticar. El lenguaje sometido al servicio de la inmediatez y la diversión: si no sé un idioma, me lo invento en un segundo, con su fonética, su semiótica y lo que haga falta, que eso no va a ser ningún impedimento para cantar esa canción que me gusta tanto.
Y en esta ocasión, no os dejaré la letra de I´m yours escondida bajo código, porque este niño acaba de dinamitarla y mejorarla, así que todos a aprenderla en su enternecedora jerga balbuceante.
ListDJ para Spotify
En fase beta todavía, pero auguro que ListDJ será uno de esos plugins de uso indispensable. Yo hace sólo unos días que lo tengo instalado y ya no podría estar sin él. De hecho, no me extrañaría que acabe integrado pronto de manera oficial.Cuando arranca, ocupa la mitad derecha de la pantalla y muestra la letra de la canción que pinchéis en ese momento. Incorpora también modo karaoke. Os lo dejo por aquí abajo en descarga directa.
Adiós a Brittany Murphy
Comencé a fijarme en ella en Spun, aquel Trainspotting speedico en el que John Leguizamo salía con un calcetín en la polla (experimenté un ataque de risa de varios minutos), pero ahora, repasando su filmografía, veo que Brittany estuvo rondando siempre por ahí, entre títulos mediocres de esos que todos hemos visto (Fuera de onda, Inocencia interrumpida, Ocho millas) y alguna que otra cosilla interesante (Sin City, Amor y otros desastres). Hasta en televisión estuvo curtiéndose, a principios de los noventa, en series como Blossom, Frasier o Parker Lewis nunca pierde.Por sus ojos la conoceréis, esos ojazos de mujer española que tenía, por el físico rotundo que se gastaba y también por la extraña lascivia que inspiraba. Mirarla en pantalla producía una mezcla de ternura y deseo guarrindongo que a mí me recordaba a una jovencita de mi pasado, la típica a la que quieres meterle de todo menos miedo y al mismo tiempo protegerla de majaderos que sólo buscan lo que tú estás pensando hacer si ella te da la más mínima oportunidad. Pues Brittany Murphy tenía eso, esa capacidad de crear el conflicto entre el cerebro reptiliano y el humano, en otras palabras, entre el peso de los cojones y la hinchazón del corazón. O al revés.
Debería hablar de lo bien que lo hacía, de la actriz válida que era, pero sería poco coherente y deshonesto, dado que me importaban tres pimientos sus dotes interpretativas. Yo me bajaba hasta la más infecta de sus películas sólo por ver cómo meneaba el culito (Recién Casados, por ejemplo) y se pintaba esa boca tan peculiar, no sé si producto del azar genético o de los retoques de quirófano, pero que a mí me encantaba hasta decir basta. Aún así, afirmativo, la chavala no estaba ahí arriba sólo por su cuerpo, y para muestra, The Dead Girl, su mejor papel: se salía, la muy gigante. Vaya tristeza ahora con ese personaje suyo, donde tuvieron que maquillarla con aspecto de cadáver arrojado a una cuneta.
Ashton Kutcher, que fue su novio antes de casarse con Demi Moore, esa señora mayor con tetas de silicona, expresó sus condolencias ayer y finalizó con una frase altamente emotiva: "Nos vemos al otro lado, niña". No digo que no. Todas las tías buenas van al Cielo, es un dogma de fe, amigos, ni lo dudéis, lo que sucede es que ningún concilio lo ha hecho público, para guardarnos la sorpresa. Pero Kutcher, te equivocas en algo, dude. Que yo estaré allí y te mandaré a buscar tu coche para toda la eternidad, payaso fumeta, porque esa vez será mi turno.
Retorno a Faerûn
Ha sido como volver a casa. Toda la emoción estaba ahí, toda la belleza, intacta, aguardándome.Otra vez he vuelto a disfrutar con la creación del personaje, con la distribución de los talentos y atributos. Con los primeros pasos por un mundo tan hermoso, bien documentado, tan fiel a D&D y tan sólido que es evidente comprender por qué millones de personas desde 1998 se han pegado las horas muertas en posadas, cuevas, mazmorras, bosques y pantanos, resolviendo búsquedas y misiones, leyendo ajados libros y misteriosas cartas, realizando anotaciones en sus mapas y explorando hasta el último rincón del continente. Y es que a Baldur´s Gate no se "juega". Baldur´s Gate es otro rollo. Es tan difícil de explicarlo que sólo ante otros aventureros virtuales deja de ser una empresa fútil y entonces la conversación se convierte en una serie de anécdotas y recuerdos sobre los Reinos Olvidados, porque entre curas ya sabemos de qué va la misa y vamos directos a las hostias.
