Biblioteca Star Wars


Me hice con las tres primeras, cómo no. Tenía que tantear el tema y asegurarme de que no me perdía nada importante. Y un cojón de caballo para mí. No sé dónde voy a meter ya tanto libro (mi biblioteca no es la más extensa ni la mejor surtida, pero eso es debido a que tengo demasiados frentes abiertos desde que era un adolescente; entre videojuegos para diferentes plataformas, compactos, figuritas, cachivaches electrónicos, cintas de vídeo y discos dvd, algún día saldré por la ventana empujado por un montón de mierda plástica y metalizada), porque pienso hacerme con la colección al completo. No ahora mismo, que voy algo tieso de pasta, pero sí en un futuro próximo.

Los pros:

1.- Novelas que antes eran propiedad de Alberto Santos y posterior pasto de especuladores en Ebay y Segundamano ahora están disponibles a 8, 99 euros.
2.- El universo expandido de Lucas en toda su magnificencia por un precio asequible. Todavía será más barato cuando pasen un par de temporadas y se encuentren estos libros en los rastrillos y librerías de saldo por dos euros la unidad.
3.- La regularidad de las publicaciones y la comodidad de suscribirte por teléfono o email y esperar en casa tus paquetes.

Los contras:

1.- Si picoteaste por tu cuenta en su día, tendrás que apechugar con los números que ya poseas. Yo de momento voy bien, y en la lista de publicación no he visto ni un sólo título repetido.
2.- La pésima calidad de las portadas, y no por el grafismo o las ilustraciones, que están de puta madre, sino por esas letritas plateadas, que se arañan con sólo ver una uña de lejos. Ya sé que es una churricolección de quiosco, pero coño ya.
3.- Los cartones gigantescos de presentación (sí, lo sé, típico de estos productos de septiembre). Además de infantiles a más no poder son un maldito despilfarro de papel.

Vamos uno a uno con los tres libros que he catado.

El laberinto del Mal, de James Luceno. El laberinto del Mal es la primera parte de La saga de Vader, que sigue con La vengaza de los Sith y termina en Darth Vader, El Señor Oscuro. Con seguridad, la trilogía más maligna de acontecimientos de toda la colección. Se inicia con Obi Wan y Anakin pateándose la galaxia en el Borde Exterior, mientras en Coruscant Palpatine da los últimos toques de su plan maestro para corromper del todo la debilitada república.

Nos encontramos con un Anakin fortalecido por años de campañas militares y que guarda en secreto su relación amorosa con Padme, una violación en toda regla del código jedi. El autor abunda en detalles de índole personal que sólo se entreveían en las películas más recientes. Así, gracias a las posibilidades del medio escrito, podemos comprender mejor a personajes tan poco definidos como el general Grievous, un anticipo de lo que le espera a Anakin cuando se termine de engañar a sí mismo e ingrese en el Reverso Tenebroso de la Fuerza. James Luceno nos cuenta los orígenes de tan temible cyborg y cómo llega a convertirse en un valioso títere de Sidious y Dooku.

El laberinto del Mal es una novela imaginativa, trepidante y repleta de acción, escrita por un mercenario aplicado y eficaz; yo diría que hasta puede palparse cómo Luceno disfruta de su trabajo: basta leer un par de capítulos para ello. Y me pareció magistral la manera de enlazar el desenlace de El laberinto del Mal con el principio de La venganza de los Sith.

Vector Prime, de R. A. Salvatore. Veintiún años después de que Darth Vader trajera la paz a la galaxia y restaurara el equilibrio en la Fuerza (si, amiguitos, era El Elegido, siempre lo fue. Recordad que en El retorno del Jedi el blandengue de Luke se retorcía como un gusarapo bajo los rayos de Sidious, y que fue Vader quien acabó con el emperador, y no su hijo), Luke Skywalker planea abrir de nuevo el Consejo Jedi. Los hijos de Han Solo y Leia Organa han crecido y son unos excelentes discípulos. Mara Jade, la esposa de Luke, está enferma de una misteriosa afección para la que aún no hay cura. Todos trabajan en calidad de embajadores y diplomáticos de la Nueva República y mientras van de aquí para allá mediando en conflictos y rencillas, una amenaza procedente de las Regiones Desconocidas está a punto de entrar en escena.

El enemigo esta vez procede de otra galaxia, y eso le da a R. A. Salvatore una libertad preciosa para fabular e inventar a placer. Vector Prime es la primera entrega de La Nueva Orden Jedi y no podría ser más distinto del canónico El laberinto del Mal, en el sentido de que más de la mitad del libro es ajeno a la cosmogonía starwarsiana clásica. La Pretoría Vong es inmune a la Fuerza y abomina de la tecnología. Se trata de una sociedad fuertemente militarizada que ha desarrollado una ciencia ligada a la biología más radical. Sus naves espaciales, instrumentales y armas son material orgánico, seres vivos al servicio de una casta de guerreros humanoides que idolatran a sus líderes y viven por y para el combate, la gloria y la conquista. Para un soldado Vong, el valor es lo primero y el deshonor es peor que la muerte. Hasta sus mujeres son feroces oponentes.

Insisto: a los Yuuzhan Vong les sopla y les suda la Fuerza. Ni la perciben ni se dejan influenciar por ella. No hay midiclorianos en su ADN. Vuelan en cazas vivos con ácidos proyectables que derriten escudos e inutilizan motores, sublumínicos o no. Todo soldado de la pretoría es capaz de luchar hasta el final. Sus agentes biológicos pueden intoxicar un planeta en pocas horas y cuentan con una criatura llamada Coordinador Bélico que los une a todos mentalmente en la batalla (es como el Land Warrior de los americanitos, pero a lo bestia). La crisis que se le avecina a la Nueva República es importante y el libro acaba en la mejor parte, justo cuando Luke y los suyos entran en contacto con el enemigo y se entabla la primera confrontación entre ambos bandos.

Buenísimo, buenísimo, hacía mucho que no disfrutaba tanto por tan poco dinero.

