
Sus apariciones (nunca mejor dicho) en Poltergeist II ponían los vellos de punta, además de subir enteros el valor de una secuela que trataba de repetir el éxito del primer título. Que conste que en mi opinión, Poltergeist II supera en resultados a Poltergeist, precisamente gracias a la introducción de un ente tan malsano como Kane. Que El Mal tuviera cara, figura humana y un pasado, contextualizaba con más acierto su ominosa sensación de amenaza. Además, el terror en Poltergeist II se alejaba del alegre despliegue de efectos especiales de su antecesor y apostaba por una historia sobrenatural más sombría, en torno a una familia acosada por una presencia maligna.
El actor que dio vida al reverendo Henry Kane, Julian Beck, repetiría rol en la pésima Poltergeist III, sólo que esta vez ya era un malvado reconocible por el público, sin el factor sorpresa, al servicio de una entrega de la serie que jamás debió rodarse.
Como podréis apreciar más abajo, el muy cabrón ya era horripilante al natural: creo que no debieron gastar mucho en caracterización y maquillaje.



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