Si os gusta el rol y no habéis probado aún esta obra maestra, ahora no sería un mal momento, aprovechando que están al caer las vacaciones navideñas. Gracias a una modificación que tiene ya su tiempo, es posible disfrutar de lo que yo llamo The Baldur´s Gate Experience: empezar con nivel uno en Candelero y acabar en la expansión Throne of Bhaal, con las ventajas que conlleva el motor gráfico de Shadows of Amn aplicado sobre la primera entrega de la serie. Y eso sin mencionar la traducción completa al español, la correción de bugs e irregularidades, la puesta al día de todos los parches y extras tan suculentos como las bandas sonoras (deliciosas) y el editor de partidas.Eso sí, perspectiva isométrica y 2D pura y dura. Pero confiad en mí. No echaréis de menos el baile de polígonos de los juegos actuales, ni la captura de movimientos, ni las texturas complejas. Magia, aventura, humor, una historia épica e inolvidable y un grupo de temerarios esperando a ser comandados. Lo demás, ya depende de vosotros.
Nos vemos en el Mesón del Brazo Amigo.
Una de docus
Tres de ellos, para ser exactos, y aunque traten sobre temas muy distintos, todos con un nexo en común: la capacidad de ensoñación y maravilla que despiertan.
El monstruo de la Vía Láctea.
¿Por qué casi todas las galaxias albergan un enorme aguero negro en su centro y cómo influyen éstos en la creación de nuevas estrellas? ¿Qué es el canibalismo galáctico y cómo se autoregula a sí mismo?
Apasionante. El docu empieza con una breve introducción sobre las singularidades gravitatorias más extremas y luego explica de manera clara el supuesto papel de los agujeros negros en el cosmos. Además, narra la emocionante peripecia del grupo de astrónomos que logró demostrar la existencia de un inmenso monstruo oscuro en medio de nuestra Vía Láctea.
Devoradores de mundos, astros y polvo estelar, pero también jardineros del universo, esparciendo materia a miles de millones de años luz. Una pasada. Tras este precioso reportaje, los agujeros negros dejan de parecer tan sombríos y amenazadores. Garantizado.
Mujeres para la eternidad.
Es mejor el título original, mucho más juguetón y cinéfilo, Bond Girls are Forever.
Maryam d'Abo, que fue chica Bond en 1987, se patea el globo entrevistando a otras compañeras. Desde la mítica Ursula Andrews a Halle Berry, pasando por Maud Adams o Jane Seymour.
Todas se encogían de hombros o sonreían con aburrimiento cuando Maryam les preguntaba sobre las protestas de los colectivos feministas a lo largo de décadas. Ellas tenían claro que las chicas Bond no representaban a la mujer real, sino que eran fantasías, iconos de lo sexy, lo sensual y lo femenino.
Y desde esa comprensión de lo que significa ser una chica Bond, se narra cómo esta parcela de las películas de la saga ha ido adaptándose, hasta llegar a la actualidad, donde las parejas del famoso espía son mujeres de carácter que pilotan helicópteros, son duchas en el combate y forman parte activa de la acción, como en Muere otro día, Goldeneye o El mañana nunca muere.
Maryam d'Abo confirma lo que ella pensaba al oírlo en palabras de las demás: que está en un selecto club. El tiempo pasa y ellas cambian de aspecto físico, pero siguen recibiendo cartas de admiradores y firmando autógrafos hasta a niños.
¿Mi favorita? Es difícil elegir a una, pero creo que Lois Chiles, de Moonraker. Y muy de cerca Carole Bouquet, de Sólo para sus ojos.
Grandes millonarios del mundo.
Nada de millonarios de poca monta, aquí se hace un recorrido por tíos que tienen tanta pasta que ni reparan en ella. En palabras de Arthur Tay, un magnate de Singapur, "Si te pones a contar tu dinero es que aún no has logrado el éxito". Tela. Qué vulgaridad saber cuánto tienes, o sea.
Gente que posee mansiones repartidas por el mundo, yates tan grandes que a veces no pueden amarrar en algunos puertos y lujosos reactores privados. Beben licores añejos de más de tres mil euros la botella y se compran relojes de diamantes con la naturalidad del currito que va a un mercadillo. Son clientes de tiendas tan exclusivas que ni siquiera se publicitan en la fachada.
Lo más llamativo: son nuevos ricos, ni una moneda del dinero viejo y heredado que tanto asqueaba a Kevin Spacey en Medianoche en el jardín del Bien y del Mal. Todos estos tipos amasaron su fortuna aprovechando los aires de cambio y los nuevos mercados de finales de los ochenta y principios de los noventa.