La llegada de la tormenta, de Alan Dean Foster. El planeta Ansion en sí parece insignificante, pero es la pieza clave de una delicada urdimbre de pactos y alianzas que de romperse, arrastraría a varios mundos hacia el separatismo. Oscuros agentes tratan de ganar Ansion para su causa y por ello, el Consejo Jedi envía como mediadores a dos caballeros y sus aprendices, Obi Wan y Anakyn por un lado y Luminara y Barris por el otro. En dicho planeta, los cuatro deberán interceder entre los nómadas y la gente de la ciudad para que lleguen a un acuerdo y sigan leales a la República.

Otra forma de apartarse del canon Star Wars es centrar la acción en un mundo remoto. Al fin y al cabo, como escritor dispones de toda una galaxia en blanco y eso es lo que hace Alan Dean Foster con La llegada de la tormenta, libro que pertenece a la subdivisión de Las Guerras Clon y que nos emplaza en un exótico paraje justo en mitad de la formación de Anakin como jedi y en pleno conflicto secesionista alentado por Darth Sidious.

La llegada de la tormenta es el más flojo de estas tres compras, pese a que contiene pasajes muy interesantes, como las discusiones y roces entre Barris y el orgulloso Anakin, sin olvidar a Luminara, la estrella del libro, una sensual y serena jedi de rostro oliváceo y tatuado, a la que podréis ver morir de manera indigna durante la ejecución de la funesta Orden 66 (la chica que pilota un speeder y es tiroteada por sus subalternos en La venganza de los Sith).

También queda bonito cuando Dean Foster insinúa cierta atracción entre Obi Wan y Luminara, que no llega a la tensión sexual porque ya sabéis, los jedis no son personajes de Friends, no se lían entre ellos después del "Hola" y el "¿Me dejas un poco de sal?". Claro que bien pensado, tal vez fue esa rigidez monacal la que los llevó a su casi definitivo exterminio.

Gente extraña en mi salón


No me gustó Los extraños, me pareció fallida y aburrida, pero eso no quita que este wallpaper sea uno de los que más ha llamado la atención a todo el que lo ha visto en mi monitor durante este mes de septiembre.


(Click en la imagen para ampliar)

-Joder, ¿y esos?
-Nah, unos amigos que conocí en el IRC.

Doblete de pagafantismo


Título original: Rocket Science
Año: 2007
Nacionalidad: USA
Director: Jeffrey Blitz
Guión: Jeffrey Blitz
Intérpretes: Anna Kendrick, Reece Thompson,
Dionne Audain, Utkarsh Ambudkar,
Lisbeth Bartlett, Nicholas D'Agosto,
Dan DeLuca, Maury Ginsberg,
Jonah Hill, Betsy Hogg, Josh Kay

Sinopsis: La vida no es sencilla para Hal Hefner, un adolescente que vive en los suburbios de Nueva Jersey. Todo parecerá cambiar cuando sea invitado por la estrella de debates Ginny Gerson a unirse a su equipo.

La nostalgia es una putilla mentirosa y la adolescencia, con el paso del tiempo, se recuerda benévola y amable. En mi caso, tiendo a mezclarla con el final de la misma, donde el tío que soy ahora ya estaba a los controles manejando un mecha fiestero, alegre y con un punto de optimismo que no debí perder nunca. Pero claro, no era lo mismo tener diecinueve años que dieciséis, ni dieciocho que quince. Y eso lo sabe muy bien Hal (Reece Thompson), un apocado jovenzuelo que hasta ensaya en casa cómo debe pedir, sin trabarse, una porción de pizza en el comedor del instituto. Con semejante presentación del personaje principal, Rocket Science se hizo conmigo de inmediato, porque contemplar al chico aceptar resignado unas asquerosas raciones de pescado rebozado remite de cabeza a esos años en los que se vive aguardando cambios (más altura, más barba, voz más grave y más músculos) y tratando de no llamar la atención mientras éstos se producen.

El problema de Hal es que mientras espera paciente a que la Naturaleza mute su cuerpo esmirriado y la Vida fortalezca su corazón y su mente, se enamora hasta las cejas de Ginny (Anna Kendrick), una finalista de los campeonatos de debate, esa curiosa disciplina tan respetada en ciertos paises anglosajones, donde chavales de retórica veloz y afilada defienden una postura cuando no están minando los argumentos del contrario (ver Escúchame, de Douglas Day Stewart). La chica lo aborda en el autobús del colegio y pese a que Hal apenas es capaz de articular palabra, ella lo anima a ingresar en el grupo como su pareja, haciéndole creer en su potencial en bruto. Y como a todos nos gusta que nos halaguen, nuestro amigo olvida su grave trastorno del habla (asociado a una timidez extrema y terrible), el mismo que le obliga a asistir a clases de educación especial, y acepta encantado la propuesta.

Hal roza lo que desde hace unos años se conoce como pagafantismo, que es la nueva acepción lingüistica para el pringado de toda la vida. Aún así, logra arañar unos cuantos achuchones y da muestras de un valor envidiable, empeñado en su objetivo, ya sea por amor o por venganza. Su familia disfuncional (y altamente cómica) no es que ayude mucho, pero al menos asegura más de una carcajada en una película artera, que busca hacernos cómplices de risillas condescendientes para luego volverlas contra nosotros; en el pellejo de Hal hemos estado todos alguna vez y Jeffrey Blitz nos lo recuerda con irritantes pellizcos en el brazo: "Deja de sonreír y haz memoria".

Todo lo que sucede en este largo es un buen ejemplo de lo que separa a una comedia divertida de un vulgar telefilm de sobremesa. Porque Rocket Science no es otra historia chunga de superación personal, de tío manco voluntarioso que escala el Everest ayudado por Serafín Zubiri. Y sin embargo, esa estructura burda y desastrosa de acontecimientos esta ahí, pero resuelta con finura y elegancia. Hay un viaje (interior en este caso), hay crecimiento, hay confrontación y recompensa final, en forma de paz y trozos de pizza reseca. Hal comprenderá que las zonas de sombra y las inseguridades no tienen por qué desaparecer con el paso de los años y que ni siquiera los adultos pueden ofrecer una respuesta concreta a temas tan complicados como el amor o el sentido de la vida.

