Noche de miedo


En mi casa habrá pastelillos, un excelente café de Colombia, mucho tabaco, palomitas de microondas y el siguiente programa triple en el disco duro del salón:

Imago Mortis, de Stefano Bessoni

Trick or Treat, de Michael Dougherty

Giallo, de Dario Argento

Las reseñas, mañana. Por supuesto, estáis todos invitados.

Tutorial zombi


Ya he comentado por el blog que yo estoy a favor de la americanización de estas fechas que se acercan. De hecho, es una guerra ganada hace mucho tiempo. Los niños de hoy ya reconocen la víspera de Todos los Santos como Halloween y a mí me parece perfecto.

Así que os dejo por aquí un didáctico tuto para transformarnos en convincentes zetas hambrientos de sesos.

Alien vs. Predator, nuevo avance




Esa vista interior desde la mandíbula es tremenda. En las entregas anteriores para Pc solía guardar el orden, y probaba como marine, luego como predator y por último como pesadilla gigeriana. Pero esta vez, creo que va a ser distinto. Empezaré con el alien.

De todas formas, nos queda esperar hasta el segundo trimestre de 2010 para disfrutar de esta maravilla.

Fausto 5.0


Título original: Fausto 5.0
Director: Isidro Ortiz, Alex Ollé, Carlos Padrissa
Guión: Fernando León de Aranoa
Música: Josep María Sanou y Toni M. Mir
Fotografía: Pedro del Rey
Intérpretes: Miguel Ángel Solá, Eduard Fernández,
Najwa Nimri

Sinopsis: En una ciudad decrépita se celebra una convención médica. Allí, Fausto encuentra a Santos, un antiguo paciente que afirma haber sido desahuciado por éste ocho años atrás. Santos es un ser grosero, inquietante y seductor que guiará a Fausto a través de un viaje alucinante por su propia conciencia: los deseos de Fausto son órdenes para Santos.

(Ficha técnica y sinopsis: Filmaffinity)


Isidro Ortiz y La Fura dels Baus no pretendieron en ningún momento ser fieles al Fausto de Goethe. Aún así, el Fausto interpretado por Miguel Ángel Solá tiene puntos en común con el personaje literario: ambos son seres apasionados, ambiciosos y comprometidos en la búsqueda del conocimiento.

Lo que más se ha quedado anticuado de esta película de La Fura es sin duda esa coletilla numérica (tan propia de principios de esta década), que separaba la obra de teatro del proyecto cinematográfico. Por lo demás, Fausto 5.0 es una película absolutamente moderna. La experimentación impregna cada fotograma y la libertad creativa de sus responsables, unida a su larga trayectoria en el mundo del teatro de vanguardia, se nota.

El dr. Fausto (Miguel Ángel Solá), especializado en enfermos que vegetan casi sin solución, conoce durante un viaje para una convención médica a Santos Vella (Eduard Fernández), "con doble ele, como la mozarella", un extraño tipejo dicharachero y bromista, que asegura ser un antiguo paciente suyo y que a partir de ese momento no le dejara en paz, propiciando encuentros en apariencia casuales, enredándolo en conversaciones triviales y finalmente convenciéndolo de que él está a su disposición para hacer realidad todos sus deseos.

Conforme Santos Vella ahonda en la relación con Fausto y ambos comienzan a compenetrar, el doctor dará rienda suelta a sus impulsos más básicos y Vella transformará la realidad en una sucesión de momentos oníricos, irreales y muy malsanos. Así, parece que Fausto está sumergido en una contradictoria orgía de los sentidos, pues los hombres y mujeres que Vella le presenta son como cadáveres exquisitos, emborrachados de vitalidad sólo para un momento de conexión con él, figurantes animados que volverán a un riguroso estado de flatline en cuanto dejen de interactuar con ellos. Lo de "interactuar" es un eufemismo amable. Miguel Ángel Solá se pasa la película fornicando o pensando en ello y es en estas secuencias donde Fausto 5.0 se hace fuerte y muestra su mejor arsenal. La fascinación por lo carnal, por la juventud, el deleite desenfrenado como vehículo que aleja al sujeto de sus convicciones más firmes, y que lo acerca a criaturas como Santos, un manipulador nato y un ateo de la moral preestablecida.