A resaltar Calvyn Ayre, canadiense, con una fortuna estimada en dos billones de dólares. Es el dueño de Bodog, inicialmente un casino online que fundó con un pequeño capital de seis mil quinientos dólares. Admirable. Y un cachondo, siempre rodeado de chicas despampanantes porque, parafraseando, le alegran su trabajo diario. Nos ha jodío. Qué grande.
El monstruo de la Vía Láctea.¿Por qué casi todas las galaxias albergan un enorme aguero negro en su centro y cómo influyen éstos en la creación de nuevas estrellas? ¿Qué es el canibalismo galáctico y cómo se autoregula a sí mismo?
Apasionante. El docu empieza con una breve introducción sobre las singularidades gravitatorias más extremas y luego explica de manera clara el supuesto papel de los agujeros negros en el cosmos. Además, narra la emocionante peripecia del grupo de astrónomos que logró demostrar la existencia de un inmenso monstruo oscuro en medio de nuestra Vía Láctea.
Devoradores de mundos, astros y polvo estelar, pero también jardineros del universo, esparciendo materia a miles de millones de años luz. Una pasada. Tras este precioso reportaje, los agujeros negros dejan de parecer tan sombríos y amenazadores. Garantizado.
Mujeres para la eternidad.Es mejor el título original, mucho más juguetón y cinéfilo, Bond Girls are Forever.
Maryam d'Abo, que fue chica Bond en 1987, se patea el globo entrevistando a otras compañeras. Desde la mítica Ursula Andrews a Halle Berry, pasando por Maud Adams o Jane Seymour.
Todas se encogían de hombros o sonreían con aburrimiento cuando Maryam les preguntaba sobre las protestas de los colectivos feministas a lo largo de décadas. Ellas tenían claro que las chicas Bond no representaban a la mujer real, sino que eran fantasías, iconos de lo sexy, lo sensual y lo femenino.
Y desde esa comprensión de lo que significa ser una chica Bond, se narra cómo esta parcela de las películas de la saga ha ido adaptándose, hasta llegar a la actualidad, donde las parejas del famoso espía son mujeres de carácter que pilotan helicópteros, son duchas en el combate y forman parte activa de la acción, como en Muere otro día, Goldeneye o El mañana nunca muere.
Maryam d'Abo confirma lo que ella pensaba al oírlo en palabras de las demás: que está en un selecto club. El tiempo pasa y ellas cambian de aspecto físico, pero siguen recibiendo cartas de admiradores y firmando autógrafos hasta a niños.
¿Mi favorita? Es difícil elegir a una, pero creo que Lois Chiles, de Moonraker. Y muy de cerca Carole Bouquet, de Sólo para sus ojos.
Grandes millonarios del mundo.Nada de millonarios de poca monta, aquí se hace un recorrido por tíos que tienen tanta pasta que ni reparan en ella. En palabras de Arthur Tay, un magnate de Singapur, "Si te pones a contar tu dinero es que aún no has logrado el éxito". Tela. Qué vulgaridad saber cuánto tienes, o sea.
Gente que posee mansiones repartidas por el mundo, yates tan grandes que a veces no pueden amarrar en algunos puertos y lujosos reactores privados. Beben licores añejos de más de tres mil euros la botella y se compran relojes de diamantes con la naturalidad del currito que va a un mercadillo. Son clientes de tiendas tan exclusivas que ni siquiera se publicitan en la fachada.
Lo más llamativo: son nuevos ricos, ni una moneda del dinero viejo y heredado que tanto asqueaba a Kevin Spacey en Medianoche en el jardín del Bien y del Mal. Todos estos tipos amasaron su fortuna aprovechando los aires de cambio y los nuevos mercados de finales de los ochenta y principios de los noventa.
A resaltar Calvyn Ayre, canadiense, con una fortuna estimada en dos billones de dólares. Es el dueño de Bodog, inicialmente un casino online que fundó con un pequeño capital de seis mil quinientos dólares. Admirable. Y un cachondo, siempre rodeado de chicas despampanantes porque, parafraseando, le alegran su trabajo diario. Nos ha jodío. Qué grande.
Something I can never have, NIN
De cagarse de bonito. Y en la memoria, Mickey Knox lamentando haber disparado a aquel indio.