Por si todavía no os la he vendido del todo, hay tres besos gloriosos y tiernísimos, un delirante teenager fetichista y voyeur (a lo James Stewart en La ventana indiscreta) y suenan dos temazos de Violent Femmes (los inmortales Blister in the sun y Kiss off) en escenas que no podrían haber sido mejor musicalizadas. Además, Rocket Science es el entrante perfecto para un programa doble con...

Título original: Pagafantas
Año: 2009
Nacionalidad: España
Director: Borja Cobeaga
Guión: Borja Cobeaga y Diego San José
Música: Aránzazu Calleja
Fotografía: Alfonso Postigo
Intérpretes: Gorka Otxoa, Sabrina Garciarena,
Julián López, Kiti Manver,
Oscar Ladoire, María Asquerino,
Michel Brown, Teresa Hurtado de Ory,
Bárbara Santa Cruz, Ernesto Sevilla, Santi Ugalde

Sinopsis: Chema lo ha dejado con su novia de toda la vida porque cree que puede aspirar a algo mejor, pero de momento no está teniendo éxito en sus escaramuzas nocturnas. Por eso, cuando conoce a Claudia, cree que su suerte ha cambiado. Ella es divertida, está cañón, y lo que es más importante, parece muy interesada en él. El problema aparece cuando se hace evidente que Claudia sí que quiere a Chema, le quiere mucho, mucho... pero "como amigo". En ese momento Chema tendrá que decidir: o pasar de una chica con la que no tiene ninguna posibilidad o esperar agazapado y estar alerta a la primera oportunidad que surja para entrarle a Claudia.

Si el protagonista de Rocket Science se resistía a esa marca fatal que te convierte en el mejor amigo de una chica, Chema, "Chemita" (Gorka Otxoa), de mayor edad, con la experiencia de cierto bagaje sentimental previo y consciente del peligro (avisado por el tío Jaime, el inefable Oscar Ladoire) no sólo no combate sino que se rinde a la primera sonrisa de su encantadora de serpientes particular, una chica despampanante que recuerda a la Yvonne Reyes de los primeros tiempos. El hierro al rojo que lo tatuará lleva una gran y visible C, C de Claudia y C de Capullo. Chema es un pelele, un mastuerzo y un miserable, pero lo más grave es que conserva la suficiente lucidez e inteligencia como para ser testigo de ello, en todo momento. Eso convierte su silente amor por Claudia (Sabrina Garciarena) en un verdadero calvario, tanto para él como para su familia y amigos. En última instancia, pero no por ello menos implicados en el dolor y la vergüenza, nos hallamos los que observamos al otro lado de la pantalla, con el alma partida en dos, exclamando compugnidos "Ouch!" cada cinco minutos.

Las secuencias más espeluznantes no tardan en hacer su aparición: ese karaoke del horror, donde el patetismo alcanza cotas estratosféricas, la noche insomne haciendo el lémur, la jodida conversación sobre estrellas y constelaciones o la boda de conveniencia en aguas internacionales son unas cuantas de las vivencias que el protagonista archivará con el firme propósito de no contar jamás a sus nietos, si es que tras semejante cadena de humillaciones todavía le quedan fuerzas para rehacer su vida y perpetuar su linaje.

Es conmovedor cómo Chema, tras su ingreso voluntario en el pagafantismo, percibe el mundo que le rodea con nuevos ojos, una realidad alternativa que antes le había pasado inadvertida y que ahora reconoce con la claridad de un zumbado en pleno brote esquizoide. "Ahora puedo ver", decían los lectores de Sutter Cane al principio de En la boca del miedo, de John Carpenter, transfigurados por aquellos libros infecciosos. Pues él también puede. A su alrededor, detecta a otros tristes pagafantas con la eficiencia de un perro de aduanas olisqueando el hachís de un hippie. De este modo, queda hermanado con el tío Jaime, que ni es su tío ni es nada, pero lleva tantos años enamorado de Gloria (Kiti Manver, fabulosa), la madre de Chema, que ya es como de la familia. ¿Se puede caer más bajo que Jaime? Sí, siempre (nota al margen: cuando se trata de caer, el fondo lo determina cada uno), pero los niveles de derrota y resignación alcanzados por Jaime son más que suficientes para una película de ochenta minutos. La lección final más amarga que nos enseña este personaje no tarda en asomar: entre figurar como un amigo o un hermano a no ser nada, muchos escogerán lo primero; no es una relación convencional, pero es algo, y ya sólo queda aferrarse a la posibilidad ensoñadora de un mañana mejor.

Pagafantas es una comedia gris (de color ceniza, que no mediana o anodina), etiqueta que habría que normalizar para meter en ella a esos títulos que te hacen reír con la boca torcida y sabor a hiel en la garganta. Una película muy bien escrita y mejor realizada, con un reparto firme y fuerte al que da gusto ver menearse por los escenarios.

Tanto el debut de Borja Cobeaga en el largometraje como la reseñada más arriba Rocket Science demuestran que se puede hacer un cine pequeño, barato y autóctono y ser a la vez tan competitivo y vigente como el más generalista de los blockbusters norteamericanos. Ciertas temáticas universales no atienden a fronteras o límites. El buen cine, tampoco.

(Fichas y sinopsis: Filmaffinity)

Encuentra las diferencias




Madre del nuevo milenio: "Uy, ¿por qué mi pequeñín querrá hacer popó en el baño de Pablito? Tengo que investigar el asunto. Será que está más limpio o que huele mejor. ¡Qué fantástica intriga!".

Madre del siglo XX: "Ni hablar. Te aguantas hasta que lleguemos a casa. Y como te cagues por el camino te doy una paliza que te pongo el culo como un tomate. ¿Qué dices, niño? ¿Brise Un Toque? ¿Tú estás tonto o qué?".

Ya con la voz en off de los pensamientos, la madre del siglo XX se burla de la mami de Pablito: "Menuda pedorra la tía, con los ambientadores esos tan caros... No me extraña que el crío sea tan nenaza".

Canciones de cine


Un meme divertido y que apetezca continuar no se da mucho, de manera que me sumo a la invitación de los dos señores invertebrados que moran en De gusanos y lombrices y extiendo la propuesta a todo el que quiera participar en ella.

