Revenant


En ocasiones, me resulta imposible saber si no estaré entusiasmándome demasiado con determinadas películas. Pero como la objetividad y la imparcialidad nunca fueron prioridades a la hora de escribir sobre lo que he visto en distintas dimensiones de pantalla, tal vez sea innecesario excusarme a mí mismo por mi diversión, y esperar tan sólo que dicha alegría cinéfila sea contagiosa. Porque, una vez más, un título en apariencia menor me hizo disfrutar como un crío (hace ya bastante, cuando los videoclubs malvendían cintas vhs a uno o dos euros; así me hice con una flamante copia original de esta pequeña joya). Claro que debería intentar exponer las razones por las que Revenant se ha hecho un hueco en mi memoria. En primer lugar es una arriesgada película de vampiros, que están entre mis monstruos favoritos. En segundo lugar, pasó discretamente por nuestras salas (si es que llegó a estrenarse en cines, pues no tengo constancia de ello) y no sabía yo nada sobre este título. En un tiempo donde la información sobre cualquier cosa no sólo está disponible y al alcance de todos sino que a menudo tiendes a saturarte de ella, no saber quién es el director de una peli, no haber oído hablar de ella y, lo que es más inaudito, no tener ni pajolera idea del argumento (soy de los que creen que esos "Así se hizo" tan populares en televisión son un grave error) ya son motivos suficientes como para visionar un film.

Los vampiros en Revenant viven en una clandestinidad aburguesada, con un estricto plan de natalidad para nuevos no muertos, y con las autoridades sobornadas y a su servicio (sí, como en Blade). La élite de estos chupasangres está encabezada por el mismísimo conde Drácula y por un grupo de exquisitos y altivos vampiros refugiados en América tras el colapso de Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. Nada de esto es muy novedoso, cierto. Pero hay más. Para empezar, atacan como fieras, como la protagonista de aquella estupenda Sangre Fresca, de John Landis, gruñendo y mordiendo a lo bestia. Los colmillos de los vampiros de Revenant no son retráctiles. Y eso sí es muy original, además de lógico. Los dientes, puntiagudos y afilados, se disimulan de cara a los humanos mediante sonrisas veladas que nunca muestran del todo las dentaduras. Además, hacen las veces de los círculos en un árbol talado o de astas en algunas especies de cérvidos, pues cuanto más grande son los colmillos, más antiguo, más viejo es el vampiro. De esta forma, una de las protagonistas, que sólo lleva veinte años muerta, exhibe un par de pequeñas piezas dentales y Dallas (Casper Van Dien), que fue creado en Alemania, durante la gran guerra (era piloto, lo derribararon, lo convirtieron en vampiro y ayudó a exiliarse a muchos vampiros nazis: cojonudo el pasado del personaje, ¿no?), posee un par de escalofriantes y largos incisivos. Pero hay más. Van Helsing no está libre de pecado. Al parecer, experimentó con vampiros en los campos de exterminio alemanes, y su juramento en la película sobre que nunca torturó a humanos no parece muy creíble. El cazador de vampiros recluta a cuatro negratas mafiosos, pandilleros, aficionados al rap a todo volumen y a las armas semiautomáticas. El cuarteto impresentable, siempre fumados y muertos de risa, son lo mejor de la película. Me arrancaron un par de carcajadas sinceras, como cuando una repugnante vampiresa les reta a fornicar y se lanzan sobre el purulento saco de huesos con decidida excitación.

Los actores son poco conocidos, aunque asoman algunas caras populares, como la de Casper Van Dien, el joven oficial de Starship Troopers o Kim Cattrall. También aparece Udo Kier, que por lo visto no se pierde una de vampiros desde que fuera protagonista de aquellas maravillosas producciones de la factoría de Andy Warhol.
Dirigida por Richard Elfman en 1998 con tratamiento a caballo entre el videoclip ochentero y el cómic de superhéroes de toda la vida, Revenant es una comedia negra que respeta los cánones del cine de chupasangres y añade unas cuantas ideas interesantes que lo enriquecen. Con mayoría de maquillajes hechos de látex y falsa hemoglobina, con algún que otro efecto digital y con una música de sintetizador emulando al organillo característico de tantos otros títulos de los años cincuenta y sesenta, es una película que se deja ver y que entretiene muchísimo.