La letra, aquí
Apagón analógico
Lo del apagón analógico me recuerda al pánico reciente que sufrieron las operadoras con el bloqueo de las tarjetas de prepago, y la prisa que se dieron en llamarme y aconsejarme gentilmente que me dirigiera a mí proveedor más cercano, para dar mis datos y seguir disfrutando de las ventajas de la telefonía móvil. Y ahí está mi Motorola, muerto de risa y más bloqueado que la libertad de expresión en Corea del Norte. Me va de lujo sin él.
Por muy atractivos que sean los precios de esas futuristas pantallas planas, en mi casa las teles de tubo que tenemos continúan funcionando la mar de bien y nos parece un disparate tirarlas a la basura, de modo que he comprado decodificadores para todas menos para la que yo uso, una veterana Sanyo que en la práctica sirve de soporte para la Xbox 360 y un HDD multimedia. Y si no fuera porque a veces los míos se sientan ante ella, así se quedaría.
Nunca hubo una mejor excusa para dejar de ver la tele. Claro que tampoco la ha habido más justificada para pasarse al LCD o al plasma. Por un lado, el zumbido senoidal y el relajante color azul del canal AV de una televisión sin señal, aguardando diligente a que le metan una peli o un videojuego. Por el otro, los cantos de sirena de la alta definición y el TDT integrado en una elegante y fina carcasa. Una guerra decidida de antemano, ya lo sé, pero qué bonito sería leer grandes cifras de espectadores perdidos, gente que descubriera con asombro que la tele del salón, como monitor esclavo de un disco duro o un reproductor de dvd, es más que suficiente, y que para estar al día de las noticias o malgastar el tiempo, ya tenemos Internet.
Nunca hubo una mejor excusa para dejar de ver la tele. Claro que tampoco la ha habido más justificada para pasarse al LCD o al plasma. Por un lado, el zumbido senoidal y el relajante color azul del canal AV de una televisión sin señal, aguardando diligente a que le metan una peli o un videojuego. Por el otro, los cantos de sirena de la alta definición y el TDT integrado en una elegante y fina carcasa. Una guerra decidida de antemano, ya lo sé, pero qué bonito sería leer grandes cifras de espectadores perdidos, gente que descubriera con asombro que la tele del salón, como monitor esclavo de un disco duro o un reproductor de dvd, es más que suficiente, y que para estar al día de las noticias o malgastar el tiempo, ya tenemos Internet.
Más grandes finales
Tengo un meme pendiente y encima es de los que me gustan. Se trata de escoger finales decepcionantes, así que mientras sigo pensando en chascos antes de los créditos, me entretengo con este quinteto de subidones hechos cine.
5.- Infiltrados (The Departed), de Martin Scorsese. "Un Scorsese menor", leí más de una vez en los foros. Y se quedaban tan panchos. Tremebundo final, un tiro en la chorla a la rata, el irlandés Collin Sullivan (Matt Damon).
4.- El guerrero número 13 (The 13th warrior), de John McTiernan. Un gran amigo de WOW me enseñó a apreciar este largometraje, así que el clip te lo dedico, Lobox.
Así vive y muere un rey, enardeciendo a sus súbditos antes de la batalla, dando ejemplo, honrando a lo que representa incluso en sus últimos momentos. "He aquí que veo a mi padre, he aquí que veo a mi madre, a mis hermanas y a mis hermanos. He aquí que veo el linaje de mi pueblo hasta sus principios. Y he aquí que me llaman, me piden que ocupe mi lugar entre ellos, en los atrios de Valhalla, el lugar donde viven los valientes para siempre". Joder, dan ganas de hacer una carga a caballo, por favor.
3.- En la boca del miedo (In the mouth of madness), de John Carpenter. Mi querido carpintero de la muerte tiene finales cojonudos en casi toda su filmografía. Aquí abajo os dejo con John (Sam Neill), asumiendo en un cine, con risas locas, la extinción de nuestra especie. Qué mejor sitio que una sala oscura para esperar el advenimiento de los dioses primigenios.
2.- Gladiator (Gladiator), de Rowdy Herrington. La simpática y barriobajera Gladiator, de 1992, con Tommy Riley (James Marshall) ganando a Jimmy Horn (Brian Dennehy), en el combate más sucio de la historia.
1.- Arma joven (Young Guns), de Christopher Cain, el western de mi adolescencia. Fui a Algeciras con mis amiguitos a ver Cocktail, pero no coincidían los horarios y acabé agradeciendo el cambio de planes. Arma joven es una de esas pelis ideales para iniciarse en el género.
5.- Infiltrados (The Departed), de Martin Scorsese. "Un Scorsese menor", leí más de una vez en los foros. Y se quedaban tan panchos. Tremebundo final, un tiro en la chorla a la rata, el irlandés Collin Sullivan (Matt Damon).