Copio y pego las reglas.

[Reglas del meme:

Regla 1.- La película no puede pertenecer al género musical.

Regla 2.- La canción tiene que ser cantada, bailada o escuchada por algún actor durante alguna escena de la película.

Regla 3.- La canción tiene que haber sido compuesta para la película.

Tolerancia de las reglas del meme:

Regla 1.- Tolerancia cero. Si es un musical, no vale.

Regla 2.- No valen las metidas con calzador, como el "You could be mine" de T-2. La presencia de la canción en la escena tiene que ser significativa.


Regla 3.- Sí valen las que, aunque no fueran compuestas especialmente para la película, se hayan identificado con ella de tal manera que en el subconsciente colectivo hayan quedado ligadas forever. Por ejemplo, el "What a wonderful world this would be" de
Único Testigo o el "Cuban Pete" de La Máscara.]

Bien, no he visto todos los clips escogidos por los demás concursantes, así que me disculpo si repito alguno.

Nº 5 O Brother! Los Soggy Bottom Boys ganándose unas perrillas de camino a una Ítaca sumida en la Gran Depresión.



Nº 4 Happiness. La repulsiva Joy (Jane Adams), que se cree muy sensible además de artista incomprendida, descubre que un anodino taxista extranjero proveniente de los Urales canta y toca la guitarra tan bien o mejor que ella. El tío se la acaba beneficiando y la chulea, por supuesto, porque para él sólo es otra norteamericana imbécil.



Nº 3 Terciopelo azul. En uno de esos moteles baratos de iluminación mortecina y moqueta sucia, una caterva de freaks muy peligrosos montan un numerito musical malsano y chunguísimo en torno a "In Dreams", el viejo éxito de Roy Orbison. Y Kyle MacLachlan se queda allí, perplejo, con la mente reculando adelante y atrás: "De ésta no salgo, de ésta no salgo, de ésta no salgo".



Nº 2 Magnolia. Y de repente, el reparto entona "It´s not going to stop", y todos los personajes quedan unidos por esa canción: el poli torpe que pierde el arma, el hombre con tanto amor que dar que no sabe dónde ponerlo, el niño prodigio que sólo quiere ser un chico más, la drogadicta ninfómana que sufrió abusos de niña, la viuda adúltera con complejo de culpa, su asistente y el chulo engreído que cuidaba con delicadeza a su madre enferma.



Nº 1 Jóvenes ocultos. Bienvenidos a la agitada Santa Carla, capital mundial del crimen, donde una noche asistes al concierto playero de un adorable gorila con saxo (Tim Capello, ¿qué habrá sido de él?) y a la siguiente vas por ahí bebiendo sangre impía y tratando de merendarte a tu hermano.



Como cualquier listado, mañana podría ser distinto, claro.

La delgada línea roja


Los sentimientos encontrados y las opiniones divididas en los comentarios de una entrada reciente sobre El Nuevo Mundo en La Calle Morgue, me hicieron repasar anoche el dvd de La delgada línea roja. El ejercicio se saldó con un resultado más que positivo: me sigue pareciendo divina.

La delgada línea roja fue la cuarta película del marciano más intrigante y misterioso de Hollywood, Terrence Malick. Admirador confeso de Malas tierras, fan tardío de Días del cielo y cautivado por esta cinta ¿bélica?, uno no puede sino preguntarse por qué un tío que dirige como los ángeles lo harían si se dedicaran a ello, deja pasar casi décadas entre trabajo y trabajo. Su opera prima en 1969, una película a principios de los setenta, otra a primeros de los ochenta, la que nos ocupa en 1998 y la última estrenada en cines en el 2005. Centrémonos pues en desbrozar su penúltimo ejercicio cinematográfico.

El largometraje se presenta como una propuesta coral, la reunión de una determinada cantidad de historias personales bajo la ominosa y siempre presente sombra de la Segunda Guerra Mundial, y en concreto de una estúpida ofensiva en una isla de Melanesia donde los aliados pretenden arrebatar el control de un pequeño aeródromo vigilado por los japoneses. Bajo una intermitente narración en off, inteligentemente insertada en momentos puntuales, desde soldados hasta mandos se preguntan a sí mismos y comentan sus impresiones, sus miedos y sus esperanzas. En la compañía que tiene como misión tomar el enclave japonés nos encontramos con voces que nos exponen su alineamiento moral y espiritual en medio de la contienda. Witt (James Caviezel, el magnífico drogadicto de Cadena de Favores) ha visto un mundo mejor conviviendo unos días con los nativos de la isla y así lo deja entender a su sargento Welsh (Sean Penn, cada año mejor), un ateo convencido, nihilista en su convicción de que "...en este mundo, un hombre, en sí, no es nada. Y no hay otros mundos". Entre ambos hombres se entabla una silenciosa amistad, donde las palabras sin decir son tan importantes como las ya pronunciadas. El capitán Staros (Elias Koteas, el perturbado sexonauta de Crash) es un oficial que vela demasiado por sus hombres, tanto que se ve amonestado cuando incumple una orden que habría supuesto la muerte de muchos de sus soldados. El soldado Bell (Ben Chaplin, lo único salvable de la quema en la fogata que yo haría sobre todas las bobinas existentes de Poseídos) sobrevive aferrado al recuerdo de su novia, que lo espera con la promesa de un amor indestructible. El teniente coronel Tall (Nick Nolte) espolea hasta el límite a los hombres bajo su cargo, pues la toma de esa isla puede suponer un empujón en su estancada carrera militar. El sargento Keck (Woody Harrelson), veterano y curtido, se vuela el culo "...¡como un novato!..." al tirar de la anilla de una granada prendida en su cinto. Así va transcurriendo la película, arropada por los teclados primorosos de Hans Zimmer (responsable de las partituras de Matrimonio de conveniencia y Gladiator, entre muchas otras), por las bellas imágenes, por la excelente dirección de actores y la calidad de unos diálogos más cercanos a la prosa narrativa que al lenguaje cinematográfico.

