Adiós a Brittany Murphy


Comencé a fijarme en ella en Spun, aquel Trainspotting speedico en el que John Leguizamo salía con un calcetín en la polla (experimenté un ataque de risa de varios minutos), pero ahora, repasando su filmografía, veo que Brittany estuvo rondando siempre por ahí, entre títulos mediocres de esos que todos hemos visto (Fuera de onda, Inocencia interrumpida, Ocho millas) y alguna que otra cosilla interesante (Sin City, Amor y otros desastres). Hasta en televisión estuvo curtiéndose, a principios de los noventa, en series como Blossom, Frasier o Parker Lewis nunca pierde.

Por sus ojos la conoceréis, esos ojazos de mujer española que tenía, por el físico rotundo que se gastaba y también por la extraña lascivia que inspiraba. Mirarla en pantalla producía una mezcla de ternura y deseo guarrindongo que a mí me recordaba a una jovencita de mi pasado, la típica a la que quieres meterle de todo menos miedo y al mismo tiempo protegerla de majaderos que sólo buscan lo que tú estás pensando hacer si ella te da la más mínima oportunidad. Pues Brittany Murphy tenía eso, esa capacidad de crear el conflicto entre el cerebro reptiliano y el humano, en otras palabras, entre el peso de los cojones y la hinchazón del corazón. O al revés.

Debería hablar de lo bien que lo hacía, de la actriz válida que era, pero sería poco coherente y deshonesto, dado que me importaban tres pimientos sus dotes interpretativas. Yo me bajaba hasta la más infecta de sus películas sólo por ver cómo meneaba el culito (Recién Casados, por ejemplo) y se pintaba esa boca tan peculiar, no sé si producto del azar genético o de los retoques de quirófano, pero que a mí me encantaba hasta decir basta. Aún así, afirmativo, la chavala no estaba ahí arriba sólo por su cuerpo, y para muestra, The Dead Girl, su mejor papel: se salía, la muy gigante. Vaya tristeza ahora con ese personaje suyo, donde tuvieron que maquillarla con aspecto de cadáver arrojado a una cuneta.

Ashton Kutcher, que fue su novio antes de casarse con Demi Moore, esa señora mayor con tetas de silicona, expresó sus condolencias ayer y finalizó con una frase altamente emotiva: "Nos vemos al otro lado, niña". No digo que no. Todas las tías buenas van al Cielo, es un dogma de fe, amigos, ni lo dudéis, lo que sucede es que ningún concilio lo ha hecho público, para guardarnos la sorpresa. Pero Kutcher, te equivocas en algo, dude. Que yo estaré allí y te mandaré a buscar tu coche para toda la eternidad, payaso fumeta, porque esa vez será mi turno.

8 comentarios:

Anwar dijo...

Que en paz descanse.

Saludos

jm dijo...

Una lastima.

Kelembor dijo...

Poco le falto para entrar en mi sección de "El Cielo"... que cosas...
Era tremendamente sexy, no hay duda. La conocí en Sin City, peleandose con su "novio" borracho tras acostarse con el "asesino"... en su blusita y ropa interior... uhm.

En fin.

redrum dijo...

Una pena, la verdad...

Insanus dijo...

Pues sí, gente, una lástima.

Kelem, ¿me crees si te digo que iba a dedicarle un Conejas en breve? En fin.

Laura dijo...

:( Me encantaba esta chica.
No diré "Ni una palabra" más.

Salu2.

supersalvajuan dijo...

Una vez coincidimos en definirla como un "ángel". Y es que lo era.

Insanus dijo...

Ni una palabra, es verdad, aquella con el Douglas.

Y un ángel, totalmente. Por allí andará, revoloteando.