4.- El guerrero número 13 (The 13th warrior), de John McTiernan. Un gran amigo de WOW me enseñó a apreciar este largometraje, así que el clip te lo dedico, Lobox.
Así vive y muere un rey, enardeciendo a sus súbditos antes de la batalla, dando ejemplo, honrando a lo que representa incluso en sus últimos momentos. "He aquí que veo a mi padre, he aquí que veo a mi madre, a mis hermanas y a mis hermanos. He aquí que veo el linaje de mi pueblo hasta sus principios. Y he aquí que me llaman, me piden que ocupe mi lugar entre ellos, en los atrios de Valhalla, el lugar donde viven los valientes para siempre". Joder, dan ganas de hacer una carga a caballo, por favor.
3.- En la boca del miedo (In the mouth of madness), de John Carpenter. Mi querido carpintero de la muerte tiene finales cojonudos en casi toda su filmografía. Aquí abajo os dejo con John (Sam Neill), asumiendo en un cine, con risas locas, la extinción de nuestra especie. Qué mejor sitio que una sala oscura para esperar el advenimiento de los dioses primigenios.
2.- Gladiator (Gladiator), de Rowdy Herrington. La simpática y barriobajera Gladiator, de 1992, con Tommy Riley (James Marshall) ganando a Jimmy Horn (Brian Dennehy), en el combate más sucio de la historia.
1.- Arma joven (Young Guns), de Christopher Cain, el western de mi adolescencia. Fui a Algeciras con mis amiguitos a ver Cocktail, pero no coincidían los horarios y acabé agradeciendo el cambio de planes. Arma joven es una de esas pelis ideales para iniciarse en el género.
Reaper, Temporada 2
El público es caprichoso y las cadenas de televisión, inmisericordes. Si algo no funciona del todo se le da el espacio justo para que, o bien demuestre su potencial, remontando y ganándose su puesto en la parrilla, o confirme su sentencia de muerte tras varios informes seguidos de bajos índices de audiencia. Supongo que ese fue el caso de Reaper, que no llegó a cumplir las expectativas. O puede que tal vez empezara a columpiarse demasiado entre lo que costaba cada episodio y el (poco) dinero que se generaba después, que al parecer es lo que sucedió con Carnivàle, de la que hablaremos pronto aquí.
El tema es que cuando uno se libera como espectador de la televisión convencional y se acostumbra a consumir series sin pausas para la publicidad ni esperas de días entre capítulo y capítulo, se producen varios cambios de actitud reseñables: 1.- Mayores tragaderas. Todo se masca mejor cuando parece que no me ha costado un duro ni me hacen perder el tiempo con anuncios. 2.- Una nueva mirada. Ya sin distracciones, y marcando el ritmo a voluntad (si me apetece ver una temporada de una tacada, lo hago), entrar con fluidez dentro de lo que me estén contando no sólo es que sea más fácil, sino que es hasta inevitable, y le presto tanta atención como si de un largometraje se tratara. Desaparece esa típica apatía de saber que no me puedo entusiasmar demasiado con lo que estoy viendo, porque me van a dejar pendiente de un hilo hasta la semana que viene y, conociéndome, es altamente probable que no acuda a la cita siete días después.
De modo que ahora, rara es la serie que me decepciona hasta el punto de interrumpir la zambullida, borrarla de mis discos duros y pasar a otra cosa. De hecho, aún no me ha sucedido algo así, nunca son tan nefastas como para tomar medidas tan bruscas. Por ello, tendría que analizar esta segunda temporada de Reaper en base a dos vías bien diferenciadas, y advertir de camino que es siempre el segundo supuesto en el que me baso para las reseñas.
¿Es Reaper lo bastante buena como para molestarnos en seguirla por televisión? No, ni hablar. Al diablo (y nunca mejor dicho) con las pausas cada diez minutos, los rotulitos animados con la programación posterior o los temidos "To be continued" de los episodios dobles. No merece la pena.
¿Es Reaper lo bastante buena como para descargárnosla de golpe y verla cuando nos salga de los cojones? Sí. Aunque no es un "sí" entusiástico, no es una de esas de echar raíces en el sofá hasta que acaba. Quizás peca de excesiva blancura, como ya os comenté hace un tiempo, pero no escatima en esfuerzos para ganarse a su público y os puedo asegurar que alguna carcajada que otra os sacará en cada entrega.
En esta segunda y última temporada se le va dando más importancia al conflicto del Segador con Satán y se le va restando protagonismo a la constante de capturar almas fugitivas, para centrar más la intriga en los planes de Sam y sus amigos, que pretenden encontrar una forma de rescindir el tenebroso contrato que originó todas sus desdichas.