Soldados que se abstraen mirando unas briznas de hierba en medio de un infierno de balas y explosiones, hombres que matan a su primer enemigo sorprendidos porque han cometido un crimen "peor que la violación" y nadie va a castigarlos, batallas que se sirven en un tono pesimista y caótico, alejado de la épica reaccionaria tan característica en el género bélico (incluso Kubrick hizo apología de la violencia en algún momento de La chaqueta metálica, aunque ésa no fuera su intención primera) y pequeños finales para las singulares historias personales. La delgada línea roja es una deconstrucción de la guerra como metáfora de la búsqueda iniciática, una sentida oda a la paz, a la armonía representada por los aborígenes de la isla, un film que usa para su poético lamento muchos de los tópicos y lugares comunes del género: la toma de un lugar estratégico, las escaramuzas con el enemigo, la diferencia de opiniones en la cadena de mandos o la valentía de algunos soldados destacados, que ponen sus vidas en peligro intentando socorrer a sus compañeros.

Como tenemos tiempo de sobra hasta que podamos ver The Tree of Life, que está todavía calentando motores en la sala de montaje, nada nos impide revisar a gusto la obra que nos ocupa, con ese increíble plantel de primeras figuras del cine norteamericano actual, con esa belleza triste, esa clase de emotividad que sólo las buenas películas pueden despertar una y otra vez.

Adiós a Patrick Swayze


Algo bizco, con cara de malas pulgas, rubio y de cuerpo atlético, el típico tío al que no le puedes decir una palabra más alta que otra porque te hostiará a base de bien. Así se me presentó Patrick Swayze en el vídeo betamax de mi abuelo, hace tantos y tan pocos años. Cómo molaba el muy cabrón en Rebeldes, con su pelo grasiento, los vaqueros viejos y esa camiseta negra remangada hasta los hombros. Y aquello fue sólo el principio. Luego él y yo nos encontraríamos más veces, en Amanecer rojo, en Dirty Dancing, en Roadhouse, en Le llaman Bodhi, en La ciudad de la alegría y en Ghost, estas tres últimas en dos cines de mi pueblo que ya no existen. También en televisión cabe resaltar su protagonismo en Norte y Sur, serie que ni me atrevo a descargar por miedo a que se me desvanezca el grato recuerdo que guardo de ella.

El bueno de Patrick no era lo bastante guapo como para ganarse la envidia antipatía del público masculino, pero sí lo suficiente como para volver loquitas a madres e hijas, de modo que a lo tonto, nos tenía pillados a todos, heteros, gays y extraterrestres incluidos. Más allá de su atractivo físico había un buen bailarín y un actor correcto, tal vez algo limitado, pero que siempre daba lo mejor de sí, sin importar lo pequeño que fuera el papel, como su cameo en Dirty Dancing: Havana Nights o aquella memorable interpretación de un meapilas hipócrita y pervertido en la cojonuda Donnie Darko.

Se casó en 1975 con Lisa Niemi y desde entonces compartió su vida con ella, hasta el final. Admirable, teniendo en cuenta su profesión y su posición. Pudo tener a cualquier coneja explosiva que deseara y en cualquier momento, pero permaneció unido a su esposa. Cuando dudéis sobre la naturaleza del amor, cuando alguien suelte esa chorrada de que no es muy distinto a un atracón de chocolate, que sólo es una cuestión química, si no contáis con ejemplos más cercanos, pensad en tipos como este.

Y esta noche, de homenaje, me pondré el dvd de Point Break, por supuesto.

Las crónicas de Sarah Connor, Temporada 1


Uno siempre baja el listón cuando de ciertos géneros se trata, por pura simpatía, pero también por pragmatismo de aficionado escarmentado. Con las series de tv, entiendo que la marca debe ser más permisiva aún y contemplar la posibilidad de que unos cuantos episodios irregulares no tengan por qué ser determinantes, quedando incluso a llegar éstos redimidos por la genialidad y consistencia del siguiente arco argumental o temporada. Pero con Las crónicas de Sarah Connor, ni por esas.

El piloto puede que sea la apertura más aburrida, cutre y vacía de la historia de la televisión reciente. Y lo peor es que a medida que vas liquidando capítulos, la sensación de que ninguno de ellos será mejor que el primero, va tomando cuerpo. Todo se reduce a carreras por aquí y por allá, a terminators de pacotilla que recuerdan a los amigos de Derek Zoolander, y a fastidiosos monólogos con voz en off de Sarah Connor, discursitos estúpidos sobre la vida, la muerte, el destino y la lengua de las mariposas que llegué a detestar, y que se sucedían invariablemente al principio y al final de cada episodio.

La trama, demencial. Sarah, su hijo quinceañero y una máquina llamada Cameron, saltan en el tiempo hasta el 2007. Una vez en esta década desangelada, el chaval se convierte en un avezado hacker en menos de lo que se tarda en decir "Ipod", y la peculiar familia se dedica a buscar un programa de ajedrez llamado El Turco que podría ser el antepasado directo del famoso Skynet.

Sorprende cómo Sarah y John tratan con la punta del pie al terminator que los protege, incurriendo casi en la vejación psicológica. Las pullas y bromitas hirientes son abundantes y Cameron las encaja con la templanza de un autómata tarado. En cambio, los robots asesinos que vienen del futuro, en teoría meras máquinas de matar sin personalidad, hacen uso de sarcamos y frases hechas propias de villanos del cómic.

Así que estupendo, John Connor: al T-800 en 1991 le enseñaste el valor de la vida humana y a improvisar algo de jerga callejera ("No problemo"), pero a esta preciosa criatura electrónica llamada Cameron, que es de una línea de producción más avanzada e inteligente, la tratas como a una mierda.

En fin, la serie está cancelada y la segunda temporada es ya definitivamente la última. Es una auténtica lástima esta oportunidad desaprovechada de explorar y expandir las ramificaciones de una historia tan atractiva como es ese primitivo futuro a lo Matrix, pero sin realidad virtual esclavizante; más bien un conflicto armado de guerreros sucios contra cyborgs imperturbables y con mal aliento.

El complicado técnico Lebowski


Desde hace unas cuantas jornadas, en todas las casas de mi calle la electricidad fluctúa, premonitoria. Lo que suele venir después, y de manera inevitable, es un subidón energético, a lo Powder en el campus con los cuernos revueltos. Ya ocurrió en 1999, con un montón de aparatos electrónicos chamuscados. Otra sobrecarga de menor intensidad nos dio la mañana sobre 2003.