Santos Vella es el títere que maneja desde bastidores el gran Eduard Fernández. En pocas palabras: no veía a un Satán tan poderoso desde El corazón del ángel, de Alan Parker. Vella es el compañero canalla que se ríe de todo y finge no creer en nada, el que te dice de crío que un porrito "no es droga", y de adulto que la coca para los "findes" viene genial, que no pasa nada si quieres liarte con la novia de tu mejor amigo; el que te confiesa en voz baja que las primas y las hermanas de uno no deberían estar tan buenas, el que te anima a mangar en unos grandes almacenes, porque el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón (el Diablo inventó los mejores refranes, amigos), el que "controla" conduciendo bebido y te insta a que no seas tan cauto al volante. Vella es eso y mucho más y es esa característica suya de suave transgresión y corrupción ininterrumpidas, lo que lo hace un personaje tan memorable.

Hasta Najwa Nimri está estupenda en esta película, interpretando a la abnegada y fiel ayudante de Fausto. El ¿buen? doctor sólo comprenderá cuánto la quiere cuando sospecha que ella ha sufrido algún daño en manos de su nuevo amigo, Santos.

También me llama la atención, ahora que la reviso, que el guión sea de Fernando León de Aranoa, tan alejado de sus trabajos más representativos, como Barrio o Familia.

Hallar un film español de género tan atípico, que no imita la fórmula de las producciones norteamericanas más mediocres, como las insulsas Tuno Negro y School Killer, para mí siempre es motivo de alegría. Y en fin, a ver cuándo los locos de La Fura repiten en cine, que ya han pasado unos añitos desde este Fausto 5.0.

Parasites Business


El nuevo panfleto audiovisual de la mafia apunta ahora con mejor tino. Y no porque sus argumentos acierten, sino porque hacen bien en cuanto a olvidarse del apoyo de famosos de medio pelo y dejan atrás, de momento, lo de criminalizar a los ciudadanos de a pie. Ahora fijan un blanco en apariencia sencillo, las supuestas webs "piratas" donde la peña se pasea en busca de ed2ks libres de fakes. También les preocupa horrores las páginas de vídeo en streaming.



Yo ya he marcado el vídeo (por cierto, no admiten comentarios, qué listos son) como inapropiado y le he cascado una estrella. Y me he reído con la contramaniobra de algunos usuarios de EOL y otros foros, donde el "Youtube Bombing" ya ha comenzado. Mi favorito es el célebre corto del Notodo, a la sazón retitulado igual, claro: Parasites Business.

Cosas que hacen que la vida NO valga la pena, vol.4


DoggieLoverDoll fue la gran sensación en la Feria Internacional de Productos y Servicios para Mascotas y Veterinaria, que se celebró este pasado verano en Sao Paulo, Brasil. El objetivo del invento es que los chuchos salidos se derramen sobre esta réplica de hembra y no sobre las piernas de sus amos. En la revista en la que leo la noticia (el Pronto), Estados Unidos, Alemania y Japón son algunos de los países que ya han hecho pedidos a PetSmiling, la empresa propietaria del producto.

Ya es peculiar desfogar al perro con el burdo equivalente canino a una Real Doll (con lo bonito que es echarlo un rato a la calle, a que se busque la vida), pero la pregunta inquietante es ¿cuántos DoggieLoverDoll acabarán en hogares donde no hay mascota alguna? Exacto. Bienvenidos a una depresión instantánea, :). Y para que se os pase, una imagen hilarante:

Assassin´s Creed


Ahora que va a salir su secuela, ambientada en las ciudades estado italianas, no es mal momento para defender esta maravilla de Ubisoft, que llegó a los comercios a finales de 2007.