Se incorporan a la historia más demonios, una asiática jamona, algún que otro secundario entrañable (ese papá zombi ¡que se hace bloguero!) y a partir del décimo episodio ya se va perfilando cierta tendencia a finiquitar todos los enredos pendientes. O los responsables eran conocedores de la inminente cancelación o la intuían; con todo, es un bonito final, con una enternecedora puerta abierta al futuro. Un futuro que, a fecha de hoy, no tiene visos de continuidad.
No se ha perdido nada importante con su cese, pero es que no todo va a ser del nivelazo de Los Soprano, porque menudo empacho de endorfinas si así fuera. Y series como Reaper, insisto, son un entremés refrescante para encarar cositas de más consistencia.
El tema es que cuando uno se libera como espectador de la televisión convencional y se acostumbra a consumir series sin pausas para la publicidad ni esperas de días entre capítulo y capítulo, se producen varios cambios de actitud reseñables: 1.- Mayores tragaderas. Todo se masca mejor cuando parece que no me ha costado un duro ni me hacen perder el tiempo con anuncios. 2.- Una nueva mirada. Ya sin distracciones, y marcando el ritmo a voluntad (si me apetece ver una temporada de una tacada, lo hago), entrar con fluidez dentro de lo que me estén contando no sólo es que sea más fácil, sino que es hasta inevitable, y le presto tanta atención como si de un largometraje se tratara. Desaparece esa típica apatía de saber que no me puedo entusiasmar demasiado con lo que estoy viendo, porque me van a dejar pendiente de un hilo hasta la semana que viene y, conociéndome, es altamente probable que no acuda a la cita siete días después.De modo que ahora, rara es la serie que me decepciona hasta el punto de interrumpir la zambullida, borrarla de mis discos duros y pasar a otra cosa. De hecho, aún no me ha sucedido algo así, nunca son tan nefastas como para tomar medidas tan bruscas. Por ello, tendría que analizar esta segunda temporada de Reaper en base a dos vías bien diferenciadas, y advertir de camino que es siempre el segundo supuesto en el que me baso para las reseñas.
¿Es Reaper lo bastante buena como para molestarnos en seguirla por televisión? No, ni hablar. Al diablo (y nunca mejor dicho) con las pausas cada diez minutos, los rotulitos animados con la programación posterior o los temidos "To be continued" de los episodios dobles. No merece la pena.
¿Es Reaper lo bastante buena como para descargárnosla de golpe y verla cuando nos salga de los cojones? Sí. Aunque no es un "sí" entusiástico, no es una de esas de echar raíces en el sofá hasta que acaba. Quizás peca de excesiva blancura, como ya os comenté hace un tiempo, pero no escatima en esfuerzos para ganarse a su público y os puedo asegurar que alguna carcajada que otra os sacará en cada entrega.
En esta segunda y última temporada se le va dando más importancia al conflicto del Segador con Satán y se le va restando protagonismo a la constante de capturar almas fugitivas, para centrar más la intriga en los planes de Sam y sus amigos, que pretenden encontrar una forma de rescindir el tenebroso contrato que originó todas sus desdichas.Se incorporan a la historia más demonios, una asiática jamona, algún que otro secundario entrañable (ese papá zombi ¡que se hace bloguero!) y a partir del décimo episodio ya se va perfilando cierta tendencia a finiquitar todos los enredos pendientes. O los responsables eran conocedores de la inminente cancelación o la intuían; con todo, es un bonito final, con una enternecedora puerta abierta al futuro. Un futuro que, a fecha de hoy, no tiene visos de continuidad.
No se ha perdido nada importante con su cese, pero es que no todo va a ser del nivelazo de Los Soprano, porque menudo empacho de endorfinas si así fuera. Y series como Reaper, insisto, son un entremés refrescante para encarar cositas de más consistencia.
Gatito, gatito
El wallpaper de este mes es Go Beyond, del joven artista 4apay.
Tengo más ganas de un gatito que Renfield en el Drácula de Coppola. Y no puedo, no todavía, porque hay inseparables en casa y mi minino los mataría. Pero cuando casquen los pájaros, me pillaré uno y me lo comeré a besos.
Tengo más ganas de un gatito que Renfield en el Drácula de Coppola. Y no puedo, no todavía, porque hay inseparables en casa y mi minino los mataría. Pero cuando casquen los pájaros, me pillaré uno y me lo comeré a besos.
La habitación del pánico
Título original: Panic RoomAño: 2002
Duración: 115 min.