Yo estaba zampándome el capítulo noveno de la primera temporada de Las crónicas de Sarah Connor cuando las bombillas empezaron a brillar como una supernova, así que desconecté todo y estuve alumbrado por una vela. Cuando comprobé que no había peligro, busqué el número de incidencias de Sevillana. Eran las dos de la madrugada. Me atendió un operador que anotó la dirección y me comunicó que avisarían al técnico para que fueran a mi barrio. Supuse que ya vendrían el lunes, pero transcurrido un buen rato, sobre las cuatro, llaman al teléfono. Me acojoné, porque había olvidado lo de Sevillana, tengo a la familia fuera y pensé que había ocurrido algo malo. Descuelgo y...

-Buenas tardes -dice una voz jovial.
-Dirá buenas noches, ¿no?
-Buenas tardes, buenas noches, es lo mismo, ¿qué más da? -contesta.

"Vale, ya tengo al típico drogata chistoso de sábado noche", pienso con alivio. Mejor eso que un accidente de tráfico.

-Dígame -invito yo.
-No, dime, dime tú.
-Oye, ¿quién eres?
-¿Usted ha llamado por una notificación de avería?
-Sí, así es.
-¿Y qué es lo que ocurre?
-Pues verá, desde hace unos cuantos días, la luz sube y baja, y cuando suele pasar eso, no tarda en llegar un pico potente. No sería la primera vez.
-Pero es en su casa, ¿no?
-No, está sucediendo en toda mi fila de viviendas. Son casas viejas y ya le digo, ya hemos tenido antes este tipo de problemas.
-Ya, pero verás -me explica, de tú a tú otra vez-, si no se ha quemado nada, no es una "avería", entonces yo iré, comprobaré que todo está en orden y notificaré a Sevillana lo sucedido y el importe de la factura.
-¿Factura?
-Sí.
-Me han dicho por teléfono que es un servicio gratuito -le informo yo-. Usted es de una contrata, ¿verdad?
-Sí, pero déjame que te explique. Yo por ir voy, pero si..., es que es complicado. Antes de que yo vaya, tendría que haberlo usted comprobado y determinar que es un problema del exterior.
-Oiga, es en el exterior. Ya se lo he dicho, que ya he hablado con unos cuantos vecinos y les sucede lo mismo.
-Sí, pero eso es como si yo llamo a la policía para informar de un robo pero no tengo manera de demostrarlo.
-¿Cómo? -parpadeo, entre la risa y el estupor, y me enciendo un cigarrillo, que la cosa promete-. Oiga, esto no es una broma. Yo no me dedico a esas tonterías.
-No, caballero, yo no digo que esté usted bromeando -vuelta a la educación-, pero es que ya le digo, es complicado, muy complicado, porque yo ahora mismo cojo el coche y voy a su dirección, que lo sepa.

Aquí eché de menos el café. El muchacho estaría en su casa, en la cama, con la gorda pavorosa de su mujer, y le reventaba vestirse y ponerse a currar un viernes de madrugada. Normal, lo comprendo. Trabajará para una empresa mierdera por algo más de 1.000 euros al mes (con suerte) y le habrá tocado la semana de guardia atado a su teléfono móvil. Lo que me irritaba es que tratara de asustarme con historias de facturitas.

-Entonces, deje que me aclare. Usted me está diciendo que si viene a verificar el problema, me pasará la factura al titular del contrato. Sin embargo, en Sevillana me han dicho que no es así.
-No, yo no he dicho que te vaya a cobrar -retorno al tuteo, y tono duro-, a ver si nos entendemos. Es que es complicado, muy complicado
-Oiga, ya sé que es tarde, pero es que ésto tiene pinta de sobrecarga fuerte. A mí me da igual: yo lo tengo todo desenchufado ya. Pero luego vendrán las averías de los demás y los cargos a costa de Sevillana.
-Eso da igual -espeta, con dos cojones- eso lo cubriría el seguro. A ver, si yo ir voy, pero... ahora mismo está todo bien, ¿verdad?
-Sí, ahora sí, pero sigue fluctuando la luz.
-Bueno, pues anota mi teléfono y mañana preguntas a los vecinos.
-Ya lo hice y les sucede lo mismo.
-Bueno, pues mañana preguntas a los vecinos -repite, maquinal- y si vuelve a pasar, me llamas y yo voy y echo un vistazo.
-Hombre, si me va a encasquetar una factura por un problema externo y que afecta a varias viviendas, yo no pienso llamarle más.
-Entonces está todo bien, ¿no? -pregunta, desviando el tema.
-Sí -suspiro yo.
-Bueno, pues...
-Mire, muchas gracias, hasta otra -me despido.
-De nada.

Entre la resignación y el encogimiento de hombros, voy a por el último café de la noche. Enciendo la luz del comedor y revienta una bombilla. Ah, España.

Serenata rap


Husmeando en Youtube hace unas semanas para el clip de Una de zombis me topé con la Serenata rap de Jovanotti. Lo curioso es que una de las fuentes está subida por él mismo en su propio canal (casi 8.000 suscriptores y más de 2.200 amigos: ¿no está mal o... es poco?) y con la inserción desactivada, el muy soso. No sé cómo le irá a este menda, porque en España ya no suena apenas su nombre, pero recuerdo que a un viejo amigo mío, pillado por la botella, le encantaba este vídeo. Va por ti, esponja, estés donde estés.