En todos los foros leí las mismas afirmaciones, coreadas por colectivos de dudosa credibilidad y desatado histerismo (en su mayoría, adolescentes piratones, hardcore gamers de palo y gordos amargados), que habían tragado el anzuelo hasta el fondo, y parecían esperar la segunda venida de Cristo en lugar de un videojuego multiplataforma. Tacharon a Assassin´s Creed de repetitivo, de bluff y de fraude. Eso es injusto. No puedes dejarte cegar por las notas de prensa y los vídeos CGI de la maquinaria promocional de cualquier producto con fuerte inyección presupuestaria y luego culpar a una compañía de tu preocupante candidez, de las altas expectativas que tú solito te imaginaste. Pero es que además, ni la tía buena de Jade Raymond ni la división canadiense de Ubi mintieron: Assassin´s Creed es una aventura salpicada con mucha acción. Con un argumento tan intrigante como original, que se hace eco del interés popular por las sociedades secretas y las conspiraciones maquiavélicas de estos lobbys en la sombra. ¿Qué más se puede pedir? Porque Jade en nuestra cama con cada copia vendida del juego, va a ser que no...

La historia comienza en la actualidad, en unos laboratorios privados del Temple. Allí, te tienen prisionero y te someten a unos extraños experimentos sobre una máquina de avanzada tecnología llamada Animus. El Animus es capaz de bucear en tu memoria genética y hacer que revivas acontecimientos históricos como si fueras un invitado en las vidas de tus antepasados. Pronto descubres por qué a ti y no a otro desgraciado le ha tocado sufrir estas intensas sesiones de viajes temporales: desciendes de un famoso hassassin y en tus células hay almacenadas respuestas a preguntas que los templarios ansían conocer.

En el pellejo de Altair deberás recorrer lugares como Jerusalén, Acre o Damasco espiando, camuflándote entre el populacho y asesinando a líderes y jefes locales que comprometen los intereses de tu mentor y de tu orden. El sigilo y la ocultación serán tus recursos más valiosos; si te descubren los guardias se iniciarán persecuciones que sólo se sortearán haciendo uso de tu agilidad y tus reflejos mientras buscas un escondite.

A grandes rasgos, esta es la mecánica general del juego. Investigar en un barrio hasta dar con tu objetivo, acabar con él y buscar al siguiente de la lista. Pero además, puedes realizar las clásicas misiones secundarias que aumentan la puntuación de tu cuenta de Logros, como localizar todos los estandartes diseminados por la ciudad, trepar por todos los puntos de observación (actividad sumamente relajante y divertida ésta), ayudar a los ciudadanos en peligro y, lo mejor de todo, pasar a cuchillo a los asquerosos templarios (son sesenta tiparracos con habilidades especiales).

De modo que Assassin´s Creed plantea un apasionante viaje en el tiempo a través de los genes (como en la enorme Memorias, de Mike McQuay), una recreación preciosista e idealizada de Tierra Santa y alrededores y un inteligente asesino ("Nada es verdad, todo está permitido" es su lema) que no se asemeja en nada a los pobres analfabetos drogados que retrataba Vladimir Bartol en la célebre Alamut. Aún así, hay un guiño al trasfondo de esta novela en la fortaleza del jefe de Altair, ya que en uno de los patios podremos contemplar a un grupo de hermosas y risueñas doncellas rodeadas de flores, estanques y mariposas. Os aseguro que cuando entré en semejante vergel sonreí emocionado. Qué bonito son estos detalles en los videojuegos, qué manera más fina de mostrar respeto a las fuentes inspiradoras y también al jugador que sepa distinguir por qué hay ahí un jardín lleno de muchachitas. Como decía, ci-fi, fantasía histórica, acción, aventura por un tubo, exploración, plataformeo encubierto y una ambientación de muerte, con ciudades repletas de vida.

Pasear por multitud de altos y bajos barrios es toda una gozada, con peregrinos en procesión, mendigos que te atosigan sin tregua ("Una moneda, por favor"), mercadillos tumultuosos donde los vendedores pregonan su género, iluminados que vociferan a las masas en las plazas más céntricas (fenomenal el doblaje en español: ¡bravo!), milicianos sucios y violentos, severos guardias armados hasta los dientes y calles más o menos anchas que serpentean hasta muelles, palacetes y lugares de culto sagrados. Asombrosas hasta el estupor son sin duda las catedrales, iglesias y mezquitas de diferentes corrientes arquitectónicas, que compiten en espectacularidad con las atalayas que deberemos escalar para aumentar nuestro rango de visión.