Nacionalidad: Estados Unidos
Director: David Fincher
Guión: David Koepp
Música: Howard Shore
Fotografía: Conrad W. Hall y Darius Khondji
Intérpretes: Jodie Foster, Kristen Stewart,
Forest Whitaker, Dwight Yoakam, Jared Leto,
Patrick Bauchau, Ian Buchanan
Sinopsis: La recién separada Meg Altman y su hija Sarah se mudan a una lujosa mansión en Nueva York. Pero cuando tres intrusos invaden brutalmente su hogar, las dos se encierran en "la habitación del antipánico", una cámara oculta construida como refugio, con cuatro muros de hormigón, línea de teléfono independiente, un conjunto de monitores que controlan todos los rincones de la casa y una impenetrable puerta de acero
(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)
Seven tenía un buen final, un gran final en un thriller con psicópata justiciero de por medio, que lograba distanciarse de la comparación con El silencio de los corderos gracias a una estética más sombría y a un supervillano mesiánico inolvidable. El club de la lucha era puro nihilismo a golpe de puñetazo, un ladrido inconformista, una excrecencia maligna nacida bajo el cándido protectorado de un gran estudio. Y recién iniciado el nuevo siglo y el nuevo milenio, Fincher se nos descolgaba con una de esas películas que no aguantan ni un tráiler superior a los treinta segundos, pues es de ese tipo de producciones que descubren todo su juego en el espacio promocional de un anuncio en salas.
Es curioso cómo en ocasiones cintas que presagiaban diversión de la buena, se revelan como una confirmación contraria a todas las expectativas alegres que había uno fotografiado en su mente. Simplificando: hay que ver con qué facilidad, en materia de estrenos esperados, el príncipe se convierte en rana, y no viceversa.
Jodie Foster, más sosa que nunca, interpretaba a Meg Altman, una madre que adquiere una casa con un ejemplo arquitectónico (esa acorazada "panic room") entre patético y aborrecible de la paranoia urbana. Dotar a una casa de un cuarto a prueba de maleantes, violadores y allanadores de morada es una majadería propia de ese sector de la población acomodada más destestable: millonarios que tienen un gran concepto de sí mismos y una notable desconfianza en los demás. Porque la prevención, la vigilancia, las medidas de seguridad en suma, puede que sean necesarias cuando uno disfruta de una posición afortunada y de propiedades de cierto valor, pero me pregunto cuánto clasismo rancio se esconde tras tanta alarmita conectada a la policía y tanto segurata mal pagado dando vueltas por los jardines.Toda la película gira en torno al momento en que Meg va a utilizar la habitacioncita de marras, junto a su hija de ocho años enferma de diabetes. Unos ladrones, encabezados por Forest Whitaker, intentarán reventar la cámara para acceder a una gran cantidad de dinero oculto en una caja fuerte.
El film trata visiblemente de contagiar un poco de la supuesta claustrofobia que sufren sus protagonistas y de hacer notar la tensión y acción de los hechos, pero algo falla. La habitación del pánico se ve con con un ojo medio cerrado y cambiando mucho de postura, para combatir el sueño.
Me puse el dvd anoche y volví a reafirmarme en la intención de no volver a comprar discos sin haberlos visto antes. En fin, las cosas del fanatismo ("David Fincher no puede haber hecho una mierda", me decía aquella tarde a mí mismo) y de las colecciones de quiosco. Por suerte, el otro título del pack sí me interesaba.
Closer, de Lacuna Coil
Uno de esos temazos vibrantes para oír en cualquier momento.
La letra, aquí
La letra, aquí
Want to get closer, in too deep
Where there is something I wish for I’ll go through
Want to get closer into you
No hell to discover
I’ve got it all inside myself
Salvation you have preached is gone
No way, you can’t turn it around
Looking for a higher ground
Searching for this something missed before
From a higher ground
Will I fall in a right direction?
(Higher, searching for more)
Falling apart
There’s nothing real
That will convince me to change but I’ll go through
Want to get closer into you
No hell to discover
There is just nothing to betray
Salvation you have preached is gone
No way, you can’t turn it around
Looking for a higher ground
Searching for this something missed before
From a higher ground
Will I fall in a right direction?
(Higher, searching for more)
Looking for a higher ground
Searching for this something missed before
From a higher ground
Will I fall in a right direction?
(Higher, searching for more)
Looking for a higher ground
Searching for this something missed before
From a higher ground
Will I fall in a right direction?
(Higher, searching for more)
Looking for a higher ground
Searching for this something missed before
From a higher ground
Will I fall in a right direction?