Click para expandir la letra

Se t'incontro per strada non riesco a parlarti
mi si bloccano le parole non riesco a guardarti
negli occhi mi sembra di impazzire
se potessi amplificare
il battito del mio cuore sentiresti
un batterista di una band di metallo pesante
ed è per questo che sono qui davanti
perché mi viene molto più facile cantarti una canzone
magari che la sentano i muri e le persone
piuttosto che telefonarti e dirti tutto faccia a faccia
rischiando di fare una figuraccia;
sono timido ma l'amore mi dà coraggio
per dirti che da quando io ti ho visto è sempre maggio
e a maggio il mondo è bello e invitante di colori
ma ancora sugli alberi ci sono solo fiori
che prima o poi si dice diverranno pure frutti
e allora tu che fai? golosamente aspetti,
aspetti che quel desiderio venga condiviso
io sono qui davanti che ti chiedo un sorriso,
affacciati alla finestra amore mio.
Affacciati al balcone rispondimi al citofono
sono venuto qui col giradischi e col microfono
insieme al mio complesso per cantarti il sentimento
e se tu mi vorrai baciare sarò contento
e questa serenata è la mia sfida col destino
vorrei che per la vita noi due fossimo vicino
una serenata rap per dirti che di te
mi piace come mi guardi mi piace come sei con me
mi piace quel tuo naso che s'intona con il mondo
mi piace il tuo sedere così rotondo
da rendere satellite ogni essere vivente
mi piaci perché sei intelligente
si vede dalle tue mani come le muovi
mi provochi pensieri e sentimenti sempre nuovi
nei tuoi fianchi sono le alpi nei tuoi seni le dolomiti
mi piace quel tuo gusto nello scegliere i vestiti
quel tuo essere al di sopra delle mode del momento
sei un fiore che è cresciuto sull'asfalto e sul cemento

Affacciati alla finestra amore mio,
affacciati alla finestra amore mio
affacciati alla finestra amore mio
per te da questa sera ci sono io

Serenata rap serenata metropolitana
mettiti con me non sarò un figlio di puttana
non ci credere alle cose che ti dicono di me
sono tutti un po' invidiosi chissà perché
io non ti prometto storie di passioni da copione
di cinema, romanzi e che ne so di una canzone
io ti offro verità corpo anima e cervello
amore solamente amore solo solo quello

Affacciati alla finestra amore mio
affacciati alla finestra amore mio
affacciati alla finestra amore mio
per te da questa sera ci sono io

Amor che a nullo amato amar perdona porco cane
lo scriverò sui muri e sulle metropolitane
di questa città milioni di abitanti
che giorno dopo giorno ignorandosi vanno avanti
e poi chissà perché perché chissà
per come nessuno sa perché perché chissà
per come due sguardi in un momento sovrappongono un destino
palazzi, asfalto e smog si trasformano in giardino
persone consacrate dallo scambio di un anello
e un monolocale che diventerà un castello,
affacciati alla finestra amore mio.

Nei tuoi fianchi sono le alpi nei tuoi seni le dolomiti
mi piace quel tuo gusto nello scegliere i vestiti
questo essere al di sopra delle mode del momento
sei un fiore che è cresciuto sull'asfalto e sul cemento.
Affacciati alla finestra amore mio
affacciati alla finestra amore mio
affacciati alla finestra amore mio
affacciati alla finestra amore mio

affacciati alla finestra amore mio
affacciati alla finestra amore mio
per te da questa sera ci sono io.

El salitre en las botas de Pockollock


El plan de Mr. Lombreeze es ir elaborando una entrega semanal hasta Navidades y como fiel lector de esta obra casi inclasificable, será un placer hacer una reseña promocional. Con seguridad, acabaréis adictos a las aventuras y desventuras de un puñado de personajes pantagruélicos, estirados y tiernamente altivos, todos ellos provenientes de un mundo con olor a naftalina, imperio y madera apolillada.

Lo que nos ocupa son textos relacionados entre sí que su autor, sincero e inquietante, asegura redactar como el niño de El sexto sentido: mediante escritura automática. Lo cual guarda cierta lógica y a su vez pone los pelos de punta. Me lo imagino en su morada gusana, atendido con amor por Monseñor Gusano (que le aplica toallas tibias), en puntuales sesiones de espiritismo, echando ectoplasma por la boca y recogiendo los dictados del Más Allá de Konstantin Konsultas, Randall W. Griffith, Marguerite Duvidier y del resto de los fantasmas indignados que hacen cola en un Purgatorio masificado, con demasiada chusma y sin que nadie sirva el té o anuncie a los nuevos recién llegados. Pero el mundo sabrá, lo sabrá, que ellos hicieron Historia, y el médium Lombreeze dejará constancia en El salitre de las botas de Pockollock.

Humor absurdo a caballo entre los Monty Python, Les Luthiers y Tip (explosiva combinación), imaginación desatada y un patente conocimiento de los mecanismos de la novela histórica y el ensayo para una trama coral (a lo Robert Altman en el siglo XIX) magnífica y sobre todo muy, muy divertida.

Pinchad en la imagen de abajo para acceder al primer capítulo.


Hélices Rolls Royce


Mola musicalizar tu propia peli. Algo así debió pensar Santi Amodeo y lo cierto es que la banda sonora de Astronautas (parece tratar sobre las drogas y la alienación inherente a ellas, pero en realidad es una desgarradora historia sobre la soledad), compuesta por Lavadora (grupo formado por Amodeo y Enrique de Justo), cumple a la perfección su cometido de arropar con sonidos este extraño drama suburbano de un gallego ex-heroinómano en Sevilla.

Aquí la canción:



Aquí la letra (para que cantéis y jodáis a los vecinos)

"Ocupen su sitio" dice la voz

En el avión no se oye ningún ruido
Hélices Rolls Royce nos llevarán

Moviendo el aire
Fundiendo el aire

Las azafatas de vuelo a reacción
Hacen su agosto en mi habitaciónBaten sus alas
Dicen "Ahora sí"

Desde el aire
Moviendo el aire

Si todo el mundo vuela
Es que algo no funciona bien
Si yo estoy muerto
Tú cómo estás
En estos viajes no caben más
Hélices Rolls Royce

Moviendo el aire
Fundiendo el aire

"Seremos tu alma" dice la voz
Bajo el asiento hay nubes
Nubes con adolescentes con paraguas
Astronautas que flotan sin más

En el aire
Moviendo el aire

Si todo el mundo vuela
Es que algo no funciona bien
Si yo estoy muerto
Tú cómo estás
En estos viajes no caben más
Hélices Rolls Royce


Y como estoy que lo tiro, aquí el largometraje (requiere registrarse y Emule).