La duración del juego es mediana, en torno a unas quince horas, pero se dispara si te propones realizar todas las tareas y no sólo la misión principal de Altair. El argumento engancha como cualquier novela-hamburguesa de ficción y la sensación de inmersión es genial. El gameplay me recordó muchísimo al Spiderman 2 de Activision (es casi calcado), donde manejar al superhéroe de la Marvel ya era una actividad divertida en sí misma. Con Assassin´s Creed sucede igual. El mero hecho de menearse por las urbes y mezclarse con la turba y el gentío, complace y atrapa. Y cuando empiezas a acechar a tus enemigos desde los tejados (con más maldad que un vecino aparcando en tu plaza de garaje), saboreas el instante previo al silencioso crimen. Ser un comprometido sicario de la Fe y la Verdad mola, y lo cierto es que se agradece un título así en el catálogo de la 360, que aunque sea un topicazo, abunda demasiado en first person shooters.

Ah, y el final de Assassin´s Creed te deja con uno de los "Continuará" más puñeteros que he visto en mucho tiempo, así que habrá que estar atento a la próxima entrega de esta nueva franquicia.

NoDo




Me habría gustado que fuese mía, dirigirla yo. Pequeña gran película de terror, potente, bonita y con su monstruo propio (como debe ser), ese Tercer Supuesto, que me erizó hasta el último pelo del cuerpo. Bravo, Elio Quiroga.

Flash Gordon


Título original:Flash Gordon
Año:1980
Director:Mike Hodges
Guión:Lorenzo Semple Jr.
Música:Howard Blake
Fotografía:Gilbert Taylor
Intérpretes:Sam J. Jones, Melody Anderson,
Topol, Max von Sydow, Timothy Dalton,
Ornella Muti, Richard O'Brien, Philip Stone,
Brian Blessed, Peter Wyngarde,
John Osborne, Mariangela Melato

Sinopsis: El doctor Zarkov, un científico expulsado de la NASA, viaja en un cohete espacial, junto al joven jugador de rugby Flash Gordon y su amiga Dale Arden. Los tres intentarán salvar al planeta de la amenaza de Ming, el emperador del lejano reino Mongo, que ha lanzado una de sus lunas para que choque contra la Tierra.

(Ficha técnica y sinopsis: Filmaffinity)

Presupuestada en principio en torno a los veinte millones de dólares, esta producción de Dino de Laurentiis terminó costando el doble y fracasando estrepitosamente en taquilla. Las razones sobre el por qué la película no conectó con su público objetivo, máxime cuando todo en Flash Gordon estaba al servicio del entretenimiento puro, pueden ser diversas y con seguridad, todas correctas. Quizás los efectos especiales desmerecían frente a los de Star Wars, en una época en la que cualquier película de fantasía y ciencia ficción sería comparada con la brillantez técnica de la space opera de George Lucas, que curiosamente estaba interesado en Flash Gordon, pero no pudo hacerse con los derechos para adaptarlo. Yo me inclino a pensar que el fuerte tono camp con que se abordó el proyecto no logró encandilar a casi nadie, a excepción de los espectadores de menor edad y de unos pocos más creciditos que decidieron dejarse llevar por la experiencia que se les ofrecía (hete aquí a uno de ellos).


Ya desde los títulos iniciales, con un salpicado de viñetas de Alex Raymond al ritmo de la pegajosa y vitalista melodía compuesta por Queen, se nos anticipa el discurso y la actitud de lo que vamos a ver en Flash Gordon.

En los primeros minutos de metraje caen meteoritos incandescentes del cielo y se oye la risa de Ming, en un plano tan tebeístico que sólo falta un bocadillo de texto con un "Hahaha!" en tipografía temblona. Luego vemos a Flash (Sam J. Jones) en el mundo real, el mundo de lo cotidiano. El afamado jugador de rugby profesional comparte vuelo en avioneta con una atractiva periodista, Dale Arden (Melody Anderson). Coquetean a bordo, bromean y entonces, lo fantástico se introduce en lo real, en forma de unas nubes rojizas. Los pilotos del vuelo desaparecen y Flash Gordon toma los mandos aterrizando en el cubil de Hans Zarkov (Topol), un genuino doctor chiflado, denostado por la comunidad científica, que alberga en casa un cohete funcional de diseño propio. Además, Zarkov es el único que ha advertido cómo la Luna ha sido desviada de su órbita y sospecha de un ataque por parte de una inteligencia superior. Como el ayudante del científico ha huído y Zarkov necesita tripulación, obliga a punta de pistola a Flash y a Dale a subir a bordo de su artefacto espacial. Tras un forcejeo, despegan y diferentes secciones del cohete se van separando a medida que agotan el combustible. La cápsula es atraída a una especie de colorido agujero negro: el horizonte de sucesos del universo Ming. A partir de aquí, la película necesita de nuestra implicación, de nuestra participación, porque El Mar de Fuego que los esbirros de Ming usan como barrera protectora contra los invasores, actúa también como eficiente aduana de lo emocional. Si las coloridas y abigarradas cromas no te convencen, si el guardia imperial que lanza una hostil mano robótica a Flash te causa risilla, mal vamos.


