De modo que toca entrada con cinefilia estival, películas en las que el verano juega un papel importante en el argumento cuando no es sólo un mero pretexto para que corra el amor y la sangre. Así que pillad el abanico de la abuela y preparáos un refresco con mucho hielo, que empezamos.
Un amor de verano (1982), de Randal Kleiser. Fue el regreso a la pantalla grande de Kleiser tras El lago azul y ni por asomo obtuvo un éxito similar con este coñazo de film, duro de pelar y aburrido como él solo. Tres guiris en una isla de Grecia insinuándose entre ellos durante hora y media. Erotismo suave para una trama insulsa que no daba para más. El final pretendía ser transgresor y modenno: los tres terminaban liados en la cama. Eso del ménage à trois, en pleno 1982, con el género porno pasando de los cines a los primeros videoclubs, pues ya me diréis a quién podría escandalizar. Lo mejor, Daryl Hannah medio en pelotas cada dos por tres. Lo peor, todo lo demás. Ah, y Poledouris en la música, qué cosas, jajaja. Yo siempre asocio al bueno de Basil con los ritmos recios de Conan el bárbaro.
Depredador (1987), de John McTiernan. Listen, the helicopter moves into position, they´re on a mission... Err, ¡vaya!, me han poseído los raperos de The Anomalies, lo siento. Decía más arriba sobre camping, piscina, playa y montaña, pero había un veraneante, un cazador nato y un encanto de criatura, al que le iba el rollo de migrar a la selva para pasar sus días de asueto. En Depredador, la gente moría a lo bestia, sudando y sangrando mucho, y Arnorld Schwarzenegger encontraba por fin la horma de su zapato. ¿Qué más puedo añadir, si ya sabéis que adoro esta peli? Que la veo con frecuencia, que me parece maravillosa y que ardo en impaciencia de probar el inminente Alien versus Predator 3, próximo lanzamiento para Pc, Ps3 y Xbox 360. ¡Sí! Otra vez a pasar miedo en el pellejo de un marine, maldad en el exoesqueleto de un alien y sadismo calculador en el rol de un depredador.
Los reyes de la playa (1990), de Peter Israelson. La vi en su día en un cine de verano (o en vídeo, no estoy seguro ya) y la recuerdo con cariño, pese a que era una producción muy de la época y seguro que ha envejecido fatal. Peter Horton (se calzó a la Pfeiffer y protagonizó la serie de tv Treinta y tantos. De acuerdo, no es un curriculum vitae como para tirar cohetes, pero repito: se lo montó con la Pfeiffer cuando más guapa estaba) y C. Thomas Howell (Admiradora Secreta, Rebeldes y muchas más) hacían equipo para vencer en los torneos de volleyball locales. Los reyes de la playa era como estirar, hasta llegar al largometraje, aquella secuencia de Top Gun, con pilotos chulos jugando en la arena una pachanga, rollo filogay 100%. La peli pasó sin pena ni gloria por las salas y se convirtió en una de esas cintas que salían y entraban del videoclub a diario, recomendada por sus dueños a sus clientes con un escueto "Está guapa, tío, píllala".
Tiburón (1975), de Steven Spielberg. Buenoooo. Clasicazo. Ese niño alelado con el bañador rojo, el mordisco, esas burbujas sangrientas y el zoom a la cara angustiada de Roy Scheider: impagable. Si Psicosis propició que millones de personas no volvieran a cerrar los ojos en la ducha aunque el champú les quemara las córneas, Tiburón subió el imaginario colectivo a un nuevo nivel. Hablo del déjà vu terrorífico de una broma submarina. Que levante la mano el que por un instante no se planteó estrangular a su colega, el gracioso buceador del tirón en el tobillo, aquella tarde en el mar. Y poniéndonos serios, Tiburón casi abrió la veda para diezmar a unos animales tan majestuosos como son los escualos, que sufrieron los efectos funestos del poder difamador y distorsionador del cine: coge el chismorreo de una vecina y multiplícalo por cien millones. Pues lo mismo.