(Higher, searching for more)
Where there is something I wish for I’ll go through
Want to get closer into you
No hell to discover
I’ve got it all inside myself
Salvation you have preached is gone
No way, you can’t turn it around
Looking for a higher ground
Searching for this something missed before
From a higher ground
Will I fall in a right direction?
(Higher, searching for more)
Falling apart
There’s nothing real
That will convince me to change but I’ll go through
Want to get closer into you
No hell to discover
There is just nothing to betray
Salvation you have preached is gone
No way, you can’t turn it around
Looking for a higher ground
Searching for this something missed before
From a higher ground
Will I fall in a right direction?
(Higher, searching for more)
Looking for a higher ground
Searching for this something missed before
From a higher ground
Will I fall in a right direction?
(Higher, searching for more)
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From a higher ground
Will I fall in a right direction?
(Higher, searching for more)
Looking for a higher ground
Searching for this something missed before
From a higher ground
Will I fall in a right direction?
(Higher, searching for more)
Ese pequeño (y chistoso) punto azul pálido
Cuando uno ha repasado tantas veces la monumental serie Cosmos, pueden darse varios efectos secundarios bastante específicos: acabar convencido de que Carl Sagan hablaba así, en inglés solapado con la voz de José María del Río, desear saber más sobre materias como la astronomía y la física (y aplazarlo para ese otro día que nunca llega) o, al sacar la basura, mirar como un botarate las esmirriadas estrellas de nuestros cielos urbanitas.
También es muy común que el reiterado consumo de este documental despierte una noble determinación ecológica de conservación planetaria, de solidaridad con una Tierra agredida constantemente por la raza humana. En ese sentido, Sagan y su equipo eran unos auténticos expertos en hacer que la audiencia reflexionara sobre la fragilidad de la existencia, que durante unos sesenta minutos los televidentes nos sintiéramos más buenos que Gandhi en pelotas remendando su doti; trabajaban con la noción de pequeñez ante las enormes distancias y escalas del universo como instrumento para hermanarnos a todos en un breve paréntesis de concienciado ejercicio de humildad.
Unos años después, los Monty Python hacían todo lo contrario. Hablo de:
Un maestro de ceremonias se lleva a la Sra. Brown de paseo por la galaxia y le explica que no es para tanto, que todo aquí abajo es absurdo en relación al cosmos. Así, donar tus órganos vitales cuando aún respiras, ya no es tan descabellado como parecía en un principio.
Me quedo con el clip de Sagan, pero el que de verdad me convence es el de los Python, claro, :).
También es muy común que el reiterado consumo de este documental despierte una noble determinación ecológica de conservación planetaria, de solidaridad con una Tierra agredida constantemente por la raza humana. En ese sentido, Sagan y su equipo eran unos auténticos expertos en hacer que la audiencia reflexionara sobre la fragilidad de la existencia, que durante unos sesenta minutos los televidentes nos sintiéramos más buenos que Gandhi en pelotas remendando su doti; trabajaban con la noción de pequeñez ante las enormes distancias y escalas del universo como instrumento para hermanarnos a todos en un breve paréntesis de concienciado ejercicio de humildad.
Unos años después, los Monty Python hacían todo lo contrario. Hablo de:
Un maestro de ceremonias se lleva a la Sra. Brown de paseo por la galaxia y le explica que no es para tanto, que todo aquí abajo es absurdo en relación al cosmos. Así, donar tus órganos vitales cuando aún respiras, ya no es tan descabellado como parecía en un principio.
Me quedo con el clip de Sagan, pero el que de verdad me convence es el de los Python, claro, :).
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Echoing your voice just like the ringing in my ears
My favorite dreams of you still wash ashore
Scraping through my head 'till I don't want to sleep
Anymore
You make this all go away
You make this all go away
I'm down to just one thing
And i'm starting to scare myself
You make this all go away
You make this all go way
I just want something
I just want something I can never have
You always were the one to show me how
Back then I couldn't do the things that I can do now
This thing is slowly taking me apart
Gray would be the colour if I had a heart
Come on, tell me
You make this all go away
You make this all go away
I'm down to just one thing
And I'm starting to scare myself
You make this all go away
You make this all go away
I just want something
I just want something I can never have
In this place it seems like such a shame
Though it all looks different now
I know it's still the same
Everywhere I look you're all I see
Just a fading fucking reminder of who I used to be
Come on, tell me!
You make this all go away
You make this all go away
I'm down to just one thing
And i'm starting to scare myself
You make this all go away
You make it all go way
I just want something
I just want something I can never have
I just want something I can never have