5 comentarios:

Kelembor dijo...

No la he visto, y dudo que me pueda hacer con ella.
En cualquier caso el argumento me atrae. Los vampiros son, sin duda alguna, mis personajes fantásticos preferidos. La mayor incógnita sobre esta raza es saber como empezó todo, como apareció el primer vampiro...
Antaño escribí un relato que por desgracia perdí. Se trataba de dar significado al primer vampiro, y me basaba en la necesidad de un ente superior al humano, que pudiera vivir en un mundo sin Sol ni oxígeno... en una evolución natural para que la humanidad perdurara. Se trataba de a través de la ciencia, alterar células madre e ingertarlas en una persona, para crear un sistema de autoregeneración... el cuerpo, las rechazaría y enfermaría, terminando por morir. Pero las los tejidos se estaban autoregenerando, los sistemas vitales (cardiovascular, respiratorio, nervioso.....) se habían parado, por lo que a las células les es imposible alimentarse. Bañando el cuerpo en sangre, las células se encargarán de absorverla con lo que podrán continuar su trabajo de "reanimar al cadaver" y, a la par, darle herramientas extra para conseguir esa sangre... los colmillos. El cuerpo se levanta, las células no solo han terminado su trabajo sino que han mejorado el organismo (los tejidos musculares y nerviosos están mucho más desarrollados, como en el capitulo de Futurama que Fray ingiere unos microorganismos que le ponen el cuerpo a tono, logrando una fuerza e inteligencia sobrehumana), no depende de una respiración ni un corazón que palpite... solo de un alimento ya digerido, y esto es sangre externa. La luz intensa les molestará puesto que la piel habitualmente es una ligera capa de células muertas, y ahora están regeneradas... se quema. Y con la mordedura, consiguen esa sangre y a través de la saliva "pasan" esas células... que convierten a la víctima en nuevos vampíros. Se cumplen todos los cánones excepto los religiosos (la cruz) y los supersticiosos (el ajo, el reflejo)... ahora la humanidad puede sobrevivir a un mundo acabado, ¿no es magnífico? bwahahha.

Otras buenas teorias son las que se pueden ver en "Van Hellsing" (un humano pide la inmortalidad y Satanás se la concede a cambio de su maldición), o como resultado de los misteriosos experimentos Nazis para crear supersoldados... como sale aquí, entre muchísimas otras.

Sorry por el tocho, pero es que me encanta :)

Sociopata dijo...

kelembor.
Una preguntilla
(sin ánimo de ofender)
¿Eres biólogo?

Homo Insanus dijo...

Lo bueno de los vampiros es precisamente que no son monstruos "cerrados" a conjeturas y teorías diversas. Ocurre como con los zombis, también muy maleables y abiertos a orígenes varios. A mí el componente religioso en el vampirismo me parece muy válido, al dar mucho a juego a preguntas morales y filosóficas.

Sociópata, no es biólogo, es un escritor en potencia algo vago. Tenemos que darle tirones de orejas para que vuelva a escribir :).

Kelembor dijo...

Efectivamente, no soy biólogo... pero llegados el momento no me importaría serlo para llevar a cabo lo que escribí, por muy descabellado que suene. =)

Si Cleve, la "maldición de Satanás" fue mi teória preferida de chiquitín.

En cualquir caso, todas las razas del mundo estan expuestas a una lenta evolución pues el mundo está en constante cambio. La humanidad no se salvará, lástima que no llegue a verlo... o si... :P

Homo Insanus dijo...

No desesperes, jajajaj, hay ventana temporal en nuestras vidas como para presenciar un apocalipsis como Dios manda.