Verano atormentado (1988), de Ivan Passer. Byron, Shelley y Polidori juntitos en una mansión, alumbrando monstruos eternos como si tal cosa. Verano atormentado coincidió en el tiempo, más o menos, con un par de producciones más sobre la noche de marras, Gothic, de Ken Russell y Remando al viento, de Gonzalo Suárez; ambas interesantes, pero yo me quedo con esta versión de la historia, por puro alineamiento sentimental: fue la que pasó más desapercibida y la más difícil de encontrar en los campos agrestes del p2p. No hay manera, tendré que tirar de descarga directa o probar en Cine Clásico, comunidad conformada por una entrañable legión de ratas del celuloide que os aconsejo fervientemente desde aquí. Registráos, hacedme caso, que os llevará tres minutos y a cambio os proporcionará toda una noche de sorpresas.
Lío en Río (1984), de Stanley Donen. Curiosa comedia romántica del veterano realizador responsable de Cantando bajo la lluvia, que nos citaba en Brasil para asistir a una historia de enredos sentimentales entre un par de tipos maduritos y sus respectivas hijas. La moraleja: para vivir una segunda juventud, nada mejor que tomar el sol y encamarte con la hija de tu mejor amigo. En Lío en Río había despelote ligero (de cintura para arriba y algún que otro conejillo fugaz) y la película ofrecía la oportunidad de ver los hermosos pechitos de Demi Moore antes de que le diera por injertarse protesis de silicona. El trailer es la cosa más gazmoña, tímida y santurrona que he visto en mi vida. Joder, si es que parece el vehículo de promoción de una peli de los años sesenta. Increíble.
Playa sangrienta (1980), de Jeffrey Bloom. Hace siglos que no la reviso, pero la premisa era pura serie b y una variación paralela a los exploits de pelis con monstruos marinos que azotaron los cines tras el éxito de Tiburón. En Playa sangrienta, el terror estaba en la arena (toma ya), mejor dicho, bajo ella. Un bicho, creo que de origen extraterrestre, se pasaba media película jamándose a domingueros californianos. Reíros, pero fue el colmo cuando la vi de enano. Al temor a ser devorado en el mar se me sumó el miedo a ser absorbido vivo mientras descansaba en la toalla. El final era cojonudo, eso sí que lo recuerdo bien. No lo spoilearé por si acaso, pero cualquier peli que acabe con explosiones y apocalipsis se gana mi amor y mi entusiasmo.
Fuego en el cuerpo (1981), de Lawrence Kasdan. Pepinazo de ingeniosa muestra de cine negro. Normal, y es que estaba Kasdan estrenándose como director en su mejor época, entre los guiones de El Imperio Contraataca y los de Indiana Jones. Que yo soy él y habría engordado de puro orgullo unos cien kilos. Pero no, el hombre se mantuvo dinámico y trabajador y nos regaló esta película tan cojonuda, con Kathleen Turner como supersexual lagartona y William Hurt como pelele y polilla humana, atraído por el sudor y las hormonas de una femme fatale ultracanónica. Calor, Nueva Orleans, folleteo y asesinato: ¿dónde hay una agencia de viajes con semejante oferta, hombre? Ah, sí, tal vez en Viajes Louis Cyphre. Luego me pasaré a preguntar por allí.
Fin de curso (2005), de Miguel Martí. O cómo llevar a terreno propio la comedia teenager veraniega típica del cine americano, reforzando el concepto con elementos impensables en una producción USA para todos los públicos: pajas colectivas, mamadas, tetas, chorros de semen al aire, perversiones sexuales y humor de sal gorda. En una clase de instituto en Portugal, los alumnos se dividen en dos frentes, los que quieren ir a París (ya sabéis, la torre Eiffel, el Arco del Triunfo, las boinas, los paseos por el Sena y su put... madre) y los que desean un verdadero viaje de fin de curso, optando por Benidorm (playa, discotecas, pubs, extranjeras borrachas, drogas y alegría). Y en medio de los dos bandos, Jordi Vilches, ese actor con cara de pollo y voz gangosa, indeciso entre los encantos de la pija o los de la chica alternativa con rastas de colores. En fin, una película muy divertida y más inteligente de lo que parece en un principio.