La peculiar escala de prioridades en la producción, con inclinación por los vestuarios fastuosos y los decorados sobrecargados, en detrimento de los fx, son el último aviso. Si nos encontramos a gusto en la corte del tirano emperador de Mongo, felicidades: estamos en el paraíso del kitch más apetitoso y la cosa no ha hecho mas que empezar.

En la sala de audencias de Ming entraremos en contacto con las facciones enfrentadas entre sí de los distintos reinos de Mongo, amaremos la perfecta y brillante caracterización de Max Von Sydow (colosal en su interpretación del cruel emperador) y comprenderemos por qué a Juan José Moreno Cuenca, alias El Vaquilla, le gustaba tanto Ornella Muti (espectacular y en la cumbre de su belleza en el papel de la caprichosa Aura). Tras decidir Ming el destino de sus visitantes terráqueos, se sucede la primera secuencia de acción, un combate entre los hombres de Klytus (Peter Wyngarde) y Flash, que se representa casi como un partido de fútbol americano. ¿Inverosímil? Tal vez, tanto como lo es una pelea de breakdance y en su momento, nadie objetaba nada en contra de ellas. Así que dejémonos llevar, porque es imprescindible en una película en la que hasta el gas letal que fluye durante la ejecución de Flash ¡es de un vivo color amarillo verdoso! Disfrutemos de los hallazgos del film, que los tiene y bien valen un repaso.


Hablemos, sin ir más lejos, de Arboria, esa luna verde y deliciosa, con su culto druídico a la naturaleza, sus recios habitantes y sus ceremonias de iniciación (“Padre Árbol, estoy preparado y exijo la prueba de valor”), sus pantanos, su espesa vegetación y sus criaturas. O del refugio flotante de los hombres halcón, un palacete fastuoso regentado por Vultan (Brian Blessed) como si fuese una alegre corte romana. O de los cohetes y naves espaciales de la película, preciosas maquetas old school trasladadas con gran acierto desde el cómic y los viejos seriales. Todas ellas encajan como un guante en los cielos de arco iris tintados por los que se mueven con elegancia, desde el destructor imperial de Ming hasta el “cosmomóvil” en el que Flash vuela ayudado por un rayo direccional. Bonita de verdad es también la confrontación entre Flash y Barin (Timothy Dalton), ambos sobre una plataforma circular con amenazadores pinchos emergentes, o la batalla final que llevará la paz y un nuevo orden a los súbditos del depuesto Ming, con la salvación de la Tierra como colofón. Y no olvidemos a las miríadas de hombres halcón al ataque, con rayos láser por doquier y el guitarreo rockero de Queen dando soporte a la acción.


El paso del tiempo, lejos de jugar en contra de la película, le da otra dimensión, otra perspectiva. Al margen de si los resultados obtenidos eran o no los deseados, si sus aciertos fueron fortuitos, producto del pastiche y el azar, o fruto de una visión muy concreta del héroe creado por Alex Raymond, Flash Gordon es hoy una curiosa propuesta arrojada al espectador más militante, al que se precia de cinéfago visceral y de joven eterno frente a una pantalla.

Y bailaré sobre tu tumba


Es lo que tiene googlear tu nombre cuando te aburres, que te puedes llevar sorpresas de lo más funestas.

Ayer en Valdivia, Chile, enterraban el cuerpo del sr. Víctor Manuel Pérez Muñoz. Me pregunto cómo fue su vida, si la balanza entre los buenos y los malos ratos le resultó positiva en sus oscilaciones, si fue buen tipo o no, si pasó por este mundo con la bendita coraza que protege a los memos o le tocó la lucidez descarnada de los desgraciados. Y sobre todo me gustaría verle el careto en alguna foto reciente, por pura curiosidad.