Sega Rally


Hubo un tiempo en que los juegos de conducción no se medían por la cantidad de circuitos que ofrecían o por las posibilidades de personalización de los vehículos. No existía el taller, tampoco la tienda para comprar componentes y conceptos como online ni siquiera estaban acuñados. Nadie buscaba realismo en ellos, ni simulación (que manda huevos cómo nos han convencido de que Gran Turismo o Forza Motorsport son "lo mismo que conducir"). Echabas entre diez y veinte pavos en la alucinante cabina de fibra de carbono, te ponías a los mandos del volante y competías contra un puñado de coches por carreteras infernales diseñadas con el único propósito de hacerte perder el dinero en un plazo equilibrado; no demasiado rápido, para que no te sintieras estafado, y con una curva de aprendizaje ajustadísima, para que te quedaras boqueando y con ganas de más.

Pues así es Sega Rally. Trepidante, adictivo como ninguno, con todo el sabor de una vieja recreativa y en tu propia casa. Desde el primer minuto puedes ganar o perder como si llevaras horas jugando (la grandeza de los arcades), pero sólo estudiando cada curva, recta, desnivel y bache lograrás medalleros redondos y tiempos extremos.

Las exquisitas pistas no pasan de la docena (los ingratos que se quejan olvidan que es como tener doce máquinas en casa), los gráficos son tan coloristas y entrañables como los de OutRun y la música suena a pura Sega. Los coches ofrecen dos configuraciones básicas, o más agarre o más velocidad, y arreando. A medida que avanzas, lo típico: desbloqueas nuevos modos, campeonatos y autos.

Maravilloso título que no puede faltar en ninguna estantería y una compra que beneficia al planeta entero, porque juegos como Sega Rally mejoran el mundo.

El cazador de sueños


Título original: Dreamcatcher
Año: 2003
Director: Lawrence Kasdan
Guión: William Goldman
Música: James Newton Howard
Fotografía: John Seale
Reparto: Morgan Freeman, Thomas Jane, Jason Lee
Damian Lewis, Tom Sizemore, Donnie Whalberg

Sinopsis: Jonesy, Henry, Pete y Beaver, hace veinte años, no eran más que unos niños de una pequeña localidad de Maine, unos niños que encontraron el valor para reaccionar de manera heroica ante la crueldad infantil. Al salvar a un extraño muchacho llamado Duddits, se hicieron de forma imprevista con un quinto amigo en el centro de su círculo. Aún más imprevistos fueron los extraños poderes que él les transmitió, uniéndolos más allá de una amistad normal. Ahora los cuatro son hombres con vidas aparte y problemas diferentes, obsesionados por el recuerdo de su heroísmo y con unos poderes que son más una carga que un don. Cuando un terrible accidente casi acaba con la vida de uno de ellos, al principio no se dan cuenta de que ha vuelto la atmósfera extraña e inquietante que en cierto modo está relacionada con Duddits.

(Ficha y sinopsis: Filmaffinity)

Hace unos días volví a disfrutar con Dreamcatcher una vez más y pude reafirmarme en lo bien hecha que está y en cómo funciona sin fisuras ni chirridos, digan lo que digan los usuarios de IMDb y Filmaffinity.

Tratándose de la adaptación de William Goldman para la pantalla grande de un libro de Stephen King, no es extraño que la acción esté ubicada en Maine, en concreto en Derry, el mismo Derry en el que un grupo de valerosos chicos tenían que enfrentarse al horripilante Pennywise de It.

En la dirección nos encontramos a Lawrence Kasdan en su faceta más juvenil y golfa, la que imperó a la hora de colaborar como guionista en El imperio contraataca y En busca del arca perdida, dos títulos que, como los mártires incorruptos, comienzan ya a emanar auténtico olor a santidad, olor a clásico. No parece probable que El cazador de sueños alcance esa condición, pero ni maldita la falta que le hace. En una ocasión, para un periodista que preguntaba a Stephen King sobre su obra, el escritor comparó su literatura con un semejante gastronómico: definió sus libros como el equivalente en cocina a una hamburguesa. En mi opinión, King era un poco cruel consigo mismo. Algún día, el compendio de su producción será reivindicado, como ahora ocurre con Alejandro Dumas, que en su tiempo sólo fue un infravalorado escritor de folletines. Sin embargo, la comparativa de la hamburguesa encaja como un guante con El cazador de sueños. Del mismo modo que existe la comida rápida, también se produce cine fast food. Cine del momento, suculento, no demasiado sofisticado, pero sabroso como el mejor.

En El cazador de sueños tenemos a un cuarteto de amigos al que nos gustaría sumarnos, pues es esa clase de amistad que cuesta décadas construir, la amistad de verdad, la que cuenta. El grupo se reune ritualmente en una cabaña en lo profundo del bosque y comparte anécdotas, cervezas, chistes guarros y hasta un don de carácter extrasensorial. Además, tenemos una invasión alienígena. En realidad es una nave que ha efectuado un aterrizaje forzoso, pero como dice Abe (Morgan Freeman) con helador conocimiento de causa: "Nunca han visitado un mundo en el que no quieran quedarse".

Para los que crecimos viendo a E.T. con su corazón palpitante (rebosando el larguirucho dedo índice de buenas intenciones) y maravillándonos con los visitantes cabezones de Encuentros en la 3ª fase, es una alegría comprobar cómo Stephen King subvirtió a golpe de teclado esta iconografía ñoña y cómo Kasdan lo trasladó a imágenes.

El ritmo no decae nunca y la narración visual fluye sin altibajos. Los flashbacks, peligrosos por la facilidad con que pueden volver espesa la trama de cualquier película, están intercalados aquí con minuciosidad de relojero.

En el reparto hay una figura a seguir, Jason Lee. Lee, fijo en las películas de Kevin Smith, tiene su gran momento sentado en ¡un inodoro! Una escena de Oscar, lo que yo os diga.

El cazador de sueños es recomendable para aficionados a la ci-fi sin complejos; es esa clase de espectadores que defienden a muerte El terror llama a su puerta o el remake que hizo Chuck Russell de The Blob (cada año que pasa me parece más bonita). Ese grupo de colgados del fantástico en el que, espero, yo siempre tenga reservada una plaza.