Pauline en la playa (1983), de Eric Rohmer. La única que he visto de Rohmer (lo sé, lo sé, debo hacer los deberes. Ya estoy bajando El rayo verde y alguna más) y que compré en su día en vídeo, fascinado por ese estilo naturalista y espontáneo del realizador gabacho, que plasmaba los días de verano de sus personajes con la frialdad desapasionada de un entomólogo catalogando insectos. Tras la fotografía andaba Néstor Almendros, no sé si incubando ya o no el VIH (me impresionó su declaración al respecto en una entrevista, comentando que el único que se libraría del sida sería Terenci Moix, porque lo suyo era más de coco), el pobre, dotando a la peli de una luminosidad deliciosa. Y de entre todos los personajes, Pauline, por siempre Pauline, con su culito respingón y su despertar a la sexualidad, con el gran Féodor Atkine rondándola (le faltó poco para chuparle un pie, aprovechando que la zagala dormía la siesta, qué crack).
Le llaman Bodhi (1991), de Kathryn Bigelow. Ésta sí que la vi en un cine de verano. Surf movie y thriller policíaco de calidad, con la Bigelow dirigiendo y James Cameron en la producción. Johnny Utah, la banda de los presidentes y tíos musculados sobre sus tablas, cabalgando las olas. En su día, salías del cine pensando que el surf era lo máximo y prometiéndote a ti mismo que algún día lo practicarías. Luego se imponía la cordura: el surf es una chorrada. Son ganas de tentar a la suerte (aunque dicen que ahogarse no duele). Eso si no progresas y acabas viajando a Australia, a por las olas gigantes, para terminar siendo saboreado por un noble tiburón blanco, que te habrá confundido con una foca (su forma de disculparse es engullir el bocado y alejarse), como le sucedió a esta chica. Pero bueno, tremenda disgresión. A lo que iba, Le llaman Bodhi era un peliculón y una delicia, además de darnos la oportunidad de flipar con la presencia de un Patrick Swayze en plena forma, en un papel que le iba como anillo al dedo.
El sueño de una noche de verano (1999), de Michael Hoffman. La mejor, para el final. Amo este film, producido por Miramax a finales de los noventa; lo tengo en vhs y en dvd. Si en Navidad suelo ver Qué bello es vivir y el resto del año Blade Runner (porque la de Ridley Scott es para lo estados de ánimo lo mismo que el color negro en ropa: pega con todo), en verano acostumbro a dejarme caer por esa noche shakespeariana, italiana y mágica, con el patoso de Puck/Robín (Stanley Tucci) liándola gorda, con Rupert Everett como Oberón y con una radiante Michelle Pfeiffer encarnando a Titania, la Reina de las Hadas. Y por encima de todos ellos, Kevin Kline, ese gigante, ese todoterreno de las tablas, regalándonos una lección de interpretación magistral. En esta ocasión, el trailer sí es digno de ver.Y eso es todo. Me dejo muchas, por supuesto. Si me refrescáis la memoria con más títulos, los iré añadiendo uno a uno. Ay, sí, démosle a la entrada el toque cultureta, que siempre queda muy fino:
Si esta ilusión ha ofendido,
pensad, para corregirlo,
que dormíais mientras salían
todas estas fantasías.
Y a este pobre y vano empeño,
que no ha dado más que un sueño,
no le pongáis objeción,
que así lo haremos mejor.
Os da palabra este duende:
si el silbido de serpiente
conseguimos evitar,
prometemos mejorar;
si no, soy un mentiroso.
Buenas noches digo a todos.
Si amigos sois, aplaudid
y os lo premiará Robín.



12 comentarios:
Pauline en la playa, que gran grupo.
Sí, viene el verano. Mi estimado Homo Insanus en estos momentos uno quiere volver a su juventud para disfrutar de tres meses de vacaciones. Me quedo con Le llamaban Bodhi y Playa sangrienta, qué bizarrada, qué grande. No sabe cuan cachondo me ponían ver esas tetas embutidas en esos bikinis. Ahhhh juventud y hormonas, ya sabe usted que es una combinación un tanto......especial. Gran post, si señor
¿En serio? Sé que existen, pero ni idea de ellos.
jajajja Yo no recuerdo apenas Playa sangrienta (sólo conservo fogonazos). Mis primeros ardores fueron con pelis de Ízaro Films y cosa así, XD. Y El Lago Azul. Hostia, y Los burdeles de Paprika, que la tenía gastada en vídeo de tanto rewind y ff, :).