En fin, tocayo, descansa en paz.

El lector del polígono




Personajes deudores del Neng de Buenafuente, pero tiene su gracia.

(Publicado por César Blanco Castro en los foros de Bubok)

50 películas que deberías ver antes de morir


Si echo de menos Digital+ es por ciertas sensaciones con sus canales temáticos, como Calle 13 y TCM. En el canal de Ted Turner (el pintamonas) lo hacían bien, te sentías un espectador de lujo, mimado y respetado. Nula publicidad, películas en dual con el formato correcto y pequeños reportajes previos como el que os incrusto.



Más en el weblog de TCM.

Cincuenta es un buen número para un ciclo televisivo, pero una pequeña cifra de tareas pendientes para todo lo bueno que hay por descubrir y disfrutar en materia de cine; aún así, para mí nunca figuró en la lista Cotton Club, que me obsesiona desde 1989 (la primera vez que la vi, cortesía de TVE). Ya he perdido la cuenta de las veces que he estado por allí, en el Cotton, con Gregory Hines, Richard Gere y Diane Lane. Y me sigue dando miedo Dutch Schultz. Mucho miedo.

Pequeño héroe


Me apresuro por la galería, mientras todo tiembla. Nos atacan, nos están destruyendo. Aún no sé cuál es la amenaza esta vez, pero a medida que me acerco al foco de peligro, se me hace evidente que no estamos ante la típica agresión que podemos repeler sin invertir demasiadas vidas en ello. Percibo el caos en el aire, la alarma generalizada y el dolor de los que ya han caído en el combate.

Me abro paso entre los compañeros. Las galerías son un hervidero de pánico y compruebo horrorizado que la luz del día incide sobre algunos tramos al descubierto. Ahí está, lo detecto. Es una criatura inmensa; usa un enorme tronco para destrozar nuestra colonia subterránea y aplasta con sus gigantescas pezuñas a soldados y a obreros por igual. Estamos perdidos. Pronto encontrará a nuestra reina.

La rabia me sacude como un veneno. Me desplazó con velocidad, haciendo caso omiso de los cuerpos aplastados de centenares de mis hermanos. Logro subir por la pata del gigante y me esfuerzo en continuar escalando, más y más alto. Encuentro una abertura oscura y cálida. El enemigo ha reaccionado tarde y hurga con furia, sin éxito. Me quedo pegado a una sustancia espesa y comprendo que no puedo adentrarme más, así que clavo mis mandíbulas con determinación. Oigo satisfecho el sonido alarmado de la colosal bestia: le duele y tiene miedo. Percibo cómo se aleja de la colonia, trotando. Sé que moriré pronto, pero puedo estar orgulloso, porque he salvado a los míos. Ahora dispondrán de tiempo para iniciar el éxodo y la construcción de un nuevo hogar.


—¡Mamá, mamá! —gritó Daniel desconsolado— ¡Se me ha metido un bicho en la oreja!
—A ver, a ver —dijo la mujer, que tendía ropa en el patio. Ladeó la cabeza de Daniel e inspeccionó con ojo clínico.
—¡Me pica! Creo que es una hormiga —gimió entre pucheros el crío.
—Te lo tienes merecido. ¿Qué daño te han hecho ellas para que las estés matando con una ramita?
La mujer se echó a su hijo en el regazo y lo sentó en una silla de la cocina.
—Inclínate. Y no llores, que vas a cumplir seis años, Daniel, ya no eres un bebé. ¿Vas a ser valiente?
—Sí —contestó él, no muy convencido.
La madre llenó un tapón con gaseosa y lo vertió en la oreja de su hijo. Esperó un instante y luego hizo que el niño girara la cabeza, perpendicular a la mesa de madera. Después, extrajo el insecto muerto con un pañuelo.
—Aquí está. Dame un beso. Y no vuelvas a molestar a las hormigas, ¿me has entendido?
—Sí, sí, mamá —obedeció Daniel, estremeciéndose al observar a aquel diminuto monstruo, que había logrado introducirse en su cuerpo—. No lo haré nunca más.