Jajaja, Insanus, tú sí que eres un tiburón blanco devora basurilla ochentera...
En Tele 5, como cada verano, ayer Tiburón. Y yo, como cada verano, me la vuelvo a ver.
Yo fui a ver "Lío en Rio" al cine. Me encontré con mis tíos que llamaron a mi madre a decirle que me habían visto en una peli muy verde. Cuando llegué a casa y mi madre me preguntó, le dije que no era para tanto, mientras no paraba de pensar en la onanada que me iba a hacer en cuanto pudiera.
A Rohmer que le vayan dando bastante. Yo no me daría mucha prisa en completar su filmografía básica...
Oiga, apúntese "El gran miércoles" (1978), otra de surferos dirigida nada más y nada menos que por John Milius, con música de Basil Poledouris.
Y como aquí somos mucho de Faulkner.., "El largo y cálido verano"...
ajjaja. Es que la dos chiquillas de Lío en Rio estaban tremendas. Dios, peli "verde", qué palabra más entrañable y cómo se ha ido perdiendo.
No puse El gran miércoles porque no recuerdo gran cosa de ella, y El largo y cálido verano, me vas a matar pero... recuerdo mejor la versión de telefilm con Don Johnson que la protagonizada por Newman y su parienta (la última vez que la vi fue en el programa de Garci, creo). Pero voy a actualizar con Grease (que la vi en tu blog), que aunque no transcurriera en verano, era ideal para mi entrada.
¿Echaron Tiburón? Me la perdí, si no, la habría visto otra vez.
Hasta otra.
Pues "Le llaman Bodhi" como que me alucinó lo suyo cuando la fui a ver al cine allá por 1991... creo que como los policías de "Hot Fuzz" todavía me sigue alucinando. ¿Qué ha sido de la Bigelow? Parecía que tenía un futuro brillante dirigiendo pelis de acción...
Pues lo último que vi de ella fue El peso del agua, un dramón incestuoso y... de realización plana total. Podría estar firmado por ella o por la Coixet, perfectamente.
Por aquí te la dejo:
http://www.hispashare.com/?view=title&id=2519
Siempre nos quedará Los viajeros de la noche y Bodhi.
La Bigelow rodó el año pasado una de las mejores películas de guerra de la última década. Se llama "The hurt locker", no se ha estrenado en España (como no) y será reseñada en el blog gusano el próximo lunes 29.
(Toma autopromoción. Es que me lo habéis puesto a huevo).
Pues me apunto el sueño de una noche de verano que no la ví.
Tiburón la he visto un montón de veces. Clasicazo donde los haya. Quién no tuvo un escalofrío en lo mejor del bañito playero cuando se estrenó allá por... ? ya ni me acuerdo. Leches, vaya edades que estamos cogiendo.
Y... lo que realmente da miedo-pánico son las carátulas de Fin de curso, Lío en Río y un amor de verano. Arggg!!
Salud y sombrita.
Ah, pues ni idea de esa, pero El peso del agua es una chuminada, Mr. lombreeze. Sólo sirve para completistas de la Bigelow.
Si, algunas carátulas o posters son terribles, pero que no te espante Fin de curso, que es muy fresquita y muy graciosa.
Refrescante entrada si señor. "Lío en Río" está genial. Yo añadiría, con tu consentimiento, "Verano de Corrupción". No se si la has visto, es de Brian Singer y dentro de su filmografía es una "rareza", ya sábes...Me sorprendió la trama, toda esa historia de nazis escondidos siempre me fascinó ("Los niños del Brasil", "Marathon Man"..)No se dónde,hace poco, leí que el joven actor que la interpretó, Brad Renfro, había muerto, lo cual me hizo volver a verla y sigo pensando que es una buena película
Claro, es genial! Pues tengo que actualizar con Grease y Verano de corrupción. El relato largo o novela breve de King está plagado de detalles innecesarios y de momentos explícitos que en la peli eliminaron con magistral bisturí de paja y grano gordo.Estaba Bryan Singer por ahí, y el trabajo fue brillante.
Renfro es otro niño perdido de Hollywood. Sobredosis de heroína, sí. Una lástima.
Hasta otra.
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